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domingo, 26 de julio de 2026

¿No es acaso el mismo Dios de Abraham, Isaac y Jacob?

Israel Zolli 
Zolli fue acogido por dos jóvenes esposos cristianos, de condición obrera, que habían perdido a sus padres, y lo asistieron como a un padre hasta la liberación de Roma. Su mujer, Emma Majonica, y su hija Miryam fueron escondidas en lugar seguro. Tras la llegada de los aliados, Zolli volvió a su puesto de gran rabino, y en julio de 1944 celebró en la sinagoga una solemne ceremonia, que fue transmitida por radio, para expresar públicamente el reconocimiento de los judíos al Sumo Pontífice, además de al presidente de Estados Unidos, por la ayuda prestada a la comunidad judía durante la ocupación nazi. El 25 de julio pidió y obtuvo una audiencia con Pío XII para agradecerle oficialmente todo cuanto él, personalmente y por medio de los católicos romanos, había hecho a favor de los judíos, abriéndoles conventos y monasterios, dispensando de la ley canónica de la clausura papal a muchos monasterios femeninos, para que los judíos pudieran ser acogidos y librados del furor de los nazis. Tras haber compartido con sus hermanos de raza los sufrimientos de la persecución, a finales de julio de 1944 Zolli escribió al presidente de la comunidad judía presentando su dimisión como gran rabino. La petición llegó de manera inesperada y causó gran extrañeza. El presidente de la comunidad tomó nota con disgusto de la dimisión, pero pidió a Zolli que aceptase el cargo de director del Colegio Rabínico, puesto que “no dudaba en afirmar que en la comunidad judía no había una persona más competente y preparada para tan delicado oficio y, a la vez, tan estimada y apreciada por su honestidad y doctrina”. La carta del presidente de la comunidad concluía diciendo que, si el motivo del rechazo era de naturaleza económica, estaba dispuesto a tratar el asunto del mejor modo, con tal de que aceptase la invitación. De manera cortés y decidida Zolli rehusó todo cargo. El 15 de agosto de 1944, Zolli manifestó al rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, el jesuita Paolo Dezza, su intención de convertirse al cristianismo. Recuerda el cardenal Dezza, ya con noventa y siete años de edad, que Zolli se presentó con gran humildad y sinceridad diciendo: “Padre, mi petición de bautismo no es un do ut des. Pido el agua del bautismo y nada más. Soy pobre, los nazis me lo han quitado todo; no importa, viviré pobre, moriré pobre, tengo confianza en la Providencia”. El 13 de febrero de 1945, en la capilla contigua a la sacristía de Santa María de los Ángeles, con la presencia de unas quince personas, Zolli fue bautizado por su excelencia monseñor Traglia, vicegerente de la diócesis de Roma. Israele Zolli tomó el nombre de Eugenio, en reconocimiento a Pío XII, que tanto se había prodigado a favor de los judíos, y su mujer añadió a su nombre de Emma el de María.
El cardenal Dezza cuenta que “el nombre de Zolli fue incluso borrado de la lista de los rabinos de Roma, el semanal judío salió rayado de luto y la familia fue objeto de llamadas telefónicas cargadas de insultos”. Hospedado en la Gregoriana, Zolli recibió numerosas visitas de amigos y enemigos. Vinieron algunos judíos americanos a convencerlo para que volviera al judaísmo, ofreciéndole la suma que él quisiera, pero Zolli permaneció firme en su propósito. A quien le acusaba de traición, Zolli respondía: “No he renegado de nada; tengo la conciencia tranquila. El Dios de Jesucristo, de Pablo, ¿no es acaso el mismo Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Pablo es un convertido. ¿Acaso abandonó al Dios de Israel? ¿Dejó de amar a Israel? Sólo pensarlo es absurdo”.


Referencia:Los judíos, Pío XII y la Leyenda Negra (Antonio Gaspari)

domingo, 21 de junio de 2026

Cuando la nación política se impuso sobre la nación étnica

Un obstáculo hubo de superar Roma antes de lanzarse decidida a la conquista total del mundo conocido. En el norte de África, Cartago, una antigua colonia de los fenicios, pueblo de comerciantes originario de la costa oriental del Mediterráneo, albergaba aspiraciones semejantes. Por ello la lucha entre ambas potencias sólo podía ser a vida o muerte. Tres contiendas, las conocidas como Guerras Púnicas, libraron los romanos contra los cartagineses entre los siglos III y II a. C. La victoria fue para Roma y sus consecuencias fueron decisivas. No sólo Cartago desapareció como gran potencia. Con ella murió la posibilidad de inclinar a Occidente hacia la civilización oriental. La victoria romana lo fue también de una forma de entender la sociedad humana sobre otra. La unidad construida sobre la comunidad de ideas y valores, asentada sobre un firme sistema constitucional, esencia de la que llegará a ser la forma de ver las cosas propia del mundo occidental, se reveló más fuerte que la simple unidad de sangre. La nación política se había impuesto sobre la nación étnica. Occidente, por segunda vez, como lo hiciera en la llanura de Maratón, o en las aguas de Salamina, durante las Guerras Médicas, había triunfado sobre Oriente. 

