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martes, 24 de marzo de 2026

El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender

El romanticismo de Wagner era sentimental. Para él, el alma era de una importancia decisiva, pero fue viendo cada vez más este alma en función del amor cristiano. Lohengrin, Parsifal y el Holandés Errante eran héroes que se habían esforzado por realizarse plenamente, un objetivo que sólo se alcanzaba por medio de la integración en un fin superior, a través del amor cristiano. De hecho, Wagner adoptó como lema que “sólo es posible comprender a través del amor”. Sin embargo, compartió la visión pesimista de la vida tan predominante a finales de siglo. La verdadera integración, a través del amor, con un fin superior sólo podía lograrse en la eternidad. En esta vida sólo había frustración; la muerte era necesaria para la autorrealización. En el caso de los románticos anteriores, una muerte como la del joven Werther era una tragedia, pero en el caso de Wagner la muerte se convirtió en una necesidad lógica para la autorrealización plena. Era el único medio de eludir las fragilidades humanas.
El tema de Wagner era la renuncia a los deseos humanos. Parsifal poseía poderes titánicos para resistir la tentación, y Lohengrin, al final, tenía que renunciar a la felicidad terrena. El hombre no sólo debe combatir contra su deseo interior de alcanzar la autorrealización, sino también contra la tentación de las riquezas y el poder exteriores. Para Wagner, como para los románticos en general, el hombre materialista había perdido su alma. El poder en sí se desdeñaba: “Corren a su fin quienes se ufanan de tan gran fuerza”. Sigfrido, símbolo del hombre de poder en la época capitalista, ansiaba el poder y las riquezas, es decir, el anillo y el oro. Pero estaba condenado, porque aquel que poseía el anillo y el oro estaba privado eternamente de amor. Brunilda, al darse cuenta del carácter del dilema de Sigfrido, vio claramente que sólo en la eternidad volvería a convertirse en un auténtico héroe. La solución era la muerte. El matrimonio del amor y el poder es imposible, porque amor significa renuncia al poder y a las riquezas, así como a los deseos humanos.
El cristianismo de Wagner se unía a una visión romántica del pasado. Estaba adaptado a las antiguas leyendas germánicas del Nibelungenlied. Los héroes que conocían el verdadero amor cristiano eran las figuras épicas del mito germánico. Wagner escribió en su ensayo Lo que es alemán (1865-1878) que ser alemán era entender el cristianismo como una religión del alma y no del dogma. Los personajes de la saga de los Nibelungos podían mostrar a los alemanes modernos el significado real del cristianismo. El nacionalismo, la visión del pasado y el sacrificio cristiano a través del amor se entremezclaban en estos dramas musicales. No es extraño que el yerno de Wagner, Houston Stewart Chamberlain, creyese que había llegado el profeta de un cristianismo alemán, como opuesto a uno oriental.
El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender. No era inquietantemente revolucionario, sino tranquilizadoramente moral. Servía al nacionalismo y al anhelo de identificación de grupo. Proponía, sobre todo, una idea de liderazgo, el héroe como el redentor de su pueblo. El romanticismo se había hecho político en manos de Wagner; la visión de un pasado germánico y cristiano ofrecía en realidad un escape de las frustraciones del presente materialista. Aunque para muchos los dramas musicales de Wagner sólo representaban una fuga de la monotonía de la vida cotidiana, Wagner satisfacía este anhelo, dándole un objetivo y una dirección definidos.En el núcleo de las concepciones artísticas de Wagner estaba la unidad romántica y esto significaba que la puesta en escena era una parte integrante del conjunto. Música, inteligencia y vista debían funcionar simultáneamente.

Referencia: La cultura europea del siglo XX (George L. Mosse)

jueves, 19 de febrero de 2026

La invención de la tradición

Torras i Bages

El nacionalismo en general, debido al ambiente romántico y decimonónico en el que nació, ha sido un experto en elaborar lo que Eric Hobsbawm ha denominado la “invención de la tradición”. El propio autor advierte que “el término “tradición inventada” es usado en un sentido amplio, pero no de forma imprecisa. Incluye tanto “tradiciones” realmente inventadas, construidas y formalmente instituidas, como aquellas emergentes de una manera menos fácil de trazar, dentro de un periodo breve y fechable (una cuestión de pocos años quizá) y que se han establecido con gran rapidez”. Las “tradiciones inventadas” crean imaginarios en los pueblos y suelen asentarse en ellos como si constituyeran su esencia.
El propio catalanismo, con apenas un siglo de historia, pretende encarnar el alma de una Cataluña casi milenaria. Torras i Bages (el llamado Patriarca de Cataluña, por su influencia y ascendencia espiritual) cuando avisaba del peligro de construir una Cataluña de papel. Se refería Torras i Bages a los intentos de erigir una Cataluña moderna, desarraigada de su tradición, de su historia real y de su herencia espiritual que a nada podían llevar, sino a extinguir la verdadera Cataluña.

