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lunes, 3 de febrero de 2025

La desestructuración de la familia deja al ser humano sumido en el caos

Decía Goethe que solo podemos dejar a nuestros hijos un legado duradero, raíces y alas. Este regalo antropológicamente imprescindible solo puede ser concedido desde la familia, entendiendo por tal aquella cuya esencia está constituida por la unión amorosa de un hombre y una mujer con pretensión de permanencia en el tiempo. 
La desestructuración de la familia deja al ser humano sumido en el caos, en el no-tiempo, y le vuelve desagradecido con las generaciones pasadas e insolidario con los aún no nacidos. Cualquier otra unión podrá ser muy lógica, pero en ningún caso será genealógica. ¿Quién soy yo? Esta pregunta es el aullido emocional más extendido en la sociedad actual por la ausencia de raíces, por la mutación de los fundamentos antropológicos, por la alteración de los principales códigos simbólicos y el aprendizaje social que nos aportaba la familia y que nos permitía desarrollar una conciencia sólida de las relaciones interpersonales más elementales…..Los que destruyen la familia“no saben lo que hacen,porque no saben lo que deshacen”(Chesterton). Por el bien del ser humano y de la sociedad, es urgente volver al origen, a su esencia más pura, arraigada sobre los cimientos de la civilización occidental que hoy se resquebrajan. La familia no tiene nada de ideal, es imperfecta y muchas veces caótica, pero ha sobrevivido durante siglos porque constituye el entorno más adecuado para la libertad del ser humano, lo que favorece su enorme funcionalidad social, al margen del tiempo, espacio, creencias e ideologías, escribe María Calvo Charro, profesora titular de la Universidad Carlos III. 

lunes, 27 de enero de 2025

El alma europea

El papa Francisco el 28 de abril de 2023 decía en Hungría:“En este momento histórico, Europa es fundamental. Porque ella, gracias a su historia, representa la memoria de la humanidad y, por tanto, está llamada a desempeñar el rol que le corresponde, el de unir a los alejados, acoger a los pueblos en su seno y no dejar que nadie permanezca para siempre como enemigo. Por tanto, es esencial volver a encontrar el alma europea”. Da por sentado que toda la riqueza de Europa como “memoria de la humanidad”, vehículo de “unidad” entre pueblos diferentes, y constructora de paz, ha tenido “un alma” que ha inspirado e impulsado esa grandeza, como todo árbol frondoso debe su esplendor a unas raíces vivas y vigorosas”.
El papa Francisco ofrecía una pista orientadora para la búsqueda del alma perdida, “el espíritu que animó a los llamados “padres de la Unión Europea” en su reconstrucción del Continente, después de la II Guerra Mundial. El “alma europea” estuvo en “el entusiasmo y el sueño de los padres fundadores, estadistas que supieron mirar más allá del propio tiempo, de las fronteras nacionales y las necesidades inmediatas, generando diplomacias capaces de recomponer la unidad, en vez de agrandar las divisiones.” (Discurso, 28-IV-2023). Me permito añadir que estos mimbres, esenciales para la reconstrucción, estaban vitalizados, a su vez, por una savia de valores humanos y radicalmente cristianos, presentes en el espíritu de aquellos padres de la Unión.” Lo mejor de la cultura y sabiduría griega en su concepción del hombre y del sentido ético de su vida; la ordenación de la vida social procedente del derecho romano; y la dimensión máximamente trascendente de la persona, aportada por la fe y vida cristiana. La obra de san Benito contribuyó a que esas instancias no se perdiesen y dieran vida a la formación de lo que hoy llamamos Europa. Vino a hacer de puente entre un mundo que agonizaba y otro que iniciaba su nacimiento y andadura. Y en aquel “hacerse de Europa”, proseguido después a lo largo de siglos, el alma vivificadora de todo ha sido la pacífica unión entre lo humano y lo divino en múltiples ámbitos, la armonía entre razón y fe diríamos hoy, una vez más.
Juan Pablo II, en Compostela, junto a la tumba del apóstol Santiago exclamaba: “Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”. (Discurso, 9-XI-1982)

miércoles, 9 de octubre de 2024

El enfrentamiento Este-Oeste no debe ser sustituido por nacionalismos retrógrados

