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domingo, 27 de septiembre de 2026

Tanto Agustín como los demás teólogos medievales adoptan las virtudes paganas

Tanto Agustín como los demás teólogos medievales adoptan sin dudarlo las virtudes paganas, en concreto, las cuatro virtudes platónicas (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), convenientemente cristianizadas. La prudencia es la regla que distingue el bien del mal; la justicia distribuye los bienes dando a cada uno lo que es suyo; la fortaleza ayuda a soportar las adversidades, y la templanza frena las concupiscencias o deseos desviados. Aunque es bueno saber y ejercitar la razón para cultivar la virtud, Agustín prefiere sustituir el ordo rationes por el ordo amoris, pues si aquél nos encamina hacia el bien, éste se alcanza sólo con el amor.

jueves, 30 de julio de 2026

La mejor forma de gobierno

¿Cuál es la mejor forma de gobierno?, se pregunta Balmes, para responder: “Parécenos que la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿De qué pueblo se trata?”. La mejor forma de gobierno es aquella que mejor se ajusta a la historia y al carácter de cada pueblo en concreto; por lo que no hay una fórmula universal válida para todos los pueblos y todos los tiempos. Pensar en formas de gobierno es pensar en la tradición de cada pueblo, en su particular forma de ser y aprender de lo que enseña su “antigua constitución” o “constitución interna”, según la fórmula empleada por Cánovas del Castillo.
Las formas de gobierno están para la preservación de un pueblo y no al contrario, bien podría suceder que la salus populi, que es siempre suprema lex, exija en una determinada circunstancia un cambio de régimen y abandonar, no sin dolor, la forma vigente hasta ese momento; pues la prudencia de lo concreto siempre prevalece sobre lo idealmente deseable en abstracto.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común. 

Referencia: Sobre las formas de gobierno, autor:Elio A. Gallego García , profesor de Teoría y Filosofía del Derecho

lunes, 17 de noviembre de 2025

Los imperios tienen su comienzo, su crecimiento, su decadencia y su fin


“Es cierto, escribió el historiador francés Jacques-Auguste de Thou en 1604, que los imperios, como los hombres, tienen su comienzo, su crecimiento, su decadencia y su fin; y que la Providencia ha fijado ciertos límites que ni la fuerza ni la prudencia pueden atravesar”.

domingo, 11 de mayo de 2025

La leyenda negra de los Borgia, la degradación de la verdad

Lucrecia de Borgia
El resentimiento contra su padre Alejandro VI y su hermano Cesar cargó a Lucrecia de acusaciones de incesto y desenfreno libidinoso, de los que no hay ninguna prueba. La leyenda negra de los Borgia, añade fantasías eróticas morbosas tejidas sobre Lucrecia la acusación injustificada de experta en el asesinato por envenenamiento. La degradación de la verdad fue constante en los relatos sobre los Borgia. 
Victor Hugo, con una grave responsabilidad en la deformación deliberada de la historia de Lucrecia, para hacer picante y grato a la galería su drama Lucrecia Borgia.Lo imperdonable en Victor Hugo es que presume de erudito y engañó a los lectores, fingiendo haber analizado con rigor histórico las bases de sus dramas.Puede hacerse una calificación similar de Alejandro Dumas en Los crímenes celebres, en la sección que corresponde a los Borgia y de modo particular a Lucrecia. Toma los datos de “la fuente histórica” aludida por Victor Hugo, Tommaso Tommasi. En realidad este autor, Tommaso Tommasi, que en realidad se llamaba Gregorio Leti, era un convertido al calvinismo y, como todos los conversos, con necesidad de menospreciar a la fe abandonada. Dedicó sus escritos a denigrar la religión católica y al papado, con pasión y sin el menor rigor. Victor Hugo y Alejandro Dumas son escritores de ficción, pero muchos de los historiadores de los siglos pasados obraron de modo similar.
Los Borgia, Alejandro VI, Lucrecia ¿eran unos cínicos que utilizaron la fe religiosa de los demás solo en su provecho? No. Eran creyentes; algunos, como Alejandro VI, grandes pecadores, pero con la fe viva en el fondo del alma. Lucrecia, con acuerdo prudente, sabemos que la prudencia era una de sus virtudes, no esperó al final para preparar el más allá. Transformó su vida espiritual hacia un sentido profundamente religioso, que se hace muy patente desde los 30 años de edad, aún con el rescoldo de su legendaria belleza. Lucrecia sigue representando en las funciones de estado el papel de gran dama, pero debajo de su vestido lleva un silicio. Confiesa a diario, y comulga con frecuencia, ha entrado en secreto en la orden tercera de San Francisco.
Referencia: Perfiles humanos de Juan Antonio Vallejo-Nágera.

