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domingo, 16 de noviembre de 2025
Los españoles no tenían dudas acerca de las razones de la presencia de España en el otro lado del Atlántico
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sábado, 3 de mayo de 2025
El progreso
Christopher Lasch describió el progreso como “una versión secularizada de la creencia cristiana en la providencia”. Es característicamente cristiano ver la historia en términos lineales, comenzando con la creación y luego bajo la forma de un combate moral ascendente que concluye con una gran revelación y el fin de todo pecado y sufrimiento. La principal razón por la que no vemos el progreso inmediatamente como algo específicamente cristiano es porque hemos eliminado su parte espiritual. El progreso nos dice que ya no necesitamos el relato cristiano. Ya no necesitamos una visión sustantiva del bien. Ya no necesitamos a Dios, el alma o el más allá. Pero el progreso sigue la estructura lineal cristiana. La historia es un relato con un principio, un nudo y un desenlace; la creencia de que nos dirigimos de un lugar a otro, y de que el final es, en cierto sentido, mejor que el principio. Estar en el lado correcto de la historia es estar contribuyendo a este movimiento hacia delante; ir a alguna parte, normalmente a alguna parte mejor. Y el punto final, el lugar último, es también el mejor lugar. Es decir, el punto en el que todo lo que está mal en el mundo se ha resuelto. Esto se parece mucho a la idea cristiana del cielo. Pero si secularizamos el relato cristiano, nos encontramos con un problema. Si renunciamos a la muerte, al juicio, al cielo y al infierno, ¿dónde puede realizarse aquel cielo que es el fin del progreso? La única opción que nos queda es intentar realizar el cielo en la tierra, en la historia, lo que Eric Voegelin llamó “inmanentizar el eschaton”, manifiesta Mary Harrington en una conferencia celebrada en Barcelona.
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domingo, 9 de julio de 2023
Inmortalidad
La respuesta cristiana (al menos si uno cree) seguramente sea la que despliega mejores “efectos prácticos” de todas. Si no se excluye el amor, ni tan siquiera el apego hacia el cúmulo de aquello que de divino tiene lo humano (y no se excluye, como hemos podido comprobar en san Agustín y Pascal), si los seres concretos, no ya el prójimo, sino quienes nos son cercanos, son parte integrante de lo divino en la medida en que son salvados por Dios y están llamados a una resurrección concreta y personal, la doctrina cristiana referente a la salvación es la única que nos permite no sólo superar el miedo a la muerte, sino incluso la muerte misma. Al actuar de forma personal (no anónima ni abstracta), parece proponer a los hombres la buena nueva de una victoria por fin real; el logro de la inmortalidad personal que nos ensalza por encima de nuestra condición de mortales, escribe el filósofo francés Luc Ferry.
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| Resurrección de Carlos Bersabé |
Y añade Ferry que si las promesas que me ha hecho Cristo, la Palabra encarnada que quienes nos han ofrecido testimonio fiable pudieron contemplar con sus propios ojos, son verdaderas; si la Providencia se hace cargo de mí como persona; si es así de humilde, mi inmortalidad será así de personal. Es, por tanto, la muerte misma y no sólo los temores que suscita en nosotros lo que, por fin, se vence. La inmortalidad ya no es esa realidad anónima y cósmica del estoicismo, sino una individual y consciente, la de la resurrección de las almas acompañadas de sus gloriosos cuerpos. Así, es la concepción del amor en Dios la que conferirá su sentido último a esta revolución llevada a cabo por el cristianismo a partir de los términos del pensamiento griego. Y es ese amor el que conforma el corazón de la nueva doctrina de salvación que demostrará ser al final “más fuerte que la muerte”.
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domingo, 29 de enero de 2023
La dialéctica de la Historia
Escribe el profesor Luis Suárez que Dios conserva al hombre mediante su naturaleza social, que obra de tal manera que, si bien siguiendo los impulsos de sus pasiones individuales los hombres tenderían a vivir como bestias salvajes, por su tendencia comunitaria crean y ordenan las sociedades, obedeciendo así el plan para ellos dispuesto por una inteligencia superior. Y esta aparente contradicción entre lo que el hombre proyecta y lo que realiza es la dialéctica de la Historia. Croce la resume así, cuando los hombres tratan de satisfacer su concupiscencia, provocan lo contrario, el matrimonio; se fortifican en lugares elevados para defenderse y dominar, y crean las primeras sociedades estables de agricultores; cuando los fuertes, organizados en aristocracia, tratan de oprimir a los que bajo ellos están, crean la conciencia de poder en los muchos y provocan el nacimiento de la democracia; libertados, los pueblos tratan de sacudirse el poder de las leyes y producen una nueva forma de poder personal, la tiranía. La dialéctica de la Historia es para Vico la manifestación de la Providencia. Para Hegel será el ardid de la razón; para Marx, el comportamiento económico de la materia.