El canciller Helmut Kohl advertía en la cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE), celebrada en Paris en noviembre de 1990, considerada como el final de la guerra fría, que el enfrentamiento Este-Oeste no debe ser sustituido por “nacionalismos retrógrados” ni por la “emergencia de disputas entre vecinos y nacionalidades”, su consecuencia.
La transición política española no ha sido tan maravillosa como se suele pensar. El peso de lo positivo de la llegada de la democracia formal y de una serie de libertades reales tiene la fuerte contrapartida de tres graves perjuicios: el terrorismo, de origen básicamente nacionalista; las diversas “normalizaciones” lingüísticas, que implican separatismos lingüísticos como consecuencia directa, y como consecuencia indirecta la pérdida de una proporción elevada de la libertad de residencia en el territorio español; y, en tercer lugar y como derivación de lo anterior, la destrucción de las raíces vitales de muchos españoles, al privarles de su lengua, el castellano, y de su patria, España.
Toda sociedad en la que para ser considerado buen ciudadano no baste con ser buena persona, sino que se requiera militar o acatar una determinada ideología, no es una sociedad libre.
La “normalización” lingüística es una anormalidad democrática; en ella los políticos no han estado al servicio de los ciudadanos, sino que han puesto a los ciudadanos al servicio de una política, de la política de los políticos, no de los ciudadanos.

domingo, 30 de junio de 2024

Un buen padre vale más que mil maestros

Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría, manifiesta que “la familia es el primer espacio psicológico donde uno es valorado por estar allí, sin más. Los padres somos los primeros educadores y la clave es doble; la coherencia de vida y entusiasmar con los valores que no pasan de moda. Un buen padre vale más que mil maestros. Y una buena madre es como una universidad doméstica. Educar es dar raíces y alas, amor y rigor”.



domingo, 24 de marzo de 2024

Dios ha muerto, todo está permitido

Nietzsche
Si quiere expresarse simbólicamente el complejo proceso que ha conducido a la crisis que hoy sufren la moral y la visión de la vida, la mejor fórmula es la de Nietzsche: “Dios ha muerto”. Se ha dicho con razón que la persona, que el pensamiento de Nietzsche, tienen también el carácter de un símbolo: “Es por la causa del hombre moderno por lo que se lucha aquí, de este hombre que no tiene ya raíces en el suelo sagrado de la tradición, que oscila entre las cimas de la civilización y los abismos de la barbarie, que está a la búsqueda de sí mismo, es decir, que se esfuerza por encontrar un sentido satisfactorio a una existencia completamente abandonada a sí misma” (R. Reiniger). Friedrich Nietzsche, mejor que cualquier otro, es quien hubo previsto el “nihilismo europeo” como un porvenir y un destino “que se anuncia en todas partes a través de mil signos y de mil presagios”. El “gran acontecimiento oscuramente presentido, la muerte de Dios”, es el principio del hundimiento de los valores. A partir de este momento, la moral, privada de su sanción, “es incapaz de mantenerse” y la interpretación y la justificación que se le habían dado anteriormente a todas las normas o valores, desaparecen. Dostoyevsky había expresado la misma idea diciendo: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
Al haber perdido sus raíces, es decir, el lazo efectivo y original del hombre con el mundo superior, la moral cesa de tener una base invulnerable, la crítica puede destruirla rápidamente. La moral “autónoma”, es decir laica y racional, ya no puede oponer a los impulsos naturales, más que un mandamiento vacío y rígido, un “debes” (simple eco de la antigua ley viva). Y cuando se intenta dar algún contenido concreto al “tú debes” y justificarlo, falta base. No hay ningún punto de apoyo para aquel que no sabe pensar hasta el final. Esto se aplica ya a la ética kantiana…….. Renunciando a encontrar un fundamento intrínseco y absoluto, del “bien” y del “mal”, se propone justificar lo que queda de norma moral por lo que recomiendan al individuo su interés y la búsqueda de su tranquilidad material en la vida social. Pero esta moral está ya impregnada de nihilismo. Como ya no existe ningún lazo interior, todo acto, cualquier comportamiento se vuelven lícitos cuando se puede evitar la sanción exterior, jurídico-social, o cuando uno es indiferente a ella. Ya nada tiene carácter interiormente normativo e imperativo, todo se reduce a amoldarse a los códigos de la sociedad, que reemplazan a la ley religiosa derribada.

