Numerosas investigaciones han demostrado la importancia del atractivo físico como el factor más determinante, de modo que las personas atractivas cuentan con una serie de ventajas iniciales, escribe Laura Calonge. Dion, Berscheid y Walster publicaron en 1972 un estudio titulado What is beautiful is good, donde exponían cómo la belleza física influye en otorgar cualidades positivas de la personalidad, como la amabilidad o la bondad. La psicóloga Linda A. Jackson también abordó esta línea de investigación basada en el atractivo físico y cómo influye en entornos sociales en el libro Phisical appearance an gender: sociobilogical and sociocultural perspectives, donde analiza cómo es percibida la competencia de las personas en función de variables que a priori no determinan la valía profesional ni su inteligencia. Su trabajo ayudó a entender cómo el “efecto halo” opera en contextos sociales y evolutivos.
La estatura, dice Laura Calonge, también juega una baza importante en el salario y los cargos de responsabilidad debido a un sesgo de estatus por el que las personas más altas son percibidas como más competentes, confiables y capaces, atributos comúnmente asociados con el liderazgo. Un estudio publicado en 2004 por Timothy A. Judge y Daniel M. Cable demostraba que el sueldo guarda una relación proporcional a la altura.No solo el aspecto físico determina el acceso a trabajos mejor valorados, sino que también influye en la política y los juicios por delitos criminales. Existen casos famosos, como el de Ted Bundy (1946-1989), un carismático y atractivo asesino en serie. Al descubrirse su involucración en decenas de asesinatos a mujeres jóvenes, consiguió, gracias a su encanto personal, retrasar su condena y posterior ejecución. El investigador canadiense Michael G. Efran, quien publicó diversos estudios sobre la relación entre el aspecto físico y los comportamientos agonísticos, demostró a través de fotografías que los individuos atractivos recibían penas más favorables en los juicios, incluso cuestionando su culpabilidad. Si a estos rasgos añadimos el pertenecer a determinada clase social, la percepción de la culpabilidad puede llegar a diluirse.

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