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domingo, 26 de julio de 2026

¿No es acaso el mismo Dios de Abraham, Isaac y Jacob?

Israel Zolli 
Zolli fue acogido por dos jóvenes esposos cristianos, de condición obrera, que habían perdido a sus padres, y lo asistieron como a un padre hasta la liberación de Roma. Su mujer, Emma Majonica, y su hija Miryam fueron escondidas en lugar seguro. Tras la llegada de los aliados, Zolli volvió a su puesto de gran rabino, y en julio de 1944 celebró en la sinagoga una solemne ceremonia, que fue transmitida por radio, para expresar públicamente el reconocimiento de los judíos al Sumo Pontífice, además de al presidente de Estados Unidos, por la ayuda prestada a la comunidad judía durante la ocupación nazi. El 25 de julio pidió y obtuvo una audiencia con Pío XII para agradecerle oficialmente todo cuanto él, personalmente y por medio de los católicos romanos, había hecho a favor de los judíos, abriéndoles conventos y monasterios, dispensando de la ley canónica de la clausura papal a muchos monasterios femeninos, para que los judíos pudieran ser acogidos y librados del furor de los nazis. Tras haber compartido con sus hermanos de raza los sufrimientos de la persecución, a finales de julio de 1944 Zolli escribió al presidente de la comunidad judía presentando su dimisión como gran rabino. La petición llegó de manera inesperada y causó gran extrañeza. El presidente de la comunidad tomó nota con disgusto de la dimisión, pero pidió a Zolli que aceptase el cargo de director del Colegio Rabínico, puesto que “no dudaba en afirmar que en la comunidad judía no había una persona más competente y preparada para tan delicado oficio y, a la vez, tan estimada y apreciada por su honestidad y doctrina”. La carta del presidente de la comunidad concluía diciendo que, si el motivo del rechazo era de naturaleza económica, estaba dispuesto a tratar el asunto del mejor modo, con tal de que aceptase la invitación. De manera cortés y decidida Zolli rehusó todo cargo. El 15 de agosto de 1944, Zolli manifestó al rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, el jesuita Paolo Dezza, su intención de convertirse al cristianismo. Recuerda el cardenal Dezza, ya con noventa y siete años de edad, que Zolli se presentó con gran humildad y sinceridad diciendo: “Padre, mi petición de bautismo no es un do ut des. Pido el agua del bautismo y nada más. Soy pobre, los nazis me lo han quitado todo; no importa, viviré pobre, moriré pobre, tengo confianza en la Providencia”. El 13 de febrero de 1945, en la capilla contigua a la sacristía de Santa María de los Ángeles, con la presencia de unas quince personas, Zolli fue bautizado por su excelencia monseñor Traglia, vicegerente de la diócesis de Roma. Israele Zolli tomó el nombre de Eugenio, en reconocimiento a Pío XII, que tanto se había prodigado a favor de los judíos, y su mujer añadió a su nombre de Emma el de María.
El cardenal Dezza cuenta que “el nombre de Zolli fue incluso borrado de la lista de los rabinos de Roma, el semanal judío salió rayado de luto y la familia fue objeto de llamadas telefónicas cargadas de insultos”. Hospedado en la Gregoriana, Zolli recibió numerosas visitas de amigos y enemigos. Vinieron algunos judíos americanos a convencerlo para que volviera al judaísmo, ofreciéndole la suma que él quisiera, pero Zolli permaneció firme en su propósito. A quien le acusaba de traición, Zolli respondía: “No he renegado de nada; tengo la conciencia tranquila. El Dios de Jesucristo, de Pablo, ¿no es acaso el mismo Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Pablo es un convertido. ¿Acaso abandonó al Dios de Israel? ¿Dejó de amar a Israel? Sólo pensarlo es absurdo”.