Volvamos a Nietzsche. El nihilismo europeo, anunciado por él como un fenómeno general y no esporádico, ataca, además del dominio de la moral en un sentido restringido, el de la verdad, de la visión del mundo.La “muerte de Dios” tiene aquí como efecto quitar todo el sentido a la vida, cualquier justificación trascendente a la existencia.La existencia parece perder todo significado, cualquier meta. Al mismo tiempo todos los imperativos, todos los valores morales, y todos los lazos, también se desmoronan, todos los apoyos.

Referencia:Cabalgar el tigre de Julius Evola

martes, 25 de abril de 2023

El silencio es una enfermedad mortal

Existen dos tipos de silencio; el silencio con uno mismo y el silencio con los demás. El silencio con uno mismo está dominado por la violenta antipatía que nos invade hacia nuestro propio ser por el desprecio hacia nuestra alma, tan vil que no merece que se le diga nada. El medio más difundo para librarse del silencio es hacerse psicoanalizar.Hablar incesantemente de si mismo a una persona que escucha, a la que se le paga para escuchar, desnudar las raíces del propio silencio, si, esto quizá puede proporcionar un alivio momentáneo. Volvemos a encintarnos con el silencio en cuanto traspasamos la puerta de la habitación donde esa persona, a la que pagamos para escuchar, escuchaba. Entonces ese alivio de una hora nos parece superficial y banal.Las cosas que nos dicen aquellos a quienes recurrimos para que nos psicoanalicen no sirven porque no tienen en cuenta nuestra responsabilidad moral, la única elección que se le permite a nuestra vida.Este vicio del silencio que envenena nuestra época queda expresado con un lugar común, “se ha perdido el gusto por la conversación.” Lo que de verdad nos falta es la posibilidad de una relación libre y normal entre los hombres, eso si nos falta, y nos falta hasta tal punto que algunos de nosotros se han matado por la conciencia de esta privación. El silencio cosecha sus víctimas día tras día. El silencio es una enfermedad mortal.El silencio puede alcanzar una forma de infelicidad cerrada, monstruosa, diabólica; puede ajar los días de la juventud, hacer amargo el pan. Puede llevar, como se ha dicho, a la muerte.

martes, 11 de abril de 2023

Un mundo que se expresa en español, un mundo en español

José María Aznar, presidente del Gobierno de España desde 1996 a 2004, manifiesta que el fenómeno nuevo es la emigración hispana a Estados Unidos, su enorme relevancia, su vitalidad y el hecho de que se vayan integrando en la sociedad norteamericana sin perder su propia cultura y su propio idioma. Todo eso va configurando un mundo que no es sólo español, pero que se expresa en español, un mundo en español. Y cuando ese mundo se vuelva a contemplar sus raíces, esas raíces sonarán en español. España no puede dejar de estar ahí.

