Según The Economist, el perfil de los multimillonarios ha cambiado; una proporción creciente de su riqueza procede de actividades competitivas y de empresas creadas por sus fundadores, mientras disminuye el peso de las herencias y de sectores dependientes de favores políticos. Basándose en datos de Forbes, Hurun y Gapminder, el artículo sostiene que hoy más fortunas se originan en la innovación, el consumo y la tecnología, impulsadas por los mercados bursátiles, el crecimiento de China y el internet móvil. Aunque reconoce que la influencia política de los grandes patrimonios sigue siendo un problema, argumenta que resulta cada vez más difícil justificar un impuesto al patrimonio alegando que esas riquezas son intrínsecamente inmerecidas, pues muchas generan empleo, productividad y valor económico.

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