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lunes, 20 de julio de 2026

Aprender el arte de amar

“Errar y frustrarse en el amor es lo más terrible, es una pérdida eterna que ni el tiempo ni la eternidad pueden compensar”, decía Sören Kierkegaard (fue un filósofo y teólogo danés). Estamos hechos para amar. Este el gran anhelo de todos.No nos podemos realizar como humanos sin amor. Quizás, por esta carencia, el mundo, con todos sus avances tecnológicos y médicos, está tan deshumanizado.El amor esponsal es el más completo y representativo. Adán experimenta una soledad, que solo será superada por la presencia de Eva: “hueso de mis huesos, carne de mi carne”; ahora, ambos, serán “una sola carne” y podrán ser fecundos y poblar la tierra.Lo propio del amor es el éxtasis que, en griego, significa desplazamiento, salir de sí mismo, y en latín trance, asombro. Este me hace disfrutar, me saca de mi pobreza enriqueciendo al amado. Busca el bien del otro en cuanto otro y, así me alegra y enriquece, me hace feliz. Nada tiene que ver con el egoísmo, con el mero sentimiento. Es tan bonito y enérgico que me compromete en el otro, pasando la prueba del tiempo, yendo hacia la eternidad.
El amor es único, el divino y el humano; es “el amor que mueve el sol y las demás estrellas” en boca de Dante.Compromete alma y cuerpo, sentidos y emociones, voluntad y cabeza. Afecta al hombre entero. Es chispa, fuego y brasa. Es pasión y libertad. Es articulado. No es fácil de definir, sobre todo cuando no se ha experimentado. El amor vale la pena. Por amor comprometemos la libertad, la gastamos dirigiéndonos a su bien; dejamos atrás, con gozo, todo lo que lo puede dañar. A diferencia del mero enamoramiento, de la mera pasión, el amor implica a toda la persona. Exige estar preparado, solo los fuertes pueden amar y defender al amado. Debemos capacitarnos para amar, aprender el arte de amar, escribe Juan Luis Selma.


viernes, 17 de julio de 2026

La cultura, el trabajo y la religión son los modos a través de los cuales todos los hombres han socializado

Para el filósofo Stefano Abbate, “la cultura, el trabajo y la religión son los modos a través de los cuales todos los hombres han socializado con el ambiente exterior. Los hombres han entendido su vida desde esos tres ejes. Entendemos nuestra vida a través de la cultura que vivimos, el trabajo que realizamos y las respuestas que damos a las cuestiones fundamentales que nos plantea el orden sagrado de la vida. Cuando esto se desmorona, la persona vive una serie de incomprensiones con el mundo exterior que hace que su vida sea ininteligible. Esto causa una serie de patologías, enfermedades y vicios en el alma que son muy difíciles de arrancar. Esto es lo que la socióloga Simone Weil llamaba desarraigo. Es una enfermedad espiritual que nuestro tiempo sufre de modo muy agudo. Cuando la persona vive en un contexto cultural tan pobre, el mundo familiar se desmorona, el trabajo se convierte en algo estandarizado, monótono, asalariado en el sentido peor de la palabra y esclavizante. Cuando lo religioso niega lo sagrado porque ha sido mercantilizado y el negocio, la ausencia de ocio, es lo que se impone, evidentemente se da un desarraigo.
Cuando el negocio entra en la vida religiosa, la sociedad se cierra a la trascendencia porque de algún modo ha encontrado sustitutos y otros medios de poder vivir esta sombra de eternidad en la tierra. Todo esto se debe al idealismo alemán y a todas las formas existencialistas que ofrecen al hombre un entorno futuro inmanente que le da una cierta esperanza. Podemos hablar de religiones políticas, de secularización de la esperanza cristiana, en las cuales el mundo moderno ofrece al hombre un sustitutivo de la salvación. En el siglo XX se hablaba de un hombre nuevo, de una esperanza de justicia, de igualdad y todo esto eran secularizaciones que se dan en contextos que ya no son cristianos. Usan categorías cristianas, pero ya secularizadas. Tenemos el marxismo, el nazismo, el liberalismo…No dejan de ser formas secularizadas de la recta esperanza cristiana, de que la redención llegue a su plenitud y haya un cielo nuevo y una tierra nueva, una esperanza escatológica. Los hombres cansados de esperar que Dios obre este último paso de la redención buscan hacerlo ellos por su cuenta y riesgo. Es un voluntarismo.”

