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martes, 25 de noviembre de 2025

El totalitarismo concibe la lucha política como una despiadada guerra de aniquilamiento


En las palabras de Trotski y de Goebbels encontramos el rasgo diacrítico esencial del totalitarismo; el deseo de producir un cambio totius substantiae de la realidad. Lo cual convierte al totalitarismo en una revolución permanente animada por una hybris cuyo radicalismo es tal que puede definirse como satánica. En efecto, es propio del diablo querer imitar a Dios. Mas para ocupar el lugar de Dios como (re)creador del mundo es preciso “destruir todo lo que existe a fin de poder disponer de la página en blanco”, según la imagen de Mao, para escribir una historia totalmente distinta de la historia pasada. De ahí que el totalitarismo, dice Luciano Pellicani, conciba la lucha política como una despiadada guerra de aniquilamiento que debe afectar a toda la vida social, instituciones, valores, ideas, costumbres, sentimientos, etc. Nada del viejo mundo, corrompido y corruptor, debe quedar en pie, tal es la condición previa de la construcción del mundo nuevo y del hombre nuevo. De ahí el radical nihilismo del totalitarismo. Un nihilismo proclamado claramente por los fundadores del bolchevismo y el nazismo que precipitaron a Europa en el torbellino de la que justamente ha sido descrita como una “guerra civil ideológica”.
En un artículo publicado en vísperas del Gran Salto, Mao dijo estar seguro de que 600 millones de chinos “puros pero inmaculados” constituían una excelente base de partida para la transformación revolucionaria de la sociedad, ya que “sobre una hoja de papel limpio no hay manchas y así pueden escribirse las palabras más bellas y más nuevas, se pueden pintar las imágenes más bellas y nuevas”. 

viernes, 15 de julio de 2022

Los griegos sabían que es probable que la democracia sucumba ante una versión corrupta de sí misma

Los griegos sabían que no es probable que la democracia sucumba a los encantos del totalitarismo, el autoritarismo o la oligarquía; es mucho más probable que lo haga ante una versión corrupta de sí misma.

Goebbels

Que una democracia, y especialmente una democracia armada, es muy fácil de conducir a la guerra, siempre que se le cuenten unas historias compatibles con la imagen que tiene de sí misma. No se le puede decir que vamos a emprender una guerra de conquista. Esto va en contra de su capacidad de auto-convencerse de que lo que hace es correcto. Pero si se le dice que de lo que se trata es de hacer por otros lo que en su día ella afortunadamente hizo para ella misma, es decir, protegerse contra sociedades autoritarias que quieren destruir esos mismos valores que la hacen democrática, entonces se moviliza rápidamente en pos de objetivos que no son democráticos, como por ejemplo una guerra agresiva e ilegal. Si una democracia puede hacer eso, no quedan muchas cosas que la distingan, decía Goebbels, de una dictadura, salvo su propia versión auto justificativa de la libertad. Esta última mantiene su valor, pero no constituye una defensa muy fuerte.

sábado, 16 de noviembre de 2019

¿Por que no podía parar la guerra el estado nacionalsocialista?



Por grandes que fueran el botín de guerra y los territorios conquistados, los resultados económicos siempre quedaban por debajo de las esperanzas. Por eso es por lo que el Estado nacionalsocialista no podía contentarse con mantener y consolidar internamente sus conquistas durante la Segunda Guerra Mundial. Una política financiera que funcionaba según el procedimiento fraudulento de la “bola de nieve”, hizo a los políticos nacionalsocialistas estructuralmente incapaces de buscar un acuerdo de paz. Tenían que seguir impulsando la expansión, ya que la mínima interrupción habría significado el fin inmediato de su régimen. No podían permitirse una pausa, ni siquiera en el caso de una victoria. Tal victoria habría obligado a la nación alemana a responder por sí misma a las deudas acumuladas por la creación de empleo y el rearme, las obras públicas faraónicas y la expansión territorial, escribe el historiador alemán Götz Aly.


Teniendo en cuenta esas circunstancias políticas, la guerra no sólo era la vía más cómoda, sino que era la única dirección en que podía encaminarse el gobierno alemán. Después de que Churchill hubiera bloqueado el proyecto de Reich colonial en África central, no quedaba otra opción que la agresión contra la Unión Soviética. Unos días antes del comienzo de aquella campaña de pillaje, Goebbels anotó, a propósito de la relación entre el pueblo, los crímenes y los dirigentes: “El Führer ha dicho que tenemos que vencer, sea justo o no. Es el único medio, y es justo, moral y necesario. Y cuando hayamos vencido, nadie nos pedirá cuentas. Hemos ido tan lejos que estamos obligados a vencer, ya que en caso contrario nuestro pueblo, y nosotros a su cabeza, desapareceríamos, con todo lo que nos es tan preciado. Así pues, ¡Adelante!”. Desde el invierno de 1941-1942, cuenta, Götz Aly, los responsables políticos consiguieron dar a la mayoría de los Volksgenossen la sensación de que todos los puentes estaban cortados. Cualquiera que fuera su posición sobre tal o cual medida, juzgaban cada vez más imposible deshacer el camino andado. Esto explica que tantas personas prefirieran en 1944-1945 el naufragio voluntario activo a la capitulación.

domingo, 23 de abril de 2017

Hitler se negó a asistir a una iglesia católica.

Iglesia de guarnición de Potsdam
Hitler quiso celebrar una ceremonia en la iglesia de la guarnición de Potsdam, sede simbólica de la monarquía prusiana, el 21 de marzo de 1933, aniversario del día en que se había reunido el Reichstag inaugural después de que Bismarck fundase el Segundo Reich. La compleja ceremonia la planeó hasta el último detalle Goebbels como una demostración propagandística de la unidad del viejo Reich con el nuevo. 

Allí estaba la Iglesia protestante, reafirmando implícitamente
su supremacía junto con la del Ejército y el trono. Allí estaba la restauración de la vieja Alemania, borrando de la historia la mancha del recuerdo de la República de Weimar. En otro rasgo simbólico más, Hitler se negó, por su parte, a asistir a un servicio religioso en la iglesia parroquial católica de Potsdam, debido a que los sacerdotes católicos, críticos con lo que consideraban actitudes impías de los nazis, habían prohibido la administración de los sacramentos a algunos personajes destacados del partido, manifiesta el historiador Richard Evans.