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domingo, 27 de septiembre de 2026

Tanto Agustín como los demás teólogos medievales adoptan las virtudes paganas

Tanto Agustín como los demás teólogos medievales adoptan sin dudarlo las virtudes paganas, en concreto, las cuatro virtudes platónicas (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), convenientemente cristianizadas. La prudencia es la regla que distingue el bien del mal; la justicia distribuye los bienes dando a cada uno lo que es suyo; la fortaleza ayuda a soportar las adversidades, y la templanza frena las concupiscencias o deseos desviados. Aunque es bueno saber y ejercitar la razón para cultivar la virtud, Agustín prefiere sustituir el ordo rationes por el ordo amoris, pues si aquél nos encamina hacia el bien, éste se alcanza sólo con el amor.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Casi todo el mundo asocia en su interior la libertad y el futuro

Chesterton escribe en Breve historia de Inglaterra que “casi todo el mundo asocia en su interior la libertad y el futuro. Toda la cultura de nuestro tiempo se basa en la idea de un futuro mejor, mientras que toda la cultura de las Edades Oscuras se basaba en la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Miraban hacia atrás en busca de la luz y hacia delante previendo nuevos males. En nuestro tiempo se ha producido una batalla entre la fe y la esperanza, que tal vez deba ser resuelta por medio de la caridad. Pero la situación era distinta entonces. Esperaban, sí, pero podría decirse que esperaban el ayer. Todos los motivos que impulsan hoy al hombre a ser progresista le empujaban a ser conservador en aquel tiempo. Cuanto más pudiera conservar del pasado más podría disfrutar de una ley justa y de un estado libre, cuanto más cediera al futuro más tendría que soportar la ignorancia y los privilegios. Lo que hoy llamamos razón formaba un todo con lo que suele llamarse reacción.”

viernes, 5 de junio de 2026

El amor a la verdad por encima de otros bienes

Podemos encontrarnos ante la tesitura de decir o no la verdad. La tendencia natural que tenemos a la verdad nos la presentará como un bien. Sin embargo, tenemos también una tendencia natural al aprecio de los demás que, en este caso concreto, si nos parece que la verdad nos haría quedar mal, nos presentará la mentira como conveniente. Esas dos tendencias entran en conflicto. ¿Cuál de ellas prevalecerá? Depende de cuál de los dos bienes sea más importante para nosotros, y, en esta valoración, la afectividad juega un papel decisivo. Si está bien ordenada, ayudará a la razón a percibir que la verdad es muy valiosa y que el aprecio de los demás no es deseable si exige renunciar a ella. Este amor a la verdad, por encima de otros bienes que también nos atraen, es precisamente lo que denominamos sinceridad. En cambio, si el afán por quedar bien es más fuerte que la atracción de la verdad, es fácil que la razón se engañe, y, aun sabiendo que eso no es bueno, juzgue conveniente mentir. Así, aunque sepamos perfectamente que no se debe mentir, consideramos que en este caso nos conviene hacerlo.


jueves, 26 de marzo de 2026

La razón práctica

Para Kant era inherente a la razón humana el saber distinguir entre el bien y el mal. Todos los seres humanos sabemos lo que está bien y está mal, y lo sabemos no solo porque lo hayamos aprendido, sino porque es inherente a nuestra mente. Según Kant todos los seres humanos tienen una “razón práctica”, una capacidad de razonar que en cada momento nos dirá lo que es bueno y lo que es malo moralmente. 
Todos los seres humanos, dirá Kant, tienen acceso a la misma ley moral universal. Esta ley moral tiene la misma validez absoluta que las leyes físicas de la naturaleza. Es válida para todas las personas en todas las sociedades y en todas las épocas. Te dice como debes de actuar. Kant formula la ley moral como un imperativo categórico, la ley moral es válida en todas las situaciones. Además es un imperativo, es preceptiva, completamente ineludible.