lunes, 6 de julio de 2026

Lo difícil que resulta ser humano sin conciencia de eternidad

La eternidad no puede deducirse en modo alguno del interior de la experiencia humana. No puede verse, tocarse, oírse, olerse ni saborearse. Y, sin embargo, en vano buscaríamos una población humana que no considerase evidente la eternidad. La conciencia de la eternidad (o, más bien, deberíamos decir la creencia en la eternidad) puede concebirse como uno de los rasgos definitorios de la humanidad, escribe Zygmunt Bauman.
Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía, en no menor medida, lo difícil que resulta ser humano sin ella… Según otro cultivado personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones.

domingo, 7 de junio de 2026

Causa de sí

Para el filósofo Ludwig Wittgenstein creer en un Dios significa comprender que la vida tiene un sentido…¿Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo). Sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. 
Dios está fuera del mundo, en tanto que su causa y su fin. Todo procede de él, todo está en él (nuestro ser, nuestro movimiento y nuestra vida están en El, decía san Pablo), todo tiende hacia él. Dios es el alfa y omega del ser; el Ser absoluto (absolutamente infinito, absolutamente perfecto, absolutamente real) sin el cual nada relativo podría existir. ¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios.
Dios sería ese Ser que responde (desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo) a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. «¿Cómo entra Dios en la filosofía?», se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde: “El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.


Referencia: Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)

martes, 24 de marzo de 2026

El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender

El romanticismo de Wagner era sentimental. Para él, el alma era de una importancia decisiva, pero fue viendo cada vez más este alma en función del amor cristiano. Lohengrin, Parsifal y el Holandés Errante eran héroes que se habían esforzado por realizarse plenamente, un objetivo que sólo se alcanzaba por medio de la integración en un fin superior, a través del amor cristiano. De hecho, Wagner adoptó como lema que “sólo es posible comprender a través del amor”. Sin embargo, compartió la visión pesimista de la vida tan predominante a finales de siglo. La verdadera integración, a través del amor, con un fin superior sólo podía lograrse en la eternidad. En esta vida sólo había frustración; la muerte era necesaria para la autorrealización. En el caso de los románticos anteriores, una muerte como la del joven Werther era una tragedia, pero en el caso de Wagner la muerte se convirtió en una necesidad lógica para la autorrealización plena. Era el único medio de eludir las fragilidades humanas.
El tema de Wagner era la renuncia a los deseos humanos. Parsifal poseía poderes titánicos para resistir la tentación, y Lohengrin, al final, tenía que renunciar a la felicidad terrena. El hombre no sólo debe combatir contra su deseo interior de alcanzar la autorrealización, sino también contra la tentación de las riquezas y el poder exteriores. Para Wagner, como para los románticos en general, el hombre materialista había perdido su alma. El poder en sí se desdeñaba: “Corren a su fin quienes se ufanan de tan gran fuerza”. Sigfrido, símbolo del hombre de poder en la época capitalista, ansiaba el poder y las riquezas, es decir, el anillo y el oro. Pero estaba condenado, porque aquel que poseía el anillo y el oro estaba privado eternamente de amor. Brunilda, al darse cuenta del carácter del dilema de Sigfrido, vio claramente que sólo en la eternidad volvería a convertirse en un auténtico héroe. La solución era la muerte. El matrimonio del amor y el poder es imposible, porque amor significa renuncia al poder y a las riquezas, así como a los deseos humanos.
El cristianismo de Wagner se unía a una visión romántica del pasado. Estaba adaptado a las antiguas leyendas germánicas del Nibelungenlied. Los héroes que conocían el verdadero amor cristiano eran las figuras épicas del mito germánico. Wagner escribió en su ensayo Lo que es alemán (1865-1878) que ser alemán era entender el cristianismo como una religión del alma y no del dogma. Los personajes de la saga de los Nibelungos podían mostrar a los alemanes modernos el significado real del cristianismo. El nacionalismo, la visión del pasado y el sacrificio cristiano a través del amor se entremezclaban en estos dramas musicales. No es extraño que el yerno de Wagner, Houston Stewart Chamberlain, creyese que había llegado el profeta de un cristianismo alemán, como opuesto a uno oriental.
El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender. No era inquietantemente revolucionario, sino tranquilizadoramente moral. Servía al nacionalismo y al anhelo de identificación de grupo. Proponía, sobre todo, una idea de liderazgo, el héroe como el redentor de su pueblo. El romanticismo se había hecho político en manos de Wagner; la visión de un pasado germánico y cristiano ofrecía en realidad un escape de las frustraciones del presente materialista. Aunque para muchos los dramas musicales de Wagner sólo representaban una fuga de la monotonía de la vida cotidiana, Wagner satisfacía este anhelo, dándole un objetivo y una dirección definidos.En el núcleo de las concepciones artísticas de Wagner estaba la unidad romántica y esto significaba que la puesta en escena era una parte integrante del conjunto. Música, inteligencia y vista debían funcionar simultáneamente.

