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sábado, 4 de abril de 2026

El contrapunto entre dos maestros del cine

Andréi Tarkovski, con la convicción de que no creía en un arte sin Dios, dejó un testamento espiritual y poético extraordinario. Lo mismo hizo Ingmar Bergman, pero desde las antípodas: el sueco era un ateo (a su pesar) y lo dejó plasmado en la trilogía de la fe, conocida también como “El silencio de Dios”. Tarkovski era cristiano ortodoxo, pero Bergman, formado en el credo protestante, era ateo. Sin embargo, ambos, en la búsqueda por el sentido de la vida, apoyaron sus obras en los misterios de Dios.
En el caso de Bergman, además de su trilogía (Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1963) y El silencio (1963)), la película que mejor condensa el drama alrededor de la fe es El séptimo sello (1957). El caballero de las cruzadas, Antonius Block, se bate a duelo con la Muerte en una partida de ajedrez. El drama de Bergman podría estar expresado en la confesión del atribulado Antonius frente a su inexorable destino: “¿Por qué la cruel imposibilidad de alcanzar a Dios con nuestros sentidos? Qué va a ser de nosotros, los que queremos creer y no podemos. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mí y me hable”.También el pastor luterano Tomás Ericsson, protagonista de Los comulgantes, una película considerada por el propio Bergman como una de las más íntimas y personales, ha perdido su fe y amor en Dios tras la muerte de su esposa. Aun así, sigue cumpliendo los oficios sin ofrecer ningún consuelo espiritual a los creyentes de la pequeña comunidad rural en la que vive. Al final, antes de dar comienzo a una misa en una iglesia completamente vacía, es el acólito interpretado por el gran Algot Frövik quien se le acerca y le dice: “Pienso en Getsemaní, en Cristo solo en la cruz. Cuando vinieron a detenerlo, sus apóstoles se escaparon. Cristo les había hablado durante tres años enteros, y lo dejaron solo. Eso sí que debió ser sufrimiento, quedarte solo justo cuando necesitas confiar en alguien. Pero no fue eso lo peor; pensó que su Padre lo había abandonado. Creyó que todo lo que había predicado era mentira. Mientras leía la Pasión, creí entrever un sufrimiento mucho peor que el físico; Cristo tuvo grandes dudas minutos antes de morir. Ése debió de ser el más cruel de todos los sufrimientos, me refiero al silencio de Dios”. 
Andréi Tarkovski
Los personajes de Tarkovski también se sienten desolados, pero el director elige para ellos un camino de salvación. En su libro Esculpir en el tiempo, el director declara: “El arte es oración. Eso lo dice todo. A través del arte, el hombre expresa esperanza. Todo lo demás es irrelevante. Todo lo que no expresa esperanza y no está construido sobre una base espiritual, no tiene nada que ver con el arte”. Al igual que Alexander, el protagonista de su última película, El sacrificio, Tarkovski sostenía que la crisis espiritual generaba la necesidad de encontrarse a uno mismo, y era a través de esa búsqueda que la curación podía producirse. “En El sacrificio el protagonista, Alexander, es un hombre débil pero honesto y pensante, capaz de autosacrificarse por un ideal más alto. Alexander rompe las reglas del comportamiento socialmente admitido como normal, sabe que pasará por tonto o loco, pero está consciente de la Realidad Última de la cual él todavía cree que depende el destino del mundo”, explicó el artista ruso. Después de reconocer en Tarkovski al mejor de todos los cineastas de su generación, Bergman dijo: “Toda mi vida he martillado las puertas de los cuartos en los que Tarkovski se mueve tan naturalmente. Sólo en algunas ocasiones he logrado entrar. La mayoría de mis esfuerzos conscientes han resultado en errores penosos”. 
Lo interesante del contrapunto entre estos dos maestros del cine, cuyas obras están inspiradas en una profunda espiritualidad, es la cuestión de la fe. ¿Acaso la esperanza en Tarkovski no es el reverso de la irredención en Bergman? ¿Y no es este punto de desencuentro lo que otro gran cineasta, el sueco Dreyer, denominó “el drama objetivo de las almas”? Desde el punto de vista de la fe,  el arte de Tarkovski es una ofrenda, mientras que la obra de Bergman tiene el peso de una pregunta fundamental sin respuesta, escribe Maria Eugenia Arpesella.