Referencia: Breve historia del mundo (Luis E. Íñigo Fernández)

lunes, 26 de enero de 2026

Credo de los musulmanes


Escribe G. K. Chesterton en Breve historia de Inglaterra:
Unos seiscientos años después de que el Cristianismo naciera en Oriente y se extendiera hacia el oeste, otra gran fe surgió casi en las mismas tierras, y lo siguió como una sombra gigantesca. Como toda sombra, era al mismo tiempo una copia y un contrario. La llamamos Islam, o credo de los musulmanes…..Su mayor motivación era el odio hacia los ídolos y, desde su punto de vista, la Encarnación era una forma de idolatría. Las dos cosas que más perseguía eran la idea de que Dios pudiera hacerse carne y que Él pudiera ser representado en madera o piedra.
Y si alguien piensa que semejante disquisición sobre sus orígenes orientales poco tiene que ver con la historia de Inglaterra, la respuesta es que este libro, ¡ay!, podrá contener muchas digresiones, pero esta no es una de ellas. En particular es necesario tener muy presente que este dios semita rondó al cristianismo como un fantasma en todos los rincones de Europa, pero sobre todo en nuestro rincón. Y si alguien lo duda, que se dé un paseo por las iglesias parroquiales de Inglaterra en un radio de treinta kilómetros a la redonda y pregunte por qué esta virgen de piedra no tiene cabeza o aquella vidriera ha desaparecido. Pronto descubrirá que no hace mucho que regresó el éxtasis del desierto, incluso a las propias casas y caminos, y la furia de los iconoclastas volvió a recorrer esta helada isla del norte. 
Roma ya no se adoraba a sí misma como en la época pagana. La propia Roma miraba al este, hacia la misteriosa cuna de su credo, hacia un lugar donde la tierra misma se consideraba santa. Y al volverse hacia allí se encontró con el rostro de Mahoma. Vio que sobre el lugar que consideraba su paraíso terrenal había un gigante devorador surgido del desierto para quien todos los lugares eran iguales.

domingo, 28 de diciembre de 2025

No estamos volviendo al paganismo porque no estamos volviendo a nada

En pocos decenios hemos pasado de La sociedad de la nieve a la epidemia de suicidios y la expansión de la eutanasia; de sobrevivir en los Andes durante 72 días a pedir bajas laborales porque ir a trabajar nos produce ansiedad. Además de ser importante esta crisis (lo que no es nuevo), es distinta, lo que dificulta captar su radicalidad. Parte de la dificultad se debe a que las causas no son solo religiosas o morales, aunque también (alejamiento de Dios, inmoralidades generalizadas); tal vez algunas ni siquiera son deliberadas. Algunas están ya en las estructuras de nuestras vidas ordinarias, como la debilidad de las relaciones horizontales (entre personas) frente a las crecientes relaciones verticales (de las personas con el Estado). Como no siempre se trata de cosas necesariamente malas, es fácil que nadie las combata, desde la velocidad del cambio, el desarraigo resultante de la competitividad, los desplazamientos y los modernos puestos de trabajo, la inundación de información de todo género, la dispersión de la atención, la tecnificación y racionalización de todo, la IA, las habilidades que poco a poco perdemos con el perfeccionamiento de las máquinas…
Poco tiene en común esta crisis con el final del Imperio Romano. Tampoco estamos volviendo al paganismo porque no estamos volviendo a nada; el paganismo quedaría del mismo lado del parteaguas que el cristianismo. Estamos cortando, y muy rápido, con todo lo clásico, lo cual no sucedió en absoluto al caer Roma. En realidad, Roma nunca murió; ha estado viva, de alguna manera, casi hasta hoy. Los aspectos que hacen a esta crisis diferente son heterogéneos y son muchos más en número que en cualquier otra crisis anterior. Son imposibles de listar, el "bebé medicamento", el vientre de alquiler,el transhumanismo,los cerebros humanos conectados, la globalización descarrilada, el predominio de lo virtual sobre lo real; masas ya apreciables de personas subvencionadas que nunca trabajarán establemente ni formarán una familia, las calles casi sin niños,  y casi nadie con defectos físicos mayores; en breve, niños sin hermanos, tíos ni primos…
Algunos de los problemas actuales son ya bastante conocidos, descomposición social, control capilar, vigilancia universal, pocas y no muy fuertes relaciones interpersonales… En una parroquia vi un anuncio de un novedoso Centro de Escucha con un número de teléfono, "si no tienes quien te escuche, llama a este número". ¿Quién creería eso en España hace 25 años? Muchas y graves crisis ha habido en la historia pero todas tenían dimensiones humanas, esta, no; esta viene acompañada por un cambio antropológico antes literalmente inimaginable. 