Referencia: La cultura europea del siglo XX (George L. Mosse)

miércoles, 11 de febrero de 2026

Apuesta de Pascal

Blaise Pascal
En el siglo XVII, Blaise Pascal decidió transformar la cuestión teísta en algo parecido a un juego de azar. Antes de dedicarse a la filosofía y la teología, el francés realizó grandes avances y descubrimientos en la matemática y la física. Sus investigaciones sobre la presión, el vacío o la probabilidad son fundamentales para la historia de la ciencia. Pascal reconoce que la pregunta sobre Dios supera los límites humanos. “Si existe un Dios, es infinitamente incomprensible, puesto que, al carecer de partes y de límites, no guarda ninguna relación con nosotros. Somos, pues, incapaces de conocer lo que es e incluso si es”. Esta barrera puede ser superada por la fe, dice Pascal. Sin embargo, más allá de esta gracia, el matemático quiso exponer el motivo por el que creer en la divinidad es más racional que el no hacerlo y lo hizo a modo de apuesta, la famosa Apuesta de Pascal. Su argumentación compara este asunto con el lanzamiento de una moneda al aire, hay que decidir si se elige cara o cruz.
Para tomar esta decisión, para apostar por el sí o el no de la existencia de Dios, Pascal realiza un cálculo de los riesgos y las ganancias de cada opción. Expone el francés que si se opta por confiar en el teísmo “si ganáis, lo ganáis todo; si perdéis, no perdéis nada”. Es decir, si creo en Dios y existe, el premio será “una eternidad de vida y de felicidad”; si no existe, no perdería nada, porque nada tendría. En el caso contrario, no creer en Dios podría derivar en la condenación o el Infierno en caso de que sí fuese una realidad. De no serlo, tampoco gana nada el descreído.

domingo, 29 de junio de 2025

He dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso

Monte Athos
Escribe Nikos Kazantzakis en Carta al Greco: “Algunos días después de nuestra llegada al Monte Athos, un asceta medio loco, alucinado, acurrucado en una gruta que estaba suspendida sobre el mar, me dijo una palabra que me cerró la boca. —Tú has perdido el juicio, pobre amigo mío —le dije para fastidiarlo. Él se echó a reír. —He dado mi juicio —dijo— y he ganado a Dios; es decir, he dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso. ¿Te parece, hijo mío, que he hecho un negocio de tonto? Se calló un instante y luego prosiguió: —Voy a decirte algo más, para que lo sepas. Había una vez un gran rey, hermoso, glotón, gozador, que tenía trescientas sesenta y cinco mujeres en un harén. Un día fue a un monasterio y vio a un asceta. »—¡Qué gran sacrificio haces! —le dijo, y lo miró con piedad. »—El sacrificio que tú haces, oh rey, es mucho mayor —le respondió el asceta. »—¿Cómo es eso? »—Porque yo renuncio al mundo efímero y tú a la eternidad.”

