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lunes, 30 de marzo de 2026

El nihilismo de las élites europeas empuja a los inmigrantes a los brazos de los islamistas


Rémi Brague (profesor emérito de Filosofía Medieval en la Sorbona de París y de Historia del Cristianismo Europeo en la Ludwig-Maximilians-Universität München, además de director del centro de investigación "Tradición del Pensamiento Clásico" de la Sorbona. Autoridad internacional de la cultura musulmana de todos los tiempos) cuenta que “un hecho capital hoy es la inmigración masiva de poblaciones procedentes de países islámicos. Estas personas tienen relaciones matizadas con el islam, que ha dominado sus respectivos países; desde la adhesión entusiasta a la indiferencia, incluso a la apostasía, pasando por el respeto a las tradiciones “culturales” o la habituación a ellas.”
“Pero los principios de esta religión se han mantenido estables, mayoritariamente, desde el siglo IX. Adicionalmente, hay imanes o líderes religiosos por todas partes del mundo para recordar que la sharia, dictada por un Dios eterno y omnisciente, no ha perdido en nada su actualidad. El islam es más virulento en Europa que en los países musulmanes, porque funciona como principio de identidad grupal y, para algunos, como programa de venganza después de la colonización.”

“El ascenso del islam y la decadencia intelectual y espiritual de Europa que se expresa en la frase "a quienes Júpiter quiere destruir, primero los enloquece. En definitiva, el nihilismo teórico y práctico de las élites europeas empuja a los inmigrantes a los brazos de los islamistas.”
“Nuestras élites les proporcionan, sin saberlo, argumentos poderosos haciendo leyes “sociales” que vuelven obligatorias mentiras desvergonzadas, negaciones descaradas de la realidad como que un embrión no es más que un conjunto de células, un hombre puede estar embarazado, etc. Nada como esto para empujar a los musulmanes a construir alrededor de ellos una especie de cordón sanitario destinado a protegerlos del contagio. O, si quiere otra imagen, abordar una canoa mientras nuestro transatlántico se hunde. Más trágico y paradójico, si la orquesta a bordo toca: Más cerca de Ti, ¡Dios mío!”


lunes, 2 de febrero de 2026

Destruimos Europa porque quedamos fascinados por una ciencia pervertida

Karl Polanyi
La palabra nihilismo puede tener distintos significados. En un sentido filosófico estricto denota la negación de la existencia real, el mundo se funda en el caos, el sinsentido y el vacío. En un sentido moral y político, el nihilismo se refiere a una mentalidad que no se limita a rechazar todas las normas y valores como falsos y sin fundamento, sino que pretende destruir su papel e influencia en la sociedad. En contraste con el escepticismo y el epicureísmo antiguos, que aconsejaban una aceptación serena de lo que nos rodea, el nihilismo moral y político provoca una inclinación a mostrarse airados y resueltos a aniquilar. Así, el surrealista francés de principios del siglo XX, André Breton describió su movimiento (que se hace eco del radicalismo ruso del siglo anterior) del modo siguiente: “Estábamos poseídos por una voluntad de subversión total”.
En opinión de Karl Polanyi (Viena, 25 de octubre de 1886- Pickering, 23 de abril de 1964), destruimos Europa porque quedamos fascinados por una ciencia pervertida. Su poder crítico alimentó nuestra indignación, arrastrándonos hacia el nihilismo moral y político. Nos engañamos a nosotros mismos imaginando una ciencia salvadora (el comunismo) o una misión purificadora (el nazismo y otros movimientos). La esperanza se transmutó en creencia en una necesidad redentora inmune al examen crítico, la Historia, el Pueblo, la Sangre, la Voluntad. Pero no puede haber ciencia salvadora. Ni tampoco hay misiones purificadoras. Los hombres pecadores sólo pueden ser sujetados por la disciplina moral. La sociedad sólo puede gobernarse humanamente mediante juicios morales sopesados. Al haber aniquilado el pasado, que es el manantial de la sabiduría, Occidente no sólo perdió sus defensas contra los bárbaros internos. Peor aún, generó nuevos y tremendamente destructivos bárbaros, “bohemios armados”, como los llama Polanyi. Armados de indignación moral e imbuidos de una urgencia que no tolera restricciones morales, provocaron cataclismos y desastres.