sábado, 9 de octubre de 2021

Los amores naturales que se convierten en dioses dejan de ser amores


C. S. Lewis escribe en Los cuatro amores que “podemos dar a nuestros amores humanos la adhesión incondicional que solamente a Dios debemos, podemos convertirlos en dioses, en demonios. De este modo se destruirán a sí mismos y nos destruirán a nosotros; porque los amores naturales que se convierten en dioses dejan de ser amores. Continuamos llamándoles así, pero de hecho pueden llegar a ser complicadas formas de odio. Nuestros amores-necesidad pueden ser voraces y exigentes; pero no se presentan como dioses; no están tan cerca de Dios por su semejanza como para pretenderlo siquiera. De lo dicho se desprende que no debemos imitar ni a los que idolatran el amor humano ni a los que lo ridiculizan. Esta idolatría, tanto la del amor erótico como la de los afectos domésticos, fue el gran error de la literatura del XIX. Browning, Kingsley y Patmore hablan a veces como si creyeran que enamorarse fuera lo mismo que santificarse; los novelistas contraponen el mundo no con el Reino de los Cielos sino con el hogar. Ahora estamos viviendo una reacción en contra de eso. Los que ridiculizan el amor humano califican de sensiblería y de sentimentalismo casi todo lo que sus padres decían en elogio del amor; están siempre escarbando y poniendo al descubierto las raíces sucias de nuestros amores naturales. Pero pienso que no debemos escuchar ni al supersabio ni al supertonto. Lo más alto no puede sostenerse sin lo más bajo. Una planta tiene que tener raíces abajo y luz del sol arriba, y las raíces no pueden dejar de estar sucias. Por otro lado, gran parte de esa suciedad no es más que tierra limpia, siempre que se la deje en el jardín y no se esparza sobre la mesa del despacho. Los amores humanos no pueden sin más ser gloriosas imágenes del amor divino. Son, ni más ni menos, cercanos por semejanza, que en ocasiones pueden ayudar y en otras dificultar la cercanía de aproximación”. 

martes, 16 de marzo de 2021

Para destruir a un pueblo, primero debes cortar sus raíces


"A las raíces profundas no alcanzan las heladas”, escribe J.R.R. Tolkien,profesor universitario británico y escritor. Basándose en este principio Alexander Solzhenitzyn, escritor, historiador ruso y Premio Nobel de Literatura dirá que "para destruir a un pueblo, primero debes cortar sus raíces”. Joseph de Maistre, teórico político y filósofo saboyano, ampliaría diciendo que "donde quiera que veáis un altar, hay civilización”.


jueves, 28 de noviembre de 2019

Documentos secretos del partido comunista describen cómo funcionan los campos de detención en China



Prevenir fugas de los campos, mantener el secreto sobre lo que sucede, crear un sistema de puntaje para los detenidos. Son solo algunas de las líneas guía que el gobierno chino impone a los propios funcionarios empleados en los campos de detención destinados a los uigures. Lo revelan nuevos documentos secretos apenas obtenidos gracias al compromiso del International Consortium of Investigative Journalists (ICIJ). Desde el punto de vista oficial, para el gobierno chino estos campos no existen, de hecho se trataría de “institutos de formación” creados para “iniciar al trabajo” a los miembros de la etnia. Los uigures, etnia de origen turco que vive en Xinjiang, piden desde hace decenios una mayor autonomía política y económica, pero Beijing los acusa de separatismo y de terrorismo, justificando una política de control militar. En el verano de 2019 surgió un estudio de la BBC que revela que centenares de niños son separados de sus padres en el intento de cancelar sus raíces étnico-religioso.


El documento descubierto por el ICIJ fue redactado en 2017 y está firmado por el entonces vice- secretario del Partido comunistas de la provincia, Zhu Hailun, también jefe de seguridad. Según algunas fuentes, las autoridades habrían encerrado en estos campos a cerca de 1,8 millones de personas, entre uigures y miembros de otras minorías de religión islámica, con la acusación de llevar adelante “una visión religiosa demasiado fuerte” y “políticamente incorrecta”. Según Randall Schriver, jefe de la Oficina asiática en el Departamento de Defensa americano, el número real “se acerca a los 3 millones”.

jueves, 11 de julio de 2019

La primera unidad humana de España es consecuencia de su romanización



La constitución, a fines del siglo XV, de la nación española no coincide este hecho histórico, ni de lejos, con el nacimiento de España, que en todo caso preexistía desde varios siglos antes a la estructura llamada Nación. Julian Marías dice que la importancia extraordinaria de España como nación, la larga duración de más de medio milenio hasta hoy, la vigencia de ese tipo de estructura en los siglos decisivos para la historiografía y para la consolidación de la imagen de los diversos países en la mente de los extranjeros y en la propia, todo eso ha llevado a una identificación de España con la nación que llegó a ser, sin advertir que la sociedad española es mucho más antigua, y en ella están las raíces de la comunidad nacional.