martes, 27 de enero de 2026

Muere el general Franco y legiones de oportunistas cambian de chaqueta

El historiador Fernando García de Cortázar y Ruiz de Aguirre escribe que con la muerte del general Franco, llega la democracia a España, y legiones de oportunistas, pillos o pusilánimes, cambiando de chaqueta, corrieron a situarse en la linea de salida de la prueba democrática. Los enseguida caballos ganadores se llevaron un buen lote de profesionales y empresarios que se habían beneficiado de la “paz laboral”. Miles de conversos a los nacionalismos catalán y vasco tratan de borrar sus antiguas lealtades a golpe de intolerancia, al tiempo que desaparecen de la calle liturgias y emociones que recordaban el propio nombre de España. Comienza la carrera por ser más autonomista que nadie, en la que lo grotesco, insólito y oportunista alcanzan con comodidad difíciles plusmarcas.
En aquellas fechas, la transición política fue atropellada por la crisis económica mundial, que cabalgaba sobre el aumento del precio del barril de petróleo. La vida de los españoles fue invadida por el paro, a causa de las capitulaciones de unas industrias que no podían hacer frente a los elevados costes de producción. La inflación alcanzaba limites alarmantes y el deficit público no hacía más que engordar.
Para detener la escalada de conflictividad Adolfo Suarez recurrió a la política de acuerdos sociales realizados a tres bandas, gobierno, empresarios, partidos y sindicatos, cuya puesta de largo en los Pactos de la Moncloa de octubre de 1977 fue uno de los mayores éxitos de la transición.
Copiando a catalanes y vascos, se bombardeo a los ciudadanos de cada región con nuevas identidades y raíces, tratándoles de convencer de la necesidad de ser diferentes. Pese a ser la primera que reconocía las reivindicaciones históricas vascas, la Constitución de 1978 no consiguió más que una respuesta abstencionismo del PNV. En los nacionalismos, los símbolos tienen más importancia que las realidades; por ello los nacionalistas vascos prefirieron seguir jugando a no ser constitucionalmente españoles y a convencerse de que los fueros eran la única constitución.


sábado, 26 de julio de 2025

El deseo de pertenecer a una comunidad es una necesidad humana básica

“El deseo de pertenecer a una comunidad es tan natural en los seres humanos como el deseo de comer o dormir o beber o moverse, o cualquier otra necesidad humana básica. No creo, como creía Hobbes, que los seres humanos sean siempre solitarios, brutos, etc., sino que han vivido siempre en comunidades de algún género, porque el deseo de vivir entre gente que entienda el idioma de uno, entre la que uno se sienta en casa (sean cuales sean los sentimientos entre individuos), que forma una unidad natural, digamos, es permanente. En el caso de las naciones (prescindiendo de cómo puedan haber surgido), la conciencia nacional la considero un sentimiento humano natural que no debe en modo alguno condenarse, que crea la solidaridad, la lealtad, el patriotismo y otros sentimientos que unen a los seres humanos entre sí y hacen posible y valiosa la cooperación”, escribe Isaiah Berlin en su libro El fuste torcido de la humanidad.
Añade Isaiah Berlin que “la diferencia entre patriotismo y nacionalismo consiste precisamente en ese orgullo arrogante, esa xenofobia, ese sentido de misión, de estar escogido para transformar el mundo, que es la fuente de los males que usted y yo condenamos”.

viernes, 13 de junio de 2025

La concepción nacionalista en España proviene de la lucha contra las tropas napoleónicas