martes, 25 de noviembre de 2025

El totalitarismo concibe la lucha política como una despiadada guerra de aniquilamiento


En las palabras de Trotski y de Goebbels encontramos el rasgo diacrítico esencial del totalitarismo; el deseo de producir un cambio totius substantiae de la realidad. Lo cual convierte al totalitarismo en una revolución permanente animada por una hybris cuyo radicalismo es tal que puede definirse como satánica. En efecto, es propio del diablo querer imitar a Dios. Mas para ocupar el lugar de Dios como (re)creador del mundo es preciso “destruir todo lo que existe a fin de poder disponer de la página en blanco”, según la imagen de Mao, para escribir una historia totalmente distinta de la historia pasada. De ahí que el totalitarismo, dice Luciano Pellicani, conciba la lucha política como una despiadada guerra de aniquilamiento que debe afectar a toda la vida social, instituciones, valores, ideas, costumbres, sentimientos, etc. Nada del viejo mundo, corrompido y corruptor, debe quedar en pie, tal es la condición previa de la construcción del mundo nuevo y del hombre nuevo. De ahí el radical nihilismo del totalitarismo. Un nihilismo proclamado claramente por los fundadores del bolchevismo y el nazismo que precipitaron a Europa en el torbellino de la que justamente ha sido descrita como una “guerra civil ideológica”.
En un artículo publicado en vísperas del Gran Salto, Mao dijo estar seguro de que 600 millones de chinos “puros pero inmaculados” constituían una excelente base de partida para la transformación revolucionaria de la sociedad, ya que “sobre una hoja de papel limpio no hay manchas y así pueden escribirse las palabras más bellas y más nuevas, se pueden pintar las imágenes más bellas y nuevas”. 

jueves, 2 de octubre de 2025

Que uno quiera perderse por otro y que, perdiendo, salga uno ganando

Maxence Van der Meersch
Absorbíase en sus amargas meditaciones,miserable conciencia aterrada ante su propio nihilismo, incapaz de llevar su egoísmo hasta las últimas consecuencias y acusándose de cobardía ante la conciencia de haber perdido hasta la posibilidad de distinguir el bien del mal.
Quien sólo cree en la vida, que equivale a no creer en nada, no tienen casi nunca ocasiones de sonreír.
Lo inexplicable es esto. Que uno quiera perderse por otro y que, perdiendo, salga uno ganando. ¡El amor! ¡Todo el misterio de la existencia! Que uno se avenga a perder y perdiendo gane.
Cuerpos y almas de Maxence Van der Meersch.

martes, 19 de agosto de 2025

Lo que está en juego es la supervivencia de un mundo libre

Mientras en Europa y Estados Unidos se libran guerras culturales internas marcadas por el relativismo, el nihilismo y la ideología woke, otras culturas avanzan con claridad estratégica y cohesión interna. Rusia con su neoimperialismo, China con su capitalismo autoritario, e Irán con su teocracia radical han entendido que el corazón de la lucha está en el alma de las naciones. Hispanoamérica, en su fragilidad institucional y su dependencia económica, se convierte en terreno fértil para estos proyectos.
No es casual que los mismos regímenes que protegen a Hezbolá en el hemisferio sean los que niegan el Holocausto, apoyan abiertamente a Hamás o celebran atentados terroristas como actos de resistencia. No es una lucha por Palestina, sino una lucha contra el Occidente democrático, secular y plural que representa Israel.Quien hoy mira con indiferencia la alianza entre Irán e Hispanoamérica, mañana no entenderá cómo el continente se convirtió en plataforma de ataques, espionaje y desestabilización. No es paranoia. Es geopolítica. Y lo que está en juego es la supervivencia de un mundo libre, escribe Julio Andrés Borges Junyent, político y abogado venezolano.

