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domingo, 19 de abril de 2026

A los monjes se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico

Los monjes a lo largo de los siglos ejercieron la docencia.  Juan Crisóstomo cuenta que en sus tiempos ( 347-407) era costumbre entre las gentes de Antioquía enviar a sus hijos para ser educados entre los monjes. San Benito instruyó a los hijos de los nobles romanos. San Bonifacio creó una escuela en cada uno de los monasterios que fundó en Alemania, mientras San Agustín y sus monjes construyeron escuelas en Inglaterra. Entre los méritos de San Patricio destaca el fomento de la educación en Irlanda, donde los monasterios se convirtieran en importantes centros de conocimiento, que dispensaban instrucción a monjes y legos por igual. 
Los monjes durante la Edad Media, según Adolf von Harnack, estudiaban las canciones de los poetas paganos y los escritos de los historiadores y filósofos. Los monasterios y las escuelas monásticas vivieron un gran florecimiento, y cada casa se convirtió en un centro de enseñanza y de vida religiosa. Alexander Clarence Flick manifiesta que no solo crearon las escuelas y se convirtieron en maestros sino que sentaron los cimientos de las universidades. Fueron los pensadores y los filósofos de su tiempo y modelaron el pensamiento político y religioso. A ellos, tanto individual como colectivamente, se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico a lo largo de la Edad Media y el periodo moderno.


domingo, 25 de enero de 2026

Cristiandad y Europa son creaciones de la Iglesia católica

San Benito de Nursia
Cristiandad y Europa son, en decisiva parte, creaciones de la Iglesia católica, desde que San Benito de Nursia trazó durante el siglo VI, cuando aún no había cuajado la síntesis romano-bárbara, su fabulosa red de monasterios para afirmar y extender la fe de Roma, en los que se preservó y retransmitió la cultura de Occidente como una consecuencia y un vehículo del impulso cristiano.


domingo, 29 de junio de 2025

He dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso

Monte Athos
Escribe Nikos Kazantzakis en Carta al Greco: “Algunos días después de nuestra llegada al Monte Athos, un asceta medio loco, alucinado, acurrucado en una gruta que estaba suspendida sobre el mar, me dijo una palabra que me cerró la boca. —Tú has perdido el juicio, pobre amigo mío —le dije para fastidiarlo. Él se echó a reír. —He dado mi juicio —dijo— y he ganado a Dios; es decir, he dado una moneda que ni siquiera era buena y he comprado el Paraíso. ¿Te parece, hijo mío, que he hecho un negocio de tonto? Se calló un instante y luego prosiguió: —Voy a decirte algo más, para que lo sepas. Había una vez un gran rey, hermoso, glotón, gozador, que tenía trescientas sesenta y cinco mujeres en un harén. Un día fue a un monasterio y vio a un asceta. »—¡Qué gran sacrificio haces! —le dijo, y lo miró con piedad. »—El sacrificio que tú haces, oh rey, es mucho mayor —le respondió el asceta. »—¿Cómo es eso? »—Porque yo renuncio al mundo efímero y tú a la eternidad.”

sábado, 14 de junio de 2025

Entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad

D. H. Lawrence escribe en su libro El amor es la felicidad del mundo: 
Saben que nuestra civilización va a reventar, tarde o temprano. Y dicen: “¡Sea! Pero primero, déjenme vivir mi vida”. Y eso está muy bien, pero es una actitud cobarde. Dicen sin ningún empacho: “Ya, bueno, pero es que a toda civilización le llega su hora. ¡Fijaos en Roma!”. En efecto, fijaos en Roma. ¿Qué veis? Un montón de romanos supuestamente “civilizados” que proclamaba a los cuatro vientos sus ideas de vive y deja vivir. Y una legión de bárbaros, hunos, etcétera, que venían a aniquilarlos, y a morir en el empeño. Los años oscuros, ¿qué pasó con ellos? ¿Qué pasó con los años oscuros, cuando los campos en Italia se asilvestraron tanto que parecían las grandes extensiones salvajes del nuevo mundo aún no descubierto, y las bestias llegaron a entrar en la gran ciudad de Lyon? ¡Muy bonito! Pero ¿qué otra cosa podía pasar? Mirémoslo por el lado de lo inevitable. Roma no cabía en el tiesto, el tiesto reventó en mil pedazos, y el árbol romano de la vida, tan desarrollado, rodó por el suelo y murió. Pero no sin que antes germinara una nueva semilla. Allí, entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad. Las fieras aullaban en el monte, cundían las matanzas y debacles, y entre todo ello, en monasterios diminutos, tan remotos y pobres que no merecía la pena saquearlos, los monjes avivaban la llama eterna de la conciencia, y el imperecedero empeño humano por que no sucumba. Un puñado de obispos andrajosos se aventuraba entre el caos para que no decayera el valor de estos hombres entregados al pensamiento y la oración. Una reducida minoría de hombres desperdigados que habían hallado un nuevo camino hacia Dios, a la fuente de la vida, felices de haber dado de nuevo con el Gran Dios, felices de saber el camino y de ser los guardianes de la llama del conocimiento. He aquí la historia, reducida a la esencia, de los años oscuros, con la caída de Roma. Hablamos como si la llama del valor y del discernimiento humanos hubiera desaparecido de la faz de la Tierra en aquel tiempo; como si hubiera brotado de milagro nuevamente, salida de la nada, siglos más tarde.