Referencia: La sociedad del delirio de Antonio-Carlos Pereira Menaut, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela y catedrático Jean Monnet de Derecho Constitucional de la UE. 

jueves, 11 de septiembre de 2025

Italia

El filósofo Gabriel Albiac escribe que en “el Il Gattopardo se percibe la perspicaz desilusión que Lampedusa pone en la mirada del Príncipe Salina ante las fantasías unitarias de los garibaldinos en 1860. No, Sicilia no es Italia y no lo será nunca, se dice el Príncipe, somos viejos, somos dioses; ni los viejos ni los dioses cambian. Todo esto no debería poder durar; y, sin embargo, durará para siempre; para el siempre humano, por supuesto, un siglo, dos siglos…; y luego será distinto, pero peor. Fuimos los Guepardos, los Leones, los que nos sustituyan serán los pequeños chacales, las hienas.”
“Ningún estudioso de la Italia contemporánea, añade Albiac, ignora la tragedia que cierra la derrota del fascismo y el fin de la segunda guerra mundial. Un norte de Italia bajo control de los partisanos comunistas, un sur de Italia bajo el control de la mafia, y Roma como intercambiador de negocios e intereses, en los cuales lo legal y lo ilegal se confunden. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el riesgo de ver Italia y Grecia bascular hacia el bloque soviético era muy alto. En Grecia se resolvió mediante una guerra civil que, al cabo de tres años, dejó al país exhausto. La vieja sabiduría italiana evitó ese deslizamiento; lo evitó también la artesanía de los servicios de inteligencia que, desde una oscuridad estricta, dirigieron el poder durante medio siglo. Cuando, coincidiendo con el derrumbe soviético, toda la podredumbre del Estado salió a la luz, el sistema político cayó a plomo, como una fachada sin fundamento. El Estado fue en Italia, desde 1945, lo más parecido a las “aldeas Potemkine” que Catalina la Grande creía ver desde su amable barco, lienzos sólo, decorados escénicos dispuestos para su contento por el primer ministro. Caído el decorado, Italia retornó al vacío. En un tiempo vertiginoso, los dos partidos que se repartían todo, PCI y Democracia Cristiana, desaparecieron. Y al imperio de los Guepardos y los Leones, sucedió el tiempo de los chacales, de las hienas….. Todo seguirá igual. Igual que siempre, mercadeo”. Y releo a Leopardi: “Oh, patria mía, veo los muros y los arcos / y las columnas y los bustos y las yermas torres / de nuestros padres, / mas la gloria, no la veo”.

martes, 15 de julio de 2025

La fuerza dominante en la creación de una cultura común entre personas que tienen una cultura distinta es la religión

TS Eliot escribe “que la fuerza dominante en la creación de una cultura común entre personas que tienen una cultura distinta es la religión… Me refiero a la tradición común del cristianismo que ha hecho de Europa lo que es, y a los elementos culturales comunes que este cristianismo común ha traído consigo…Es dentro del cristianismo donde se ha desarrollado nuestras artes; es el cristianismo donde se han asentado las raíces de las leyes europeas. Es sobre este telón de fondo del cristianismo como todo nuestro pensamiento cobra significado”.
“Debemos a nuestra herencia cristiana muchas más cosas ademas de la fe religiosa. A través de ella seguimos el rastro de la evolución de nuestras artes; a través de ella poseemos nuestro concepto de Derecho Romano, que tanto ha contribuido a la formación del mundo occidental; a través de ella hemos concebido nuestras ideas de la moral pública y privada. Y a través de ella hemos creado nuestras reglas literarias comunes. La unidad del mundo occidental reside en esta herencia, en el cristianismo y en las antiguas civilizaciones de Grecia, Roma e Israel, hasta donde, en deuda con dos mil años de cristiandad, se remonta nuestra ascendencia…..esta unidad en los elementos comunes culturales, durante muchos siglos, constituye el autentico lazo de unión entre nosotros. Ningún sistema político o económico es capaz de proporcionar esta unidad cultural. Si derrochamos o desperdiciamos nuestro común patrimonio cultural, no habrá sistema ni proyecto capaz de ayudarnos o acercarnos los unos a los otros.”
Eliot hace un llamamiento “a los hombres de letras europeos, que tienen una responsabilidad especial en la preservación y transmisión de nuestra cultura común…debemos al menos intentar salvar algo de esos bienes de los cuales somos coadministradores; el legado de Grecia, Roma e Israel, y el legado de Europa durante dos mil años. En un mundo que ha presenciado tanta desolación material, también los bienes espirituales corren un peligro eminente”.
Russell Kirk escribe que de “una Tierra Baldía gobernada, si es que se puede gobernar, por una élite de aburridos positivistas, conductivas y tecnócratas que ignoran cualquier regla e inspiración que no sean las de su estrecho oficio; un mundo cuyo espíritu se ha empobrecido, y cuya carne es, por ello, fácil de empobrecer…este fantasma acecha detrás de las serenas y admonitorias páginas de Notes towards the definition of culture de TS Eliot.” 