Teatro romano de Cartagena
La primera unidad humana de España es consecuencia de su romanización. Se insiste con frecuencia en que fue un largo proceso de penetración, dominio y organización. Es decir, no fue una mera ocupación o conquista. Por eso fue socialmente eficaz. Roma superpone a la Península una unidad administrativa, política, lingüística y finalmente religiosa. Hispania como provincia (o conjunto de provincias) es la primera versión de España.


Veleyo Patérculo llega a decir: Balbus Cornelius non Hispaniensis natus, sed Hispanus, “Balbo Comelio no es sólo nacido en España, sino español”, es decir, un verdadero español. Y esta peculiaridad afecta incluso a la lengua. Se cita esta frase de Ennio: Hispane non Romane memoretis loqui me, “Recuerda que hablo en español, no en romano”.

sábado, 29 de junio de 2019

Los hijos no son un problema de biología reproductiva


Los duques de Cambridge, con sus hijos Jorge y Carlota, 
Dice el Papa Francisco que los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de los tantos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres. Los hijos son un don, son un regalo. Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible y, al mismo tiempo, está inconfundiblemente unido a sus raíces. 

Una sociedad avara de procreación, afirma el Papa, a la que no le gusta rodearse de hijos que considera, sobre todo, una preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en las numerosas sociedades que conocemos aquí, en Europa, son sociedades deprimidas, porque no quieren hijos, no tienen hijos; la tasa de nacimientos no llega al uno por ciento. Si a una familia numerosa la miran como si fuera un peso, hay algo que está mal. La procreación de los hijos debe ser responsable, tal como enseña la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, pero tener más hijos no puede considerarse automáticamente una elección irresponsable. No tener hijos es una elección egoísta. 

sábado, 22 de junio de 2019

Vasconia, la abuela de España

Sanchez Albornoz
Claudio Sánchez Albornoz afirmaba que Vasconia, madre de Castilla, es “la abuela de España”. Rebelarse contra España sería, para un hijo de Vasconia, ir contra la propia sangre, las propias raíces, el propio ser, el propio horizonte, escribe Ricardo de la Cierva.

domingo, 21 de octubre de 2018

La cultura de Europa no podrá sobrevivir a la desaparición de la fe cristiana.