viernes, 31 de mayo de 2024

Hay que ver en la educación un elemento esencial

En una de las cartas que Carlomagno envía al alto clero en torno al año 784 se subraya que todo aquel que desee complacer a Dios (y también al rey) ha de ver en la educación un elemento esencial de ese objetivo, y a partir de esa fecha empezaremos a encontrar una larga serie de referencias sistemáticas a los colegios; en particular se alude a la existencia de una escuela palaciega para aristócratas en Aquisgrán, y a algunos monasterios reales que tuvieron un papel especialmente activo no solo en la educación de monjes sino también en la formación de aristócratas laicos (como el de San Martín de Tours en Occidente o el de Fulda en Oriente). Esta es una de las principales razones que determinaban que los reyes pudieran dar por supuesto que los condes y los missi  (oficial representante del poder del rey o emperador cuya función era supervisar la administración de las regiones del reino o imperio) tuvieran que ser capaces de leer sus instrucciones y sus leyes. Y hay signos de que esa suposición estaba justificada, aunque no sin excepciones, evidentemente.
Los monasterios también consiguieron crear bibliotecas. Buena parte de la literatura latina clásica, como las obras de César, Horacio y, sobre todo, Cicerón, ha logrado llegar hasta nosotros es únicamente gracias a las copias carolingias.
Referencia:Europa en la Edad Media de Chris Wickham

domingo, 12 de marzo de 2023

La Regla de San Benito

Benito de Nursia

El monacato no se extendió tan deprisa en Occidente como en Oriente. En Europa occidental no comenzó a aumentar hasta el siglo VI, cuando san Benito de Nursia (c. 480- c. 547) esbozó su famosa Regla en latín, e incluso entonces adoptó muchas formas, de las cuales la tradición benedictina fue sólo una y no se convirtió en el modelo dominante hasta el siglo VIII.

Monasterio de santa Escolástica en Subiaco

Benito copió buena parte de su Regla de un texto latino anterior mucho más duro, conocido como la Regla del Maestro, pero creó un documento muy diferente, una regla sencilla para principiantes, lo denominó, notable por su brevedad, flexibilidad y moderación. La Regla establecía un ciclo cuidadosamente definido de oraciones, lecciones y culto comunal diarios. Fijaba pautas sobre cómo debían vivir los monjes juntos; qué tenían que comer (alimentos suficientes y sencillos; un poco de vino; pero carne sólo para los enfermos o las ocasiones especiales); y cómo debía realizarse el trabajo del monasterio. Se alentaban las tareas físicas, según declaraba Benito, la indolencia era “un enemigo del alma”, pero también reservaba tiempo para el estudio y la contemplación privados. Sin embargo, en todos estos asuntos Benito dejaba mucho a la discreción del abad, la cabeza del monasterio, a quien se esperaba que todos los monjes obedecieran sin vacilación. Los que pretendían entrar en un monasterio benedictino tenían que cumplir un extenso período de prueba y sólo una vez transcurrido podían hacer los votos perpetuos como monjes. A veces los estudiosos han resumido los votos benedictinos en pobreza, castidad y obediencia; sin duda, éstas eran virtudes importantes, pero no constituían la esencia de la Regla a la que se comprometía un monje benedictino. Más bien las virtudes principales de la vida benedictina eran la estabilidad, la perseverancia y el compromiso con la vida monástica. La meta de la Regla, como la de la vida monástica en general, era permitir a los monjes que vivían según marcaba transformar sus vidas de acuerdo con la voluntad de Dios. La Regla era el medio por el cual esta transformación podía lograrse.(Judith G. Coffin y Robert C. Stacey)

domingo, 30 de octubre de 2022

En el momento en que todos los hombres pierdan su valor y su frescura habrá llegado el fin del mundo