Guerra de Independencia Española: La milicia catalana de Bruc

A pesar de que es imposible fechar de forma exacta el momento en el que los habitantes de una nación adquieren la concepción nacionalista moderna de la misma, podemos convenir que el despertar de este sentimiento en España proviene de la lucha contra las tropas napoleónicas en la guerra entre 1808 y 1814. La invasión francesa supuso la unión y movilización de un importante sector de la población y favoreció un proceso de revolución liberal que acabaría desembocando en la Constitución de 1812. Esta constitución establecía que la soberanía recaía sobre la nación española, y reconocía a España como una entidad nacional, constitucional, parlamentaria y católica. Así, se daba forma legal al concepto de España como nación.La guerra de 1808 comenzó a llamarse guerra de la Independencia, se erigieron numerosos monumentos conmemorativos y se proclamó el 2 de mayo como festivo nacional. La literatura también contribuyó a conformar la identidad nacional española. El pueblo como entidad se convirtió en el principal protagonista de las obras literarias y académicas con el fin de subrayar la continuidad histórica del mismo.
La visión conservadora del nacionalismo español compitió con el pensamiento liberal durante todo este período. También tiene sus orígenes en la guerra de Independencia, en la que los partidarios del Antiguo Régimen definieron la nación como intrínsecamente católica y procuraron la movilización del pueblo contra el invasor partidario del ateísmo. Los absolutistas y, tras el fallecimiento de Fernando VII, los carlistas, consideraban que las liberales eran ideas antiespañolas que se oponían a las tradiciones de la nación.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX los conservadores se dieron cuenta del poder movilizador del nacionalismo, por lo que potenciaron una versión tradicionalista de la patria en la que la unidad católica era el fundamento de la nacionalidad española. Durante el período de la Restauración, entre 1874 y 1923, el sector más conservador del liberalismo defendió una concepción étnica semejante de la nación española comprendida dentro de un sistema liberal monárquico. Cánovas del Castillo concebía la nación como un sistema biológico con su propio carácter, moldeado durante los siglos a través de la tradición y la cultura. Siguiendo las ideas liberales moderadas, defendían el fin de los privilegios regionales herederos de la Edad Media y pretendían la unificación legislativa y la centralización de la administración estatal, como así mostraron sus políticas durante el último cuarto del siglo XIX.
Referencia: Breve historia de los nacionalismos (Iván Romero)

sábado, 26 de abril de 2025

Una chica musulmana con velo argumentaba sobre las ventajas de la independencia de Cataluña

Cuenta Javier Barraycoa, doctor en Filosofía y profesor de ciencias políticas la Universidad Abad Oliba, que “una chica musulmana con velo que, en un correcto catalán, que demostraba su paso por el reciclaje del sistema educativo, argumentaba con toda soltura sobre las ventajas de la independencia de Cataluña. El actual nacionalismo dominante tiene a bien revestirse de multiculturalismo (aunque no digiere muy bien la cultura castellana) y no repara en la contradicción de ese multiculturalismo con una defensa acérrima de la identidad cultural de Cataluña. En una entrevista al dirigente independentista Josep Lluís Carod-Rovira, éste manifestaba su convicción de que el camino hacia la independencia sería largo, pues el porcentaje de independentistas era aún pequeño. Sin embargo, con una mirada inquietante, le dijo al entrevistador que confiaba más en los que no eran catalanes para conseguir la independencia que en los propios catalanes”.

viernes, 14 de marzo de 2025

El nacionalismo ha llevado a Europa al borde de la destrucción total

El nacionalismo no solo ha llevado a Europa, de facto, al borde de la destrucción total; él también contradice lo que Europa, por su esencia, es desde un punto de vista tanto político como espiritual, aun cuando este ha dominado las últimas décadas de la historia europea. De ahí la necesidad de que haya instituciones políticas, económicas y jurídicas que tengan un carácter supranacional, que no pueden tener en ningún caso el propósito de construir una supernación, sino que, por el contrario, deberían devolver de una manera más consolidada el rostro y el peso a las regiones individuales de Europa, escribe Joseph Ratzinger.


miércoles, 11 de diciembre de 2024

Azaña y la República abandonaron Cataluña a los nacionalistas catalanes

En las relaciones de Manuel Azaña con Cataluña, José María Marco sostiene que nadie llegó tan lejos como Azaña cuando, en 1930, admitió que habría que dejar ir en paz a Cataluña si algún día “quisiera remar sola en su barca”. Ya en el Gobierno, fue presidente del Consejo de Ministros y presidente de la Segunda República, la intención de no dejar pasar nada incompatible con la Constitución implicó que la Constitución acabara amoldándose al Estatuto nacionalista; la aparente posición de centro de Azaña no lo era en realidad y la balanza se inclinaba siempre del lado del nacionalismo. El profesor Marco escribe que “a cambio de sus votos, Azaña y la República abandonan Cataluña a los nacionalistas catalanes”.

