Tanto Agustín como los demás teólogos medievales adoptan sin dudarlo las virtudes paganas, en concreto, las cuatro virtudes platónicas (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), convenientemente cristianizadas. La prudencia es la regla que distingue el bien del mal; la justicia distribuye los bienes dando a cada uno lo que es suyo; la fortaleza ayuda a soportar las adversidades, y la templanza frena las concupiscencias o deseos desviados. Aunque es bueno saber y ejercitar la razón para cultivar la virtud, Agustín prefiere sustituir el ordo rationes por el ordo amoris, pues si aquél nos encamina hacia el bien, éste se alcanza sólo con el amor.

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