miércoles, 14 de enero de 2026

La felicidad es una actividad del alma

Aristóteles define a los humanos como seres dotados de razón, a diferencia de los animales. La razón es la mayor cualidad humana, lo más excelente que hay en nosotros. 
Quienquiera que cultive sus capacidades intelectuales a lo largo de la vida lleva una vida próspera y plena que, según Aristóteles, se identifica con la felicidad y o la dicha, que a su vez es la meta de toda actividad humana y el bien supremo. La felicidad no es un estado pasivo como el enamoramiento, sino una actividad del alma, un esfuerzo, un logro. Los bienes externos como la salud, la belleza, la riqueza, un determinado cargo, la amistad y la felicidad familiar también pueden contribuir, aunque de manera secundaria, a la felicidad perfecta; el placer puede acompañar a lo perfecto, si bien lo decisivo para alcanzar la verdadera felicidad es la vida activa conforme a la razón.
El hombre virtuoso para Aristóteles no debe su bondad al conocimiento obtenido mediante la formación académica, sino al hábito de obrar a menudo de forma justa, prudente y razonable….Obrar prudentemente requiere un carácter firme capaz de controlar los impulsos y deseos recurriendo a la razón. El buen carácter es el resultado del poso de la razón y del ejercicio del dominio de uno mismo. Si a este buen carácter se le añade la prudencia necesaria para cada ocasión concreta, el acto moral virtuoso resulta perfectamente logrado.
La prudencia como principal orientación al decidir lo que debe desearse y lo que debe evitarse, la prudencia señala y pondera los requisitos y las exigencias concretas en las múltiples situaciones imprevisibles en las que es necesario actuar. Constituye, dice Aristóteles, una virtud intelectual irrenunciable, ya que permite tomar la decisión correcta al actuar en cada caso particular. 


domingo, 11 de enero de 2026

En las leyes de la naturaleza se revela una razón superior

El hombre es capaz de discernir en modo no utilitarista, por qué se da cuenta de que algunas cosas son acordes con su dignidad y otras no, por qué experimenta la culpa y la vergüenza cuando obra mal, y el gozo y la paz, en cambio, cuando se comporta con justicia; por qué es capaz de extasiarse ante la belleza de una puesta de sol, del cielo lleno de estrellas o de una excelsa obra de arte. Nada de eso se puede atribuir razonablemente a la obra ciega del cosmos, al producto impersonal de las interacciones materiales.
Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante”.

jueves, 18 de diciembre de 2025

La espiritualización de los sistemas jurídicos puede promover una justicia más pura y ecuánime


La secularización, como proceso de diferenciación entre las instituciones políticas y las religiosas, es un fenómeno de las sociedades maduras, inspirado, entre otras, en la enseñanza evangélica de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). El dualismo estructural Iglesia-Estado que propone la secularización es profundamente beneficioso tanto para la religión como para la política, ya que protege a las comunidades religiosas de la dominación política y a las comunidades políticas del control religioso.
La distinción entre espiritualidad y religión, que algunos estudiosos laicistas han utilizado para arrinconar la dimensión institucional de la religión y priorizar la idea de una espiritualidad ambigua que no requiere ningún tipo de protección jurídica. Esta pertinente distinción entre espiritualidad y religión no socava en ningún momento el valor fundamental de la religión, y no puede llevar a reducir la religión a una mera estructura organizada ni a transformar la espiritualidad en un confuso y amorfo espiritualismo. Además, las religiones, a menudo, han dado forma a diferentes tradiciones espirituales porque la espiritualidad, hasta cierto punto, requiere encarnarse en la cultura, la historia, la fe y las comunidades, del mismo modo que la comunicación solo se vivifica en un sistema lingüístico determinado.  
Dios, la creación, la naturaleza, la razón y la moral están inseparablemente conectados. El universo creado ofrece testimonio de las leyes de Dios y comunica conocimiento moral. Lo natural y lo sobrenatural no son dos dimensiones meramente yuxtapuestas, sino dos dimensiones interconectadas de una realidad multidimensional que incluye distintas dimensiones como la jurídica, la política, la moral y la religiosa, entre otras. Cada dimensión de la realidad es autónoma en su propio ámbito de aplicación, pero queda integrada en una dimensión más profunda. Lo jurídico en lo político, lo político en lo moral y lo moral en lo espiritual. 
La espiritualización de los sistemas jurídicos (entre otros métodos) puede promover una justicia más pura y ecuánime, unos acuerdos más estables y una protección más fuerte de los derechos. Si se lleva a cabo correctamente, la espiritualización del derecho fomenta la limitación de cualquier tipo de dominación, inspira la reducción de la coerción, estimula la comunión y el consenso en la sociedad y aumenta el respeto por el derecho y los sistemas jurídicos. La espiritualización exige el reconocimiento de la dimensión superior del derecho y, por lo tanto, ayuda a las sociedades a repensar, reorientar, renovar, reformar y reimaginar el derecho y los sistemas jurídicos.

