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domingo, 28 de diciembre de 2025

El placer es siempre efímero, fugaz y perecedero

Escribe Samer Soufi en Lo que Freud le diría a Spielberg que “cualquier actividad sensorial placentera que desarrollemos inevitablemente acaba perdiendo su atractivo después de que llevemos un tiempo realizándola…..La comida, la bebida, la música, el sexo, o cualquier otra actividad sensorial, tienen un efecto euforizante y placentero inicial, pero su duración no es ilimitada. A partir de un determinado punto, comienzan a dispararse los mecanismos de retroalimentación negativa del cerebro, reduciendo el nivel de recompensa que producen. Y si pese a todo persistimos en practicar estas actividades, llegará un momento en que el placer se transforme en sensaciones desagradables y nauseabundas. Por tanto, sea cual sea su naturaleza, el placer es siempre efímero, fugaz y perecedero. Y esto tiene que ver con la naturaleza misma del placer. En última instancia, el placer no es más que un mecanismo biológico cerebral que nuestro organismo utiliza para premiar las conductas que, desde una perspectiva evolutiva, maximizan nuestras probabilidades de sobrevivir y propagar nuestros genes.
Si no existiera el efecto de la saciedad se pondría en peligro la propia supervivencia, debido al deseo de persistir en la obtención del mismo placer de forma indefinida.

domingo, 29 de junio de 2025

He dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso

Monte Athos
Escribe Nikos Kazantzakis en Carta al Greco: “Algunos días después de nuestra llegada al Monte Athos, un asceta medio loco, alucinado, acurrucado en una gruta que estaba suspendida sobre el mar, me dijo una palabra que me cerró la boca. —Tú has perdido el juicio, pobre amigo mío —le dije para fastidiarlo. Él se echó a reír. —He dado mi juicio —dijo— y he ganado a Dios; es decir, he dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso. ¿Te parece, hijo mío, que he hecho un negocio de tonto? Se calló un instante y luego prosiguió: —Voy a decirte algo más, para que lo sepas. Había una vez un gran rey, hermoso, glotón, gozador, que tenía trescientas sesenta y cinco mujeres en un harén. Un día fue a un monasterio y vio a un asceta. »—¡Qué gran sacrificio haces! —le dijo, y lo miró con piedad. »—El sacrificio que tú haces, oh rey, es mucho mayor —le respondió el asceta. »—¿Cómo es eso? »—Porque yo renuncio al mundo efímero y tú a la eternidad.”

martes, 30 de mayo de 2023

Cultura de casino

El filósofo Zygmunt Bauman en su libro Vidas desperdiciadas escribe:En esta clase de cultura, y en las estrategias políticas y vitales que valora y promueve, no queda mucho espacio para los ideales. Menos espacio queda aún para los ideales que provocan un esfuerzo a largo plazo, continuo y sostenido, de pasitos que llevan con ilusión hacia resultados ciertamente remotos. Y no queda espacio en absoluto para un ideal de perfección, que extrae todo su atractivo de la promesa del final de la elección, el cambio y la mejora. Para ser más precisos, semejante ideal puede seguir rondando sobre el mundo de la vida de un hombre o una mujer modernos y líquidos; ahora bien, sólo como un sueño, un sueño que ya no se espera que se haga realidad y que, cuando apunta a lo concreto, rara vez se desea que se haga realidad. Un sueño nocturno que casi se disipa a la luz del día. Este es el motivo de que a la belleza, en su significado ortodoxo de ideal por el que luchar y morir, parecen haberle llegado malos tiempos. En lo que George Steiner llamaba “cultura de casino”, todo producto cultural se calcula para el máximo impacto (es decir, para eliminar, desechar y terminar con los productos culturales de ayer) y la obsolescencia instantánea (esto es, para acortar la distancia entre la novedad y el cubo de la basura, recelando de su abuso de la hospitalidad y apresurándose a dejar el campo despejado, con el fin de que nada pueda suponer un obstáculo para los productos culturales de mañana). Los artistas, que una vez identificaron el valor de su obra con la duración eterna y que, en consecuencia, lucharon por una perfección que pondría fin al cambio y, por tanto, garantizaría la eternidad, destacan ahora por instalaciones que serán desmanteladas cuando cierre la exposición, por happenings que terminarán en el momento en que los actores decidan dar media vuelta, por recubrir puentes hasta que se restablezca la circulación, y edificios inacabados hasta que se reanuden las obras, y por “esculturas espaciales”, que invitan a la naturaleza a hacer estragos y ofrecen otra prueba, si es que era precisa otra prueba, de la grotesca brevedad de todas las obras humanas y del efímero carácter de sus rastros. De nadie se espera que recuerde hoy las habladurías de ayer, y menos aún se le anima a que lo haga, si bien de nadie se espera que evite las habladurías de hoy en día, y mucho menos se le permite que lo haga. Para ser admitido en la cultura de casino de la líquida era moderna, uno necesita ser omnívoro y nada quisquilloso, abstenerse de definir el gusto propio de modo demasiado estricto y de aferrarse a cualquier gusto durante mucho tiempo, estar dispuesto a probar y a disfrutar todo cuanto hoy se ofrece, y ser cualquier cosa menos consistente y estable en las preferencias propias. El rechazo de lo nuevo es de mal gusto y quien rechaza los riesgos se arriesga al rechazo. Pero igualmente incorrecta y peligrosa es la lealtad a lo viejo. Y el envejecimiento de lo nuevo, que una vez supusiera un largo proceso, lleva cada vez menos tiempo. Lo nuevo tiende a convertirse en lo viejo, a evitarse y superarse al instante. De manera imperceptible, el significado de belleza experimenta un cambio fatídico. En los usos actuales de la palabra, los filósofos apenas reconocerían los conceptos que construyeron con tanta seriedad y laboriosidad a lo largo de los siglos. Más que ninguna otra cosa, omitirán el vínculo entre belleza y eternidad, entre valor estético y durabilidad.

