La controvertida práctica de la eutanasia, que comenzó siendo para pacientes muy graves, no es solo procedimiento que mata en cuestión de minutos al enfermo que la reclama, sino que se ha convertido en una técnica para acabar con la vida de niños, discapacitados, personas cansadas de vivir y aquellos que por motivos de salud se sienten un estorbo para sus familiares. En una sociedad donde el suicidio es una realidad cotidiana, la aprobación de esta ley transmitiría el mensaje de que la vida no tiene ningún valor. Esto llevaría a algunas personas enfermas hacia una muerte prematura. Ya se ha visto en Canadá, Países Bajos u Oregón, tres zonas donde los más vulnerables, que se sienten amenazados y una carga para sus seres queridos, en vez de recurrir a los especialistas, solicitan la eutanasia. En una sociedad donde cada vez se maltrata más a los ancianos, la aprobación de esta ley pone a este grupo de ciudadanos en riesgo, puesto que con la intención de quitarse del medio y dejar de sufrir, podrían desear “acabar con su vida”.Los países que han dado luz verde a la eutanasia, las muertes llevadas a cabo por este polémico método conducirán cada vez más a un aumento de fallecimientos.

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