domingo, 16 de febrero de 2025

Gertrud von Le Fort

Gertrud von Le Fort

Uno de los personajes de Gertrud von Le Fort, Pascual II, de El Papa del Gueto, llega a pronunciar la siguiente sentencia: “… la justicia no existe más que en el infierno; en el cielo existe la gracia y en la tierra, la cruz. La Santa Iglesia está aquí para bendecir a los que llevan esta cruz”.
El profesor Wilhelm Grenzmann explica que “como teóloga entre los poetas de nuestro tiempo, trata el mundo desde arriba (como creación de Dios) y muestra también allí el lugar de los hombres. Su gran seguridad se funda en que ella misma mantiene este estado de cosas. A pesar de las tensiones, llevadas a veces hasta el desgarro, no niega el señorío de un espíritu que comprende el mundo con todos sus abismos, pero que los ha superado y, por tanto, puede tomar sobre sí las pruebas más emocionantes ante los ojos de la eternidad”. Y agrega: “En su obra puede verse lo que es la poesía cristiana. Pecados, sacramentos y gracia, redención e Iglesia tienen en ella su parte. El mundo cristiano no se presupone; es fundamento y andamiaje”. Gertrud von Le Fort murió en 1971.


miércoles, 6 de noviembre de 2024

La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una caída en las tinieblas

Georges Duby, uno de los más prominentes intelectuales franceses, escribe que “cuando nadie duda de la existencia del más allá, la muerte es un paso que se celebra ceremonialmente entre parientes y vecinos. El hombre cristiano posee la certeza de que no desaparecerá por entero mientras espera la resurrección, pues nada se detiene y todo prosigue en la eternidad. La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una prueba terrible, en una caída en las tinieblas y en lo desconocido. Ha desaparecido la solidaridad en torno al paso a mejor vida, y hoy todos se dan prisa para liberarse del cadáver. Más que la muerte, nuestros antepasados temían el juicio, el castigo del más allá y los tormentos del infierno. Miedo a lo invisible, en el fondo del hombre de hoy, que vacila al sentirse impotente ante el destino”.
“¿En qué formas se manifestaba el miedo a la muerte cerca del año mil?Me pregunto si los hombres de esos tiempos temían tanto a la muerte como nosotros. Ninguno duda entonces de que en el universo exista una parte invisible, imposible de conocer, ni que entre ella y el mundo de aquí abajo la frontera no sea infranqueable. La vida se prolonga después de la muerte y los muertos están siempre presentes, sobre todo durante las ceremonias en que se asocian a los vivos. Se los recuerda continuamente en esos lugares de oración que son los monasterios, una de cuyas funciones es, precisamente, la de servir a los muertos y ayudar a los almas a vivir en esa extensión cuya entidad exacta se desconoce pero que allí está esperándonos. La muerte es un pasaje, y ese paso se opera ceremonialmente. Y en esto creo que existe una diferencia profunda con nuestra cultura. La muerte nos resulta algo molesto,hay que desembarazarse de inmediato del cadáver. La transferencia al lugar de la sepultura se realiza de prisa. En la Edad Media, por el contrario, toda la familia, la servidumbre, los parientes, los vasallos, todo el mundo se reúne en torno del que va a morir. El agonizante debe realizar determinados gestos, despojarse y distribuir entre los que ama todos los objetos que le pertenecieron. Debe declarar, también, su última voluntad, exhortar a quienes le sobreviven para que se comporten mejor, y, en fin, someterse a todos los ritos que le conseguirán en el más allá una situación no muy desagradable. Y después se cuida atentamente el cuerpo del difunto. Se lo expone en un lecho ceremonial que se traslada pronto a la iglesia. Y en el templo, durante la vela fúnebre, se desarrolla un último rito, muy expresivo de la solidaridad que une en ese instante a los vivos y los muertos, un banquete. Todas las personas de la familia y de la zona son invitadas a reunirse alrededor de una mesa que preside aquel cuya alma se ha marchado al más allá. Se acercan los pobres y se les ofrece comida; aprovechan por última vez la generosidad del difunto.”