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domingo, 13 de noviembre de 2022
Dios ve todo en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad
En el libro de Boecio De consolatione philosophiae, que Dante sin duda leyó o releyó, como leyó o releyó toda la literatura de la Edad Media. Boecio, llamado el último romano, el senador Boecio, imagina un espectador de una carrera de caballos. El espectador está en el hipódromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera es, previsiblemente, Dios. Dios ve toda la carrera, ve en un solo instante eterno, en su instantánea eternidad, la partida de los caballos, las vicisitudes, la llegada. Todo lo ve de un solo vistazo y de igual modo ve toda la historia universal. Así Boecio salva las dos nociones, la idea del libre albedrío y la idea de la Providencia. De igual modo que el espectador ve toda la carrera y no influye en ella (salvo que la ve sucesivamente), Dios ve toda la carrera, desde la cuna hasta la sepultura. No influye en lo que hacemos, nosotros obramos libremente, pero Dios ya sabe, Dios ya sabe en este momento, digamos, nuestro destino final. Dios ve así la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad. (Siete noches de Jorge Luis Borges)
domingo, 3 de octubre de 2021
Providencia
La Providencia es para Vico un sistema ordenado de leyes sobre el que discurre el acontecer histórico. El hombre, desde las épocas más primitivas, lo ha reconocido así y por ello no existe sociedad alguna que no haya sido edificada sobre una conciencia religiosa providencialista. El ateísmo es estéril y la religiosidad, fecunda; es éste uno de los principios fundamentales que la Providencia ha sellado en el hombre. Los pilares sobre que se asientan las sociedades primitivas (matrimonio, propiedad, agricultura, derecho) son de naturaleza religiosa y, sin ella, no hubieran podido llegar a existir.
El elemento primordial, el de la mutua dependencia del hombre y la conciencia religiosa. Cuanto más retrocedemos en el tiempo, con más claridad percibimos el hecho de que el hombre siente la necesidad de una protectora presencia de Dios contra las fuerzas de la Naturaleza. Al principio los hombres llegan a Dios solamente por vía de temor. Adivinar viene de divino, señala Vico, y todas las sociedades primitivas han creído posible predecir el futuro porque creen que existe un orden previsible, es decir, providencial. Este orden es científicamente comprobable, dice Luis Suarez, pues las pasiones humanas parecen condenar a las sociedades a desaparecer y, sin embargo, la humanidad dura precisamente merced a estas pasiones. Es la Providencia, afirma Vico, la que convierte ferocidad en valor militar, codicia en espíritu mercantil, soberbia en ciencia o ambición en autoridad política. No de una manera directa, excepcional, como creía Bossuet, sino de un modo tan simple y natural que coincide en todo con el propio acontecer histórico.
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viernes, 3 de abril de 2020
Escucha la voz que habla al corazón
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| Giuseppe Tartini |
Hace doscientos cincuenta años, "tras una gangrena que se desarrolló en un pie", murió en Padua aquel que, al final de su carrera, fue considerado el "primer violín de Europa" y "maestro de las naciones”,el violinista, compositor y teórico italiano Giuseppe Tartini (1692-1770). Su nombre está incluido entre el de los 26 compositores cuyos nombres están grabados en el proscenio y a lo largo de las paredes de la Sala de Conciertos Paine de la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachusetts (Estados Unidos).
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| Johann Gottlieb Naumann |
El día 31 de Octubre de 1764 Giuseppe Tartini escribió una carta a su alumno Johann Gottlieb Naumann con una recomendación: "Vos y yo tenemos una deuda de agradecimiento con la divina Providencia por una conducta tan particular. Ordenada al establecimiento de vuestro estado y condición y, en mi caso, por premiarme en este mundo con una merced que es la mayor de todas, como es el consuelo de haber hecho un verdadero bien. Del mismo modo que yo doy claramente gracias a Dios por ello, a vos os digo que hagáis lo mismo siempre en vuestra vida, acordándoos de ser siempre grato a una tan distinta Providencia, y que escuchéis siempre con cordial atención su voz interna que, con toda seguridad, hablará a vuestro corazón constantemente”.
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jueves, 22 de marzo de 2018
El hombre necesita vivir en sociedad.
León XIII en la encíclica Immortale Dei escribe que la Providencia divina ordenó la naturaleza del hombre de tal modo que este naciera inclinado a asociarse y unirse a otros, en la sociedad doméstica y en la sociedad civil, que le proporciona lo necesario para la vida.
El Concilio Vaticano II (Const. Gaudium et spes) recuerda que “el hombre, por su íntima naturaleza, es un ser social, y no puede vivir ni desarrollar sus cualidades sin relacionarse con los demás”. “La sociedad es un medio natural que el hombre puede y debe usar para obtener su fin”. El Papa Pio XI en la encíclica Divini Redemptoris afirma que vivir en sociedad nos facilita los medios materiales y espirituales necesarios para desarrollar la vida humana.
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sábado, 19 de agosto de 2017
Todos los hechos se ordenan a un determinado fin que escapa a los designios del hombre.