jueves, 1 de mayo de 2025

A los hijos se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes

Natalia Ginzburg en su libro Las Pequeñas virtudes escribe que “ en relación con la educación de los hijos pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia ante el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.

jueves, 2 de mayo de 2024

Lo que haces con el dinero es siempre una expresión de quién eres

Escribe Paul Auster,Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, que “las discusiones por dinero nunca son sólo por dinero. Siempre hay algo más de por medio. Lo que haces con el dinero es siempre una expresión de quién eres. Casi como un análisis caligráfico; o las huellas dactilares. Fíjese en esos individuos mezquinos, tacaños y roñosos, lo profundamente que recelan del mundo, el miedo que tienen comparados con las personas generosas, que parecen vivir para los demás tanto como para sí mismos. Luego están los derrochadores, los que tiran el dinero. No comprenden que se requiere cierta prudencia; ni excesiva ni complicada, pero sí es necesaria cierta medida de moderación”.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Prudencia

Tiziano. Alegoría de la Prudencia

La prudencia,enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. “El hombre cauto medita sus pasos” (Pr 14,15). La prudencia es la “regla recta de la acción”, escribe Santo Tomás (S. th. 2-2,47,2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de la conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.



lunes, 27 de junio de 2022

Franco fue un gran táctico

Cuenta el profesor Javier Tusell que las capacidades efectivas de Francisco Franco Bahamonde​​ estaban mucho más en ser un hábil táctico para los combates mínimos de guerrilla contra los indígenas en Africa, o en actuar con prudencia, orden y sentido de la medida en lo que respecta a sus fuerzas. Esas mismas virtudes, y no otras, fueron las que mostró durante la Guerra Civil, en la que supo mantener una retaguardia segura y actuar a la defensiva en buena parte de los frentes al mismo tiempo que se dotaba de una masa de maniobra con la que emprender la ofensiva en el punto oportuno. Sus aliados siempre le reprocharon exceso de lentitud y de prudencia.

Mariano Rubio

Lo decisivo en Franco era el nacional militarismo, el nacional catolicismo y el nacional-patriotismo aderezados con la obsesión antimasónica. Pero todo ello no era un cuerpo doctrinal sino, a lo sumo, unos sentimientos, si bien elementales, fijos e inmutables. Un ministro suyo, Navarro Rubio, escribió luego que fue “un doctrinario corto, pero firme. Sus ideas eran pocas, elementales, claras y fecundas”. Franco fue un gran táctico, con todas las capacidades y limitaciones que esta palabra entraña. Girón las resumió diciendo que a Franco lo que le caracterizaba era “el paso de buey, la vista de halcón, el diente de lobo y el hacerse el bobo”.

Nunca se le podrá achacar la crueldad o la corrupción de otros grandes dictadores, dice Tusell. En su ancianidad, la actitud de Roma y de la Iglesia española respecto de su régimen originó un derrumbamiento de parte de sus convicciones más íntimas y fundamentales, no porque dejara de ser católico sino porque sintió que le fallaba uno de sus soportes básicos. Sólo entonces,por vez primera en su vida,se sintió verdaderamente desorientado.

viernes, 22 de abril de 2022

La paciencia para en seco cualquier controversia

A nadie le gusta estar cerca de una persona impaciente. Hace que reacciones exageradamente con enojo, insensatez y de manera lamentable. El enojo frente a una acción injusta, irónicamente, genera nuevos agravios. El enojo casi nunca mejora las cosas. Es más, en general produce problemas adicionales. Por el contrario, la paciencia para en seco cualquier controversia. Más que morderte el labio, más que taparte la boca con la mano, la paciencia es un suspiro profundo. La paciencia permanece a la puerta, allí donde el enojo hace todo lo posible por entrar, y espera a tener una visión completa de la situación antes de juzgar. La Biblia dice en el libro de los Proverbios que “el lento para la ira tiene gran prudencia, pero, el que es irascible ensalza la necedad” y que “el hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira y apacigua contiendas”.

