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martes, 19 de mayo de 2026

La soberbia, la ambición y el desenfreno carnal tienen pavor a la verdad

Carlos Cardona en El amor a la verdad y la verdad del amor escribe que “ la soberbia, la ambición y el desenfreno carnal tienen pavor a la verdad, porque la verdad es su sentencia de muerte; de ahí que quien se obstina en vivir en la triple concupiscencia tenga horror a la verdad y la rehuya siempre. Pero incluso sin esa obstinación, la verdad nos asusta siempre un poco porque nos compromete personalmente, la verdad tiene consecuencias prácticas, y eso da miedo, porque no se sabe bien a donde me puede llevar, que sacrificios me puede exigir, que renuncias me puede imponer. Para cerrar el paso a la verdad hay motivos, nunca razones. Pero como los motivos desnudan, manifiestan lo que uno realmente es y rasgan las máscaras, la astucia humana los disfraza pudorosamente de razones”. Por eso muchos eluden el dialogo sincero o la reflexión pausada que los llevaría a descubrir su autentica situación y exigiría un cambio de conducta que no están dispuestos a llevar a cabo. 


jueves, 15 de agosto de 2024

Se lo llevó, dice la Sabiduría, para que la maldad no pervirtiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma

                                         John H. Newman


                          
No os extrañéis cuando veáis que los buenos y generosos, o los celosos y llenos de obras excelentes son tomados por Dios en mitad de su camino. Es difícil de entender. Pero quién sabe si no habrán sido arrebatados "a facie malitiae", y librados así de un mal futuro. “Se lo llevó, dice la Sabiduría, para que la maldad no pervirtiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma; pues la fascinación del mal empaña el bien, y los vaivenes de la concupiscencia corrompen la mente inocente. Alcanzó en breve la perfección y en corto tiempo llenó largos años. Su alma era del agrado del Señor; por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no lo comprenden; no caen en cuenta que los elegidos del Señor encuentran gracia y misericordia, y que Él visita a sus santos” (cfr. Sap IV, 11-15). Duro es soportar que tal hombre desaparezca. Es cruel para los amigos, triste incluso para los extraños, y sorprendente para el mundo. Y sin embargo es mucho mejor morir así que permanecer vivo para un día de pecado.
Referencia: Discursos sobre la fe del Cardenal John H. Newman


domingo, 4 de febrero de 2024

Dios inscribe en la humanidad la vocación del amor y de la comunión

El papa Juan Pablo II decía que "el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente". El problema de muchos jóvenes es que no saben bien qué es el amor, y llegan a confundirlo con el sexo. Pero veamos un contraste que hace Mary Beth Bonacci para conocer lo que es el amor real del amor de concupiscencia. No es lo mismo decir "amo a mis padres" que "amo comer pizza". Son amores en niveles muy distintos. Cuando digo que amo a mis padres quiero decir que me preocupo por ellos, que hago lo que sea necesario para que no les suceda algo malo; quiero el bien para ellos, estoy agradecido por todo lo que han hecho por mí, estoy dispuesto a hacer sacrificios por ellos y deseo que estemos juntos muchos años. En cambio cuando digo "amo comer pizza" quiero decir que cuando tengo hambre se me antoja una. Si el hambre es mucha, la como con avidez, la saboreo, termino chupándome los dedos y una vez satisfecho, dejo las orillas sobrantes en el plato. Esta comparación vale para ilustrar lo que es el amor real de una pasión instintiva que, finalmente, no es amor. La pregunta es, ¿cómo queremos amar y ser amados, con amor real o con amor de pizza?
El papa san Pablo VI fue muy explícito en su encíclica Humana Vitae cuando dijo que "podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada". Los seres humanos fuimos creados para el amor auténtico y real."Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión" (Familiaris Consortio 11). La sexualidad es un regalo maravilloso para vivir en comunión entre las personas, pero puede fácilmente convertirse en instrumento de mero disfrute para utilizar a otros en ratos placenteros, como cuando vamos con hambre a alguna pizzería.



domingo, 29 de enero de 2023

La dialéctica de la Historia

Escribe el profesor Luis Suárez que Dios conserva al hombre mediante su naturaleza social, que obra de tal manera que, si bien siguiendo los impulsos de sus pasiones individuales los hombres tenderían a vivir como bestias salvajes, por su tendencia comunitaria crean y ordenan las sociedades, obedeciendo así el plan para ellos dispuesto por una inteligencia superior. Y esta aparente contradicción entre lo que el hombre proyecta y lo que realiza es la dialéctica de la Historia. Croce la resume así, cuando los hombres tratan de satisfacer su concupiscencia, provocan lo contrario, el matrimonio; se fortifican en lugares elevados para defenderse y dominar, y crean las primeras sociedades estables de agricultores; cuando los fuertes, organizados en aristocracia, tratan de oprimir a los que bajo ellos están, crean la conciencia de poder en los muchos y provocan el nacimiento de la democracia; libertados, los pueblos tratan de sacudirse el poder de las leyes y producen una nueva forma de poder personal, la tiranía. La dialéctica de la Historia es para Vico la manifestación de la Providencia. Para Hegel será el ardid de la razón; para Marx, el comportamiento económico de la materia.