sábado, 22 de marzo de 2025

Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia

Benedicto XVI recuerda qué Europa no es el islam, qué la constituye (Grecia, Jerusalén, Jesucristo, Roma, Edad Media y algunas contribuciones de la era moderna). Sobre el islam, su punto de vista es que aferrarse a determinadas tradiciones religiosas produce fanatismo político y militar y que la instrumentalización de las energías religiosas en función de la política es algo muy cercano a la traducción islámica.
Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión tanto el derecho como la capacidad de plasmar la Res publica y el futuro común de la humanidad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la religión fue redescubierta como una fuerza inalienable de la vida individual y social, y se puso en evidencia, según Benedicto XVI, que el futuro del ser humano no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. Lo anterior no implica involucrar a la religión en las contiendas políticas y en las discusiones ideológicas. Hay que evitar a su vez que la pérdida de una ideología que antes sustentaba la vida, como el marxismo, desemboque en el nihilismo. El relativismo desarrolla una creciente inclinación al nihilismo.
La acción política bajo el signo del mito del progreso desconoce la libertad del hombre, llamada a decidir en cada generación, y la sustituye por supuestas leyes naturales de la historia. Esta concepción, según Ratzinger, es contraria a la libertad en su punto de partida e implica a la vez un carácter antimoral. La moral se sustituye por la mecánica, y con ello se niega el fundamento auténtico de una política humanamente digna.
Para Europa, el peligro no es la economía, sino el desprecio al ser humano por subordinar la moral a las necesidades del sistema y a las promesas de futuro. La verdadera catástrofe no es de naturaleza monetaria; es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral. El problema del viejo continente, para Ratzinger, tiene que ver con la liquidación de las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo; en segundo lugar, con la supresión de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.
Sobre el futuro de Europa, una de las grandes pegas, para Ratzinger, se halla en la línea política iniciada últimamente por sus dirigentes. Se ha esfumado el entusiasmo inicial, tras la Segunda Guerra Mundial, por el retorno a las grandes constantes de la herencia europea. La unión se lleva a cabo casi exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado en gran medida la cuestión de los fundamentos espirituales de la comunidad. Sin embargo, la verdadera garantía de la libertad y de la grandeza del ser humano es la existencia de valores no manipulables, la preeminencia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales sobre cualquier decisión política.Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia. La tolerancia y el multiculturalismo no presuponen la huida de lo propio. Al contrario, ni siquiera el multiculturalismo y la tolerancia pueden existir sin constantes comunes y sin respeto a lo sagrado.

sábado, 1 de marzo de 2025

Europa ha perdido la fe en sus valores y en la legitimidad para defenderlos

Una Europa secularizada que ha perdido la fe en sus valores y en la legitimidad para defenderlos. Esos valores constituyen nuestra más alta herencia: el acuerdo inusual europeo heredado de la Antigua Grecia y Roma, catalizado por la religión cristiana y refinado por el fuego de la Ilustración. El cristianismo llevó a Europa, dice Douglas Murray, a las más altas cimas de la creatividad humana a construir la basílica de San Pedro, la Catedral de Chartres, el duomo de Florencia. Pero Europa ha perdido el sentido religioso y su historia fundacional. Opina Murray que el europeo contemporáneo está cansado, carece de fuelle existencial. Hemos intentado alcanzar el sol hemos volado demasiado cerca de él y nos hemos precipitado a la tierra señala glosando la idea de la filósofa Chantal Delsol en su libro Ícaro caído. De poco le ha servido a Europa la filosofía, devastada no solamente por la duda, sino por décadas de deconstrucción. Nadie les dice ahora a los europeos: Aquí tienes una herencia del pensamiento, de la cultura, de la filosofía, y de la religión que ha nutrido a la gente durante miles de años y que también puede nutrirte. En lugar de eso, apostilla Murray, se escucha la voz del nihilismo diciendo que la tuya es una existencia sin sentido en un universo que carece de sentido.
Muchos europeos no tienen claro que quieran seguir siéndolo, y que incluso envidien a otras culturas, como la musulmana. Es lo que dijo la ministra sueca de Inmigración, en una mezquita de inmigrantes kurdos. Estos, declaró, poseen una cultura rica y unitaria, mientras que Suecia no tiene otra cosa que banalidades, como el festival de la noche del solsticio de verano. Y Macron dejó bien claro que no existe la cultura francesa. Existe la cultura en Francia, y es una cultura diversa. Basta visitar la tumba de Carlos Martel en Saint Denis, que frenó a los musulmanes en Poitiers (732), y que ahora necesita constante protección anti-terrorista; o pasearse por las calles de alrededor, que se parecen más a las de Argel que a las de París, indica Murray.

