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miércoles, 5 de noviembre de 2025

En el siglo XVI nació en Francia la vanidad


En la Francia del siglo dieciséis, la actividad de un hombre y su mérito real solo podían demostrarse y conquistar la admiración mediante la valentía en el campo de batalla o en los duelos; y como las mujeres amaban el valor y sobre todo la audacia, se convirtieron en los jueces supremos del mérito de un hombre. Nació entonces el “espíritu de la galantería”, que propició la destrucción, una por una, de todas las pasiones e incluso del amor, en provecho de ese tirano cruel al que todos obedecemos, la vanidad. Los reyes fomentaron la vanidad, y con motivo; de ahí el poder de las condecoraciones.

Referencia: La abadesa de Castro (Stendhal)

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Estamos en la Tierra no para custodiar un museo, sino para cultivar un jardín lleno de vida

El futuro Juan XXIII en Covadonga

Juan XXIII, de nombre secular Angelo Giuseppe Roncalli escribió en 1928, estando en Sofía: “Nada hay de heroico en cuanto me ha sucedido y en cuanto he creído que tenía que hacer. Una vez que se ha renunciado a todo, exactamente a todo, cualquier audacia resulta la cosa más simple y natural del mundo”. Aquí encontramos, dice el historiador Juan María Laboa el secreto de su profunda espiritualidad y de su libertad interior. Su audacia no provenía de una ideología o de un carácter determinados, sino de la simplicidad de quien se ha entregado directa y totalmente a Dios. Con motivo de la muerte de Pío XII, escribe en su diario: “Estamos en la Tierra no para custodiar un museo, sino para cultivar un jardín lleno de vida y destinado a un futuro glorioso”. En 1953 fue creado arzobispo y patriarca de Venecia. En los cinco años de estancia en la ciudad de los canales visitó todas las parroquias de su diócesis, fundó cincuenta y nueve parroquias y un seminario menor, siguiendo siempre el ejemplo de san Carlos Borromeo, al que dedicó su tiempo de estudio.


Ante un grupo de cardenales que le consideraban un pontífice anciano, el papa anunció, apenas tres meses después de su elección, la celebración de un sínodo romano, la revisión del Código de derecho canónico y la convocatoria de un concilio ecuménico. Cuenta Juan María Laboa que para muchos miembros de la Curia, tras la definición de la infalibilidad pontificia se creía que no eran necesarios los concilios. Sin embargo, para Juan XXIII la amplitud y la novedad de los problemas presentes en el mundo contemporáneo exigían la colaboración y corresponsabilidad de todos los obispos de la Iglesia reunidos en concilio, una de las formas más antiguas de ejercer la autoridad en la tradición eclesial. Pacem in Terris, la última de las ocho encíclicas del papa Juan XXIII,fue acogida en la Iglesia como una bocanada de aire fresco. Hace de la dignidad humana el centro de todo derecho, de toda política, de toda dinámica social o económica. Utilizando la categoría evangélica del signo de los tiempos, señala cómo la promoción económica y social de los obreros, el ingreso de la mujer en la vida pública, la organización jurídica de las comunidades políticas, los organismos de proyección internacional en los campos político y social, y el fenómeno de la socialización son signos que indican modos posibles de la presencia del reino de Dios en la historia.

jueves, 1 de marzo de 2018

No hay valor alguno cuando se atacan cosas viejas o anticuadas.


Hay que recordar a los políticos que atacan etapas históricas pasadas  las palabras de Chesterton: “Se suele leer acerca del valor o de la audacia con la que algún rebelde ataca a una vieja tiranía o a una anticuada superstición. No hay en realidad valor alguno cuando se atacan cosas viejas o anticuadas, como no lo hay en ofrecerse a atacar a nuestra abuela. El hombre realmente valiente es el que desafía a tiranías jóvenes como la mañana y frescas como las flores. El único librepensador auténtico es aquel cuyo intelecto está tan liberado del futuro como del pasado. Se preocupa tan poco de lo que será como de lo que ha sido; se preocupa solo por lo que debería ser”.

lunes, 1 de mayo de 2017

Un padre, protege y vela por su hijo, un hijo protege y vela por su padre.

Confucio recomendaba no prestar una lealtad ciega al Estado. Cuando TzuLu, gobernador de She, le pregunta “cómo servir al príncipe”, Confucio le responde, “dile la verdad, incluso si le ofende”. 

Confucio.
Confucio no se muestra enemigo de la prudencia y del tacto, pero no renuncia a la recomendación de oponerse a un mal gobierno (discretamente, si así fuese necesario): “Cuando es el bien lo que prevalece en el Estado, habla y actúa con audacia. Cuando el Estado extravíe el camino, actúa con audacia y habla con cautela”. De hecho, Confucio apunta claramente al hecho de que los dos pilares del edificio imaginario de los valores asiáticos, la lealtad a la familia y la obediencia al Estado, pueden estar en conflicto el uno con el otro. Muchos defensores del poder de los “valores asiáticos” ven en el papel del Estado una extensión del de la familia, pero tal como apunta Confucio, puede existir tensión entre los dos. 

Confucio y sus discípulos.
El gobernador de She le dijo a Confucio, “Entre mi gente, hay un hombre de una integridad indoblegable: cuando su padre robó una oveja, él lo denunció”. A lo que Confucio respondió: “Entre mi gente, los hombres íntegros hacen las cosas de otro modo: un padre, protege y vela por su hijo, un hijo protege y vela por su padre, y existe integridad en lo que hacen”.

Muchos defensores del poder de los “valores asiáticos” ven en el papel del Estado una extensión del de la familia, pero tal como apunta Confucio, puede existir tensión entre los dos.