jueves, 6 de octubre de 2022

Una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales

Mons. Escrivá de Balaguer

"Las tres concupiscencias(1Jn2,16) son como tres fuerzas gigantescas que han desencadenado un vértigo imponente de lujuria, de engreimiento orgulloso de la criatura en sus propias fuerzas, y de afán de riquezas" (Mons. Escrivá de Balaguer, Carta 14-III-974, n. 10).Vemos, sin pesimismo ni apocamientos, que estas fuerzas han alcanzado un desarrollo sin precedentes y una agresividad monstruosa, hasta el punto de que "toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales".


sábado, 28 de agosto de 2021

Una patética farsa en la que el autoengaño y la falta de voluntad celebran sus esponsales


Agustín de Hipona había decidido desprenderse de su anterior estilo de vida; y todo con una exquisitamente humana ambivalencia de ánimo, que él mismo desvela en sus Confesiones. "La voluntad nueva que había nacido en mí, por la que deseaba servirte libremente y gozar de ti, mi Dios, sola y única alegría verdadera, todavía no tenía fuerzas para vencer la antigua voluntad que, con el paso del tiempo, se había hecho fuerte. Era así como esas dos voluntades mías, la vieja y la nueva, la carnal y la espiritual, luchaban entre sí, destrozando mi alma en su enfrentamiento. “Ahora”, “voy”, “un poco más”. Pero este “ahora” no tenía término y el “poquito más” se alargaba indefinidamente.  Habían pasado muchos años de mi vida, doce, si mal no recuerdo, desde que leí, a mis diecinueve años, el Hortensio de Cicerón, que me había suscitado el deseo de la sabiduría. Pero seguía dejando pasar el momento de dedicarme a su investigación, renunciando a los goces del mundo. Ello me hubiera dejado libre para esa otra felicidad cuya búsqueda, no digo ya su descubrimiento, debería haber valorado por encima de todos los tesoros y reinos del mundo y de los placeres del cuerpo por abundantes y fáciles de conseguir que fueran. Pero yo había sido un joven desdichado, muy desdichado, sobre todo en mi primera adolescencia, cuando te pedí la castidad, diciéndote: “Dame la castidad y continencia, pero no ahora”. Temía que respondieras inmediatamente a mi petición y me curaras demasiado pronto de mi concupiscencia, que yo quería satisfacer más que apagar. Esa inercia producida por los malos hábitos de una vida anterior, y el deseo ferviente de pasar de esa vida a otra mejor, pero no ahora, es algo enteramente comprensible, aunque un adusto racionalista lo encuentre inconsistente". Es verdad que ese “pero no ahora” puede demorar sine die el momento de la gran operación de rescate moral, convirtiéndola incluso en una patética farsa en la que el autoengaño y la falta de voluntad celebran sus esponsales.

domingo, 22 de agosto de 2021

Concupiscencia

En sentido etimológico, la “concupiscencia” puede designar toda forma vehemente de deseo humano. La teología cristiana le ha dado el sentido particular de un movimiento del apetito sensible que contraría la obra de la razón humana. Existe un vinculo entre la pureza de corazón , la del cuerpo y la de la fe. San Agustín dirá “para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen”.


Fuente:CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA


domingo, 15 de enero de 2017

El amor encendió el contrafuego.

François Mauriac
Cada vicio particular lleva distintivo sobre el ganado de sus fieles, escribe François Mauriac. El día del juicio les sorprenderá juntos y no será preciso hacer sonar la trompeta para llamarles desde los cuatro puntos del globo. El sombrío racimo de cada enjambre está ya formado de antemano, y al ángel negro sólo le bastará apoderarse de ellos. Aun cuando el cemento de un vicio común les una hasta confundirlos, la envidia, los celos, el odio excavan entre ellos verdaderos abismos. Y su locura consiste no en sentirse victoriosos, sino en la tortura que se infligen unos a otros.


María Magdalena.
Y añade Mauriac que es muy verdad que el misterio de la herencia nos obliga a creer en un correspondiente misterio de misericordia. Existen razas poseídas, dice. La muerte de un ser caído no destruye el germen de su caída. Todos los hijos de su carne son asimismo los hijos de su concupiscencia, encargados de transmitir la horrible antorcha a quien salga de ellos. Para huir de esta pesadilla, basta con contemplar el alma penitente liberada de los siete demonios. María Magdalena triunfó de las fatalidades de la carne. El amor, no pudiendo ser vencido más que por el amor, encendió el contrafuego.

La muerte de un ser caído no destruye el germen de su caída.

El misterio de la herencia nos obliga a creer en un correspondiente misterio de misericordia.