viernes, 15 de noviembre de 2024

El nacionalismo institucional ignora la historia

El nacionalismo institucional no busca el enfrentamiento con la historia académica. Se limita a ignorarla desdeñosamente y a vedarle el acceso al medio sobre el que detenta el control exclusivo, la televisión. Los más activos detractores de la historiografía no nacionalista se hallan en la autodenominada izquierda abertzale, es decir, en Herri Batasuna y su entorno académico (que lo tiene). Proceden de áreas profesionales ajenas a la investigación histórica y, en general, su experiencia en este terreno, incluso como diletantes, suele ser deleznable, escribe Jon Juaristi Linacero.

miércoles, 9 de octubre de 2024

El enfrentamiento Este-Oeste no debe ser sustituido por nacionalismos retrógrados

El canciller Helmut Kohl advertía en la cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE), celebrada en Paris en noviembre de 1990, considerada como el final de la guerra fría, que el enfrentamiento Este-Oeste no debe ser sustituido por “nacionalismos retrógrados” ni por la “emergencia de disputas entre vecinos y nacionalidades”, su consecuencia.
La transición política española no ha sido tan maravillosa como se suele pensar. El peso de lo positivo de la llegada de la democracia formal y de una serie de libertades reales tiene la fuerte contrapartida de tres graves perjuicios: el terrorismo, de origen básicamente nacionalista; las diversas “normalizaciones” lingüísticas, que implican separatismos lingüísticos como consecuencia directa, y como consecuencia indirecta la pérdida de una proporción elevada de la libertad de residencia en el territorio español; y, en tercer lugar y como derivación de lo anterior, la destrucción de las raíces vitales de muchos españoles, al privarles de su lengua, el castellano, y de su patria, España.
Toda sociedad en la que para ser considerado buen ciudadano no baste con ser buena persona, sino que se requiera militar o acatar una determinada ideología, no es una sociedad libre.
La “normalización” lingüística es una anormalidad democrática; en ella los políticos no han estado al servicio de los ciudadanos, sino que han puesto a los ciudadanos al servicio de una política, de la política de los políticos, no de los ciudadanos.

miércoles, 29 de mayo de 2024

El escritor (periodista) cuando no tiene personalidad ni dignidad adula al que manda

 El Consejo de Informativos de RTVE condena a Inés Hernand por su tono       adulador con Pedro Sánchez 

Don Pío Baroja en su libro Momentum catastrophicum escribe que "los chapelaundis (burlones, inteligentes y con sentido del humor) estamos por encima de la etnografía y de la lingüística. Sobre la idea de la pureza de la raza y su correspondencia con el idioma no se puede basar nada que tenga valor. El nacionalismo vasco quiere basarse sobre la idea de la raza, así es de endeble y de raquítico. Es una teoría de chapelchiquis (esas gentes que "llevan barretina, que es como un calcetín puesto en la cabeza, o esos vascongados de Bilbao, que gastan una boina tan pequeña que parece un solideo, no pueden discurrir como nosotros, son chapelchiquis”. Baroja tuvo asimismo palabras de desprecio para el comunismo. Uno de aquellos comunistas le acusó de estar vendido a sus "amos" capitalistas. Don Pío respondió al leninista donostiarra con el humor de los de la boina ancha diciendo que  "el capitalismo traidor se acerca a mí, y viene a mi casa, y deja en la mesa de mi cuarto un fajo de billetes. Por eso, sin duda, puedo ser yo fajista o fascista. La verdad es que el capitalismo traidor se acuerda tanto de mí como de los cuentos de brujas y le parecen mis artículos tan eficaces como la carabina de Ambrosio.
"Pío Baroja, que vio venir la Guerra Civil con claridad desde el asesinato de Calvo Sotelo, denunció la crueldad de ambos bandos."Quitando la crueldad, lo demás es una farsa. En todas partes se pega fuego a los libros. No se comprende para qué, si no los han leído y no los van a leer, no se explica esa estúpida saña. Esto es muy español y reaccionario."Y añadía que "un fascista me ha dicho que yo estoy en las listas negras de los comunistas. Todo puede ser verdad en una época tan estúpida como ésta. Pero, si así fuera, ¿qué diría aquel otro comunista que decía que yo había inspirado a los suyos? Esta guerra civil va a ser feroz, quizá más feroz que las anteriores. Es un horror el pensar la sangre que va a costar esto y el poco resultado que dará un sacrificio semejante."
Desde su corto exilio escribió que "esto han descubierto comunistas y fascistas, el que hay que tratar a la gente como a una manada; a los hombres como a reclutas, gañanes, mozos de café o mancebos de peluquería; a las mujeres, como a cupletistas, criadas y vendedoras de periódicos….En general, el escritor (periodista) de cierta personalidad siempre tiende al liberalismo; cuando no tiene personalidad ni dignidad, es cuando adula al que manda.”