Referencia:Los judíos, Pío XII y la Leyenda Negra (Antonio Gaspari)

viernes, 19 de noviembre de 2021

Los nazis y los soviéticos utilizaron exactamente los mismos métodos


Los nazis y los soviéticos utilizaron exactamente los mismos métodos para deportar a ingentes cantidades de personas; unos pocos minutos para empaquetar algunas cosas necesarias, antes de enviarles en vagones de ganado hacia un destino desconocido. Hasta junio de 1941, fecha en la que ellos mismos fueron invadidos, los soviéticos deportaron a 1.250.000 ciudadanos polacos, incluidos unas decenas de miles de judíos, al interior de Rusia. Los deportados salían de Polonia encerrados en trenes de mercancías de sesenta vagones, que iban dejando un rastro de cadáveres congelados a su paso, mientras recorrían aquellas inmensas distancias. La mitad de los deportados polacos murieron durante su viaje por las estepas rusas. Durante el mismo periodo, los alemanes deportaron a alrededor de cuatrocientos mil polacos al Gobierno General desde los territorios incorporados. A este respecto, puede que en aquella época el récord soviético fuera aún peor, aunque poco tiene de ser una competición. Ambos regímenes totalitarios desplegaron a sus respectivas policías secretas, la NKVD y las SS, que utilizaban los mismos métodos de interrogatorio y tortura, y no solo mataban a los integrantes de las élites polacas sino también a cualquiera que se resistiera a ellos o expresara vehementes opiniones patrióticas.



Está probado que la NKVD entregó a la Gestapo a comunistas alemanes que habían huido a Moscú, así como a 43.000 prisioneros de guerra polacos que habían residido en la Polonia occidental de la preguerra.Las cárceles (Kozelsk, Ostashkov y Starobelsk) albergaban un total de 15.570 hombres, incluidos oficiales del ejército, policía y guardas de prisión, estudiantes y boyscouts. Aquellos que bajo interrogatorio manifestaban un patriotismo irreductible constituían la mayoría de los 14.700 prisioneros de guerra y reclusos a los que Beria dio orden de ejecutar, con el refrendo de Stalin y el Politburó.


Fuente: “Combate moral” del historiador británico Michael Burleigh



viernes, 27 de diciembre de 2019

Ideas antisemitas adoptadas por los nazis

Wagner y Cosima
En la década de 1870, demagogos y escritorzuelos de clase media baja en busca de un chivo expiatorio para sus dificultades económicas recurrieron a los judíos como una minoría no religiosa sino racial, y empezaron a abogar por su exclusión total. El propio Wagner había sido antisemita cultural a principios de la década de 1850, afirmando en un libro suyo, El judaísmo en la música, que “el espíritu judío” era contrario a la profundidad musical.Pero hacia el final de su vida, sus ideas adquirieron un tono cada vez más racista bajo la influencia de su segunda esposa, Cosima, hija del compositor Franz Liszt. A finales de la década de 1870, Cosima reseñaba en su diario que Wagner, cuya visión de la civilización era por entonces claramente pesimista, había leído el folleto antisemita de Wilhelm Marr de 1873 y estaba muy de acuerdo con él. Como consecuencia de este cambio de posición, Wagner no era ya partidario de una asimilación de los judíos en la sociedad alemana, sino de su exclusión de ella.

 Chamberlain
La obra de Houston Stewart Chamberlain (1855- 1927) impresionó a muchos lectores porque recurría a la ciencia para respaldar sus argumentos.Chamberlain fundió antisemitismo y racismo con darwinismo social. El científico inglés Charles Darwin había dicho que los reinos animal y vegetal estaban sometidos a una ley de selección natural en la que sobrevivía el  apto y el más débil o peor adaptado perecía, lo que garantizaba la mejora de las especies. Los darwinistas sociales aplicaban también este modelo a la especie humana. Aquí estaban ya reunidas, por tanto, algunas de las ideas clave que adoptarían más tarde los nazis.

¿Que habría sucedido si alguien viajase en el tiempo desde 1945, llegase a la Europa poco antes de la Primera Guerra Mundial y le dijese a un contemporáneo que treinta años después una nación europea pondría en marcha un programa sistemático para matar a todos los judíos del continente y exterminaría a casi seis millones.? Si el viajero invitase al contemporáneo a adivinar qué nación sería ésa, hubiese señalado Francia, donde el caso Dreyfus había provocado recientemente un virulento estallido de antisemitismo, o Rusia, donde las Centurias Negras zaristas se habían entregado a numerosas matanzas de judíos a raíz de la fallida revolución de 1905.*

*Fuente:La llegada del Tercer Reich de Richard J. Evans

sábado, 23 de noviembre de 2019

El pacífico ama la paz, pero está dispuesto a ir a la guerra para preservar su libertad


El pacífico ama la paz, pero está dispuesto a ir a la guerra para preservar su libertad y su dignidad. El pacifista ama la paz por encima de todas las cosas y se muestra dispuesto a todo para evitar la guerra.

