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jueves, 13 de febrero de 2020

No sentía nada especial por él,ni interés, ni odio, ni cariño

Eddie Roux
“No fue sino hasta mi último año de escuela que se me ocurrió que esa gente negra, esas masas sin voto, de alguna manera estaban interesadas en el socialismo que yo profesaba, o que jugaban un papel en la gran revolución social que en esos días parecía inminente». Los “trabajadores” que estaban destinados a heredar el nuevo mundo eran los carpinteros y albañiles, los obreros de las vías y los mineros blancos que estaban organizados en sindicatos y votaban por el Partido Laboral. No hubiera pensado en hablar sobre política con un joven nativo sino en invitarlo a casa a jugar conmigo o a comer, o en pedirle que se uniera al Carnarvon Football Club. El africano estaba en un nivel distinto, escasamente humano, como una parte del paisaje al igual que los perros, los árboles y, más remotamente, las vacas. No sentía nada especial por él, ni interés, ni odio, ni cariño. Simplemente no hacía parte de mi cuadro social. Había aceptado completamente las actitudes tradicionales del momento”. Este autoanálisis de Eddie Roux, el político rebelde afrikáner y científico, permanece como una verdad invariable para la mayoría de afrikáners.

domingo, 8 de octubre de 2017

Historia de Noé.

Tablilla de arcilla de la biblioteca de Nínive
Parece que al menos parte de la historia de Noé, tal como se la encuentra en la Biblia ha sido contada en las llanuras de Mesopotamia donde se ha encontrado una parte sobre tablillas de arcilla en las ruinas de la biblioteca de Nínive, la más célebre de la Antigüedad. En trescientas estrofas de cuatro versos, las tablillas  cuentan el relato de las aventuras del rey Gilgamesh, epopeya de un hombre que vivió antes y después de la gigantesca inundación que fue probablemente el diluvio descrito en la Biblia.

Louis Charpentier
Cuenta Louis Charpentier que la onceava de estas tablillas, del ejemplar de Nínive, narra así la historia: Gilgamesh, rey particularmente poderoso, decidió adquirir la inmortalidad y para ello emprendió un viaje para pedir el secreto a su antepasado Utnapishtim; a su vez, éste lo había recibido de los dioses. Utnapishtim vivía en una isla cuya situación no queda, geográficamente, determinada en el relato. Tras un venturoso viaje, Gilgamesh, logró llegar a la isla donde vivía su abuelo, al que interroga a éste sobre el “misterio de la vida”. El ancestro le confió que en otro tiempo había vivido en la ciudad de Shurupak y que era un fiel del dios Ea. Cuando los dioses decidieron hundir la humanidad mediante un diluvio, Ea (como Yavhé para Noé) advirtió a su fiel y le dio la siguiente orden: “Hombre de Shurupak, abate las paredes de tu casa, construye un barco, abandona la riqueza y busca la vida; olvida los bienes y salva tu existencia. Carga el barco que habrás construido con todo tipo de simientes de vida. Y, sobre todo, construye el barco según normas bien establecidas”. El relato que sigue a continuación, explicada por el sumerio que la ha recibido, es precisamente la aventura que la Biblia atribuye a Noé.

antes de que comenzara el diluvio, embarqué animales diversos
“Anteriormente, antes de que comenzara el diluvio, embarqué animales diversos y a los obreros que me habían ayudado a construir el barco. Cargué también todo lo que poseía en simientes de vida y cerré la puerta. “Y, poco después, las nubes negras se amontonaron sobre nosotros. Todo lo que era claro se convirtió en oscuro”. Los elementos continuaron desencadenándose “durante seis días y seis noches”. Solamente en el séptimo día la tormenta amainó, entonces “toda la humanidad se hubo transformado en barro”. Tal como se atribuyó más tarde a Noé, el barco se posó sobre una montaña, el monte Nisir que, dice el relato,
“recibió el barco y le impidió seguir navegando”. Para Utnapishtim fue Ea quien se comportó como un ingeniero naval dando a su protegido el plano de un navío de altura, que aquel debió construir. Para Noé, fue Yaveh quien dio las indicaciones para elegir la madera, la construcción e incluso el calafateado para evitar la acción del agua.


miércoles, 15 de marzo de 2017

Los japoneses prefieren tener un activísimo servicio de espionaje industrial.