sábado, 17 de agosto de 2024

Si Europa no mantuviera una identidad propia dejaría de ser tal

Si Europa no mantuviera una identidad propia dejaría de ser tal, y el mosaico que aúna diferentes culturas sin una unidad precisa estaría destinado a romperse y desmenuzarse en poco tiempo. Téngase en cuenta que la tesis opuesta, la que niega la necesidad de una identidad y considera que Europa debe abrirse a todas las diferencias sin poner limites, es producto de un relativismo que no es más que una máscara del nihilismo. Bajo la proclamación del valor igual de todas las culturas se oculta una anulación de los valores, escribe el filósofo Giovanni Reale.

sábado, 3 de agosto de 2024

Jacques Maritain habla de Rousseau

Jacques Maritain
Jacques Maritain, filósofo francés, escribió que “Rousseau es un temperamento religioso.Tuvo siempre grandes necesidades religiosas, y hay que decir que existían en él, por modo natural, disposiciones religiosas mucho más ricas que en la mayoría de sus contemporáneos (pero ¿qué valen las más hermosas disposiciones religiosas sin vida sobrenatural?). Por eso, su potente virtualidad religiosa ha actuado en el mundo; por muy ocupado que él esté con su exclusivo yo, por muy lunático y perezoso que sea para haber deseado nunca asumir tal función, Rousseau es, esencialmente en realidad, un reformador religioso.He aquí por qué sólo podía adquirir todo su impulso pasando por la Iglesia, para mejor hurtar las palabras de vida. Manipula, corrompiéndolos, el Evangelio y el cristianismo.Percibió grandes verdades cristianas olvidadas por su siglo, y su fuerza fue recordarlas; pero las desnaturalizó. Su signo es ser depravadores de las verdades consagradas. Y es que ellos, venturosos ladrones también, según el glorioso dicho de Lutero, saben desvincularlas de sus votos. Cuando Rousseau reacciona contra la filosofía de las luces; cuando proclama contra el ateísmo y el cinismo de los filósofos la existencia de Dios, del alma, de la Providencia; cuando contra el nihilismo crítico de su vana razón invoca el valor de la Naturaleza y de sus inclinaciones primordiales; cuando hace la apología de la virtud, del candor, del orden familiar, de la abnegación cívica; cuando afirma la dignidad esencial de la conciencia y de la persona humana (afirmación que, sobre el espíritu de Kant, debía tener tan duradera resonancia), todas estas son verdades cristianas enarboladas por Rousseau ante sus contemporáneos. Pero verdades cristianas vacías de substancia, de las que solo existe la brillante superficie, y que caerán destrozadas al primer golpe porque no obtienen ya su ser en la objetividad de la razón y de la fe, ni subsisten sino como expansiones de la subjetividad del apetito. Verdades innatas, desbarrantes, que declaran a la Naturaleza buena bajo todos los aspectos y absolutamente, a la razón incapaz de obtener la verdad y capaz tan solo de corromper al hombre, a la conciencia infalible, y a la persona humana, tan digna y hasta tal punto divina, que no puede lícitamente obedecer sino a sí misma.
Rousseau 
Sobre todo, y he aquí el punto capital, Juan Jacobo ha desnaturalizado el Evangelio, desgajándolo del orden sobrenatural, trasponiendo ciertos aspectos fundamentales del cristianismo al plano de la simple Naturaleza. Una cosa absolutamente esencial al cristianismo es la sobrenaturalidad de la gracia. Cercenada esa sobrenaturalidad, el cristianismo se corrompe. He aquí lo que se da en los orígenes del desorden moderno, una naturización del cristianismo. Es claro que el Evangelio, una vez convertido en cosa puramente natural (y por tanto, absolutamente corrompido), se convierte en fermento de revolución extraordinariamente virulento. Pues la gracia es un orden nuevo añadido al orden natural, que lo perfecciona sin destruirlo por ser ella sobrenatural; si se rechaza este orden de la gracia en tanto que sobrenatural, y se conserva su fantasma imponiéndolo a la realidad, se trastorna el orden natural por un pretendido orden nuevo que aspira a suplantarlo.”

