Cuenta el filósofo Alejandro Llano que “existe una estrecha relación entre el disfrute de la vida y la felicidad. El despliegue de la existencia humana incluye pasárselo bien, si no continuamente, porque eso quizá es imposible, al menos la mayor parte de las veces. Toda persona considerada normal trata de evitar el dolor. Huye del sufrimiento y busca el gozo, pero lo que va a resultar es una emulsión o mezcla de ambas situaciones vitales. La alternancia de placeres y dolores es una condición que hay que aceptar.”
“El cumplimiento de las obligaciones más ingratas y desagradables va acompañado de la satisfacción moral de estar haciendo lo que se debe, que resulta un sentimiento más grato y tranquilizante que cualquier otro.”

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