martes, 22 de noviembre de 2022

Elevan lo efímero al rango de valor

La exigencia de una base sobre la cual construir la existencia personal y social se siente de modo notable sobre todo cuando se está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo efímero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar el verdadero sentido de la existencia. Sucede de ese modo que muchos llevan una vida casi hasta el límite de la ruina, sin saber bien lo que les espera, acusa la encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II.  La filosofía, que tiene la gran responsabilidad de formar el pensamiento y la cultura por medio de la llamada continua a la búsqueda de lo verdadero, debe recuperar con fuerza su vocación originaria.

lunes, 6 de junio de 2022

¿Hay algo en este mundo que no cambie?

El “todo fluye” en conjunto con la imagen del río hizo de Heráclito, a través de las menciones de Platón y de Aristóteles, y desde allí hacia adelante, el filósofo del cambio, de lo transitorio, de lo efímero, de la contingencia, del devenir. Pero sobre todo, de la imposibilidad de un verdadero conocimiento. Es que si todo cambia no hay manera de justificar un saber verdadero, ya que el conocimiento, para ser cierto, según Platón, no puede tener como objeto algo que esté todo el tiempo mutando. Un verdadero conocimiento solo puede referirse a una realidad absoluta. El problema es que en este mundo, nuestro mundo, según se desprendería de Heráclito todo parece estar dado en el más infinito devenir. ¿Hay algo en este mundo que no cambie? La respuesta de Platón es contundente, no, y por eso este nuestro mundo no es real.

Escribe el filósofo Sztajnszrajber que la imposibilidad de asociar un verdadero saber con una realidad en permanente cambio ha sido a lo largo de la filosofía una justificación para consagrar el saber verdadero y sacarlo de este mundo, en ese sentido de la consagración según la cual lo sagrado les es sustraído a los seres humanos para brindárselo a los dioses.

jueves, 10 de agosto de 2017

Espectáculos públicos.


Los espectáculos públicos son por lo general acontecimientos efímeros. En último término, tan pronto como los participantes regresan a sus casas, y una vez que se han retirado los elementos del decorado, la porquería acumulada, las vallas y las sillas colocadas en la vía pública, el único ámbito en el que permanece vivo el espectáculo es el del recuerdo. 

Mary Beard
Desde luego, dice la catedrática en la Universidad de Cambridge Mary Beard, quienes patrocinan el acontecimiento tienen el máximo interés en garantizar que ese recuerdo sea duradero. De ese modo logran dar al fugaz espectáculo una forma más permanente y consiguen que el número de los que puedan disfrutar de la experiencia no quede limitado al de las afortunadas minorías que se hallaron presentes en el día señalado. Esta es una de las funciones que cumplen, en las ceremonias modernas, los programas de recuerdo, las copas conmemorativas, los sellos de correos y los paños de cocina.