viernes, 28 de junio de 2024

El nihilismo conduce a un suicidio colectivo

Gerhard Müller acusa a la corriente nihilista que ha tomado la sociedad de conducirla a un “suicidio colectivo”. Esta corriente filosófica, de la que bebe la Nueva Era, tiene su máxima en que “Dios ha Muerto”; y esto deriva inevitablemente en la conclusión de que “no hay nada malo en el ser humano y que está permitido todo lo que le plazca”. 
Müller carga contra el historiador israelí Yuval Noah Harari, quien es el mayor exponente del trans y posthumanismo, y que propone al ser humano como centro del universo en su libro “Homo Deus”. La teoría del historiador israelí es el culmen de la antropología nihilista que entiende al ser humano como algo independiente y desvinculado de Dios lo que provoca que “si el hombre deja de ser una criatura a imagen y semejanza del Dios trino, se hunde en las profundidades del nihilismo antropológico”. La consecuencia de poner a la criatura en el trono del Creador no es nada nuevo, ya tentó la serpiente antigua a Adán y Eva con esta idea. Como explica Gerhard Müller, esta corriente “tiene como padre el orgullo de la criatura que quiere llegar a ser como Dios (Gn 3,5) y quiere establecer la diferencia entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso por sí misma”. Müller mencionaba que los frutos podridos de la antropología nihilista “también se muestran en el cuestionamiento del matrimonio entre el hombre y la mujer que se ve como una variante entre cualquier número de posibilidades del disfrute orgiástico de la satisfacción sexual sin la plena entrega en el amor y sin la autotrascendencia a un tercero, a saber, el niño como fruto del amor y el vientre de sus padres”, es decir la teoría Queer, conocida también como ideología de género.

miércoles, 19 de junio de 2024

El imperio digital, que borra la distinción entre lo verdadero y lo falso, se ofrece como guía

Monseñor Argüello,en una entrevista manifiesta cómo “el nihilismo crece” y, “en consecuencia, se hacen muy difíciles los compromisos estables y la vivencia de la fe”. De este modo, “la vida humana queda desarraigada, sin ningún anclaje divino ni verdad absoluta; la norma suprema del comportamiento llega a través del consenso social positivista, y todo queda a merced de los intereses de quienes pueden imponer su voluntad”.

“Los más débiles y pobres quedan excluidos y no son tenidos en cuenta y los jóvenes experimentan un extraño malestar, pero no saben bien por qué”. Y en mitad de “esta incertidumbre, el nuevo imperio digital, que quiere borrar la distinción entre lo verdadero y lo falso, la realidad y la ficción, el bien y el mal, se ofrece como guía que perfila nuestro rostro y calcula nuestras decisiones”….“Todo este proceso de transformación no ocurre solo de manera automática como consecuencia de transformaciones tecnológicas y económicas, sino que es impulsado por un intento deliberado de deconstrucción o desmontaje, en concreto, de la cosmovisión cristiana”, señala monseñor Argüello. “Pareciera que hay un guión bien trazado con calendario y finalidades tremendas, puesto que emerge, teledirigida, una propuestas neopaganas que pretenden construir una sociedad nueva, para lo cual es preciso deconstruir”……“Asistimos a un constructivismo antropológico en las muy extendidas corrientes ideológicas de género y en la aceptación social del aborto y la eutanasia; un constructivismo histórico y también pedagógico, reforzado con el dominio de la escuela”. Y “todo ello ocurre de manera indolora, pues la cultura de masas, basada en emociones y sensaciones, está logrando que este proceso de derribo se viva de manera casi indiferente, más aún como un logro de la libertad”.

