Escribe Gabriela Rústelo que “la sumisión global a internet no parece haber convertido a la población mundial precisamente en una masa devota de la lectura. Tal vez sirva de orientación el hecho de que Netflix tenía en junio de 2024 más de 270 millones de suscriptores, de los cuales casi 200 no son estadounidenses, sino ciudadanos del resto de los países del planeta, y Amazon Prime cuenta con 200 millones de abonados. Recordemos que Netflix se fundó en 1997 en Scotts Valley, California, como empresa de alquiler de películas de cine en formato DVD, mediante el sistema de enviar por correo las cintas a los domicilios de los clientes. Una década después, en 2007, se convirtió en lo que todos entendemos hoy nada más escuchar su nombre, una plataforma de visualizado de cine y series por internet. En 2001 tenía menos de medio millón de suscriptores. Hoy su modelo audiovisual ha cambiado el modo de abordar el entretenimiento cultural en Occidente.”
“El cine no es para los nativos digitales el séptimo arte, sino que para las generaciones jóvenes el formato audiovisual representa la cultura de primer nivel, en contraste con el estatus de ocio o entretenimiento que le confieren todavía las generaciones veteranas. La insistencia en santificar los estrenos en las grandes pantallas contrasta con el hecho de que, según el sitio web Movie Treasures, a fecha de julio de 2024 han cerrado 46.798 salas de cine en todo el planeta (y destruido 23.841).Todo parece indicar que las generaciones añejas desprecian cuanto ignoran de una juventud cuyos valores culturales la convierten hasta cierto punto en autodidacta digital a través de internet, las redes sociales y el cine de plataforma. La sima entre ambos grupos de edad no se atenúa con el paso del tiempo, sino que es cada vez mayor. Las jóvenes generaciones audiovisuales se organizan en grupos virtuales abiertos, frente a los grupos socioeconómicos cerrados de las longevas generaciones precedentes. Con intereses tan variopintos como inconexos, la cosecha humana de los mileniales tiende a despreciar los modelos referenciales clásicos y la información procedente de cauces homologados (telediarios, familia, centros educativos). Al mismo tiempo, el bombardeo mediático sobre los mismos asuntos, unido a la mala calidad de la información en sí, con frecuentes desmentidos y contradicciones, desprestigia a sus ojos la llamada Legacy media, es decir, la prensa tradicional. La ironía macabra de la infoxicación es que el enganche permanente a internet no parece mantenernos más informados a diario, sino más desinformados a diario.”
“De nada sirve ignorar o fingir que no existe ese abismo generacional nacido en buena parte de la informatización mundial. Las huestes veteranas parecen incapaces de aceptar que la cultura ya no la protagonice una élite pequeño burguesa subida a una atalaya, regurgitando conocimientos que las masas ignoran y despreciando a los de abajo por su barbarie. Las generaciones cibernéticas saben que la cultura hoy es una poscultura global, democrática, primordialmente audiovisual, mediante la cual nuestro planeta comparte ideas, costumbres y tradiciones de modo instantáneo e hiperconectado. ¿La cultura nunca volverá a ser lo que fue? En un mundo digitalizado donde la información es accesible y gratuita para la mayoría de la humanidad, hoy la cultura es hasta cierto punto lo que cada persona decide que sea.”
*Gabriela Bustelo (Madrid, 1962) es una escritora, periodista, filóloga y traductora española.

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