viernes, 5 de noviembre de 2021

La realización en la fantasía

En la vida del ser humano todo se encauza hacia la satisfacción, mediata o inmediata, de sus deseos. El ser humano es una máquina de desear, dice el neurólogo y psiquiatría Castilla del Pino. La racionalidad, el buen sentido, la prudencia de que nos habla Miguel de Cervantes consisten en saber muy precisamente qué se desea y qué estrategia hay que proyectar para el logro de lo deseado. En una transgresión clara del principio de realidad (Freud), hay quienes tratan de “realizar” su fantasía. ¿Por qué? “La respuesta genérica es la siguiente, si nada de lo que le es posible imaginar como proyecto puede hacerse en la realidad, por impotencia ante la misma, si ningún proyecto le resulta factible dadas sus disponibilidades, la frustración es insoportable. Sólo queda para entonces la “realización” en la fantasía”.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Se ha difuminado la diferencia entre derecho y justicia


Una fuente de nuestra confusión quizá sea que se ha difuminado la diferencia entre derecho y justicia, dice el profesor Tony Judt. “En Estados Unidos especialmente, mientras una práctica no sea ilegal, nos resulta difícil definir sus fallos. La noción de “prudencia” nos elude la idea de que es “imprudente”, además de indecente, que Goldman Sachs distribuya miles de millones de dólares en gratificaciones menos de un año después de haber sido rescatada con dinero de los contribuyentes habría sido evidente para los hombres de la Ilustración escocesa, lo mismo que para los filósofos clásicos. Fue un logro distintivo de la Ilustración fundir las categorías morales clásicas con una visión secularizada del progreso humano. En una sociedad bien ordenada los hombres no sólo vivirían bien, sino que tratarían de vivir mejor que en el pasado”.



jueves, 8 de julio de 2021

Prudencia


Hay quienes habiéndose aferrado a una idea, la entierran y siguen custodiándola y defendiéndola durante toda la vida, sin volver a repensarla, sin molestarse en comprobar qué le ha sucedido después de tantas lluvias, vientos y tempestades de acontecimientos y cambios. Corren el riesgo de no ser prudentes los que se andan por las nubes y, ahítos de ciencia puramente libresca, no saben separarse ni un momento de lo escrito, siempre cortando pelos en el aire, metidos en interminables y sutiles análisis, siempre dispuestos a analizar, a sutilizar, buscándole siempre cinco pies al gato. La vida es muy distinta. Lord Palmerston observaba justamente que, para cortar las páginas de un libro, un abrecartas de hueso le servía mejor que una navaja afilada. Clemenceau, el tigre, era de la misma opinión cuando, al dar su juicio sobre dos ministros del gabinete presidido por él, afirmaba: Poincaré lo sabe todo, pero no comprende nada. Briand no sabe nada, pero lo comprende todo. Yo diría, tratad de saber y al mismo tiempo de comprender. Como decía antes, poseer los principios y aplicarlos a la realidad. ¡He ahí el fundamento de la prudencia!, escribe Albino Luciani, el futuro papa Juan Pablo I.

Diógenes

Dice Plutarco que Diógenes se puso un día a pedir limosna a una estatua de mármol. Naturalmente, no obtuvo ni un solo céntimo, pero él continuaba pidiendo. ¿No es tiempo perdido?, le preguntó alguien. No es tiempo perdido, respondió; estoy acostumbrándome a recibir negativas. También esto es prudencia.

lunes, 1 de mayo de 2017

Un padre, protege y vela por su hijo, un hijo protege y vela por su padre.

Confucio recomendaba no prestar una lealtad ciega al Estado. Cuando TzuLu, gobernador de She, le pregunta “cómo servir al príncipe”, Confucio le responde, “dile la verdad, incluso si le ofende”. 