domingo, 24 de marzo de 2024

Dios ha muerto, todo está permitido

Nietzsche
Si quiere expresarse simbólicamente el complejo proceso que ha conducido a la crisis que hoy sufren la moral y la visión de la vida, la mejor fórmula es la de Nietzsche: “Dios ha muerto”. Se ha dicho con razón que la persona, que el pensamiento de Nietzsche, tienen también el carácter de un símbolo: “Es por la causa del hombre moderno por lo que se lucha aquí, de este hombre que no tiene ya raíces en el suelo sagrado de la tradición, que oscila entre las cimas de la civilización y los abismos de la barbarie, que está a la búsqueda de sí mismo, es decir, que se esfuerza por encontrar un sentido satisfactorio a una existencia completamente abandonada a sí misma” (R. Reiniger). Friedrich Nietzsche, mejor que cualquier otro, es quien hubo previsto el “nihilismo europeo” como un porvenir y un destino “que se anuncia en todas partes a través de mil signos y de mil presagios”. El “gran acontecimiento oscuramente presentido, la muerte de Dios”, es el principio del hundimiento de los valores. A partir de este momento, la moral, privada de su sanción, “es incapaz de mantenerse” y la interpretación y la justificación que se le habían dado anteriormente a todas las normas o valores, desaparecen. Dostoyevsky había expresado la misma idea diciendo: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
Al haber perdido sus raíces, es decir, el lazo efectivo y original del hombre con el mundo superior, la moral cesa de tener una base invulnerable, la crítica puede destruirla rápidamente. La moral “autónoma”, es decir laica y racional, ya no puede oponer a los impulsos naturales, más que un mandamiento vacío y rígido, un “debes” (simple eco de la antigua ley viva). Y cuando se intenta dar algún contenido concreto al “tú debes” y justificarlo, falta base. No hay ningún punto de apoyo para aquel que no sabe pensar hasta el final. Esto se aplica ya a la ética kantiana…….. Renunciando a encontrar un fundamento intrínseco y absoluto, del “bien” y del “mal”, se propone justificar lo que queda de norma moral por lo que recomiendan al individuo su interés y la búsqueda de su tranquilidad material en la vida social. Pero esta moral está ya impregnada de nihilismo. Como ya no existe ningún lazo interior, todo acto, cualquier comportamiento se vuelven lícitos cuando se puede evitar la sanción exterior, jurídico-social, o cuando uno es indiferente a ella. Ya nada tiene carácter interiormente normativo e imperativo, todo se reduce a amoldarse a los códigos de la sociedad, que reemplazan a la ley religiosa derribada.

Volvamos a Nietzsche. El nihilismo europeo, anunciado por él como un fenómeno general y no esporádico, ataca, además del dominio de la moral en un sentido restringido, el de la verdad, de la visión del mundo.La “muerte de Dios” tiene aquí como efecto quitar todo el sentido a la vida, cualquier justificación trascendente a la existencia.La existencia parece perder todo significado, cualquier meta. Al mismo tiempo todos los imperativos, todos los valores morales, y todos los lazos, también se desmoronan, todos los apoyos.

Referencia:Cabalgar el tigre de Julius Evola

lunes, 26 de febrero de 2024

La aclamación metafísica del individuo autónomo lleva a una vida casi invivible

A partir del escepticismo de Descartes surgió la creencia radical de que el individuo que buscaba la certeza era alguien que se adscribía a un Dios o un rey del cual emana la verdad. Por supuesto que la Ilustración que vino a continuación dio paso al concepto de los derechos humanos y liberó a muchos de la opresión. Sin embargo, como destacan Dreyfus y Kelly, a pesar de todas sus bondades en el ámbito político, en el campo metafísico esta forma de pensar dejó al mundo desprovisto del orden y la sacralidad esenciales para producir sentido. En el mundo posterior a la Ilustración nos impusimos la tarea de identificar qué tiene sentido y qué carece de él, un ejercicio que puede parecer arbitrario e inducir un nihilismo insidioso. La aclamación metafísica del individuo autónomo que propició la Ilustración no solo conduce a una vida aburrida, manifiestan con preocupación Dreyfus y Kelly; lleva de manera prácticamente inevitable a una vida casi invivible, escribe Cal Newport, profesor en la Universidad de Georgetown.