sábado, 14 de junio de 2025

Entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad

D. H. Lawrence escribe en su libro El amor es la felicidad del mundo: 
Saben que nuestra civilización va a reventar, tarde o temprano. Y dicen: “¡Sea! Pero primero, déjenme vivir mi vida”. Y eso está muy bien, pero es una actitud cobarde. Dicen sin ningún empacho: “Ya, bueno, pero es que a toda civilización le llega su hora. ¡Fijaos en Roma!”. En efecto, fijaos en Roma. ¿Qué veis? Un montón de romanos supuestamente “civilizados” que proclamaba a los cuatro vientos sus ideas de vive y deja vivir. Y una legión de bárbaros, hunos, etcétera, que venían a aniquilarlos, y a morir en el empeño. Los años oscuros, ¿qué pasó con ellos? ¿Qué pasó con los años oscuros, cuando los campos en Italia se asilvestraron tanto que parecían las grandes extensiones salvajes del nuevo mundo aún no descubierto, y las bestias llegaron a entrar en la gran ciudad de Lyon? ¡Muy bonito! Pero ¿qué otra cosa podía pasar? Mirémoslo por el lado de lo inevitable. Roma no cabía en el tiesto, el tiesto reventó en mil pedazos, y el árbol romano de la vida, tan desarrollado, rodó por el suelo y murió. Pero no sin que antes germinara una nueva semilla. Allí, entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad. Las fieras aullaban en el monte, cundían las matanzas y debacles, y entre todo ello, en monasterios diminutos, tan remotos y pobres que no merecía la pena saquearlos, los monjes avivaban la llama eterna de la conciencia, y el imperecedero empeño humano por que no sucumba. Un puñado de obispos andrajosos se aventuraba entre el caos para que no decayera el valor de estos hombres entregados al pensamiento y la oración. Una reducida minoría de hombres desperdigados que habían hallado un nuevo camino hacia Dios, a la fuente de la vida, felices de haber dado de nuevo con el Gran Dios, felices de saber el camino y de ser los guardianes de la llama del conocimiento. He aquí la historia, reducida a la esencia, de los años oscuros, con la caída de Roma. Hablamos como si la llama del valor y del discernimiento humanos hubiera desaparecido de la faz de la Tierra en aquel tiempo; como si hubiera brotado de milagro nuevamente, salida de la nada, siglos más tarde.

miércoles, 19 de febrero de 2025

La víctima principal de las luchas confesionales fue ese cuerpo común de la cristiandad

Calvino
Hacia la década de 1550, muerto Martín Lutero, su religión, privada del intenso liderato personal de su fundador, entraba en una fase de letargo intelectual y político. En Alemania, la escena principal de la lucha confesional durante la primera mitad del siglo, la paz de Augsburgo había establecido un equilibrio, aunque inestable, entre los príncipes luteranos y los católicos romanos, privando con ello a los luteranos de estímulo para una ulterior militancia. Los calvinistas, sin embargo, fueron excluidos de los términos del acuerdo de Augsburgo, y dada la pasividad que dominó a la segunda generación de luteranos, fueron los calvinistas los que se convirtieron en los representantes más dinámicos de la religión reformada. En un momento en el que la iglesia romana estaba al fin comenzando a responder con cierto éxito al desafío de la herejía, el calvinismo disfrutaba de algunas ventajas evidentes sobre el luteranismo como credo militante. Sus doctrinas eran más definidas y estaban formuladas más agudamente; sus seguidores estaban mejor disciplinados; su sistema celular como organización eclesiástica hizo posible su propagación y crecimiento independiente, incluso allí donde las autoridades seculares se oponían a su establecimiento; y tenía en Ginebra un cuartel general desde donde el mismo Calvino pudo ordenar el campo de batalla, hasta su muerte en 1564. Después de muchos años de lucha, el envejecido Calvino se había convertido, a mediados de la década de 1550, en el dueño indiscutible de Ginebra. La oposición en el concejo de la ciudad había sido silenciada y sus enemigos habían huido. Ahora que estaba atrincherado en Ginebra, sin ninguna posibilidad de ser derrocado, Calvino pudo convertir la ciudad en la capital efectiva de su nueva religión, en una Roma protestante. Los calvinistas de Europa se habían acostumbrado desde hacía tiempo a acudir a Ginebra para pedir consejo e instrucciones, y habían ido allí a buscar refugio en tiempos de persecución. Después de una prolongada disputa, la mayor parte de los profesores de Lausana, incluyendo a Teodoro Beza, profesor de griego, fueron expulsados por el gobierno de Berna en 1558. Con la ayuda de estos, Calvino fundó una academia en Ginebra en 1559, y Beza se convirtió en su rector. La nueva institución tuvo un éxito inmediato.
Fue en Francia donde Ginebra se apuntó uno de sus más notables éxitos. Cada año era despachado para Francia un nuevo grupo de pastores ginebrinos. La mayor parte de ellos, nacidos en Francia, salidos de la clase media o de las clases aristocráticas, lograron conversos influyentes y fundaron nuevas iglesias, las cuales acudían a Ginebra para pedir guía y consejo.
La víctima principal de las luchas confesionales fue la comunidad internacional, ese cuerpo común de la cristiandad del que se seguía hablando hasta mucho después de que hubiese cesado de tener algún fundamento real. Las obediencias se polarizaban alrededor de Ginebra y de Roma, era natural que se aumentase la nostalgia por la antigua y unida cristiandad.
Los estudiantes, acostumbrados a viajar por el continente para seguir sus estudios en la universidad que habían escogido, comenzaron ahora a descubrir que esto no era tan fácil para ellos como lo había sido para sus padres. Los nobles calvinistas de los Países Bajos o de Hungría enviarían a sus hijos a la Academia de Ginebra, mientras que los católicos enviarían a los suyos a Padua o Lovaina. En 1559, Felipe II prohibió a los españoles estudiar en el extranjero, excepto en determinados colegios de Bolonia, Roma, Nápoles y Coimbra. En 1570, cartas reales dirigidas al Parlamento en Dole prohibían a los habitantes del Franco Condado “estudiar, enseñar, aprender o residir en otras universidades o escuelas privadas o públicas, que no sean las de este país o las de otros países, estados y reinos bajo nuestra obediencia, exceptuando siempre la ciudad y universidad de Roma”. Las prohibiciones gubernamentales eran con frecuencia eludidas e ignoradas, pero el hecho era que las ochenta universidades, aproximadamente, de la Europa de mediados del siglo XVI estaban siendo transformadas de instituciones internacionales en nacionales, y que la comunidad europea de estudiosos estaba siendo fragmentada por la nueva contienda confesional.
Referencia:La Europa dividida, 1559-1598 (J. H. Elliott)