Durante los años oscuros de los siglos V, VI y VII de nuestra era, las catástrofes que cayeron sobre el Imperio romano no alteraron a los romanos lo más mínimo. Siguieron siendo como eran, como lo seguimos siendo nosotros, pasándoselo bien cuando les era posible, y sin mayor preocupación. Mientras, hunos, godos, vándalos, visigodos y todos los demás los borraron de la faz de la Tierra. ¿Y qué pasó al final? Pues que la ola barbárica ganó altura y cubrió Europa de punta a punta. Pero estaba Noé en su arca con todos los animales. Estaba el recién nacido cristianismo. Estaban los monasterios solitarios y sus fortificaciones, las pequeñas arcas a flote que evitaron que la aventura se fuera a pique. No hay rupturas en la gran aventura de la conciencia. En medio del más desatado diluvio, un puñado de valientes lleva el arca a buen puerto bajo el arcoiris. Los monjes y obispos de la Iglesia primitiva llevaron el alma y el espíritu del ser humano intacto, invicto, en toda su plenitud, surcando las desatadas aguas de los años oscuros. Entonces este espíritu de coraje indeleble pasó a formar parte de los mismos bárbaros, en la Galia, en Italia, y nació la nueva Europa. No dejaron en ningún momento que el germen pereciera. En el momento en que todos los hombres que hay en el mundo pierdan su valor y su frescura habrá llegado el fin del mundo. Ya lo dijeron los viejos judíos; a no ser que en el mundo quede al menos un judío rezando con convicción, se perderá la raza.

Se defendieron en los pequeños monasterios fortificados contra los aullidos de los invasores, demasiado pobres para despertar en ellos la codicia. Cuando los lobos y los osos vagaban a su antojo por las calles de Lyon, y un jabalí gruñía y hozaba entre las losas del templo de Augusto, los obispos cristianos no dejaron de recorrer sin pausa ni desaliento las calles abandonadas, como heraldos famélicos, en busca de su congregación. Esa fue su gran aventura, y no se amilanaron. Conozco la grandeza del cristianismo, es una grandeza de otro tiempo. Lo sé, pero de no haber sido por aquellos cristianos primitivos, nunca habríamos salido del caos y la destrucción sin remedio de los años oscuros, escribe D. H. Lawrence.

jueves, 15 de julio de 2021

El camino de Compostela fue la gran universidad en la que se instruyó la Edad Media


Hacia el primer cuarto del siglo XI se produjo un acontecimiento particularmente importante, una especie de toma de posesión del camino de Compostela por parte de Cluny, escribe el historiador Louis Charpentier. “Además del estudio y la oración, las actividades principales de la Orden benedictina fueron siempre desde su creación, la agricultura y la construcción. Una buena parte de los monjes eran carpinteros, talladores de piedra y albañiles. Los abades fueron muy a menudo maestros de obras. Este arte de la construcción alcanzó su punto culminante con la reforma cluniacense, y Cluny mismo fue un semillero de maestros de la construcción en la Edad Media, fuera esta construcción religiosa o laica. 

San Juan de la Peña

¿Sintió el gran abad de Cluny que fue Odilón la necesidad de hacer reemprender a los constructores el camino iniciático para dar al románico, que nació del bizantino y del romano, la base de ciencia tradicional que le faltaba? Es posible. Todo lo que atañe a la construcción religiosa se ha mantenido siempre y en todas partes sumamente secreto, pero lo cierto es que vemos desarrollarse, a partir de Odilón, una sutil política en la que participa el rey don Sancho de Aragón. La primera etapa de esta acción es la introducción por don Sancho de la regla cluniacense en el monasterio de San Juan de la Peña, en 1025. Monjes españoles viajan a Cluny y monjes cluniacenses a San Juan; luego los intercambios se extienden a Leyre, que pronto abraza también la regla de Cluny. Es la época en que, con ayuda del abad de Leyre, obispo de Pamplona, Cluny abre a los peregrinos de Santiago la ruta de Roncesvalles. En esta misma época se organizan los caminos de Santiago en Francia, caminos que dan lugar a este derroche de monasterios, de albergues de etapa y de hospitales que hemos mencionado. Y este mismo derroche nos revela el verdadero objetivo de esa peregrinación a Compostela. Son caminos de constructores. Vemos desfilar por ellos resueltamente a penitentes, místicos, salteadores de caminos y mendigos, pero los constructores marchan delante, los constructores que no hacen su peregrinación en calidad de penitentes, ni como místicos, sino como aprendices, como candidatos a la iniciación. Constructores y filósofos, y místicos desde san Francisco de Asís a Nicolás Flamel. Se ha dicho, y es evidente, que el camino de Compostela fue la gran universidad en la que se instruyó la Edad Media. Sin el camino de Compostela, el románico no habría sido lo que fue, nutrido por una ciencia simbólica nuevamente hallada, por una ciencia tradicional nuevamente aplicada”.