Referencia:Extracto de la introducción del libro de Rafael Domingo Oslé titulado Law and Religion in A Secular Age 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Los principios eternos de la religión que siempre permanecen inmutables

Robert Hugh Benson 
Para los anglicanos, cuya teología es básicamente irracional, y entre quienes la Autoridad es en la práctica inexistente, resulta normal colocar el centro de gravedad en las Emociones y “confundir ...la imaginación con el alma”. En su opinión, la razón ha de ser constantemente suprimida incluso de su esfera legítima; el centro lo ocupará principalmente la voluntad. Al poner el énfasis en la razón y la voluntad (los aspectos de la espiritualidad, en oposición a las emociones, capaces de ser aprehendidos objetivamente), Robert Hugh Benson se estaba haciendo eco de la misma cadena lógica que él mismo había seguido durante su retiro de noviembre de 1902. Fue entonces cuando contrastó la causa subjetiva de una emoción, más concretamente, la depresión, con la naturaleza objetiva de la verdad: “los principios eternos de la religión” que siempre permanecen inmutables. Un aspecto en el que coincidía plenamente con Chesterton y Belloc, quienes también hacían hincapié en la primacía de la razón cuando se trata de aprehender la verdad espiritual.
Paradójicamente, entre sus más profundos sentimientos no se incluía ninguna atracción emocional por parte de aquello hacia lo que, sin embargo, sí se veía intelectualmente arrastrado: “Comprendí perfectamente que era tan humana como divina, que dentro de sus muros se habían cometido delitos; que las formas, las costumbres y el idioma de sus ciudadanos serían distintos de los de la querida y familiar ciudad de la que yo procedía; que allí me encontraría con dificultades, con maneras poco conocidas, incluso con recelos y reproches. Pero que, a pesar de todo, era divina…”.

Referencia: Escritores conversos (Joseph Pearce)

viernes, 21 de noviembre de 2025

El relativismo moral conduce a la barbarie


Necesitamos, dice el filósofo Francesc Torralba, una tecnoética que evite caer en los sesgos algorítmicos. Urge una ética global, fundada en la razón, capaz de discernir lo correcto y lo incorrecto y que tenga una dimensión universal y no solo particular. El relativismo moral conduce a la barbarie, al todo vale y eso tiene siempre consecuencias trágicas para los grupos más vulnerables de la sociedad, porque el más fuerte impone su criterio violentamente. La razón humana trasciende la inteligencia artificial, nos habilita no solo para el cálculo, sino para meditar, sentir, orar, experimentar el misterio del mundo y atisbar, aunque sea de un modo precario, el Ser infinito que nos sustenta, diría Edith Stein.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Dejad a vuestra razón discurrir para que la verdad aparezca


William Shakespeare escribe en su obra de teatro Medida por medida: “No rechacéis razones por ser desordenadas. Dejad a vuestra razón discurrir para que la verdad aparezca donde estaba escondida y se esconda lo falso que parece verdad.” 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Donde está el amor, están los ojos