lunes, 5 de febrero de 2024

El ser humano es el ser que siempre decide

Viktor Frankl

Hubo un momento en que Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido fue literalmente un hombre en busca de sentido; lo buscaba y no lo encontraba. Quien había defendido que la vida siempre, incluso bajo las más penosas e insoportables circunstancias, tenía un sentido escribió en noviembre de 1945, “yo me encuentro aquí, en esta ciudad medio destruida, solo, sin hogar y sin patria. Nada tiene sentido para mí, nada logra alegrarme, ni siquiera el trabajo”. Viktor Frankl sin haber llegado aún a Viena se enteró de que su madre había sido asesinada en Auschwitz. Viktor Frankl que, en la primera mañana en Viena, supo que su querida esposa Tilly Grosser había muerto de tifus en Belsen. Se derrumba. Toca fondo. En sus palabras es difícil reconocer al Frankl de las enciclopedias. “En todo caso, no esperaba que después de todo lo sucedido, las cosas pudiera ir tan a peor. Por lo visto, la persona destinada a sufrir no encuentra un final. Siempre puede hundirse más y más”. “De inmediato me puse a trabajar”.
Trabaja, pero se siente inmensamente solo, cansado y triste. Trabaja por un sentido férreo del deber, porque “ya no me queda ninguna alegría en la vida, solo obligaciones; solo hago lo que me ordena la conciencia”. Estas palabras las dirige a sus amigos Wilhem y Stepha Börner el 14 de septiembre de 1945. Después de manifestar a sus amigos su hastío, su alejamiento de todo, escribe que “sin embargo, ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Cada vez soy más consciente de que la vida tiene un sentido infinito, de que también el sufrimiento, e incluso el fracaso, tienen sentido. Y el único consuelo que me queda es que puedo decir con la conciencia tranquila que he utilizado las oportunidades que me han brindado, quiero decir, que las he salvaguardado haciéndolas realidad. Esto puede aplicarse a mi breve matrimonio con Tilly”.
Frankl echa mano de la literatura y se acuerda del ser “digno de sus sufrimientos” de Dostoievsky y del morir “la propia muerte” de Rilke. Quien defendía con vehemencia el hacerse cargo de la vida y ser responsable de la misma hasta darle un sentido, defendía lo mismo para su último momento. Al fin y al cabo el ser humano es “el ser que siempre decide” y, sí, es “la criatura que inventó las cámaras de gas, pero, al mismo tiempo, es el ser que entró en las cámaras de gas, firme, con una oración en los labios”.

domingo, 21 de mayo de 2023

Ahuyenta esos vanos pensamientos que te asedian y que no se realizarán jamás

Charles Dickens, en su novela histórica Barnaby Rudge escribe: “confiesa ese crimen abominable, implora el perdón del cielo y de los que has ofendido en la tierra, ahuyenta esos vanos pensamientos que te asedian y que no se realizarán jamás para no contar más que con tu arrepentimiento y tu sinceridad, y te prometo, en nombre supremo del Creador cuya imagen has destruido, que te dará amparo y consuelo”.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Todo el mundo obtiene lo que quiere de verdad

Todo el mundo obtiene lo que quiere, pero lo que quiere de verdad, no lo que dice que le gustaría tener. Lo que obtiene mediante un sacrificio sin reservas, con la obstinación infatigable, venciendo la pereza y sin detenerse en escrúpulos. Las circunstancias no pueden servir como excusa más que para los fracasados. Los fracasados son los que se rinden, los que no han recibido ningún mensaje o no lo han considerado lo suficientemente valioso, escribe Nicolae Steinhardt.

El consuelo es otro. Lo expresa el dicho inglés que dice que no es importante vencer, lo importante es luchar hasta el final. Sin embargo, dice Steinhardt, en el cristianismo tienes que vencer. En el cielo solo entran los que han vencido en la guerra contra Satanás.

jueves, 22 de julio de 2021

El misterio del Sábado Santo

Adrienne von Spey

Adrienne von Spey, católica suiza conversa, médica, esposa, mística y autora de unos sesenta libros de espiritualidad y teología escribe en La confesión: “Y si luego, en la cruz, recibe la absolución para toda su vida, para todos los pecados que ha cargado, esto acontece en el instante de su muerte, es decir, en ese punto del tiempo en el que su alma pierde la visión de conjunto de lo que ha hecho como hombre. Él ha cargado con nuestra culpa hasta el punto de incluir allí incluso la posibilidad del anatema; también ha cargado los pecados retenidos, los que no pueden ser absueltos en el momento presente. No confiesa el pecado de la humanidad con el sentimiento de que pronto terminará esto, pronto todo estará de nuevo en orden. Es parte del terrible fardo que lleva que no le sea permitido este consuelo, a pesar de su perfecta apertura al Padre”.