viernes, 10 de abril de 2020

Reliquias



En el siglo VII, en el III Concilio de Braga (675) se había dispuesto que todos los altares debieran contener reliquias para llevar a cabo la consagración. En el año 787 el II Concilio de Nicea confirmó esta disposición decretando que todo altar de iglesia albergara las reliquias de un santo, puesto que en Roma la Eucaristía se celebraba “sobre la sangre de los mártires”. Cuenta el historiador Taranilla que con estas disposiciones, la tenencia de reliquias se convirtió en un objetivo para todas las iglesias y monasterios, que se convirtieron en grandes centros de veneración. Debido a la proliferación desmesurada de las mismas, no siempre verificadas, en el IV Concilio de Letrán (1215-1216) se dispuso que solo el obispo tuviera potestad para identificar la autenticidad de una reliquia. Por otro lado, las reliquias llegaron a adquirir un gran significado político al servicio de la propaganda de los reyes. Su posesión se asoció a símbolo de poder, porque suponían la muestra de la autoridad real al propio tiempo que representaban su justificación divina.

El culto a las reliquias fue incentivado a través del fenómeno de las peregrinaciones. 

miércoles, 1 de abril de 2020

El suceso de San Juan de la Peña

García Ximénez
García Ximénez (724-758) preparó un plan estratégico de combate tan pronto como tuvo noticia de que Abdemelic venía de Córdoba hacia Huesca dispuesto a reducir la población de los Pirineos. El resultado fue que los guerreros montañeses de García Ximénez pusieron en fuga al resto del ejército de Abdemelic, que se retiró diezmado y derrotado hacia Huesca. Que esto ocurrió lo atestiguan tanto la Crónica Mozárabe y la Crónica árabe de Córdoba como el hecho de que durante siglos se ha venido conmemorando con una romería religiosa y popular la derrota de los moros en el lugar de la batalla, a la vista de Ainza, justo en el emplazamiento de la Cruz de piedra que recuerda la encina sobre la que se vio una Cruz milagrosa el día de la batalla, el 14 de septiembre del año del Señor de 734. Así fue el comienzo del nuevo reino de Sobrarbe y de la dinastía de sus reyes que duraría desde el año 734 hasta 1149, ya que el 20 de abril de este año Ramón Berenguer, en una escritura notarial, dice: «Yo don Ramón Berenguer, haciendo oficio y veces y ocupando el lugar de Rey, así en el reino de Sobrarbe como en el de Aragón por mi amada esposa y consorte…». (Este documento fue transcrito por el cronista Juan Bris en su Historia de San Juan de la Peña y de los reyes de Aragón, libro impreso en Zaragoza en el año de 1628). 

San Juan de la Peña
Muchos autores han visto en el suceso de San Juan de la Peña, con la derrota del ejército de Abdemelic y el nacimiento del reino de Sobrarbe, una gran semejanza con el episodio de Covadonga, cuando tuvo lugar la derrota de los invasores moros y el nacimiento del reino de Asturias. Fray Justo Pérez de Urbel dice: “Parece como un eco del suceso de Covadonga”. Y Sánchez Albornoz declara: “Otra vez Guadalete y Covadonga”. Pero el caso , dice el catedrático José María de Mena, es que no es una leyenda porque hay por medio los testimonios de los propios árabes sobre el desastre del ejército de Abdemelic y cómo se dejaron en los Pirineos, muchos de sus guerreros, su prestigio y honores. No se trata de una leyenda sino noticia de página de sucesos, con un ejército destrozado y parte de sus efectivos muertos. Tras la batalla ganada por los cristianos, la cueva de San Juan de la Peña se convirtió en un centro patrimonial del nuevo reino, con un monasterio y un panteón de los reyes, otro testimonio de la realidad hecho de piedra, de tumbas y de rezos.

jueves, 22 de agosto de 2019

El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio


El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio, puesto que Felipe II ya tenía muchos. No desempeñó ningún papel en sus planes vitales hasta más de una década después de iniciado su reinado, El resto de sus residencias,, le eran muy queridas y pasó tanto o más tiempo en ellas como en el Escorial. Sería un error imaginar que el Escorial constituía la encarnación de sus aspiraciones.