El lugar genuino del amor es la mirada enamorada. Por eso Ibn Hazm cantaba “mis ojos no se paran sino donde estás tú” y Santo Tomás aseguraba que “donde está el amor, están los ojos”. La mirada enamorada sabe bien lo que busca. Busca a alguien, no a algo. Por esta razón “por Helena, Orfeo no hubiera descendido al infierno; por Eurídice, los griegos no hubieran marchado a Troya” (Lev Shestov).
“Pero lo que más me gusta, le escribe el filósofo Frontón al emperador Marco Aurelio, es que me amas sin razón aparente”. Pessoa, en esta mis dirección, aseguraba que “quien ama nunca sabe lo que ama, ni por qué ama, ni lo que es amar” y Kojève dice que “el amor se caracteriza precisamente por el hecho de que atribuye sin razón un valor positivo al amado o al ser del amado”. San Agustín: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Maritain acusa a Rousseau

Rousseau
En cuanto a la aureola de santidad que  rodeó a Rousseau, puesta de manifiesto, entre otras expresiones, en las peregrinaciones a su tumba de numerosos admiradores de varios países, Maritain la califica de santidad falsa. “Incapaz de imponerse ante la realidad por medio de ese supremo acto de mando racional sin el cual no existe virtud moral”, él juzga pero no obra. Se contenta con soñar su vida, construyendo en el mundo de las imágenes y de los juicios artísticos “una asombrosa vida de dulzura y bondad, de candor, de simplicidad, de facilidad, de santidad sin clavos y sin cruz”. Desdoblamiento, más que hipocresía; mimetismo de la santidad, le acusa Maritain. Con Rousseau, afirma, nos hallamos en los antípodas de la vida moral y de la santidad. “Al verter en tantas almas el contagio de esta religiosidad pervertida”, prosigue el filósofo francés, Juan Jacobo “ha dado al mundo moderno uno de sus aspectos característicos. Todos sabemos lo que el romanticismo le debe”. “En cuanto que el romanticismo significa una religiosa victoria sobre la razón, y sus obras el desenfreno sagrado de la sensibilidad, la santa ostentación del yo y la adoración de la primitividad natural, el panteísmo como teología y la excitación como norma de vida, hay que confesar que Rousseau, por su naturalismo, es causa inmediata de semejante mal de espíritu”. Y más allá del romanticismo, “el pensamiento actual, en lo que tiene de mórbido, sigue todavía bajo su influjo”.“Pervertidor prodigioso, Rousseau… evoca las potencias de anarquía y de languidez que dormitan en cada uno de nosotros. Se aprovecha de todas las insuficiencias de la razón… Sobre todo, nos ha enseñado a complacernos en nosotros mismos y a descubrir el encanto de esas secretas heridas de la sensibilidad más individual que las edades menos impuras abandonaban temblando a la mirada de Dios… Costará mucho a la literatura y al pensamiento moderno, así heridos por él, encontrar la pureza y rectitud que una inteligencia vuelta hacia el ser conocía antaño”.
Maritain
Rousseau, en fin, abre el camino a la Revolución laicizando el Evangelio y conservando las aspiraciones humanas después de suprimir a Cristo. “Fue Juan Jacobo quien consumó esta inaudita operación iniciada por Lutero, de inventar un cristianismo separado de la Iglesia de Cristo, y fue él quien terminó de naturizar el Evangelio. A él le debemos ese cadáver de ideas cristianas, cuya inmensa putrefacción emponzoña hoy al universo. La doctrina rusoniana es una herejía cristiana de carácter místico… una radical corrupción naturalista del sentimiento cristiano”, escribe Maritain, que concluye: “Si el mundo no vive del cristianismo vivificante de la Iglesia, muere del cristianismo corrompido fuera de la Iglesia”. El balance que Maritain hace del pensamiento del ginebrino es definitivamente negativo: “Siendo personalmente mucho menos vil y despreciable que Voltaire, al cual tuvo el mérito de odiar, en realidad Rousseau implica una gravedad inmensamente mayor, porque proporcionó al hombre no ya una negación, sino una religión al margen de la Verdad indivisible”.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Virtud y fama