“……Pero también el Padre celestial ha retenido de alguna manera, cuando ha interpuesto el misterio del Sábado Santo. El Hijo suspendido en la cruz no ha arrojado de un puntapié sus despojos mortales, para entrar en la gloria del Padre a la que tenía derecho. Él va, por el contrario, de la confesión de la cruz a la oscuridad del infierno.”

domingo, 4 de abril de 2021

Que su luz brille en la oscuridad de nuestras preguntas


Que su luz brille en la oscuridad de nuestras preguntas, a fin de que sepamos de dónde venimos y adónde vamos, a fin de que esa luz sea para nosotros consuelo y, al mismo tiempo, orientación (Benedicto XVI).

viernes, 3 de abril de 2020

Escucha la voz que habla al corazón

Giuseppe Tartini


Hace doscientos cincuenta años, "tras una gangrena que se desarrolló en un pie", murió en Padua aquel que, al final de su carrera, fue considerado el "primer violín de Europa" y "maestro de las naciones”,el violinista, compositor y teórico italiano Giuseppe Tartini (1692-1770). Su nombre está incluido entre el de los 26 compositores cuyos nombres están grabados en el proscenio y a lo largo de las paredes de la Sala de Conciertos Paine de la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachusetts (Estados Unidos).

Johann Gottlieb Naumann
El día 31 de Octubre de 1764 Giuseppe Tartini escribió una carta a su alumno Johann Gottlieb Naumann con una recomendación: "Vos y yo tenemos una deuda de agradecimiento con la divina Providencia por una conducta tan particular. Ordenada al establecimiento de vuestro estado y condición y, en mi caso, por premiarme en este mundo con una merced que es la mayor de todas, como es el consuelo de haber hecho un verdadero bien. Del mismo modo que yo doy claramente gracias a Dios por ello, a vos os digo que hagáis lo mismo siempre en vuestra vida, acordándoos de ser siempre grato a una tan distinta Providencia, y que escuchéis siempre con cordial atención su voz interna que, con toda seguridad, hablará a vuestro corazón constantemente”.

martes, 27 de agosto de 2019

El matrimonio es el mayor consuelo para la vejez


Un matrimonio de larga duración es el mayor consuelo para la vejez, sobre todo porque a medida que la pareja envejece, aumenta la cantidad de recuerdos compartidos.

Friedrich Nietzsche adoptando una actitud utilitarista poco común en él, escribió: “Antes de casarte, pregúntate, ¿seré capaz de mantener una buena conversación con esta persona hasta la vejez? El resto es pasajero en el matrimonio”.

viernes, 26 de julio de 2019

Muerte


Quevedo hizo suya la más persistente de las costumbres del castellano, la lapidaria exaltación y deploración de la muerte. Borges ha escrito que el verso castellano siempre está diciendo una sola cosa, desde el latín de Séneca, el horrendo dictamen de que todo es del gusano. Nadie como Quevedo para confirmarlo, aunque es justo decir que su insistencia en ese “miércoles de ceniza” no es simple ni monótona. En alguna parte dice que, bien vista, la muerte más tiene de caricia que de pena lo cual, además de razonable, es un elegante consuelo. Y Quevedo nos dice que antes que sepa andar el pie se mueve camino de la muerte. Asimismo a Quevedo le gusta producir efectos aproximando los extremos: En el hoy y mañana y ayer junto pañales y mortaja…

domingo, 17 de febrero de 2019

No es bueno que el hombre esté solo


Sola estaba Eva en el Paraíso cuando se atrevió a dialogar con el Tentador, así como solo estaba Judas cuando se desesperó en la noche de la Pasión. Con clara razón concluye san Pablo en su carta a los Corintios que “la tristeza del mundo produce la muerte”.

En la vida corriente nadie llama egoísta a un niño porque acuda a su madre en busca de consuelo, y tampoco a un adulto que recurre a un compañero para no estar solo.   Lewis dice que dado que realmente nos necesitamos unos a otros (“no es bueno que el hombre esté solo”), el que uno no tenga conciencia de esa necesidad como amor-necesidad, en otras palabras, el ilusorio sentimiento de que es bueno para uno estar solo, es un mal síntoma espiritual, así como la falta de apetito es un mal síntoma médico, porque los hombres necesitan alimentarse.

jueves, 1 de febrero de 2018

La música nos ha acompañado desde que conquistamos nuestra humanidad.