viernes, 13 de diciembre de 2024

Fue Roma la que concibió la Península Ibérica como una unidad

En la Península Ibérica había gente antes de que llegaran los romanos, pero fue Roma la que concibió la península como una unidad, la que implantó una lengua única; fue Roma la que creo una estructura administrativa y jurídica, y a través de Roma nos llegó la religión que muy pronto se convirtió en seña de identidad de los hispanos, el cristianismo. Roma hizo Hispania; convirtió a los celtas iberos y celtíberos en hispanorromanos. Hispania dio a Roma emperadores, filósofos, guerreros, docentes. 

martes, 30 de enero de 2024

Robespierre obligó a empezar a moverse por el lado derecho de la carretera

Robespierre llevado a la guillotina

El Papa Bonifacio VIII en 1300 d.C. declaró que todos los peregrinos que iban a Roma tenían que tomar el lado izquierdo de la carretera. Al mismo tiempo se reforzaba el hábito ya extendido entre la población de la época, de montar a caballo sujetando las riendas con la mano izquierda, con el fin de utilizar la espada con mayor facilidad con la mano derecha para defenderse de posibles agresiones. Posteriormente, el desarrollo de medios de transporte llevó a la idea de conducir por el lado derecho de la vía, promoviendo la mayor maniobrabilidad que esto suponía durante el tráfico urbano. Algo que finalmente se impuso, gracias a la Revolución Francesa, cuando Robespierre obligó a todos los ciudadanos a empezar a moverse por el lado derecho de la carretera, en señal de desafío a la Iglesia Católica y a los aristócratas que se habían mantenido moviéndose por la izquierda. Unos años más tarde, Napoleón extendió esta costumbre a casi todos los países ocupados por sus ejércitos.
Los primeros coches, donde el freno de mano se colocó inicialmente fuera del lado derecho del chasis, requiriendo el consiguiente posicionamiento del asiento del conductor. Sin embargo, a medida que avanzaba la ingeniería mecánica, el freno de mano se insertó dentro de la misma cabina , en una posición central, lo que permitió implementar la posición de conducción a la izquierda. Reino Unido se mantuvo en la conducción por la izquierda pero no son el único país que circula por la izquierda dado que también se hace en India, Australia, Sudáfrica y Japón.

miércoles, 12 de julio de 2023

Devotos y trotamundos en el Imperio Romano

Santa Elena

Santa Elena, la madre del emperador Constantino, desenterró, en el año 326, la Vera Cruz, el madero mismo de la Pasión de Jesús, en la cripta de un templo romano erigido a Venus por Adriano, en las cercanías del lugar que la tradición fijaba como escenario de la Crucifixión.El Santo Sepulcro y otros santuarios, que se convirtieron a partir de entonces en meta de peregrinos. Estos pronto llegarían en tropel desde todos los rincones del Imperio. Tantos y tan variopintos que algunos Santos Padres más cascarrabias llegaron a quejarse de tanta y tan ruidosa afluencia. Esta riada de devotos y gyrovagui (trotamundos) era posible entonces por dos cosas esenciales para viajar, la pax romana y la red de calzadas del Imperio. Aunque la olla imperial estaba en plena ebullición, a punto de explotar, la autoridad de Roma sujetaba la situación incluso en los bordes o límites más remotos. En aquellos confines con el mundo bárbaro, una estratégica red de guarniciones militares (castelli, castra) proveía de soldados para escoltar los desplazamientos por los loca suspecta (lugares peligrosos), acechados por tribus nómadas. Y junto a la seguridad garantizada, la red viaria; una tupida urdimbre de calzadas, orgánicamente jerarquizadas, constituía lo que entonces se llamaba cursus publicus o ager publicus, es decir, la red de vías (unos ochenta mil kilómetros) que seguían las legiones, las postas y algunos comerciantes.