viernes, 8 de diciembre de 2023

Experimentar el mal puede servir para descubrir el bien

El sufrimiento, ya sea psíquico, físico o intelectual, no tiene por qué engendrar nihilismo (es decir, la negación radical de todo valor, significado e interés). El sufrimiento siempre permite diferentes interpretaciones. Fue Nietzsche quien escribió estas palabras. Lo que quería decir es que quienes sufren el mal pueden efectivamente desear perpetuarlo, hacérselo pagar a otros, pero también es posible que experimentar el mal sirva para descubrir el bien.

domingo, 17 de abril de 2022

Si las personas no tienen convicciones ni principios que las sostengan, ¿de qué tolerancia estamos hablando?

José María Aznar

Decía José María Aznar,cuarto presidente del Gobierno de España desde la reinstauración de la democracia, que “si las personas no tienen convicciones ni principios que las sostengan, ¿de qué tolerancia estamos hablando? Se habla mucho de la diferencia y del respeto a la diferencia, pero para que haya diferencia, y para que haya respeto a la diferencia, tiene que haber ideas y valores. Si no existen esas ideas y esas convicciones, pronto acabamos en el nihilismo, que es ese estado en el que no se puede afirmar ni conocer nada porque la realidad no existe, como tampoco existe la posibilidad del conocimiento, ni la posibilidad de convencer a quien no está de acuerdo contigo de que tienes elementos suficientes para afirmar lo que estás diciendo. El nihilismo es un punto en el que es imposible la rectificación, porque como no existe nada real y todo es relativo, no se tiene por qué aceptar que los demás puedan tener razón en un momento determinado. El nihilismo, la ausencia de valores y de creencias, hace imposible el diálogo, el respeto y la tolerancia. Por eso la ausencia de valores, de principios y de convicciones es tan peligrosa”.


viernes, 10 de diciembre de 2021

La desorientación moral que aflige a la juventud ha sido estimulada


Parece que la desorientación moral y el nihilismo fanático que afligen a la juventud moderna han sido estimuladas por las modalidades hoy corrientes de sociología y psicología, con su inclinación a pasar por alto los logros más estimulantes y a concentrarse en torno al triste término medio o aún lo subnormal.Cuando psicólogos,usurpando fraudulentamente la gloria de las ciencias exactas, rehusan estudiar todo excepto las formas más mecánicas de la conducta y luego presentan sus descubrimientos, triviales en su mayoría, como la representación verdadera de la mente humana, inducen a la gente a verse a sí misma y a los demás como autómatas, desprovistos de responsabilidad o dignidad, cosa que difícilmente podría dejar de influir sobre el curso de la vida social. Al interpretar cada manifestación de sentimientos cordiales entre personas del mismo sexo como homosexualidad latente, los psicoanalistas han degradado y poco menos que destruido el concepto de amistad y contribuido enormemente al doloroso aislamiento del hombre moderno, declara el sociólogo Stanislav Andreski.

domingo, 13 de septiembre de 2020

El intento de aniquilar el cristianismo actúa a favor del nihilismo



En un mundo que pierde logos, la reacción en cadena del pólemos (de la guerra, de la violencia, de la agresividad de todos contra todos) gana terreno y se torna incontrolable. En un mundo que ya no cuenta con el audaz y creativo testimonio del humanismo cristológico, el politeísmo de los dioses racistas y corporativos ocupa la escena. El intento de aniquilar el cristianismo actúa sin duda a favor del nihilismo, donde quiera que se produzca. El vaciamiento de la encarnación de Dios hace retroceder la religión y la hominización, inseparablemente.