Los nazis disparan sobre Dollfuss, que cae herido de muerte
“En 1934, el canciller Dollfuss, católico, conservador y patriota austríaco, es odiado por Hitler por católico, por conservador y por patriota austríaco. Por eso lo asesinan los nazis. Sin embargo, como se enfrentó a las milicias marxistas, se califica a Dollfuss de fascista de la misma manera que a Hitler; el fascismo de los antifascistas es una mentira semántica. En realidad, la experiencia italiana del fascismo no habría tenido más consecuencias que cualquier dictadura de América latina si dos temibles ideologías, el nazismo y el comunismo, no hubiesen sacado partido de ella, y si no hubiera tenido lugar en una de las más antiguas naciones de Europa”, escribe el escritor y periodista francés Jean Sévillia.


martes, 5 de septiembre de 2017

El Rompehielos de la Revolución.

Víktor Suvórov
El exmilitar soviético desertor convertido en escritor de temas históricos de la Segunda Guerra Mundial y de la Unión Soviética Víktor Suvórov (Barabash, 20 de abril de 1947) afirma que los comunistas soviéticos culparon a todas las naciones del mundo de desatar la Segunda Guerra Mundial solo para ocultar su propio papel de causantes del conflicto. Recordemos que, tras la Primera Guerra Mundial, Alemania había perdido el derecho a tener un fuerte ejército y armamento de ataque, incluidos los carros de combate, artillería pesada y bombarderos. A los dirigentes alemanes se les había prohibido organizar en su territorio preparativos para ofensivas militares. Ellos no infringían dichas prohibiciones y no utilizaban sus polígonos para preparar las ofensivas, sino que lo hacían en el territorio de la Unión Soviética. Stalin proporcionó a los dirigentes de Alemania todo aquello que no tenían derecho a poseer, tanques, artillería pesada, aviones de ataque a tierra. Stalin les facilitó aularios, polígonos de entrenamiento y campos de tiro. Stalin les dio acceso a las fábricas de tanques soviéticas, las más potentes del mundo.

Pero la restauración del potencial bélico y de la industria
Stalin.
militar alemana solo era parte del asunto. Ni siquiera los ejércitos más agresivos empiezan guerras por su propia voluntad. Es necesario un líder, fanático y alocado, dispuesto a iniciar una guerra. Y Stalin hizo todo lo posible para que Alemania acabase gobernada por semejante figura, dice Suvórov. A los nazis, recién llegados al poder, Stalin los estuvo empujando hacia la guerra con mucho tesón e insistencia. La cúspide de sus esfuerzos fue el Pacto Ribbentrop-Mólotov. Con este pacto Stalin garantizó a Hitler libertad de actuación en Europa y, prácticamente, hizo posible que la Segunda Guerra Mundial por fin estallara. Mucho antes de que Hitler llegara al poder, los líderes soviéticos lo habían bautizado en secreto con el título de Rompehielos de la Revolución. Es un apodo preciso y significativo. Stalin comprendía que Europa sería vulnerable solo en caso de guerra y que el Rompehielos de la Revolución era capaz de hacer a Europa vulnerable.El Rompehielos de la Revolución cometió impensables crímenes contra la humanidad, y esas acciones suyas autorizaron a Stalin a proclamarse en cualquier momento como liberador de Europa y a sustituir los campos de concentración pardos por los de color rojo. Stalin entendía que la guerra no la iba a ganar el que la empezara, sino el que entrara en ella el último, y cedió amablemente a Hitler el derecho a desencadenarla.

martes, 30 de mayo de 2017

No podemos entender los que pasa porque no tiene sentido lo que ocurre.

no tiene sentido lo que ocurre 
A veces no podemos entender los que pasa porque no tiene sentido lo que ocurre. Cuenta el profesor Tony Judt que mucha gente se tranquilizó pensando que el Holocausto no podía estar sucediendo, simplemente porque no tenía sentido. No es que no tuviera sentido para los judíos, eso era obvio. Es que no tenía sentido para los alemanes tampoco. Dado que lo que querían era ganar la guerra, lo lógico era pensar que los nazis explotaban a los judíos, no que los mataban, con el coste que eso suponía.

domingo, 23 de abril de 2017

Hitler se negó a asistir a una iglesia católica.