lunes, 11 de marzo de 2024

El nacionalismo vasco fue una consecuencia de la disolución del imperio

Nunca se perdió una patria gallega, catalana o vasca, sino un imperio (el español) del que habían sido fieles soportes los gallegos, catalanes, asturianos, aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños y, no faltaba más, los vascos. Nada tiene de extraño, en tal sentido, que fuera precisamente la crisis de la última década del XIX, con la guerra de Cuba y Filipinas, el contexto en el que emergieron los nacionalismos periféricos, estrictamente contemporáneos de los regeneracionismos y del nacionalismo español de la generación del 98. Porque el nacionalismo vasco no fue en su origen (o lo fue solamente en sus aspectos más superficiales) una reacción a la industrialización del país y a la consiguiente crisis de la sociedad tradicional, como se ha dicho repetidamente, sino una consecuencia directa de la disolución del imperio. En ese contexto (el de los años inmediatamente anteriores y posteriores al Desastre) comienza la elaboración delirante del mito nacionalista de una primitiva patria vasca que habría perecido bajo la opresión de la España Imperial. Sabino Arana Goiri, antiguo tradicionalista que guardaba el rencor de una derrota bélica y de una ruina familiar derivada de aquella, fue el primer vasco en soñar el sueño melancólico de la resurrección de Euskadi (fue, de hecho, el inventor de Euskadi y de su muerte) y acaso también el primero en intuir confusamente que sólo habiendo perdido una patria que nunca existió le sería posible curarse de sus humillaciones reales. Perder para ganar, estrategia revanchista de los que han sido heridos no en la patria, sino en el patrimonio, escribe Jon Juaristi Linacero, catedrático de Filología Española en la Universidad del País Vasco; asimismo, ha impartido docencia en la Universidad de Nueva York, la Universidad de Valencia y la Universidad de Alcalá. 

miércoles, 21 de febrero de 2024

El nacionalismo es una auténtica ideología política

El nacionalismo es una auténtica ideología política, una doctrina que comparte ese calificativo con otras ideologías de la modernidad tales como el socialismo, el comunismo o el liberalismo. Aunque sí es cierto que a los nacionalistas les gusta camuflar su ideología como puro sentimiento. Lo que le sucede al nacionalismo es que es una doctrina política que trata de algo distinto a todas las demás. No versa sobre las reglas constitutivas de la unidad política o sobre los valores que la guían o sobre la distribución de bienes que debe hacerse en ella, sino que versa sobre el origen de esa unidad (algo que las demás ideologías dan por supuesto). Y al respecto establece una afirmación sencilla, solo está bien legitimada y construida aquella unidad política que coincide en sus límites territoriales y personales con una previa nación. La nación es un hecho originario que precede a la comunidad política, ese es el punto esencial. Una vez aceptado, al nacionalismo le es en principio indiferente el tipo de gobierno que se establezca para la comunidad, sea socialista, conservador o democristiano.
Para llevar a cabo las políticas de construcción nacional sobre los ciudadanos “desviados”, y dado que la pura y dura coerción no está bien vista hoy en día, el nacionalismo gobernante recurre a un sistema de premios, recompensas y castigos que, en definitiva, suponen una discriminación injusta de los ciudadanos desviados en sus posibilidades de acceso a bienes comunes como el empleo público o privado. El ciudadano que no se adapte pronto a los requerimientos de la identidad oficial tendrá más difícil encontrar empleo y se verá excluido del burocrático. Además, este sistema genera a veces una suculenta reserva exclusivista de empleo para los ciudadanos de la comunidad nacionalista que ven contentos cómo el resto de ciudadanos del Estado no pueden siquiera aspirar al empleo público de su comunidad por desconocer su lengua, mientras que ellos sí que pueden acceder al empleo del Estado en cualquier lugar.
Referencia:Elogio del liberalismo de José María Ruiz Soroa.


lunes, 8 de enero de 2024

La forja de Europa

Para el historiador José Luis Comellas, la forja de Europa como unidad ha sido un proceso lento, trabajoso, lleno de detenciones, y lo sigue siendo en este siglo XXI. La idea de una Unión Europea es muy antigua. Victor Hugo había propuesto en 1860 la formación de unos Estados Unidos de Europa, idea que años más tarde trató de fomentar el ministro italiano Crispi.

