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martes, 4 de agosto de 2026

La idea de que el dinero público nace de la nada facilita la corrupción

Desde hace 5.000 años ha habido en el seno de las administraciones estatales algunas personas que pensaron que el Estado debería ser un fin en sí mismo, y sobre todo un fin para ellos y su propio beneficio. Esas personas son los eternos corruptos, que van desde los escribas del antiguo Egipto a los políticos, empresarios y financieros de la actualidad. 
Cuando llueve dinero lo lógico parece salir corriendo a la calle para recoger todos los billetes que se pueda. Da igual como sea, y tonto el último que llegue, porque de lo que se trata es de conseguir más con el menor, o con ningún, esfuerzo. Es ese nicho en donde la corrupción política prolifera como los hongos. Si creemos que toda la riqueza proviene del estado porque puede hacer el dinero que quiera, o que el estado tiene un dinero casi infinito porque siempre puede cobrar más impuestos a los ricos, llegaremos a creer que la política consiste únicamente en repartir más dinero a más gente. Pero si el estado reparte dinero imprimiéndolo, en realidad empobrece a la población, porque hace que su dinero cada vez valga menos, porque la inflación en realidad funciona como un impuesto. Y si quiere subir brutalmente los impuestos, que básicamente son el IVA y el IRPF, acabará por volverle a quitar a la gente el dinero devaluado que antes le dio.
Es la idea de que el dinero público nace de la nada la que facilita que aparezca la corrupción. Si el dinero nace por generación espontánea y no es de nadie, ¿qué hay de malo en que yo me lo quede? Al fin y al cabo, si no me lo quedo yo, se lo quedará otro, y además si es casi infinito no importa, porque aunque se le reste un poquito al infinito seguirá siendo infinito.

domingo, 7 de junio de 2026

Causa de sí

Para el filósofo Ludwig Wittgenstein creer en un Dios significa comprender que la vida tiene un sentido…¿Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo). Sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. 
Dios está fuera del mundo, en tanto que su causa y su fin. Todo procede de él, todo está en él (nuestro ser, nuestro movimiento y nuestra vida están en El, decía san Pablo), todo tiende hacia él. Dios es el alfa y omega del ser; el Ser absoluto (absolutamente infinito, absolutamente perfecto, absolutamente real) sin el cual nada relativo podría existir. ¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios.
Dios sería ese Ser que responde (desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo) a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. «¿Cómo entra Dios en la filosofía?», se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde: “El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.


Referencia: Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)

sábado, 18 de abril de 2026

John M. Keynes pronosticó el fin del trabajo

Que los humanos vamos a tener que seguirnos especializando en aquellos trabajos que requieran flexibilidad, intuición y creatividad para seguir siendo necesarios. Otro de los valores en alza para las profesiones del futuro es la empatía, porque las personas vamos a seguir necesitando que nos entiendan. Los trabajos que requieran despertar emociones o reaccionar ante imprevistos son los que deberán ser necesariamente humanos. Además de la creatividad y la innovación, a salvo de la robotización, están también muchas de las ocupaciones relacionadas con el entretenimiento y el ocio, especialmente en España, donde el turismo es una pieza clave de su economía.
La mitad de los trabajos en el sector público, incluido el de los policías, serán automatizados antes de 2030. Tampoco los empleos de alta cualificación están exentos del riesgo de ser sustituidos por la inteligencia artificial. La buena noticia es que el proceso ahorraría a las arcas públicas millones de euros. Los robots, además, no acumulan moscosos. La mala no solo es la pérdida de empleos, sino que, en el caso de las fuerzas de seguridad, el dilema va mucho más allá de lo económico. Las implicaciones éticas de la robotización de los servicios públicos cobran otra dimensión con las armas autónomas y los drones de vigilancia a las ciudades. El trabajo policial robotizado cambiaría por completo, igual que ha transformado el militar. ¿Qué labores podrían ser sustituidas por la robotización? ¿Solo la vigilancia o también el ejercicio de la fuerza como en Dallas? ¿Dónde está el límite? Según el profesor Sharkey, es fundamental exigirles una caja negra a los robots que permita abrirlos y reprogramarlos. Por inofensivos que sean, si su comportamiento se basa en imitar patrones humanos, pueden reproducir conductas racistas o violentas. Todo depende de los humanos que los programen o imiten. La ventaja en el caso de que las redadas las hagan los policías automáticos es que,si se detectaran comportamientos inmorales, a ellos sí se los podrá reprogramar, siempre cuando respetar los derechos humanos esté en los planes de su dueño.
Más difícil será hacerles entender que quejarnos de lo ocupados que estábamos era, en realidad, una manera enrevesada de presumir de ello. El fin del trabajo no es nuevo. John M. Keynes lo pronosticaba en 1930. Decía que los avances tecnológicos del capitalismo reducirían la semana laboral a quince horas en el próximo siglo (o sea, en este) y ocupar el tiempo libre se convertiría en nuestra mayor preocupación. Todavía parece difícil de creer, pero su profecía podría cumplirse un siglo después, antes incluso de 2030.