Confucio.
Confucio no se muestra enemigo de la prudencia y del tacto, pero no renuncia a la recomendación de oponerse a un mal gobierno (discretamente, si así fuese necesario): “Cuando es el bien lo que prevalece en el Estado, habla y actúa con audacia. Cuando el Estado extravíe el camino, actúa con audacia y habla con cautela”. De hecho, Confucio apunta claramente al hecho de que los dos pilares del edificio imaginario de los valores asiáticos, la lealtad a la familia y la obediencia al Estado, pueden estar en conflicto el uno con el otro. Muchos defensores del poder de los “valores asiáticos” ven en el papel del Estado una extensión del de la familia, pero tal como apunta Confucio, puede existir tensión entre los dos. 

Confucio y sus discípulos.
El gobernador de She le dijo a Confucio, “Entre mi gente, hay un hombre de una integridad indoblegable: cuando su padre robó una oveja, él lo denunció”. A lo que Confucio respondió: “Entre mi gente, los hombres íntegros hacen las cosas de otro modo: un padre, protege y vela por su hijo, un hijo protege y vela por su padre, y existe integridad en lo que hacen”.

Muchos defensores del poder de los “valores asiáticos” ven en el papel del Estado una extensión del de la familia, pero tal como apunta Confucio, puede existir tensión entre los dos. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los japoneses prefieren tener un activísimo servicio de espionaje industrial.


El capital en Japón nunca depende de una sola persona, sino de un grupo familiar o vinculado por relaciones muy estrechas y muy comprometidas. En Japón son sagradas la honorabilidad, el cumplimiento de los pactos, el consenso entre todos, el secreto guardado en común. También los obreros poseen una mentalidad muy especial. Son trabajadores y ahorradores; contra lo que se cree, son más lentos que los occidentales, pero concienzudos. Una huelga se considera un acto tan grave, que los trabajadores, con todo respeto, insinúan la conveniencia de entablar negociaciones, que pueden durar años enteros, y siempre se resuelven con acuerdos honorables entre las dos partes. Los trabajadores japoneses están bien pagados, pero reclaman poco, no producen conflictos, y hasta el momento de la crisis no conocieron el paro. 


Comellas escribe que de la prudencia oriental también forma parte la falta de decisiones audaces, como las de los norteamericanos. Cada innovación técnica o productiva se estudia detenidamente, durante todo el tiempo necesario, hasta comprobar su viabilidad. Otro hecho típico de la empresa oriental es su no muy alta capacidad investigadora, los emprendedores japoneses prefieren tener un activísimo servicio de espionaje industrial. No hay invento de los occidentales que no copien, sin que aquellos lleguen a saber cómo lo han conseguido. Otra característica, menos común en Europa o América, es la estrecha relación entre las empresas y los bancos, hasta el punto de que muchas veces vienen a ser la misma cosa, o están íntimamente relacionados. La mayoría de los bancos son de inversión industrial, y a la hora de prestar a otros lo hacen en función del valor de las acciones de la empresa solicitante. Así, se favorece con preferencia al que tiene éxito, de lo cual redunda una acumulación de capitales y por tanto de reinversiones de las casas más afortunadas. El grande tiende a ser más grande, y el éxito es la principal fuente de prestigio. 



Una quiebra, cuenta Comellas, se considera una gravísima deshonra, que hay que pagar muchas veces con el suicidio. Pero quizá la mayor diferencia entre las economías orientales y las occidentales es la implicación del Estado. En este sentido, las economías de Japón, Corea, Taiwan o Singapur no son libres como en Europa o Norteamérica, están protegidas, tuteladas y a la vez controladas por el sector público. Son casi imposibles las quiebras, porque el estado interviene, con instrucciones y con dinero, para evitar tal deshonra. Se trata casi de una economía dirigida. Los norteamericanos distinguen entre el “capitalismo autoritario” de Oriente y el “capitalismo democrático” de Occidente (América y Europa). Bien entendido que el primero no es un capitalismo de estado, como en el antiguo bloque comunista, sino un capitalismo particular muy controlado y dirigido, con un enorme prurito proteccionista, por el sector público. Los estados ayudan con concesiones de dumping (primas a la exportación), que los países de Occidente, donde esas prácticas están desde hace tiempo prohibidas, tratan de combatir, para evitar una competencia que podría considerarse desleal.

El capital en Japón nunca depende de una sola persona, sino de un grupo familiar o vinculado por relaciones muy estrechas y muy comprometidas