Coudenhove-Kalergi

El conde Coudenhove-Kalergi, diplomático húngaro, predicaba la unión de Europa sobre la base de la desaparición de los nacionalismos exaltados y el reconocimiento de una herencia cultural común a toda Europa. Hoy se considera a Coudenhove-Kalergi, como el promotor de la Unión Europea. Seguramente la unión de Europa Occidental estuvo inspirado por el instinto de defensa , sin olvidar el hecho de que Europa necesitaba unirse  para contrapesar el inmenso poderío económico de los Estados Unidos. En 1946 Churchill en Zurich afirmaba que “es un deber de todos en estos momentos crear un germen de unos Estados Unidos de Europa”. Según Churchill o Europa se unía o quedaba indefectiblemente condenada a la decadencia. En 1948 surgió la Organización Europea de Cooperación Económica.En 1949 nacía el Consejo de Europa. En 1950 Robert Schuman, ministro francés de economía, apoyado por Jean Monnet propuso un compromiso concreto entre las grande economías europeas y de esta iniciativa en 1951 nace la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. 

jueves, 7 de diciembre de 2023

Doctrina del intervencionismo liberal

La guerra étnica en Yugoslavia no fue, como en Occidente muchos supusieron irreflexivamente, una mera recaída de los Balcanes en comportamientos típicos, una versión moderna de conflictos ancestrales. Sin embargo, tenía unos antecedentes históricos cruciales, aunque recientes, la canalización de la desafección causada por los crecientes fracasos del comunismo en Yugoslavia durante los ochenta hacia el nacionalismo étnico. Tito, que había muerto en mayo de 1980, había reprimido implacablemente durante su largo mandato las reivindicaciones étnicas, gobernando Yugoslavia con puño de hierro y una fuerte autoridad personal que empleó para mantener un cuidadoso equilibrio de intereses en su complejo estado. Esas reivindicaciones, añadidas a las profundas hostilidades que persistían desde la segunda guerra mundial, habían estado latentes bajo la superficie y afloraron con fuerza cuando el comunismo no dio respuestas a las crecientes y generalizadas dificultades sociales y económicas. Las divisiones étnicas de Yugoslavia fueron el crisol en el que se desarrollaría la tragedia. En 1986, hasta el 88 % de los eslovenos y el 70 % de los croatas afirmaban no estar dispuestos a afiliarse al Partido Comunista. Incluso en Serbia, la república dominante del estado federal, el porcentaje ascendía al 40 %. La decreciente influencia de la ideología comunista conllevó un resurgimiento de las creencias religiosas, un factor divisivo, pues los serbios ortodoxos, los croatas católicos y los bosnios musulmanes empezaron a identificar la religión como un signo de identidad étnica.
A Tito se le empezó a describir cada vez más como un autócrata decadente cuyo lujoso estilo de vida privado contrastaba con los principios socialistas que defendía en público. Slobodan Milošević, un político con habilidades tácticas que había progresado inexorablemente en su carrera hasta convertirse en el líder del Partido Comunista Serbio, se diera cuenta de que la explotación del nacionalismo étnico, en lugar de la promoción del comunismo, era la mejor forma de engrandecer su propio poder y el de Serbia.

En Srebrenica, los soldados holandeses de la ONU se habían mantenido al margen, impotentes, mientras hombres y niños musulmanes eran arrastrados a su ejecución. La guerra de Bosnia contribuyó a que Occidente se convenciera de la necesidad de adoptar la que se conocería como la doctrina del intervencionismo liberal (o humanitario); es decir, la creencia de que las democracias occidentales tenían que actuar contra los abusos de poder de los gobiernos para proteger los derechos humanos de aquellos a los que esos regímenes amenazaran.
Referencia: Ascenso y crisis de Ian Kershaw



miércoles, 12 de julio de 2023

Un Estado que se define a sí mismo por una identidad nacional está abocado a la limpieza étnica

Gilbert K. Chesterton escribió que lo que no ha entrado en el alma por la razón, sino por el sentimiento, tampoco saldrá de allí por los argumentos de la inteligencia o la crítica. Parece un dictum pensado específicamente para el nacionalismo.¿El objetivo del nacionalismo no es construir un país con una sola identidad?, se pregunta el político vasco Andoni Unzalu. Pues para lograr eso hay que anular el resto de identidades. Y, te pregunto, ¿puede cada persona decidir su identidad o tiene que acatar la que definís los nacionalistas? Eso, te pongas como te pongas, es negar la libertad individual para definir la propia identidad. Y democrático no es……Si el Estado democrático es fuerte, se respetan las leyes, y él mismo controla la pulsión totalitaria e impide que se haga dominante. Pero, cuando cualquier fuerza antidemocrática pone en riesgo el sistema democrático mismo, los jueces tienen que actuar.