Las canciones nos ofrecen un contexto con múltiples capas y dimensiones, presentes en la armonía, la melodía y el timbre. Las podemos disfrutar de muchas formas, como música de fondo, como objetos estéticos carentes de significado, como música para cantar con los amigos o cuando nos duchamos. Pueden transformar nuestro estado de ánimo y nuestras ideas. Podemos apreciar la melodía, el ritmo, el timbre, la métrica, la línea y las palabras por separado o como elementos combinados. Dice Daniel Levitin que la música, que nunca morirá, nos ha acompañado desde que conquistamos nuestra humanidad. La música ha modelado el mundo con seis clases de canciones, canciones de amistad, de alegría, de consuelo, de conocimiento, de religión y de amor.


jueves, 9 de noviembre de 2017

Resentimiento.

Resentimiento
La opinión general considera que Nietzsche ha formulado la última palabra sobre el resentimiento, como se expresa en La genealogía de la moral: “el resentimiento determina a aquellos seres, a los que la verdadera reacción, la del acto, les está vedada, que sólo se resarcen con una venganza imaginaria. El hombre del resentimiento no es ni franco ni ingenuo, ni íntegro ni recto consigo mismo. Su alma mira de reojo; su espíritu ama los escondrijos y las puertas falsas, todo lo oculto le interesa como su mundo, su hospicio, su consuelo”.
Jean Améry cuenta que el resentimiento no sólo es un estado antinatural, sino también lógicamente contradictorio. Nos clava a la cruz de nuestro pasado destruido. Exige absurdamente que lo irreversible debe revertirse, que lo acontecido debe cancelarse. El resentimiento bloquea la salida a la dimensión auténticamente humana, al futuro. El sentido del tiempo de quien es presa del resentimiento se encuentra distorsionado, trastocado, si se prefiere, pues desea algo doblemente imposible; desandar lo ya vivido y borrar lo sucedido.

martes, 1 de agosto de 2017

Un Dios que llena el alma y el corazón.

El Dios de los cristianos no consiste en un Dios simplemente autor de las verdades geométricas y del orden de los elementos, esto corresponde a paganos y a epicúreos. No consiste solamente en un Dios que manifiesta su providencia en la vida y en los bienes de los hombres, para conceder una dichosa sucesión de años a los que le adoran; esto corresponde a los judíos. Sino que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos es un Dios de amor y de consuelo; es un Dios que llena el alma y el corazón de aquellos a quienes posee; es un Dios que les hace sentir interiormente sus miserias y su misericordia infinita; que se les une en el fondo de su alma; que la llena de humildad, de alegría, de confianza, de amor; que les hace incapaces de tender hacia otro fin que no sea El mismo, escribe Blaise Pascal.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Obediencia.

Tolstói
Tolstói cuenta que Kasatski era un religioso sobrio, humilde, limpio en el hacer y en el pensar, obediente. Esta última cualidad o grado de perfección era la que más le ayudaba a encontrar llevadera la vida. No importaba que muchas de las reglas debía observar en aquel monasterio, sumamente concurrido, no le gustaran y le escandalizaran; todo se reducía a la nada por medio de la obediencia. “No es cosa mía razonar; mi obligación es obedecer, velando las sagradas reliquias, cantando en el coro o llevando las cuentas del servicio de hostería”. 


La obediencia de Kasatski a su padre espiritual eliminaba la posibilidad de dudas en todos los terrenos. Sin esta obediencia, se habría sentido abrumado por la duración y la monotonía de los oficios religiosos, por el trajín de los visitantes y por otras particularidades de la hermandad monacal, pero gracias a esta virtud no sólo lo soportaba todo con alegría, sino que encontraba en ello gran apoyo y consuelo. “No sé por qué hace falta escuchar varias veces al día unas mismas preces, pero sé que es necesario, encuentro alegría en ello”. Su venerable padre espiritual le dijo que del mismo modo que se necesita alimento material para la conservación de la vida, hace falta el espiritual (el rezo en la iglesia), a fin de sostener la vida del espíritu. Kasatski lo creía así, y realmente los oficios religiosos, aunque a veces le costara trabajo levantarse por la mañana, le proporcionaban indudable sosiego y alegría. Le llenaba de contento el tener conciencia de su propia humildad y de saber indudablemente todos los actos que realizaba por indicación del padre espiritual.

viernes, 21 de octubre de 2016

Hijos.

El Papa Francisco hablando sobre los hijos dice que “ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, aunque sea vulnerable, Dios pone el sello de este amor, que es el fundamento de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir”. 


“Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor; cuando no se honra a los padres, se pierde el propio honor”, manifiesta el Papa. “Cuánto consuelo y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia recibida. Es una alegría que recompensa toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura cada herida”. 

Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor

ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios

En el alma de cada hijo Dios pone el sello de este amor, que es el fundamento de su dignidad personal