Para Ramón Lull y para los maestros de la escuela de Salamanca el ser humano, dotado de razón y libre albedrío, tiene capacidad para conocer y merecer. Según Alberto Tenenti el ser humano está dotado de tres y no de dos dimensiones, ya que al cuerpo y al alma hemos de sumar el tiempo, que es un regalo de duración indefinida que hace Dios al hombre. Durante su existencia el hombre está en condiciones de desarrollar sus potencias sumisas, convirtiéndolas en virtudes. La virtud se practica con la vida; al termino de esta se convierte en fama. Es lo que Jorge Manrique o Cervantes con más empeño tratarán de defender.
Para España estos dos términos, virtud y fama, se llenan de sentido y eficacia. Lull sostiene sostiene que si la razón y la fe salen de las manos de Dios no puede haber entre ambas incompatibilidad, de modo que la meta de una y la otra persiguen es exactamente la misma, conquista de la Verdad, que es lo único que puede hacer libre.

sábado, 16 de agosto de 2025

Cuando el hombre y la razón creyeron serlo todo

Escribe el filósofo Xavier Zubiri que “cuando el hombre y la razón creyeron serlo todo, se perdieren a si mismos; quedaron, en cierto modo, anonadados. De esta suerte, el hombre se encuentra más solo aún; esta vez sin mundo, sin Dios y sin si mismo. Es la soledad absoluta, a solas con su pasar, sin más apoyo que lo que fue, el hombre actual huye de su propio vacío…. Huye de si; hace transcurrir su vida sobre la superficie de si mismo. Renuncia a adoptar actitudes radicales y últimas; la existencia del hombre actual es constitutivamente centrífuga y penúltima. De ahí el angustioso coeficiente de provisionalidad que amenaza disolver la vida contemporánea.” 


viernes, 8 de agosto de 2025

Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia

Thomas Woods manifiesta que dotado de razón el ser humano no está condenado a actuar por mero instinto. Es capaz de reflexión moral. Si no reflexiona ni evalúa con rigor moral su propio comportamiento, ¿de que le sirve ser humano? Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia. Seneca decía: “qué despreciable es el hombre cuando no logra elevarse por encima de su condición humana”.
Una vida buena no es simplemente una vida de actos externos irreprochables. No basta con evitar el asesinato o el adulterio. No solo es el cuerpo quien no debe ceder a tales crímenes; también el alma debe abstenerse de inclinarse hacia ellos. No solo no debemos robar al vecino, sino que tampoco debemos albergar pensamientos de envidia por sus posesiones. Hemos de apartar de nosotros la ira y el odio, que solo envenenan el alma. Es famosa la frase de Sócrates que afirma que el conocimiento es virtud y conocer el bien es hacer el bien. Aristóteles y San Pablo lo entendieron, pues todos recordamos momentos de nuestra vida en la que sabíamos perfectamente qué era bueno, y sin embargo no lo hicimos. Como pecar resulta más fácil cuando nos acostumbramos al pecado, también así, según Aristóteles, más fácil se vuelve esa vida de virtud cuando nos comprometemos con ella y la convertimos en un hábito.


martes, 27 de mayo de 2025

La idea de Dios

Yo, que soy una sustancia finita, no puedo ser la causa de la idea de Dios que hay en mí, de la idea de una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente y omnipotente; de ahí concluye Descartes que Dios existe, y que ha puesto en mí la idea de sustancia infinita. Descartes quiere hallar una prueba demostrativa de la existencia de Dios “tan cierta como cualquier demostración geométrica”. Partiendo de la idea clara y distinta de un ser perfectísimo, no deducir su existencia sería negarle una perfección. Así como no puedo pensar un triángulo rectilíneo sin deducir que la suma de sus ángulos es igual a dos rectos, o no puedo concebir una montaña sin valle, de la misma manera no puedo pensar en un Dios inexistente. Esto no significa, aclara Descartes, que tenga que existir la montaña o el valle, sino que dada la primera, no puede ser pensada sin la nota esencial que la define. Es decir, supuesta una montaña, tiene que haber necesariamente un valle. Pero la idea de Dios es especialísima, ya que la nota esencial es la existencia; un Dios inexistente sería una contradicción. Sin el supuesto de la existencia de Dios, sería imposible conocer con evidencia. Ahora que mi razón lo ha hecho necesariamente existente, puedo estar seguro no solamente de mi propia existencia y de la de Dios, sino también de la existencia del mundo material. 