martes, 30 de mayo de 2023

Vías romanas

Las vías romanas no fueron superadas en Europa hasta el siglo XVIII. Calzadas y puentes construidos con técnicas avanzadas, descuidados después o reparados de forma chapucera, aseguraron un mínimum de intercomunicación en Europa durante dos milenios. No era un tejido espeso porque su coste, a cargo de los municipios, era alto, aunque en su construcción interviniera mano de obra requisada, incluyendo soldados de las legiones. Su finalidad era doble, económica y política, con predominio de la segunda, lo que explica su trazado, ahorrando curvas, con pendientes más accesibles a la marcha del legionario que a los vehículos. La Vía Augusta era una obra colosal que iba desde Gades a Roma, un recorrido de casi tres mil kilómetros esmaltado por mansiones y miliarios, de los que se han recogido gran cantidad. Era el cordón umbilical que ligaba Hispania a la Urbe, mientras las vías trazadas en el interior de la Península aseguraban la ligazón entre las diversas provincias y dotaban de unidad administrativa y económica al conjunto ejerciendo variedad de funciones. Gracias a la Calzada de la Plata, que unía Hispalis con Mérida y Astorga, los turdetanos ya no temían las incursiones de los depredadores lusitanos; las legiones vigilaban las zonas insumisas y la vital producción de las minas del Bierzo, que proporcionaron al Estado y la economía de Roma la mayor parte del oro que necesitaban.

miércoles, 11 de enero de 2023

Constantino resulta trascendental en la historia occidental

La figura de Constantino resulta trascendental en la historia occidental por las consecuencias que tuvo su conversión al cristianismo, herramienta unificadora que contrarrestaba las tendencias disgregadoras del imperio. A través del Edicto de Milán, Constantino acabó con el culto estatal pagano en Roma y decretó el fin de las persecuciones contra los cristianos, a los que se les devolvió los bienes expropiados. No llegó a convertir el cristianismo en religión oficial del Estado, pero concedió importantes privilegios y donaciones a la Iglesia, financió la construcción de grandes templos y dio preferencia a los cristianos a la hora de seleccionar a sus colaboradores. Temeroso de que las disputas teológicas rompieran la unidad que representaba la religión cristiana, apoyó a la jerarquía eclesiástica para combatir las numerosas herejías de la época. En este contexto, convocó y presidió el Concilio de Nicea    que tuvo lugar entre el 20 de mayo y el 19 de junio de 325 en el que se condenó el arrianismo. Constantino reconstruyó y amplió la ciudad griega de Bizancio, a la que llamó Constantinopla y convirtió en capital cristiana del imperio, en sustitución de Roma, con lo que desplazó el centro político del imperio hacia el Este. En el terreno económico, Constantino intentó poner freno a la grave crisis que arrastraba el imperio desde el siglo anterior, reformando el sistema monetario, que basó enteramente en el oro. Decretó el carácter hereditario de los oficios y completó el proceso de vinculación de los colonos a la tierra que cultivaban, poniendo así las bases de la institución medieval de la servidumbre. Bajo el imperio de Constantino se dieron pasos decisivos hacia la configuración de la Edad Media europea.

martes, 10 de mayo de 2022

Cincinato y George Washington

Cincinato

Cincinato vivía frugalmente, trabajaba él mismo sus tierras y era un patriota completo. Cincinato se había retirado disgustado a su finca, negándose a intervenir en la política, porque su hijo había sido exiliado por usar un lenguaje violento contra los tribunos. 

En 458 a. C., los romanos estaban fuertemente acosados por los ecuos, y un cónsul y todo su ejército se vieron amenazados por el desastre. Entonces se llamó a Cincinato. Se le nombró dictador. Según la ley romana, éste era un funcionario dotado de poder absoluto que se designaba en momentos muy difíciles, pero sólo por un lapso de seis meses. La palabra proviene de una voz latina que significa decir, porque todo lo que el dictador decía era ley. Cuando se le informó de su designación, Cincinato estaba arando su campo. Dejando el arado donde estaba, se marchó al foro, reunió un nuevo ejército, avanzó rápidamente hacia el lugar de la batalla, atacó a los ecuos impetuosamente, los derrotó, rescató al cónsul y su ejército y volvió a Roma. De vuelta en Roma, Cincinato renunció inmediatamente a la dignidad dictatorial, sin ningún intento de usar su poder absoluto ni un momento más de lo necesario, y volvió a su finca. Este ejemplo de virtud, del uso del poder sin abuso, impresionó mucho a las posteriores generaciones. Al final de la Guerra de la Independencia Norteamericana, George Washington pareció un nuevo Cincinato. Por ello, los oficiales del Ejército Revolucionario formaron “La Sociedad de los Cincinnati”, usando el plural latino del nombre, una vez terminada la guerra. En 1790, una ciudad de orillas del río Ohio fue reorganizada y ampliada por un miembro de la Sociedad, y fue llamada Cincinnati en su honor.