Una lectura de la Carta de Fundación de 1567 permite clarificar las motivaciones de Felipe II respecto del Escorial. Si la leemos asumiendo que el rey, siempre muy ordenado en sus pensamientos, actuó paso a paso, resulta evidente que los éxitos militares ocuparon un lugar secundario entre aquellas. El motivo principal, al cual el rey otorga preeminencia, era la necesidad de garantizar a su padre un lugar de reposo digno de él. Este era el propósito para la construcción del monasterio. El papel de los frailes era el de rogar permanentemente por el reposo del alma del emperador y, además, por la de otros miembros de la familia real. La intención principal era, por tanto el deseo de crear un mausoleo familiar, una extensión del concepto de panteón. Todo lo demás era secundario. Si existía un sentimiento verdaderamente intenso en el alma de Felipe II, era su devoción por el recuerdo de su madre y de su padre.Es muy probable que a partir del mismo instante en que murió su padre, en 1558, Felipe decidiera resolver la cuestión acerca del lugar de reposo final del emperador.


viernes, 22 de febrero de 2019

Vida monástica.

Desde el siglo VI, con la fundación de la Orden benedictina, cuya regla establecía la vida en común supeditada a la máxima ora et labora que predicaba la entrega a Dios por encima de todas las cosas, y la llegada a Él a través de la santificación y el trabajo para evitar la ociosidad del alma, la vida monástica imbuyó en el ambiente social un modelo de existencia orientado al otro mundo, siendo la religión el eje vertebrador también de la sociedad laica.

El monasterio se tuvo por una casa de contenido no solo material que cubría las necesidades vitales y espirituales tanto de los monjes como de todos los fieles, sino que su simbolismo se extendió a la casa del cielo en la tierra. Los monasterios fueron centros autosuficientes en un mundo lleno de miseria y calamidades. Siglos de donaciones y entregas de bienes terminaron produciendo un efecto adverso en la ideología monástica, dice el escritor Carlos Taranilla,  puesto que la gran acumulación de riqueza
San Odón de Cluny.
condujo a la relajación del voto de pobreza y, tanto en el siglo XI primero como en la centuria siguiente después, las sucesivas reformas de Cluny,los monjes negros, llamados así por el hábito de ese color, y Citeaux, donde volvieron al blanco de los primeros tiempos, tuvieron que velar por la pureza de la vida monástica. No obstante, tal abundancia económica había tenido como consecuencia positiva el desarrollo de una gran actividad artística que se plasmó en la promoción del arte románico. 

domingo, 2 de julio de 2017

Agredieron y golpearon a un grupo de monjes y fieles del monasterio católico de Thiên An.

Policias vestidos de paisano abatiendo la Cruz.
Policías de civil y matones pagados por las autoridades locales agredieron y golpearon a un grupo de monjes y fieles del monasterio católico de Thiên An (Huế, en Vietnam central). Ellos trataban de defender la cruz de Cristo de los agresores, que estaba colocada en un terreno del cual la administración provincial está tratando de apropiarse de manera ilegal, desde hace ya años.

“Lanzaron piedras contra los monjes y golpearon a tres o cuatro de ellos”, narra a RFA, el padre Peter Cao Đức Lợi, sacerdote del monasterio, agregando que policías de civil fueron  para abatir la cruz. 

El P. Antoine Nguyen Van Duc, abad del monasterio Thien An en la provincia de Thua Thien-Hue (Vietnam), denunció la agresión
Para el monasterio católico de Thiên An, estos ataques no son algo nuevo, puesto que a menudo son objeto de una persecución por parte del Estado.  La cruz y la estatua de Jesucristo que fueron profanadas el pasado 28 de junio, ya habían sido destruidas en el año 2015 y en el2016, y fueron  rápidamente reconstruidas por los monjes y los fieles.

El monasterio es a menudo objeto de ataques vandálicos realizados por matones pagados por las autoridades locales, para intimidar así a los católicos y convencerlos de abandonar la zona. A éstos se suman los allanamientos de los policías que, en varias ocasiones, irrumpieron en la estructura y amenazaron con ocuparla.