viernes, 16 de mayo de 2025

Habla siempre bien de la persona a la que envidias

Lawrence G. Lovasik aconseja hablar siempre bien de la persona a la que envidias. Alaba sus buenas cualidades. No te fijes en otros rasgos de su vida menos positivos ni los comentes.
Lovasik añade que cumples con tu deber de corregir justamente a los demás solo si es la razón, y no la pasión, la que te mueve a ello, y si el objetivo de las palabras y los actos que empleas no es herir, sino ayudar a quien corriges.

sábado, 19 de abril de 2025

El hombre es malvado cuando, pese a tener conciencia de la ley moral se aparta de ella

Para Kant la perversa “resistencia” contra la ley moral pone de manifiesto una tendencia humana que puede ir en aumento hasta el extremo de subvertir el orden moral de las motivaciones y atenerse solo a la ley cuando resulta útil y procura placer. La condición humana es malvada porque establece el amor propio y las inclinaciones como condiciones para obedecer la ley. Según Kant, la errónea subordinación de la razón a la sensualidad, esa inversión del orden moral, significa una “perversidad del corazón humano” que con “principios que corrompen el alma, mina secretamente la intención”. “El mal auténtico consiste en que uno no quiere resistir a aquellas inclinaciones cuando le incitan a la transgresión, y esta intención es propiamente el verdadero enemigo”. El hombre es malvado cuando, pese a tener conciencia de la ley moral se aparta de ella, aunque solo sea ocasionalmente, dice el filósofo Volker Spierling. Para Spierling la mala orientación de la voluntad, el rechazo de la ley moral como disposición, es el “mal radical”, porque corrompe el fundamento de toda máxima. 

martes, 15 de abril de 2025

Alucinaciones

No vemos con los ojos, sino con el cerebro; de ahí que muchas veces veamos cosas que no están delante de nosotros, cosas que a veces llamamos apariciones, fantasmas o visiones, conceptos, todos ellos, que obedecen al término genérico de alucinaciones. Pero las alucinaciones no son sólo visuales. Como explica Oliver Sacks en su libro Alucinaciones, las alucinaciones también pueden ser olfativas o auditivas. Cuántas veces hemos oído que alguien nos llamaba y al volvernos no había nadie; o hemos experimentado un olor cuya presencia es físicamente imposible; o hemos creído que alguien nos seguía; o hemos visto algo que la razón nos dice que no pertenece a nuestro mundo.
Las alucinaciones no son fenómenos negativos sino positivos, y constituyen, de hecho, una de las mejores ventanas que poseemos para asomarnos a la complejidad de los circuitos cerebrales y a la forma en que éstos nos muestran la realidad o, a veces, crean la suya propia.

sábado, 5 de abril de 2025

Pensar en un acceso privilegiado a la verdad no es nada más que oscurantismo

Descartes siempre creyó que todo el mundo podía comprender la verdad perfectamente, sin necesidad de recurrir a tediosas, oscuras y viejas ideas, cuya función defensiva era apenas disimulable. Con independencia de su condición o género, todas las personas debían ser capaces de captar el contenido racional de cualquier idea. Siempre que ciertos factores adversos, como el analfabetismo, o nocivos, como las enseñanzas viciadas o el fanatismo, no distorsionaran la capacidad natural de la mente, esta tenía que ser capaz de comprender y asentir a los pensamientos correctos, formulados con claridad y distinción.
Para Descartes, pensar en un acceso privilegiado a la verdad no es nada más que superstición y oscurantismo. Ni los magos, en tanto que portavoces de lo “oculto”, ni los eruditos, en virtud de su supuesto conocimiento de las fuentes de autoridad, sancionadas por la tradición, estaban más cerca de la verdad que el hombre común, que solo disponía de la razón natural. La verdad podía estar escondida y hallarla podía resultar una tarea difícil, mas no era un misterio impenetrable al buen juicio, a la razón vehiculada correctamente. 
Referencia: Descartes (Jaume Xiol)