Estonia

Añade Unzalu que "un Estado que se define a sí mismo por una identidad nacional está abocado, necesariamente, en mayor o menor grado, a la limpieza étnica y a la supresión de la pluralidad de identidades. Le recuerdo lo que decía Renan, que la nación se construye sobre la violencia y el olvido, pero él se ha ofendido al oír hablar de la limpieza étnica. Eso son cosas del pasado, me dice. Y le recuerdo el caso de Estonia, que, cuando se hizo independiente, inmediatamente le quitó la ciudadanía a un tercio de su población. Todos los habitantes que no descendían de forma directa de aquellos que residían en Estonia desde 1939 perdieron la nacionalidad y se convirtieron en apátridas. No los expulsaron ni los mataron, pero les quitaron los derechos de ciudadanía. Y lo más grave es que ingresaron en la Unión Europea con un tercio de su población apátrida, sin derechos, y nadie en la Unión protestó". 

jueves, 15 de junio de 2023

La tragedia de la España republicana

Stanley George Payne escribe que “la tragedia de la España republicana fue que había una guerra civil interna y latente en sus filas mientras combatía en la gran Guerra Civil contra los nacionales. Existían cuatro fuentes de disensiones internas: 1) la extrema izquierda revolucionaria, que al principio intentó concentrarse en la revolución social y económica más que en los esfuerzos militares; 2) los nacionalismos vasco y catalán, que normalmente intentaron sacar el mayor provecho posible de la situación, hasta el punto de intentar negociar en secreto con potencias extranjeras la separación y la división de España; 3) la Internacional y el PCE, que no quisieron imponer un régimen comunista, pero desearon dominar la República tanto como les fuera posible, estableciendo en 1937 y 1938 una pequeña hegemonía, con la colaboración de Negrín; y 4) la creciente oposición, aunque prácticamente oculta, de los elementos más o menos moderados. Al principio solo eran los republicanos de izquierdas, y ya en 1938 cada vez más socialistas, que preferían una paz negociada y comenzaron a oponerse radicalmente a Negrín y los comunistas…….Desde el mismo comienzo del gobierno de la República, los líderes de los partidos republicanos se equivocaron a la hora de evaluar el alcance de la oposición a sus proyectos y a su forma de gobernar.El principal error fue el de suponer que el país podía gobernarse en exclusiva desde la izquierda en un régimen parlamentario y que la oposición de la derecha se había debilitado radicalmente tras los citados cambios históricos. En el sistema político de la República, absolutamente fragmentado, cualquier proyecto político serio dependía de la formación de una alianza. Los líderes de la izquierda republicana siempre lo supieron, aunque no puede decirse lo mismo de los líderes de los movimientos revolucionarios, cuya postura respecto a las alianzas con la izquierda moderada se movía entre la negativa absoluta y la connivencia temporal y oportunista, con pocas excepciones.La unidad del Frente Popular resultó más perjudicial que beneficiosa, porque estaba basada en la aversión que todos los partidos participantes sentían hacia la derecha; sin embargo, aunque unidos, estos fueron incapaces de diseñar un programa común de gobierno”.

Julián Besteiro

“De todos los grandes partidos socialistas europeos de la época, el PSOE era el más contradictorio y el más dividido. Solo una pequeña minoría moderada y democrática, la liderada por Julián Besteiro, mantenía ideas políticas coherentes y razonadas.Desde 1933, y dirigido por la mayoría liderada por Largo Caballero, el PSOE desarrolló políticas inflexibles y sin concesiones, pero de tal extremismo que resultaban tan impracticables como autodestructivas.”

martes, 14 de febrero de 2023

El nacionalismo. ¿Cómo se puede tratar esta cuestión?