domingo, 26 de noviembre de 2023

El amor al prójimo no hace el mal

“El que ama tiene cumplida la otra ley” (Rom., 13, 8). Esta afirmación viene a constituir el centro de gravedad de la parénesis moral de la carta a los Romanos. Añade aclarando; “pues el “no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás” y cualquier otro mandamiento que haya, se recapitulan en esta palabra, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El amor al prójimo no hace el mal. El amor, pues, es la plenitud de la ley” (Rom., 13, 9-10). En la carta a los Gálatas (5, 14) había también dicho que “la ley entera queda cumplida en una sola palabra, en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. "Sed siervos unos de otros por el amor" (Gál., 5, 14). 
Más que con un individualismo egoísta (que reintroduciría una esclavitud de la carne), la libertad se identifica con una actitud solidaria (que puede también ser vista, desde otro ángulo, incluso como servidumbre mutua). Tal es la actitud cristiana, profundamente moral sin necesidad de ley. Continúa con “la ley entera queda cumplida en una sola palabra: en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”” (Gál., 5, 14). Sin duda está pensando, y es lo que da lógica a su lenguaje y a su argumentación, en la espontaneidad propia del amor, frente a la constricción de quien actúa por un mandato externo y en vista de la sanción que lo apoya. Daría san Agustín una versión particularmente fiel en su radicalidad, “ama y haz lo que quieras”.
El conocidísimo himno al amor, una de las páginas más brillantes que contienen las cartas paulinas (1 Cor., 13). La primera y tercera de sus estrofas cantan el valor único del amor; en la primera, manteniendo que cualquier otro valor, sin el amor, es nada; en la tercera, exaltando su eternidad (con la conclusión: Así que esto queda: fe, esperanza, amor, estas tres realidades; y, de ellas, la más valiosa es el amor)
Referencia: Victoria Camps, filósofa española, catedrática emérita de la Universidad de Barcelona. Historia de la Ética 