Referencia:El fin del mundo tal y como lo conocemos  de Marta García Aller

sábado, 28 de febrero de 2026

Hay un vacío en nuestro corazón que todas las criaturas unidas serían incapaces de llenar

Louis Lallemant escribe que “ hay un vacío en nuestro corazón que todas las criaturas unidas serían incapaces de llenar. Sólo Dios puede llenarlo, pues El es nuestro principio y nuestro fin. La posesión de Dios llena este vacío y nos hace felices”. Por eso la religión, si es verdaderamente religiosa, ayuda a relativizar las cuestiones temporales, y debería así reducir las tensiones. 
Tal vez mañana la Tierra esté tan asolada por la guerra que no quede un solo ser humano vivo en su superficie. Escribe Henri Hude que “si recordamos que el cosmos tampoco es eterno, que empezó y acabará, nos decimos que lo que cuenta es la eternidad divina. No tememos lo que mata el cuerpo. Nos preocupa la salvación, el destino del alma. Estos pensamientos, en la medida que las almas estén convencidas de ellos, conducirán a la paciencia y la relajación”.


lunes, 17 de noviembre de 2025

Los imperios tienen su comienzo, su crecimiento, su decadencia y su fin


“Es cierto, escribió el historiador francés Jacques-Auguste de Thou en 1604, que los imperios, como los hombres, tienen su comienzo, su crecimiento, su decadencia y su fin; y que la Providencia ha fijado ciertos límites que ni la fuerza ni la prudencia pueden atravesar”.

viernes, 7 de noviembre de 2025

La verdadera esencia las revoluciones

Gertrud von Le Fort
La escritora alemana Gertrud von Le Fort, profesora en la Universidad de Múnich, escribe que “las revoluciones nunca provienen sólo de la mala administración y de los errores de un régimen; éstos no hacen sino desatar aquéllas, cuya verdadera esencia reside en el desencadenamiento de la angustia mortal de una época que toca a su fin”.

domingo, 1 de junio de 2025

Juzgar lo que no se comprende

Escribe el filósofo suizo Henri Frédéric Amiel que “la plaga de nuestro tiempo es el juzgar lo que no se comprende, la ignorancia de uno mismo. Nos lanzamos con furia sobre las formas vacías, sobre las condiciones exteriores de la verdadera humanidad, de la libertad, y olvidamos el fin, entretenidos con los medios”.