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| Ojo de la Providencia, Catedral de Aquisgrán |
El clérigo e intelectual francés Jacques Bénigne Bossuet decía que la historia muestra altibajos que parecen producto del azar. Cuando se profundiza en ella se ve que tal visión es equivocada, puesto que todos los hechos se ordenan a un determinado fin que escapa a los designios del hombre. Todos cuantos gobiernan saben que no son libres para ejecutar sus designios, pues de éstos resulta siempre algo distinto de lo que pretendieran. La providencia es quien dirige las acciones de los hombres.
martes, 1 de agosto de 2017
Un Dios que llena el alma y el corazón.
El Dios de los cristianos no consiste en un Dios simplemente autor de las verdades geométricas y del orden de los elementos, esto corresponde a paganos y a epicúreos. No consiste solamente en un Dios que manifiesta su providencia en la vida y en los bienes de los hombres, para conceder una dichosa sucesión de años a los que le adoran; esto corresponde a los judíos. Sino que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos es un Dios de amor y de consuelo; es un Dios que llena el alma y el corazón de aquellos a quienes posee; es un Dios que les hace sentir interiormente sus miserias y su misericordia infinita; que se les une en el fondo de su alma; que la llena de humildad, de alegría, de confianza, de amor; que les hace incapaces de tender hacia otro fin que no sea El mismo, escribe Blaise Pascal.
jueves, 6 de abril de 2017
No hubo papas locos.
Aprovecho razones de un tertuliano en una emisora de radio para contestar a sus razonamientos faltos de verdad.
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| Gregorio IX. |
Ha habido papas inmorales, indignos, al menos según
nuestras actuales categorías éticas, de su altísimo oficio. Pero, por una paradoja en la que una vez más el punto de vista religioso percibe un enigma de la Providencia, justamente esos pontífices que menos practicaron las exigencias de la fe fueron los más firmes y decididos proclamando la verdad de la misma.AlejandroVI,considerado un ejemplo tal vez demasiado fácil de la abyección moral en la que cayó el papado renacentista, fue un impecable maestro de fe. Quizá actuó mal pero predicó estupendamente,dice Messori,y esto es lo que se espera de un sucesor de Pedro, llamado por Jesús mismo a una función principal, la de ratificar a los hermanos en la fe. La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral. Sin embargo, la pureza de dicha enseñanza siempre se ha visto protegida de los estropicios de la arteriosclerosis y los accesos de locura, más que de la inmoralidad de las costumbres, practicadas pero nunca teorizadas ni presentadas al estilo radical como un bien.
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| Alejandro VI. |
La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral.
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martes, 25 de octubre de 2016
Dos poderes.
Maxence Van der Meersch (Roubaix, 1907 - Touquet, 1951) fue uno de los escritores franceses más populares de principios del siglo XX. Uno de sus libros más conocido es “Cuerpos y almas”.En el mismo narra lo siguiente:
Si yo no me hubiera mostrado ante el Padre Eterno como una bestia de carga, un juramento de buena voluntad dispuesto a soportarlo todo: si yo no hubiera aceptado siempre lo peor y luchado por la verdad de una manera salvaje, sin cálculos ni concesiones, si me hubiera sublevado, rebelado, saturado de odio, asqueado, animado de un sentimiento de obstrucción sistemática de rebeldía contra la existencia, de un espíritu de envidia, de celos, de venganza, de ambición, de orgullo; si yo lo hubiera achacado todo a la mala suerte, al azar, y hubiera maldecido al vida, entonces hubiese roto los lazos que me unen a la Providencia y seguido el consejo de la mujer de Job: “¡Maldice a Dios y revienta!”. Habría maldecido de mi mala suerte, muerto diabólicamente e ido a reunirme con el Dios de la mala suerte y el azar: ¡Satanás!
Dos poderes disputándose el mundo; la luz contra la
oscuridad, el Bien contra el Mal. Uno proponiendo la felicidad, la rebeldía contra la desgracia, la búsqueda del goce, el sexualismo, al divinización de la humanidad, el despilfarro sin freno con la superproducción hasta el infinito, la uniformidad de los hombres, de las naciones, de los sexos, de las viviendas, el colectivismo de los habitáculos, de los hospitales, de los asilos y de la caridad pública. El otro, presentando la vida como una prueba, preparación de otra vida mejor, que sólo puede merecerse mediante la sujeción a las leyes naturales, con frecuencia duras pero siempre útiles y provechosas, y, a fin de cuentas, la resignación, el sacrificio, la existencia enteramente aceptada, sin elección ni negativas: trabajo, familia, hijos, sobriedad, continencia, renuncia… No obstante, tras ese rudo esfuerzo, sin haberla buscado ni pedido, existía la felicidad, la única felicidad terrenal humilde y verdadera que al hombre le es dable
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| Maxence Van der Meersch |
Lucha por la verdad hasta la muerte. Y Dios combatirá por ti.
Dos poderes disputándose el mundo; la luz contra la oscuridad, el Bien contra el Mal.
Lucha por la verdad
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