El capital en Japón nunca depende de una sola persona, sino de un grupo familiar o vinculado por relaciones muy estrechas y muy comprometidas. En Japón son sagradas la honorabilidad, el cumplimiento de los pactos, el consenso entre todos, el secreto guardado en común. También los obreros poseen una mentalidad muy especial. Son trabajadores y ahorradores; contra lo que se cree, son más lentos que los occidentales, pero concienzudos. Una huelga se considera un acto tan grave, que los trabajadores, con todo respeto, insinúan la conveniencia de entablar negociaciones, que pueden durar años enteros, y siempre se resuelven con acuerdos honorables entre las dos partes. Los trabajadores japoneses están bien pagados, pero reclaman poco, no producen conflictos, y hasta el momento de la crisis no conocieron el paro. 


Comellas escribe que de la prudencia oriental también forma parte la falta de decisiones audaces, como las de los norteamericanos. Cada innovación técnica o productiva se estudia detenidamente, durante todo el tiempo necesario, hasta comprobar su viabilidad. Otro hecho típico de la empresa oriental es su no muy alta capacidad investigadora, los emprendedores japoneses prefieren tener un activísimo servicio de espionaje industrial. No hay invento de los occidentales que no copien, sin que aquellos lleguen a saber cómo lo han conseguido. Otra característica, menos común en Europa o América, es la estrecha relación entre las empresas y los bancos, hasta el punto de que muchas veces vienen a ser la misma cosa, o están íntimamente relacionados. La mayoría de los bancos son de inversión industrial, y a la hora de prestar a otros lo hacen en función del valor de las acciones de la empresa solicitante. Así, se favorece con preferencia al que tiene éxito, de lo cual redunda una acumulación de capitales y por tanto de reinversiones de las casas más afortunadas. El grande tiende a ser más grande, y el éxito es la principal fuente de prestigio. 



Una quiebra, cuenta Comellas, se considera una gravísima deshonra, que hay que pagar muchas veces con el suicidio. Pero quizá la mayor diferencia entre las economías orientales y las occidentales es la implicación del Estado. En este sentido, las economías de Japón, Corea, Taiwan o Singapur no son libres como en Europa o Norteamérica, están protegidas, tuteladas y a la vez controladas por el sector público. Son casi imposibles las quiebras, porque el estado interviene, con instrucciones y con dinero, para evitar tal deshonra. Se trata casi de una economía dirigida. Los norteamericanos distinguen entre el “capitalismo autoritario” de Oriente y el “capitalismo democrático” de Occidente (América y Europa). Bien entendido que el primero no es un capitalismo de estado, como en el antiguo bloque comunista, sino un capitalismo particular muy controlado y dirigido, con un enorme prurito proteccionista, por el sector público. Los estados ayudan con concesiones de dumping (primas a la exportación), que los países de Occidente, donde esas prácticas están desde hace tiempo prohibidas, tratan de combatir, para evitar una competencia que podría considerarse desleal.

El capital en Japón nunca depende de una sola persona, sino de un grupo familiar o vinculado por relaciones muy estrechas y muy comprometidas

viernes, 3 de febrero de 2017

La mayoría de los seguidores de Podemos e Izquierda Unida están convencidos que las empresas no tienen otra finalidad que burlar impuestos.

La mayoría de los seguidores de Podemos e Izquierda Unida están convencidos que las empresas no tienen otra finalidad que burlar impuestos, explotar a los obreros, sacar el dinero fuera del país y perpetrar operaciones turbias en complicidad con el Estado.