miércoles, 23 de abril de 2025

El hombre multiplica las palabras celestiales

Ewan Clayton escribe en La historia de la escritura que “él puede llenar su mente con las Escrituras mientras copia las palabras del Señor. Con sus dedos da vida a los hombres y los arma contra las artimañas del demonio. Satanás recibe tantas heridas como palabras de Cristo copia el antiquarius. Lo que escribe en su celda se difundirá por remotas provincias. El hombre multiplica las palabras celestiales. Esto dicen las Instituciones de Casiodoro, presentándonos el acto de la escritura bajo una luz diferente. El acto de copiar libros es ahora un fin en sí mismo y el escribiente (ya no un esclavo que copia obras para su amo) ha recibido un género distinto de dignidad y de tarea; el carácter y la santidad se pueden formar en el ejercicio de la confección de libros.La alegoría, que se emplea como medio de interpretación de los textos sagrados, se aplica también a los materiales y las herramientas de escribir. Isidoro de Sevilla compara la pluma de ave y su punta partida con la divinidad manifestándose a través de los Testamentos Antiguo y Nuevo, y la tinta con la sangre de Cristo, vertida por el bien de todo lo creado. Abundan también las interpretaciones alegóricas de las letras del alfabeto. La ípsilon griega (Y) con sus dos brazos refleja las elecciones vitales que pueden hacer los seres humanos al madurar. Esta tradición de interpretar la forma y el carácter de las letras se remonta por lo menos a Platón. En su diálogo Cratilo interviene Sócrates describiendo las letras como representación de distintas fuerzas. La R representa el movimiento y la L la flexibilidad y la suavidad, aunque lo cierto es que Sócrates se burla amablemente de estas asociaciones. En la Alta Edad Media, la alegoría llegó a inmiscuirse tanto en la ejecución de las letras que, en un manuscrito del siglo X conservado en la biblioteca municipal de Berna (Suiza), vemos a unos novicios a quienes se les enseñan las letras comparándolas con verdades teológicas en las que hay que pensar mientras se da forma a la letra. Los tres trazos de la A representan la Trinidad: el asta transversal corresponde al Espíritu Santo, que fluye entre el Padre y el Hijo; el movimiento descendente de la L recuerda el nacimiento de Cristo, que se humilló descendiendo del cielo a la tierra para adoptar la condición de un sirviente.

viernes, 24 de enero de 2025

El actual desconcierto en el mundo jurídico es la incapacidad para distinguir entre derechos y antojos

La persona nunca debe ser instrumentalizada
Para el profesor José María Beneyto la justicia “no es un valor ajeno a la libertad y la igualdad, sino que consiste en el ajustamiento entre libertad e igualdad”, de forma que “una libertad que no tiene en cuenta la igualdad es antijurídica por definición, sería un antojo abusivo; y una igualdad que atropelle la libertad sería un ajuste de cuentas”.El ajustamiento entre libertad e igualdad partía, señala el catedrático, de “una concepción antropológica, de lo que el hombre es y de lo que debe ser, que invita a excluir planteamientos individualistas radicales que ignoran la igualdad y de planteamientos colectivistas que ignoran la libertad”. “El actual desconcierto en el mundo jurídico” es “la incapacidad para distinguir entre derechos y antojos”; para el individualismo radical, “todo antojo es derecho”. Esa crisis antropológica “legitima que se mate a seres humanos porque son demasiado jóvenes o porque son demasiado viejos y ahí tenemos los casos del aborto y la eutanasia”.
Kant fundamentó la Ilustración en un doble imperativo: “Uno es el sapere aude (atrévete a saber), y otro es que la persona nunca debe ser instrumentalizada como medio sino que debe ser respetada como fin; pero ignoramos esto último”; de suerte que vivimos en “una época de progreso tecnológico sin ningún límite ético”.Señala José María Beneyto que “el derecho es un mínimo ético”, con dos consecuencias: “Que no tiene como objetivo hacernos ricos, sabios y santos, sino convivir pacíficamente en sociedad”; y que “ese mínimo es indispensable, y por lo tanto hay que respetarlo, sin proyectar maximalismos morales que lo ignoren”. 

miércoles, 3 de abril de 2024

Resulta difícil ejercer la libertad positiva, el puro elegir, si se carece de los medios necesarios para alcanzar el fin deseado