viernes, 8 de abril de 2022

La evolución de las legiones romanas marcó la sustitución de la República romana por un Imperio

La evolución de las legiones marcó, entre otras razones, la sustitución de la República romana por un Imperio. El cambio de ciudadanos a profesionales hizo que la cultura militar variara de manera radical, ya que los soldados dejaron de brindar su lealtad a Roma para tenerla hacia su comandante. Así, los militares más capaces dispusieron cada vez de más fuerza, y los conflictos entre estos y el Senado se incrementaron de forma gradual. Finalmente, Julio César desafió abiertamente y derrotó al Senado, en lo que llamamos Guerra Civil romana. Pese a que fue asesinado antes de convertirse en primer emperador de Roma, la situación ya no tenía punto de retorno, y finalmente en las primeras décadas del siglo I d. C. Augusto se hizo con la corona imperial. De este modo, Roma se aseguró la eficiencia militar, pero a cambio de sufrir largos períodos de inestabilidad y rebeliones. Al contrario de lo que pasó durante la República, a partir de las reformas de Mario cualquier comandante con poder y lealtad suficiente de sus tropas podrá desafiar al emperador. 

jueves, 10 de febrero de 2022

El poder del ejemplo

Emperador Nerva

Cuenta Gibbon en La historia de la decadencia y caída del Imperio romano que, cuando en Roma existía el poder absoluto, en tiempos de los emperadores, dado que en cada ser humano prima siempre un carácter, con cada emperador subía al trono una pasión, que por lo general era un vicio. Con Tiberio subió la perfidia, con Calígula la crueldad, con Claudio la pusilanimidad, con Nerón el narcisismo criminal, con Galba la avaricia, con Otón la vanidad, y así se sucedían en el trono los vicios, hasta que llegó Vitelio y con él se extendió sobre Roma la enfermedad de la gula. Pero un día llegó al trono Nerva, y con él se impuso la moderación, lo sucedió Trajano y con él ascendió la justicia, lo sucedió Adriano y con él reinó la tolerancia, llegó Antonino Pío y con él la bondad, y finalmente con Marco Aurelio gobernó la sabiduría, de modo que así como se habían sucedido los vicios, durante un siglo se sucedieron las virtudes en el trono de Roma. Tal era en aquellos tiempos, al parecer, el poder del ejemplo, el peso pedagógico de la política sobre la sociedad. En nuestro tiempo el poder del ejemplo lo tienen los medios de comunicación, son ellos los que crean y destruyen modelos de conducta.

miércoles, 5 de enero de 2022

Sólo España e Inglaterra tienen asegurada la inmortalidad


Los pueblos europeos llevan consigo, como todos los pueblos, el principio de su destrucción. No serán inmortales. Ninguna cosa humana lo es, si se exceptúa el ideal….Francia, Alemania, Italia, las grandes y pequeñas potencias, declinarán, menguarán, se convertirán en lugares de veneración para la humanidad; en santuarios de piadosa recordación. Sólo España e Inglaterra tienen asegurada la inmortalidad. Roma sucumbió, pero queda su espíritu que alienta desde la Rumania de las expediciones de Trajano hasta la Iberia de Séneca y Marcial; Inglaterra y España sucumbirán; mas hay otra Inglaterra pujante, bien lo sabemos los mexicanos, y muchas Españas heroicas en esta tierra de Colón, escribe el filósofo mexicano Antonio Caso.