Si, en muchos casos, ocurre efectivamente así, es por culpa exclusiva del Estado. Es el, y no las empresas y los empresarios, el que fija las reglas del juego económico y el que debe hacerla cumplir. Es el quien procedido de tal modo que, a menudo, para una empresa la única manera de tener éxito sea recibiendo privilegios cambiarios o monopólicos y corrompiendo a los políticos  y de que las condiciones de seguridad sean tales que no haya incentivos para reinvertir en el país y sí para sacar el dinero al extranjero. Es el Estado el que, distorsionando y trabando el mercado, ha restado toda clase de estímulos para producir y ha generado condiciones para especular.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Automatización.

Muchos políticos europeos y estadounidenses, así como la opinión pública, culpan de la pérdida de los puestos de trabajo a la deslocalización de la fabricación hacia países con mano de obra barata como China. Pero la realidad es que ha sucedido algo de mucha más trascendencia. Entre 1995 y 2002, mientras la economía mundial perdía 22 millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero, la producción mundial aumentó en más de un 30%. En los Estados Unidos, la automatización ocasionó la pérdida del 11% de los puestos de trabajo de este sector. Hasta en China se han perdido 16 millones de puestos de trabajo por la introducción de las TIC y la robótica en las fábricas, aunque su productividad ha crecido: ahora produce más, más barato, y con menos trabajadores. Fabricantes que hace tiempo recurrieron a la mano de obra barata de las fábricas chinas, traen la producción de vuelta a casa usando robots avanzados que son más baratos y eficientes que los obreros chinos. Los 128 brazos robóticos de la fábrica de productos electrónicos de Philips en Holanda funcionan con tanta rapidez, que se encuentran tras mamparas de cristal para que los pocos supervisores de la planta no sufran heridas. La producción de esta fábrica de Philips es la misma que la de la fábrica que tiene en China, pero cuenta con una décima parte de sus trabajadores. No queriendo quedarse atrás, muchos de los principales fabricantes de China están reemplazando con rapidez su mano de obra barata con robots todavía más baratos. Foxconn, la gigante china, tiene previsto instalar un millón de robots en los próximos años eliminando una gran parte de su plantilla.

Las TIC, la informática, la automatización, los grandes datos, los algoritmos y la IA que conforman el Internet de las cosas están reduciendo casi a cero, y con mucha rapidez, los costes marginales de personal en la producción y el envío de una gran variedad de productos y servicios. De no suceder un imprevisto, a medida que nos vayamos adentrando en el siglo XXI una parte cada vez mayor de la actividad económica productiva de la sociedad estará en manos de una tecnología inteligente supervisada por grupos pequeños de profesionales y técnicos muy cualificados.
Jeremy Rifkin
Jeremy Rifkin escribe que “el antiguo paradigma basado en propietarios y trabajadores, en vendedores y consumidores, se está empezando a resquebrajar. La conversión de los consumidores en productores eliminará esa distinción. Los prosumidores producirán, consumirán y compartirán cada vez más sus propios bienes y servicios en el procomún colaborativo con unos costes marginales que se irán acercando a cero, con lo cual surgirán maneras nuevas de organizar la vida económica más allá del modelo de mercado capitalista tradicional. Gran parte del empleo humano liberado por la automatización del trabajo en todos los sectores de la economía de mercado se está trasladando a la naciente economía social. En esta nueva era, la participación plena en el procomún colaborativo adquiere la misma importancia que ha tenido el esfuerzo en la economía de mercado, y el capital social adquiere el mismo valor que se ha otorgado al capital de mercado. La participación en la comunidad y la búsqueda de trascendencia y significado definirán la medida de nuestra vida más que nuestra riqueza material”.

Las TIC, la informática, la automatización, los grandes datos, los algoritmos y la IA que conforman el Internet de las cosas están reduciendo casi a cero, y con mucha rapidez, los costes marginales de personal en la producción y el envío de una gran variedad de productos y servicios

Los prosumidores producirán, consumirán y compartirán cada vez más sus propios bienes y servicios en el procomún colaborativo con unos costes marginales que se irán acercando a cero