Isaiah Berlin en 1959

Desde su cátedra de Oxford, Isaiah Berlin nos recordaría que la idea de libertad debería en primera instancia refrendarse con carácter negativo, pues el ser humano puede ser libre para negar o no hacer, redimiéndose de cadenas y ataduras, pero siempre le resultará más difícil ejercer la libertad positiva, el puro elegir, si carece de los medios necesarios para alcanzar el fin deseado. Así, el profesor de origen letón afirma: “Se dice, muy plausiblemente, que si un hombre es tan pobre que no puede permitirse algo, respecto a lo cual no hay ningún impedimento legal (una barra de pan, un viaje alrededor del mundo o el recurso a los tribunales), tiene tan poca libertad para obtenerlo como si la ley se lo impidiera”.

sábado, 17 de febrero de 2024

Existe una tendencia irresistible a ser felices

Escribe Réginald Garrigou-Lagrange que “en todos los hombres existe una tendencia irresistible a ser felices; éste es el fin que todos sus actos se proponen; pero muchas veces buscan la felicidad donde no se encuentra, donde no hallarán sino miseria”.

sábado, 9 de diciembre de 2023

El hombre ha sido creado para un fin concreto

Ernst Friedrich Schumacher pensaba que los hombres somos homo viator, hombres creados con un propósito. La falta de reconocimiento de este hecho constituye el origen de los males de la sociedad. El hombre consciente de ser un homo viator descubrirá fuera de si mismo el fin de la propia vida, y esta pasará a considerarse una existencia objetiva que exige una desinteresada valoración, e interacción, con la realidad, Y puesto que el hombre ha sido creado para un fin concreto, tiene el deber de lograr ese fin para el que se le creó, él es el único responsable de sus actos.
Para Schumacher Freud, Marx y Einstein eran los principales responsables de la negativa del hombre de nuestros días a aceptar la responsabilidad individual. La teoría de Freud según la cual el conocimiento está sometido a la compleja interacción del ego y el ello, los cuales a su vez están sometidos a imperativos sexuales, había subjetivizado el conocimiento hasta centralizarlo en uno mismo. Esto implica que la autorealización está por encima de los demás. 

Marx hizo de la burguesía el chivo expiatorio, sustituyó la responsabilidad personal por el odio hacia los otros. Si la sociedad fallaba siempre se podía culpar a alguien. Einstein había logrado socavar la fe en lo absoluto con su insistencia en la relatividad de todas las cosas. La aplicación de este relativismo en el campo de la moral lleva necesariamente al rechazo de toda moralidad, a excepción de lo que cada uno le pareciera personalmente conveniente.
Schumacher decía que una vez aceptado que el hombre ha sido creado por Dios para un propósito determinado, la política, la economía y el arte solo tienen valor en la medida en que sirven para ayudar al hombre a alcanzar ese último plano de su existencia que es su fin. Para el hombre de nuestros días que ignora el propósito para el que fue creado, la única función de la economía, la política y el arte es la de satisfacer su consumismo, sus instintos animales y su deseo de poder. Para Schumacher, escribe Barbara Wood, cualquier arte, la música, la pintura, la literatura, tiene como propósito elevar el alma. Y si no lo hace, no cumple su función.

jueves, 24 de agosto de 2023

La vida está hecha de tiempo; y no saber disponer del tiempo es malgastar la vida


Escribe Henri-Frédéric Amiel, filósofo y escritor suizo, en su Diario intimo que “pensar que he gastado veinticuatro años, quizá los mejores de mi vida, y que no he vivido, resulta espantoso. Vivir es obrar. He sentido, he pensado, pero perezosamente, sin orden, sin voluntad. He acumulado poca experiencia, y no he utilizado ninguna. Se puede obrar sobre y para los otros, pero en primer lugar hay que hacerlo sobre y para uno mismo; yo no he obrado, pues no he querido con constancia, con perseverancia, con claridad. Vivir es ser útil. ¿A quién o para qué he sido yo útil? Vivir es reconocer el lugar de cada uno, fijarse un fin, trabajar en una tarea. Yo no hice nada de esto. Vivir es asociarse con la plenitud de sentimientos, de esfuerzos, de esperanzas, de trabajos de todo cuanto nos rodea. Vivir es hacer bien, vivir es amar y querer.Vivir es orar, amar y querer……La vida está hecha de tiempo; y no saber disponer del tiempo es malgastar la vida.




