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viernes, 14 de marzo de 2025

El nacionalismo ha llevado a Europa al borde de la destrucción total

El nacionalismo no solo ha llevado a Europa, de facto, al borde de la destrucción total; él también contradice lo que Europa, por su esencia, es desde un punto de vista tanto político como espiritual, aun cuando este ha dominado las últimas décadas de la historia europea. De ahí la necesidad de que haya instituciones políticas, económicas y jurídicas que tengan un carácter supranacional, que no pueden tener en ningún caso el propósito de construir una supernación, sino que, por el contrario, deberían devolver de una manera más consolidada el rostro y el peso a las regiones individuales de Europa, escribe Joseph Ratzinger.


lunes, 20 de diciembre de 2021

La gobernanza sustituye al Estado

Carlo Bordoni

El sociólogo y escritor italiano Carlo Bordoni opina que las decisiones se toman en otro lugar por los poderes fácticos de la actualidad, que, por su naturaleza supranacional, no están obligados a observar las leyes y ordenanzas locales. No están sometidos a las limitaciones de lo políticamente aconsejable o conveniente, ni a las necesidades de naturaleza social, pues actúan en nombre de la objetividad y de un principio de equidad que, en el fondo, no es expresión de ninguna justicia real.
Étienne Balibar

El filósofo marxista francés Étienne Balibar se centra en una forma de gobernanza que ha sustituido a la relación directa y tangible entre el Estado y el ciudadano, La Unión Europea sólo es un Estado en espíritu, ya que carece de cualquier elemento realmente eficaz de identificación colectiva. Semejante estructura prefiguraría quizás un modo de supervivencia de la institución estatal de la ciudadanía, algo que se adivina en nuestro futuro y que representaría en realidad, aunque bajo el nombre de gobernanza, una forma de “estatismo sin Estado”. La gobernanza sustituye así al Estado en lo tocante a la política. La poca consistencia de los gobiernos nacionales, su incapacidad para adaptarse al cambio y para satisfacer las nuevas necesidades organizativas y para proporcionar el sistema de protección social que el proceso de globalización hace necesario implantar, implica que la necesidad de participación comunitaria (la condición sine qua non de toda sociedad civil) busque respuestas satisfactorias en otras partes, respuestas que no siempre son adecuadas para el fin pretendido, pero que vienen impulsadas por la emoción, el resentimiento, el miedo o, incluso, por esa voluptas dolendi que Étienne de la Boétie llamó la “servidumbre voluntaria” (una aquiescencia y una sumisión aduladoras ante cualquier forma de poder). En todo caso, cuestionan cualquier forma actual de democracia o, en el mejor de los casos, ponen los cimientos de nuevas formas de representación democrática previamente desconocidas.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido



Trescientos millones de cristianos viven en tierras de persecución, donde la fe no es un derecho a respetar. Veinte son los países en el mundo en los cuales llevar un crucifijo en el cuello puede ser discriminante. Un cristiano de cada siete corre riesgos cada día y alguna u otra forma de marginación además de hallarse en peligro. Así lo puntualiza la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre en un informe acerca de la persecución de los cristianos.



 "Los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido", aclara ACS examinando los desarrollos en los 20 países que registran violaciones de los derechos humanos sufridas por los cristianos.La situación, desde 2017 a hoy, parece lejos haber mejorado y la lista de los países en los que los cristianos sufren se enriquece con naciones como Camerún, Burkina Faso y Sri Lanka. Los dos últimos representan para el director del ACS, Alessandro Monteduro, los ejemplos más dramáticos de este escenario. "Los 20 países que Ayuda a la Iglesia que Sufre evidencia como terroristas en los que las minorías cristianas sufren la persecución hospedan 4.000 millones de personas. Por consiguiente, la defensa de la libertad religiosa debería ser como nunca antes prioritaria en la agenda de las grandes potencias nacionales y de las instituciones supranacionales. Y todavía hoy ello no es así", agregó.

viernes, 3 de mayo de 2019

La Unión Europea, un estado en espíritu


La Unión Europea sólo es un Estado en espíritu, ya que carece de cualquier elemento realmente eficaz de identificación colectiva.  Semejante estructura prefiguraría quizás un modo de supervivencia de la institución estatal de la ciudadanía, algo que se adivina en nuestro futuro y que representaría en realidad, aunque bajo el nombre de gobernanza, una forma de “estatismo sin Estado”. La gobernanza sustituye así al Estado en lo tocante a la política. Dice Carlo Bordini que la poca consistencia de los gobiernos nacionales, su incapacidad para adaptarse al cambio y para satisfacer las nuevas necesidades organizativas y para proporcionar el sistema de protección social que el proceso de globalización hace necesario implantar, implica que la necesidad de participación comunitaria (la condición sine qua non de toda sociedad civil) busque respuestas satisfactorias en otras partes, respuestas que no siempre son adecuadas para el fin pretendido, pero que vienen impulsadas por la emoción, el resentimiento, el miedo o, incluso, por esa voluptas dolendi que Étienne de la Boétie llamó la “servidumbre voluntaria” (una aquiescencia y una sumisión aduladoras ante cualquier forma de poder). En todo caso, cuestionan cualquier forma actual de democracia o, en el mejor de los casos, ponen los cimientos de nuevas formas de representación democrática previamente desconocidas.

Carlo Bordini
Por otro lado se observa que las decisiones se toman en otro lugar por los poderes fácticos de la actualidad, que, por su naturaleza supranacional, no están obligados a observar las leyes y ordenanzas locales. No están sometidos a las limitaciones de lo políticamente aconsejable o conveniente, ni a las necesidades de naturaleza social, pues actúan en nombre de la objetividad y de un principio de equidad que, en el fondo, no es expresión de ninguna justicia real, dice Bordoni.