martes, 30 de mayo de 2023

Cultura de casino

El filósofo Zygmunt Bauman en su libro Vidas desperdiciadas escribe:En esta clase de cultura, y en las estrategias políticas y vitales que valora y promueve, no queda mucho espacio para los ideales. Menos espacio queda aún para los ideales que provocan un esfuerzo a largo plazo, continuo y sostenido, de pasitos que llevan con ilusión hacia resultados ciertamente remotos. Y no queda espacio en absoluto para un ideal de perfección, que extrae todo su atractivo de la promesa del final de la elección, el cambio y la mejora. Para ser más precisos, semejante ideal puede seguir rondando sobre el mundo de la vida de un hombre o una mujer modernos y líquidos; ahora bien, sólo como un sueño, un sueño que ya no se espera que se haga realidad y que, cuando apunta a lo concreto, rara vez se desea que se haga realidad. Un sueño nocturno que casi se disipa a la luz del día. Este es el motivo de que a la belleza, en su significado ortodoxo de ideal por el que luchar y morir, parecen haberle llegado malos tiempos. En lo que George Steiner llamaba “cultura de casino”, todo producto cultural se calcula para el máximo impacto (es decir, para eliminar, desechar y terminar con los productos culturales de ayer) y la obsolescencia instantánea (esto es, para acortar la distancia entre la novedad y el cubo de la basura, recelando de su abuso de la hospitalidad y apresurándose a dejar el campo despejado, con el fin de que nada pueda suponer un obstáculo para los productos culturales de mañana). Los artistas, que una vez identificaron el valor de su obra con la duración eterna y que, en consecuencia, lucharon por una perfección que pondría fin al cambio y, por tanto, garantizaría la eternidad, destacan ahora por instalaciones que serán desmanteladas cuando cierre la exposición, por happenings que terminarán en el momento en que los actores decidan dar media vuelta, por recubrir puentes hasta que se restablezca la circulación, y edificios inacabados hasta que se reanuden las obras, y por “esculturas espaciales”, que invitan a la naturaleza a hacer estragos y ofrecen otra prueba, si es que era precisa otra prueba, de la grotesca brevedad de todas las obras humanas y del efímero carácter de sus rastros. De nadie se espera que recuerde hoy las habladurías de ayer, y menos aún se le anima a que lo haga, si bien de nadie se espera que evite las habladurías de hoy en día, y mucho menos se le permite que lo haga. Para ser admitido en la cultura de casino de la líquida era moderna, uno necesita ser omnívoro y nada quisquilloso, abstenerse de definir el gusto propio de modo demasiado estricto y de aferrarse a cualquier gusto durante mucho tiempo, estar dispuesto a probar y a disfrutar todo cuanto hoy se ofrece, y ser cualquier cosa menos consistente y estable en las preferencias propias. El rechazo de lo nuevo es de mal gusto y quien rechaza los riesgos se arriesga al rechazo. Pero igualmente incorrecta y peligrosa es la lealtad a lo viejo. Y el envejecimiento de lo nuevo, que una vez supusiera un largo proceso, lleva cada vez menos tiempo. Lo nuevo tiende a convertirse en lo viejo, a evitarse y superarse al instante. De manera imperceptible, el significado de belleza experimenta un cambio fatídico. En los usos actuales de la palabra, los filósofos apenas reconocerían los conceptos que construyeron con tanta seriedad y laboriosidad a lo largo de los siglos. Más que ninguna otra cosa, omitirán el vínculo entre belleza y eternidad, entre valor estético y durabilidad.

lunes, 27 de marzo de 2023

El eterno problema del hombre ante Dios que tan dramáticamente sintió Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno

Hablando de Miguel de Unamuno el agustino y escritor Félix García  comenta que por el camino de la mística y de la poesía busca Unamuno la trascendencia de la vida y de las cosas, y se debate con Dios y con los hombres, y manifiesta él su hambre de Dios y su exaltación hacia lo absoluto y su constante mirar y buscar en lo insondable. Él se consideraba, y con razón, un escultor de nieblas y un buscador de eternidad…..El eterno problema del hombre ante Dios, ante la vida y la muerte, que tan dramáticamente sintió don Miguel de Unamuno.


sábado, 21 de enero de 2023

No somos más que visitantes de paso en el tiempo

Simon Leys escribe en La felicidad de los pececillos: No dejamos de asombrarnos del paso del tiempo: Pero ¡cómo! ¡Si parece que era ayer cuando ese padre de familia calvo y bigotudo era aún un chaval con pantalón corto!. Lo cual viene a demostrar que el tiempo no es nuestro elemento natural. ¿Es posible imaginar a un pez que se asombre de que el agua moje? Es que nuestra verdadera patria es la eternidad; nosotros no somos más que visitantes de paso en el tiempo. Esto no impide que sea en el tiempo en donde el hombre construya la catedral de Chartres, pinte el techo de la Capilla Sixtina o toque una cítara de siete cuerdas, lo que inspiró la fulgurante intuición de William Blake: “La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo”.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Dios ve todo en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad

En el libro de Boecio De consolatione philosophiae, que Dante sin duda leyó o releyó, como leyó o releyó toda la literatura de la Edad Media. Boecio, llamado el último romano, el senador Boecio, imagina un espectador de una carrera de caballos. El espectador está en el hipódromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera es, previsiblemente, Dios. Dios ve toda la carrera, ve en un solo instante eterno, en su instantánea eternidad, la partida de los caballos, las vicisitudes, la llegada. Todo lo ve de un solo vistazo y de igual modo ve toda la historia universal. Así Boecio salva las dos nociones, la idea del libre albedrío y la idea de la Providencia. De igual modo que el espectador ve toda la carrera y no influye en ella (salvo que la ve sucesivamente), Dios ve toda la carrera, desde la cuna hasta la sepultura. No influye en lo que hacemos, nosotros obramos libremente, pero Dios ya sabe, Dios ya sabe en este momento, digamos, nuestro destino final. Dios ve así la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad. (Siete noches de Jorge Luis Borges)


jueves, 14 de abril de 2022

El enamoramiento es un canto altísimo que nunca está seguro de tener respuesta

El enamoramiento es abrirse a una existencia diferente sin ninguna garantía realizable. Es un canto altísimo que nunca está seguro de tener respuesta. Su grandeza es desesperadamente humana porque ofrece instantes de felicidad y eternidad, crea su deseo apremiante pero no puede ofrecer certezas. Y cuando llega la respuesta del otro, del amado, aparece como algo inmerecido, un don maravilloso que nunca pensó que llegaría a tener, que viene totalmente del otro, del amado, por elección de él. Los teólogos han elaborado una expresión para indicar este don,gracia. Y cuando el otro, el amado, dice que también él lo ama y hace el amor con él, siente el total abandono del otro, es feliz, el tiempo deja de existir, ese momento para él se vuelve eterno. Y no lo olvidará jamás, nunca podrá olvidarlo. Si vuelve a sentirse amado, frente a cualquier dolor, a cualquier dificultad, le bastará recordarlo para soportar cualquier cosa. Encontrará en él su refugio, la fuente de todo deseo. Si en cambio un día el amado lo abandona, entonces ese recuerdo, justamente porque sigue siendo inmortal, será el motivo de su infelicidad porque cualquier otra cosa le resultará nula comparada con lo que ha perdido, escribe el catedrático de sociología Francesco Alberoni


domingo, 22 de noviembre de 2020

Ansia de eternidad

El materialismo, en sus diversos planteamientos a lo largo de los tiempos, al negar la subsistencia del alma después de la muerte, trata de calmar el ansia de eternidad que Dios ha puesto en el corazón humano, aquietando las conciencias con el consuelo de pervivir a través de las obras que se hayan dejado, y en el recuerdo y el afecto de los que aún viven en el mundo. Sin embargo, escribe Fernández Carvajal, el pensamiento de la brevedad de la vida no nos aleja de los asuntos que el Señor ha puesto en nuestras manos, familia, trabajo, aficiones nobles. Nos ayuda a estar desprendidos de los bienes, a situarlos en el lugar que les corresponde. Luego viene la noche, cuando nadie puede trabajar (Jn 9, 4). Con la muerte, la voluntad se fija en el bien o en el mal para siempre.


martes, 6 de octubre de 2020

La angustia y la desesperación del hombre contemporáneo


Sören Kierkegaard

La angustia y la desesperación del hombre contemporáneo aparecen, dice el intelectual danés Sören Kierkegaard, cuando intenta afirmarse a sí mismo al tiempo que rechaza que ser él mismo es ser para la eternidad, ser para Dios. Pero en ello fracasa, pues su autor es Dios y en Él se encuentra el yo auténtico; es lo que el desesperado no quiere ser, pero que en verdad es, pues el hombre es de Dios y es llamado por Dios a su lado. 