sábado, 22 de julio de 2023

El dinero se ha convertido en un fin en si mismo

El dinero ha dejado de ser un instrumento al servicio de la producción de bienes y servicios que puedan satisfacer las necesidades humanas para convertirse en un fin en sí mismo y en una simple fuente de poder. La financiación ha dejado de ser una actividad al servicio de la creación de empleo o riqueza y los bancos se han convertido en los principales instrumentos de todo ello pasando a ser una maquinaria de generación de deuda.

viernes, 21 de julio de 2023

No encuentro ninguna razón mejor que la avaricia para reclamar que merezco parte del patrimonio de otro

Escribe David Friedman que los liberales modernos sostienen que el progreso se debe a la legislación estatal, la limitación de horas de trabajo, la prohibición del trabajo infantil, la imposición de normas de seguridad y otras violaciones del principio del laissez-faire. Sin embargo, todo apunta a que la legislación siempre ha seguido al progreso en lugar de precederlo. Hasta que la mayoría de los trabajadores no disfrutó de una jornada laboral de diez horas, no fue políticamente posible legislarla.
Para los verdaderos igualitarios que consideran la igualdad como un fin en sí misma, esto no tiene justificación, dice Friedman. La herencia es desigual y, por tanto, injusta. Yo no simpatizo con esta opinión. No encuentro ninguna razón mejor que la avaricia para reclamar que “merezco” parte del patrimonio de otro, que no he ayudado a producir, cuando este muere. No encuentro un motivo más noble que la envidia por el que a alguien le pueda molestar la buena suerte del que recibe una herencia “no merecida”.


domingo, 7 de mayo de 2023

Detrás de todo cuanto a uno le sucede existe una intención, un fin, está Dios

Maxence Van der Meersch escribe en Cuerpos y almas: “Ésta es la verdad. Así estoy yo. Completamente solo. Estoy solo precisamente porque persigo la verdad. Ésta es la prueba de que la poseo”. “Y además, solía decir a menudo, la obra así realizada es más sólida. Cuando uno está solo, tiene a Dios a su lado”. Domberlé sentía la presencia de Dios en todas partes. Dios permitía el bien y el mal, las tristezas y las alegrías. Todo concurría al mejoramiento del hombre, al progreso de la evolución…….. "El azar no existe, afirmaba Domberlé, ni tampoco la suerte. Detrás de todo cuanto a uno le sucede existe una intención, un fin, está Dios”."

domingo, 11 de diciembre de 2022

El Anciano de los Días

Cuenta John H. Newman que cuando Jesús en una ocasión se refirió a Abraham y dio a entender que Él había conocido al patriarca, ellos comentaron en son de burla: “¿No tienes aún cincuenta años y has visto a Abraham?”. A lo que Jesús contestó: “Os aseguro que antes de que Abraham fuera creado, yo existía” (cfr. Io VIII, 52 s.). El Señor había visto a Abraham, que vivió dos mil años antes, pero en realidad Jesús no tenía dos mil años, como tampoco tenía cincuenta. No tenía dos mil años porque no tenía años. Era el Anciano de los Días, que nunca tuvo comienzo y que nunca iba a tener fin, que se encuentra por encima y más allá del tiempo, que siempre es joven, que siempre está comenzando, que nunca ha sido, que es tan viejo como joven, que era tan viejo y tan joven en tiempos de Abraham como cuando vino a la tierra para satisfacer por nuestros pecados. Por eso dice: “Antes de que Abraham fuera, yo soy” y no yo era, porque Él no conoce pasado ni futuro. No puede afirmarse de Él, propiamente hablando, que fue o que será, sino que es. Él es siempre. Siempre el mismo: no más viejo por haber vivido dos mil años más, ni más joven por no haberlos vivido.