En el desierto de su abandono, el pueblo se resigna a construirse becerros de oro. Existe ya una adicción. Pero el ídolo siempre es una cosa mental. El ídolo es un símbolo, un exorcismo, incluso una pasión verdadera que se convierte en obsesión de un dios falso.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello



Al comienzo del Macbeth de Shakespeare las brujas pronuncian una sentencia que, al decir de Borges, “de manera bestial o demoníaca trasciende la razón de los hombres” y abre el camino del vasto desorden que llenará esas páginas tremendas: Fair is foul and foul is fair. “Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello”. Shakespeare, de alguna manera, anunciaba con ello el nihilismo que se ha convertido en el alma de esta civilización. Ya todos parecemos querer negar nuestros errores no demostrando nuestra inocencia sino señalando los errores ajenos. Ospina dirá que “ya el hecho de que muchos incurran en una conducta descalifica a los otros para señalarla o censurarla. Sólo en ese sentido se ha impuesto la democracia, en su arbitrariedad estadística. Pero también la estadística se convierte a menudo en un instrumento falaz de manipulaciones y de desinformaciones. Todos los discursos del poder son tramposos, pero sólo los discursos del poder alcanzan efectivamente a las muchedumbres, ya que el progreso consiste en la capacidad de la técnica para permitir la manipulación espiritual de millones de seres humanos”.

viernes, 27 de septiembre de 2019

El anhelo de libertad y de verdad surgirán siempre

Hannah Arendt
La rebelión en los paises comunistas se inició fundamentalmente entre los de la generación más joven. No sólo no funcionaron los sobornos, sino que el auge de las ideologías y movimientos totalitarios siempre había hasta ahora atraído a la intelectualidad, y la experiencia ha mostrado que a nadie puede sobornarse con tanta facilidad y atemorizarse sumisamente hasta el sinsentido, como a los académicos, escritores y artistas. Escribe la filósofa Hannah Arendt que la voz del Este de Europa, hablando con tanta sencillez y llaneza de libertad y verdad, sonó como una última afirmación de que la naturaleza humana es incambiable, de que el nihilismo será vano, de que incluso en ausencia de toda enseñanza y en presencia de un abrumador adoctrinamiento el anhelo de libertad y de verdad surgirán siempre del corazón y de la mente del hombre.

La gente marcha en las calles de Budapest durante el levantamiento húngaro contra el comunismo en 1956
En el informe sobre el problema de Hungría de Naciones Unidas cita las palabras de una joven estudiante: “Aunque pudiéramos carecer de pan y de otros bienes necesarios, queríamos libertad. Los jóvenes en particular nos sentíamos constreñidos porque nos habíamos educado entre mentiras. Continuamente teníamos que mentir. No podíamos tener una idea sana porque todo se nos imponía. Queríamos libertad de pensamiento”. 

domingo, 15 de octubre de 2017

El universo desacralizado en que vivimos.

El universo desacralizado en que vivimos hoy, el que nos describe el periodismo, el que nos vende la publicidad, el que nos ofrece el turismo; ese universo explorado por la ciencia, manipulado por la técnica, transformado por la industria, se va cambiando gradualmente en un reino de escombros donde sobra toda religión, donde sobra toda filosofía, donde sobra toda poesía; un mundo vertiginoso y evanescente donde todo es desechable, incluidos los seres humanos, donde los innumerables significados posibles de toda cosa se reducen a un único significado, su utilidad, dice William Ospina.

Nada.
El triunfo del positivismo y el alcance del nihilismo que lo sigue no son meros errores o caprichos de la historia. La caída de la era cristiana y el desmoronamiento de los valores sobre los cuales se sustentó la humanidad durante siglos; la pérdida de un sentido trascendental de la historia; la “muerte” de una religión, con sus legislaciones y sus éticas, no pueden dejar de precipitar al mundo en una edad de vacío de desconcierto. Así ha enunciado en este siglo T. S. Eliot:  ¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir? ¿Dónde la
TS Eliot 
sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información? Veinte siglos de historia humana. Nos alejan de Dios y nos aproximan al polvo. Y así lo anunciaba Nietzsche en sus gritos de vidente y de solitario: El desierto está creciendo. Desde fines del siglo XIX, la filosofía supo advertirnos que se acercaban tiempos aciagos. “El más incómodo de los huéspedes ya está a las puertas” escribió también Nietzsche. “El nihilismo ya está aquí”.