Iglesia de guarnición de Potsdam
Hitler quiso celebrar una ceremonia en la iglesia de la guarnición de Potsdam, sede simbólica de la monarquía prusiana, el 21 de marzo de 1933, aniversario del día en que se había reunido el Reichstag inaugural después de que Bismarck fundase el Segundo Reich. La compleja ceremonia la planeó hasta el último detalle Goebbels como una demostración propagandística de la unidad del viejo Reich con el nuevo. 

Allí estaba la Iglesia protestante, reafirmando implícitamente
su supremacía junto con la del Ejército y el trono. Allí estaba la restauración de la vieja Alemania, borrando de la historia la mancha del recuerdo de la República de Weimar. En otro rasgo simbólico más, Hitler se negó, por su parte, a asistir a un servicio religioso en la iglesia parroquial católica de Potsdam, debido a que los sacerdotes católicos, críticos con lo que consideraban actitudes impías de los nazis, habían prohibido la administración de los sacramentos a algunos personajes destacados del partido, manifiesta el historiador Richard Evans.

viernes, 30 de septiembre de 2016

El Reich bismarckíano

Bismarck 
Bismarck es el responsable de definir la política como el arte de lo posible. Él insistió siempre en que su técnica era calcular la dirección que iban a seguir los acontecimientos y luego aprovecharse de ellos para sus propios fines.

Antes de que se iniciase el siglo, la Europa central llevaba más de un milenio fragmentada en Estados autónomos,escribe Richard Evans, algunos de ellos poderosos y bien organizados, como Sajonia y Baviera, otros, ciudades libres de tamaño pequeño o medio, o diminutos principados y señoríos que consistían en poco más que un castillo y una finca de tamaño modesto. Y todas esas entidades estaban agrupadas en el llamado Sacro Reich Romano de la Nación Alemana, fundado por Carlomagno en el 800 y disuelto por Napoleón en 1806. Ése fue el famoso “Reich de los mil años” que acabarían intentando emular los nazis. En la época en que se hundió bajo el peso de las invasiones napoleónicas, se hallaba en una condición calamitosa; las tentativas de establecer un grado significativo de autoridad central habían fracasado y Estados miembros poderosos y ambiciosos, como Austria y Prusia, habían tendido cada vez más a hacer sentir su peso en torno suyo como si el Reich no existiese.
Sedan, 1870

Según Richard Evans, la mayoría de los liberales prusianos, dándose cuenta de que la creación de un Estado nacional estaba justo a la vuelta de la esquina, perdonaron a Bismarck su política  de recaudar impuestos y financiar al Ejército sin aprobación del Parlamento. Le vitorearon cuando organizó otra guerra, contra los franceses, quienes temían acertadamente que la creación de una Alemania unida significase el fin del predominio del que habían gozado durante los quince años anteriores en la política de poder europea. Al aplastamiento de los ejércitos franceses en Sedán y en otros lugares siguió la proclamación de un nuevo Imperio alemán, en el Salón de los Espejos del antiguo palacio real francés de Versalles. Construido por Luis XIV, el Rey Sol, en la cúspide de su poder casi doscientos años antes, el palacio se convirtió entonces en un símbolo humillante de la derrota y la impotencia francesas. Fue éste un momento clave de la moderna historia alemana y en realidad europea.

Bismarck 
Karl Marx describió, sin exagerar demasiado, el Reich bismarckíano, en una frase enrevesada que captaba muchas de sus contradicciones internas, como un “despotismo construido burocráticamente, ataviado con formas parlamentarias, mezclado con un elemento de feudalismo pero influido ya, al mismo tiempo, por la burguesía”.

El militarismo del Estado y de la sociedad habría de tener una influencia notoria en el fracaso de la democracia alemana en la década de 1920 y en la llegada del Tercer Reich.