domingo, 30 de octubre de 2022

Ese océano que solo se conoce siendo pez

El estudio cabal del hombre, como el estudio cabal de cualquier cosa, al final no deja opción. Y acabas queriendo conocer a Dios. Hasta al científico más recalcitrante, si es honesto y valiente, le cae ese dilema tan poco científico. Si no es que lo acaba rodeando, como el mar, por todas partes. El río de la conciencia humana, dado que es un océano ancestral, avanza en círculos. Empieza tan campante, con un borboteo; brota con fuerza tierra adentro de un manantial al que siempre da el nombre de Dios. Allí borbotea en una charca misteriosa tierra adentro, en la que brota, con todo su misterio y su piedad, la conciencia humana.

En todos estos manantiales de Dios nacen los distintos ríos de la conciencia humana. Luego comienzan los meandros y las dudas. Luego es una lenta lengua de agua. Luego empieza a sedimentarse el aluvión. Luego desemboca en el gran océano, y he aquí el Dios del Fin. En el gran océano del Fin, la mayor parte de los hombres se pierde. Pero Jesucristo se hizo pez porque tenía la otra conciencia del océano que es el fin divino de todos nosotros. Y luego, como un salmón, fue río arriba una vez más, contracorriente, para poder hablar desde las fuentes primordiales. Y ésta es la Historia, escrita con hache mayúscula, del hombre; para distinguirla de la escrita con hache minúscula. Estamos en la desembocadura de esta época nuestra, hundidos en el barro hasta las cejas, horrorizados ante la inmensidad del mar que nos aguarda. Eso, o al final del gran camino que recorrieron Jesucristo y san Francisco. Estamos al borde de un precipicio, horrorizados ante el gran vacío que se abre a nuestros pies. No hay auxilio que valga. Somos seres humanos, y para el ser humano no hay marcha atrás. Allá que vamos. Allá que vamos y que iremos, así que mejor ir voluntarios, para que el alma siga viva. Mejor ahogarse en esta terrestre naturaleza para así transfigurarse en pez. Piscis. Eso que conoce la piedad oceánica del fin. El estudio cabal de la humanidad es el hombre. Pero a la larga, vuelve a ser lo de antes, el hombre en relación con la deidad. Aunque no tiene que ser como era antes, aquella deidad específica del manantial de tierra adentro. Sino la vasta deidad del fin, ese océano que solo se conoce siendo pez. Seamos peces, pues, merece la pena intentarlo.
D. H. Lawrence.

sábado, 8 de octubre de 2022

Sin religión y sin poesía, la muerte es una cosa repugnante

Escribe el filósofo suizo Henri Frédéric Amiel que sin religión y sin poesía, la muerte es una cosa repugnante, y el hombre un bruto….El hombre se honra honrando al hombre, se ennoblece purificando y santificando la muerte, se fortifica celebrando su inmortalidad, se eleva en contacto con Dios. Al escamotear el fin, convirtiendo el féretro en algo vergonzoso, el coche fúnebre en un objeto de disgusto, y reduciendo el último deber a una furtiva mirada, se ultraja la majestad humana y se elude la lección divina.

lunes, 23 de mayo de 2022

El fin de la sociedad política es perseguir el bien común

La lucha y el esfuerzo en la búsqueda amorosa del bien no son injustos ni arbitrarios. Forman parte de la naturaleza misma de la vida. Para Maritain, filósofo católico, el fin de la sociedad política es perseguir el bien común. Pero este bien común no es la mera suma de los bienes particulares, pues, como Aristóteles enseña, incluso en el orden matemático seis es algo más que tres más tres. Es decir que el número seis tiene vigencia propia e independiente de los sumandos, e incluso puede ser resultado de otros diferentes. Y a su vez puede combinarse con entidad propia en la serie de los números, en cifras de valor absoluto y relativo ad infinitum.