Yo, que soy una sustancia finita, no puedo ser la causa de la idea de Dios que hay en mí, de la idea de una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente y omnipotente; de ahí concluye Descartes que Dios existe, y que ha puesto en mí la idea de sustancia infinita. Descartes quiere hallar una prueba demostrativa de la existencia de Dios “tan cierta como cualquier demostración geométrica”. Partiendo de la idea clara y distinta de un ser perfectísimo, no deducir su existencia sería negarle una perfección. Así como no puedo pensar un triángulo rectilíneo sin deducir que la suma de sus ángulos es igual a dos rectos, o no puedo concebir una montaña sin valle, de la misma manera no puedo pensar en un Dios inexistente. Esto no significa, aclara Descartes, que tenga que existir la montaña o el valle, sino que dada la primera, no puede ser pensada sin la nota esencial que la define. Es decir, supuesta una montaña, tiene que haber necesariamente un valle. Pero la idea de Dios es especialísima, ya que la nota esencial es la existencia; un Dios inexistente sería una contradicción. Sin el supuesto de la existencia de Dios, sería imposible conocer con evidencia. Ahora que mi razón lo ha hecho necesariamente existente, puedo estar seguro no solamente de mi propia existencia y de la de Dios, sino también de la existencia del mundo material.
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martes, 27 de mayo de 2025
La idea de Dios
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martes, 1 de agosto de 2017
Un Dios que llena el alma y el corazón.
El Dios de los cristianos no consiste en un Dios simplemente autor de las verdades geométricas y del orden de los elementos, esto corresponde a paganos y a epicúreos. No consiste solamente en un Dios que manifiesta su providencia en la vida y en los bienes de los hombres, para conceder una dichosa sucesión de años a los que le adoran; esto corresponde a los judíos. Sino que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos es un Dios de amor y de consuelo; es un Dios que llena el alma y el corazón de aquellos a quienes posee; es un Dios que les hace sentir interiormente sus miserias y su misericordia infinita; que se les une en el fondo de su alma; que la llena de humildad, de alegría, de confianza, de amor; que les hace incapaces de tender hacia otro fin que no sea El mismo, escribe Blaise Pascal.
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