domingo, 5 de diciembre de 2021

La unidad se la dio a España el cristianismo

Escribe Marcelino Menéndez Pelayo en Historia de los heterodoxos españoles que “Roma, sin anular del todo las viejas costumbres, nos lleva a la unidad legislativa, ata los extremos de nuestro suelo con una red de vías militares, siembra en las mallas de esa red colonias y municipios, reorganiza la propiedad y la familia sobre fundamentos tan robustos, que en lo esencial aún persisten; nos da la unidad de lengua, mezcla la sangre latina con la nuestra, confunde nuestros dioses con los suyos y pone en los labios de nuestros oradores y de nuestros poetas el rotundo hablar de Marco Tulio y los hexámetros virgilianos. España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo. Pero faltaba otra unidad más profunda: la unidad de la creencia. Sólo por ella adquiere un pueblo vida propia y conciencia de su fuerza unánime, sólo en ella se legitiman y arraigan sus instituciones, sólo por ella corre la savia de la vida hasta las últimas ramas del tronco social. Sin un mismo Dios, sin un mismo altar, sin unos mismos sacrificios; sin juzgarse todos hijos del mismo Padre y regenerados por un sacramento común; sin ver visible sobre sus cabezas la protección de lo alto; sin sentirla cada día en su hijos, en su casa, en el circuito de su heredad, en la plaza del municipio nativo; sin creer que este mismo favor del cielo, que vierte el tesoro de la lluvia sobre sus campos, bendice también el lazo jurídico que él establece con sus hermanos y consagra con el óleo de la justicia la potestad que él delega para el bien de la comunidad; y rodea con el cíngulo de la fortaleza al guerrero que lidia contra el enemigo de la fe o el invasor extraño, ¿qué pueblo habrá grande y fuerte? ¿Qué pueblo osará arrojarse con fe y aliento de juventud al torrente de los siglos? Esta unidad se la dio a España el cristianismo”.

sábado, 17 de julio de 2021

Con la romanización los españoles empezaron a pensar que formaban una nación


La conquista romana de Hispania comenzó en el 218 a.C., con el desembarco romano en la helenizada Ampurias, para darse por acabada con las llamadas Guerras Cántabras (29-19 a.C.). La conquista y romanización de la Península Ibérica fue un proceso que duró siete siglos e influyó definitivamente en la historia hispana. Los españoles empezaron a pensar que formaban una sola nación con idénticos problemas y aspiraciones cuando se lo dijeron sus nuevos dueños. Entraron en el mundo romano compartiendo todas sus ventajas y todas sus miserias. Aprovechaban las nuevas carreteras, las nuevas organizaciones administrativas, mejor estado de cosas, la civilización… También entraban en todas sus guerras civiles y luchaban con Sertorio contra Sila, con Julio César contra Pompeyo y sus hijos. España, al hacerse romana, en realidad lo que se hace es a sí misma. Roma permitía a los nativos conocerse, verse, hablarse. Como si en una habitación grande y oscura entrase, de pronto, la luz. Esa luz simbólica son los caminos que unen provincias, puentes que superan ríos… La ciudad que hasta entonces no existía, la ciudad que es símbolo de convivencia, con sus teatros, sus termas o piscinas, sus bibliotecas, empieza a florecer en el país. Roma es lo que crea un sentido nacional.


Escribe Díaz-Plaja que la razón de esa general aceptación del  yugo de Roma es que éste no venía a remplazar a un régimen aceptado por la mayoría de los españoles. Venía a llenar un vacío nacional. No cambiaba un gobierno central; lo inventaba. No deshacía una organización; la creaba. Sustituía dialectos locales, con los cuales no podían entenderse los indígenas unos kilómetros más allá de donde vivían, con un idioma, llamado latín, que les permitía comprenderse de mar a mar, y aun ser capaces de saber lo que escribían en esa mítica ciudad, creadora de tanta fuerza y cultura, que se llamaba Roma.

sábado, 12 de junio de 2021

Julio II convirtió a Roma a finales del siglo XVI en lugar de encuentro y epicentro del arte y del pensamiento


La inmensa mayoría de las obras de arte del Renacimiento abordan temas religiosos, y muchas de ellas son el fruto de hombres profundamente animados por la fe religiosa. Cuenta Kenneth Clark que Guercino dedicaba muchas mañanas a la oración; Bernini realizaba frecuentes retiros y practicaba los Ejercicios Espirituales de San Ignacio; Rubens iba a Misa todos los días antes de comenzar su trabajo. Esto obedecía a la sencilla creencia de que la vida de los hombres debía regirse por la fe que inspiró a los grandes santos de la generación precedente. El período central del siglo XVI fue un tiempo de santidad en la Iglesia romana… con figuras como San Ignacio de Loyola, el soldado visionario. No hace falta ser un católico practicante para respetar ese lapso de cincuenta años que produjo a estos grandes espíritus.


Julio II


Fue durante el pontificado de Julio II y bajo su mecenazgo cuando artistas como Bramante, Miguel Angel y Rafael produjeron algunas de sus obras más memorables. En la Catholic Encyclopedia se señala la relevancia del papa Julio II: Cuando se suscitó la cuestión de si la Iglesia debía asimilar o condenar el progreso, tanto si éste se asociaba con el espíritu humanista como si no, Julio II tomó partido por el Renacimiento, preparando así el escenario para el triunfo moral de la Iglesia. Las grandes creaciones de este pontífice, la Iglesia de San Pedro de Bramante y el Vaticano de Rafael, son inseparables de las ideas de humanismo y cultura representadas por la Iglesia católica. El arte se supera a sí mismo en ambos casos para transformarse en el lenguaje de algo más elevado, en el símbolo de una de las más nobles armonías jamás creadas por la naturaleza humana. Fue la voluntad de este hombre extraordinario lo que convirtió a Roma a finales del siglo XVI en lugar de encuentro y epicentro del arte y del pensamiento.