T.S. Eliot expresa un mensaje de extraordinaria importancia: “La fuerza dominante en la creación de una cultura común entre pueblos que tengan culturas distintas es la religión. Os ruego que no cometáis el error de anticipar el sentido de lo que pretendo decir. No es ésta una conversación religiosa, ni me dispongo a convertir a nadie. Me limito a constatar un hecho. No me interesa mucho la comunión de los cristianos creyentes en nuestros días; estoy hablando de la tradición común cristiana que ha hecho que Europa sea lo que es, y de los elementos culturales comunes que esta cristiandad ha llevado consigo. Si mañana Asia se convirtiera al cristianismo, no por esto sería parte de Europa. En la cristiandad se han desarrollado las artes. En ella han tenido sus raíces las leyes de Europa hasta tiempos recientes. Y es sobre un trasfondo cristiano donde todo nuestro pensamiento adquiere significado. Un ciudadano europeo
puede no creer que la fe cristiana sea verdadera, y sin embargo todo lo que dice y hace nace de la cultura cristiana de la que es heredero, y de la que extraerá el significado. Solamente una cultura cristiana pudo producir un Voltaire y un Nietzsche. No creo que la cultura de Europa pueda sobrevivir a la desaparición completa de la fe cristiana. Y estoy convencido de ello no sólo como cristiano, sino como estudioso de la biología social. Si el cristianismo desaparece, desaparece toda nuestra cultura. Y entonces deberéis recomenzar dificultosamente desde el principio y no podréis adoptar una cultura ya hecha. Deberéis esperar que crezca la hierba para que alimente a las ovejas que darán la lana con la que se hará vuestro nuevo vestido. Deberéis atravesar muchos siglos de barbarie. No viviremos para ver la nueva cultura, ni siquiera nuestros nietos, ni sus nietos: y aunque pudiéramos verla, ninguno de nosotros sería feliz en ella. Debemos muchas cosas a nuestra herencia cristiana, además de a la fe religiosa. A través de ella recorremos la evolución de nuestras artes, a través de ella nos ha llegado nuestra concepción de la ley romana que ha dado forma al mundo occidental, y nuestra concepción de la moralidad pública y privada, y nuestros modelos literarios comunes se encuentran en la literatura de Grecia y de Roma. El mundo occidental tiene su unidad en esta herencia, en el cristianismo y en las antiguas civilizaciones de Grecia, de Roma y de Israel, a las que, a través de dos mil años de cristianismo, se remontan nuestros orígenes. No me
extenderé más sobre este punto. Lo que quiero decir es que esta unidad en los elementos comunes de la cultura es, desde hace muchos siglos, el auténtico vínculo entre nosotros. Ninguna organización política y económica, por muy buena voluntad que quiera imponer, puede sustituir lo que ofrece esta unidad cultural. Si disipamos nuestro patrimonio común o nos desprendemos de él, ninguna organización o proyecto salidos de la mente más ingeniosa podrá ayudarnos ni contribuirá a unirnos”.

sábado, 24 de febrero de 2018

Un árbol sin raíces está condenado a muerte.

Un árbol sin raíces está condenado a muerte
El cardenal Robert Sarah, en una entrevistado concedida a la revista belga Cathobel, manifestaba que “no solamente Occidente está perdiendo su alma, sino que está suicidándose, porque un árbol sin raíces está condenado a muerte”. “Creo que Occidente no puede renunciar a las raíces que han creado su cultura y sus valores”. Tras citar situaciones “asombrosas”, como que los parlamentos “autoricen la muerte de un niño inocente e indefenso”, augura que “si Occidente, si Europa renuncia absolutamente a su identidad cristiana, la faz del mundo cambiará trágicamente”.

si Europa renuncia absolutamente a su identidad cristiana, la faz del mundo cambiará trágicamente

jueves, 4 de mayo de 2017

El simbolismo que Vicente van Gogh transformó en pintura.


Retrato de la madre de Vicent van Gogh
Anna, la madre de Vicent van Gogh, recurría al jardín para
educar a sus hijos en los significados de la naturaleza. El ciclo de las estaciones no reflejaba sólo el ciclo de la vida; el florecimiento y marchitarse de ciertas plantas marcaba las transiciones; las violetas simbolizaban la valentía, la primavera y la juventud; la hiedra era promesa de vida en invierno y de resurrección. La esperanza podía nacer de la desesperación “como las flores secas caen del árbol, permitiendo que broten vigorosas plantas llenas de vida”, escribiría Vincent años más tarde. Los árboles, sobre todo sus raíces, contienen la promesa de vida tras la muerte. (Mantenía que ciertos árboles, como el ciprés, “crecen más hermosos y robustos en los cementerios que en ningún otro lugar”). En el jardín de Anna, el sol era el “buen Dios” cuya luz daba vida a las plantas al igual que traía “la paz a nuestros corazones”, y las estrellas eran enviadas del sol y símbolo de su promesa de regresar por la mañana para “convertir en luz la oscuridad”. Todo este simbolismo que Vincent acabaría transformando en pintura, contenido en la mitología cristiana, el arte y la literatura, procedía de las lecciones que aprendió de pequeño en el jardín de su madre.