José Ortega y Gasset

El nacionalismo. ¿Cómo se puede tratar esta cuestión? La solución de este otro problema, del nacionalismo, no es cuestión de una ley, ni de dos leyes, ni siquiera de un Estatuto. El nacionalismo requiere un alto tratamiento histórico; los nacionalismos sólo pueden deprimirse cuando se envuelven en un gran movimiento ascensional de todo un país, cuando se crea un gran Estado, en el que van bien las cosas, en el que ilusiona embarcarse, porque la fortuna sopla en sus velas. Un Estado en decadencia fomenta los nacionalismos, un Estado en buena ventura los desnutre y los reabsorbe, tenía gran razón el señor Cambó en este punto, más razón que muchos representantes actuales de Cataluña, cuando decía que el nacionalismo catalán sólo tiene su vía franca al amparo de un enorme movimiento creador histórico. Él proponía lo que llamaba iberismo, y yo en punto al iberismo estoy en desacuerdo con él, pero en el sentido general tenía razón. Lo importante es movilizar a todos los pueblos españoles en una gran empresa común. Pero no hace falta nada de iberismo; tenemos delante la empresa de hacer un gran Estado español. Para esto es necesario que nazca en todos nosotros lo que en casi todos ha faltado hasta aquí, lo que en ningún instante ni en nadie debió faltar, el entusiasmo constructivo. Este debe ser el supuesto común a todos los grupos republicanos, lo que latiese unánimemente, por debajo o por encima de todas nuestras otras discrepancias; que nos envolviese por todos los lados como el aire que respiramos, y como el elemento de todos y propiedad de ninguno. Discurso sobre el Estatuto de Cataluña de JOSÉ ORTEGA Y GASSET en la sesión de las Cortes de 13 de mayo de 1932

lunes, 16 de enero de 2023

La dictadura del proletariado en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques


La revolución proletaria fracasó en todas partes menos en el Imperio ruso, que fue reconstruido por los bolcheviques tras una brutal guerra civil. Ningún otro líder socialista se mostró tan despiadado como Lenin a la hora de adoptar el “centralismo democrático” (que era lo opuesto a la democracia), rechazando el parlamentarismo y utilizando el terrorismo contra sus opositores. Algunas de las cosas que hicieron los bolcheviques (la nacionalización de la banca, la confiscación de tierras) emanaban directamente del Manifiesto de Marx y Engels. Otras (la mayor ferocidad y salvajismo de la represión… los mares de sangre) le debían más a Robespierre. La “dictadura del proletariado”,que en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques, era una aportación original de Lenin. Esta fue aún peor que la resurrección de Bazárov, el nihilista de Padres e hijos de Iván Turguénev (1856); fue aquello contra lo que su distanciado amigo Fiódor Dostoievski había advertido a Rusia en el epílogo de Crimen y castigo (1866), la pesadilla del asesino Raskolnikov de “una epidemia espantosa y sin precedentes” procedente de Asia; las personas afectadas perdían la razón al punto. Sin embargo, jamás los hombres se habían creído tan inteligentes, tan seguros de estar en posesión de la verdad; nunca habían demostrado tal confianza en la infalibilidad de sus juicios, de sus teorías científicas, de sus principios morales. Aldeas, ciudades, naciones enteras se contaminaban y perdían el juicio… Se reunían y formaban enormes ejércitos para lanzarse unos contra otros… las tropas se dividían, se rompían las formaciones, y los hombres se estrangulaban y devoraban unos a otros. Al este casi no hubo nada que parara la epidemia bolchevique; al oeste no pudo ir más allá del Vístula, ni al sur pudo pasar del Cáucaso, gracias a un hábil trío de emprendedores políticos que diseñaron aquella síntesis de nacionalismo y socialismo que era la auténtica manifestación del Zeitgeist: Józef Piłsudski en Polonia, Kemal Atatürk en Turquía y Benito Mussolini en Italia. La derrota del Ejército Rojo en las afueras de Varsovia (agosto de 1920), la expulsión de los griegos de Anatolia (septiembre de 1922) y la Marcha fascista sobre Roma (octubre de 1922) marcaron el advenimiento de una nueva era, escribe el historiador Niall Ferguson.



lunes, 4 de julio de 2022

Saber que se forma parte de una nación no supone ser nacionalista

Saber que se forma parte de una nación no supone obligatoriamente ser nacionalista, lo mismo que tener apéndice no implica padecer apendicitis; el nacionalismo y la apendicitis son inflamaciones morbosas, no consecuencias inevitables. En cuanto al “derecho a decidir”, que no se le cae de la boca a bastantes bobos de nuestro entorno, escribe el filósofo Fernando Savater, se trata de algo consustancial a la democracia misma y lo tenemos todos y cada uno de los que vivimos en ella. Lo que en cambio nadie tiene es el derecho a decidir que los demás no decidan sobre tal o cual asunto de interés público, como la independencia de Cataluña, sin ir más lejos.