La desesperación puede tener algo de positivo; si el hombre busca con toda entereza y disponibilidad la verdad, aun desesperando, la misma desesperación lo llevará a la verdad.

sábado, 18 de abril de 2020

Restar importancia a los problemas



San Agustín, nos instan a regocijarnos y estar contentos porque la vida es corta, el sufrimiento es temporal y nuestro verdadero hogar es el cielo, donde nuestra recompensa será grandiosa. Muchos filósofos seculares, como el estoico Marco Aurelio, nos exhortan a ser valerosos y serenos, porque desde el punto de vista de la eternidad los afanes humanos son insignificantes y no hay recuerdo o dolor que nos acompañe en el olvido de la tumba. Independientemente de cuál sea nuestro punto de vista en cuestiones tan trascendentales, podemos al mismo tiempo admirar la fortaleza íntima y apreciar la sabiduría de quienes consiguen restar importancia a sus problemas, pues al hacerlo no sólo mejoran y alegran su vida sino también las vidas de quienes les rodean.

domingo, 5 de abril de 2020

Sin Dios nada tendría razón de existir


Instante eterno
Es verdad que de la nada no nace nada, la mera existencia de algo, el mundo, el universo, parece implicar que siempre ha habido algo; que el ser es eterno, increado, tal vez creador, y es a esto a lo que algunos llaman Dios, dice André Comte-Sponville.¿Qué hacía Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo); sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. Así pues, ¿cómo no habría de existir?



¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios, responde Comte-Sponville. Se replicará que esto no elimina la pregunta por la existencia de Dios (¿por qué Dios y no más bien nada?), lo cual es muy cierto. Pero Dios sería ese Ser que responde, desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo, a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. Al menos el Dios de los filósofos. “¿Cómo entra Dios en la filosofía?”, se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde,”El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.

domingo, 2 de febrero de 2020

Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata


Zygmunt Bauman escribe que “Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía lo difícil que resulta ser humano sin ella. Según otro personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones. Del propio Rakitin, el hermano de Iván, Dimitri, cuenta que, en su opinión, “a un hombre inteligente todo le está permitido”. “¡La química, hermano, la química! No hay nada que hacer, reverendo, apártese un poco, ¡la química pasa!”. Lo que sucederá una vez que todos los seres humanos se deshagan de Dios y de la eternidad es que el hombre se concentrará en “exprimir de la vida cuanto esta pueda dar, pero sólo para alcanzar la felicidad y la alegría en este mundo”. Por entonces el ser humano llegará a ser él mismo “el hombre-dios”, imbuido de un espíritu divino y de “un orgullo titánico”. El conocimiento de que la vida no es sino un momento efímero, de que no se ofrece una segunda oportunidad, cambiará la naturaleza del amor. El amor no tendrá tiempo de acampar. Lo que pierda en duración lo ganará en intensidad. Arderá de manera más deslumbrante que nunca, consciente de hallarse condenado a ser vivido y agotado en un solo instante y hasta el fondo, en lugar de propagarse insulsa y discretamente, como antes, por la eternidad y la vida inmortal del alma… Reparemos en que es Satanás quien habla para variar, cuando visita a Iván en su pesadilla. ¿Pesadilla? ¿Por qué pesadilla? Porque se necesitarán milenios para que la humanidad entera se ponga al tanto y alcance la sagacidad, hasta ahora sólo en posesión de Satanás y de los pocos sabios… Mientras que el resto de la humanidad continuará sumida en sus supersticiones y atravesando a tientas los oscuros corredores de la eternidad, esos pocos ilustrados llegarán a ser dioses; no como los dioses inmortales entre los mortales, sino como dioses libres en el mundo de esclavos. Y es que “¡Para Dios, la ley no existe! ¡Dónde esté Dios, el lugar ya es divino! Donde esté yo, aquel será al instante el primer lugar. “Todo está permitido”, ¡y basta!”. Tal vez exista un paraíso de amor apasionado esperando al final del camino hacia la sabiduría racional, pero puede llevar milenios recorrer ese camino. Y, mientras tanto, mientras se recorre kilómetro a kilómetro, año tras año, el infierno”.