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lunes, 20 de diciembre de 2021

La gobernanza sustituye al Estado

Carlo Bordoni

El sociólogo y escritor italiano Carlo Bordoni opina que las decisiones se toman en otro lugar por los poderes fácticos de la actualidad, que, por su naturaleza supranacional, no están obligados a observar las leyes y ordenanzas locales. No están sometidos a las limitaciones de lo políticamente aconsejable o conveniente, ni a las necesidades de naturaleza social, pues actúan en nombre de la objetividad y de un principio de equidad que, en el fondo, no es expresión de ninguna justicia real.
Étienne Balibar

El filósofo marxista francés Étienne Balibar se centra en una forma de gobernanza que ha sustituido a la relación directa y tangible entre el Estado y el ciudadano, La Unión Europea sólo es un Estado en espíritu, ya que carece de cualquier elemento realmente eficaz de identificación colectiva. Semejante estructura prefiguraría quizás un modo de supervivencia de la institución estatal de la ciudadanía, algo que se adivina en nuestro futuro y que representaría en realidad, aunque bajo el nombre de gobernanza, una forma de “estatismo sin Estado”. La gobernanza sustituye así al Estado en lo tocante a la política. La poca consistencia de los gobiernos nacionales, su incapacidad para adaptarse al cambio y para satisfacer las nuevas necesidades organizativas y para proporcionar el sistema de protección social que el proceso de globalización hace necesario implantar, implica que la necesidad de participación comunitaria (la condición sine qua non de toda sociedad civil) busque respuestas satisfactorias en otras partes, respuestas que no siempre son adecuadas para el fin pretendido, pero que vienen impulsadas por la emoción, el resentimiento, el miedo o, incluso, por esa voluptas dolendi que Étienne de la Boétie llamó la “servidumbre voluntaria” (una aquiescencia y una sumisión aduladoras ante cualquier forma de poder). En todo caso, cuestionan cualquier forma actual de democracia o, en el mejor de los casos, ponen los cimientos de nuevas formas de representación democrática previamente desconocidas.

jueves, 1 de noviembre de 2018

La economía es el instrumento de control social más eficaz.


Hoy en día, dice el sociólogo Carlo Bordoni, la economía es el instrumento de control social más eficaz, como lo fuera el consumismo en las décadas de 1960 y 1980, el totalitarismo en la de 1930 y la urbanización forzada en el siglo XVIII. Pero si dejamos que la economía y los mercados dirijan nuestras vidas, nos veremos conducidos hacia una sociedad globalizada que ha marcado claras diferencias sociales y que está compuesta por una mayoría empobrecida, privada de garantías y servicios (e igualada por dentro por puro aplastamiento), y por una minoría privilegiada; privilegiada
Carlo Bordoni.
no sólo por sus elevados ingresos, sino también porque sus miembros gozan de ciertas concesiones y de la oportunidad de acceder a toda clase de ventajas, dice Bordoni. La honda división social, mucho más radical que la contraposición tradicional entre la masa y la élite, volverá a poner en escena una clase superior como las de antaño, aunque lo hará de una forma más exasperante y generalizada.

lunes, 5 de marzo de 2018

La sociedad del mañana es una sociedad sin memoria.

Desde los tiempos de Herodoto, la historia ha representado la memoria colectiva como base sobre la que construir la identidad de un pueblo, afirmar su verdadera cultura y consolidar sus tradiciones, leyes, costumbres y conducta. En la era moderna, la historia ha ayudado a que se consolidaran los Estados, cada uno con su propia historia nacional legitimadora que justificaba su propio progreso y la necesidad de una industrialización dirigida al crecimiento económico. El desmoronamiento de la confianza en una historia ha contribuido al clima de incertidumbre reinante y a eliminar ese sentido de comunión en la marcha hacia el progreso al que la modernidad había apuntado. De ahí también que el individuo se haya encontrado más solo aún al verse súbitamente enfrentado a un mundo incognoscible y adverso, pues está hoy privado de un sentido de la historia y la autoconciencia. Los precursores de la posmodernidad (de Nietzsche a Heidegger) consideraban la historia más como una impostura que como una memoria de la verdad y la sustituyeron por el acontecimiento o el suceso.

Como dice el sociólogo italiano Carlo Bordoni, el suceso no
Carlo Bordoni
tiene memoria; tiene un valor en sí y para el periodo en que tiene lugar. No es repetible, y su verdad radica en la imposibilidad de que se repita. Es único y, por lo tanto, universal. Ese enfoque, dice Bordoni, además de vaciar de significado la historia, niega implícitamente todo valor a la evocación del pasado como advertencia para no repetir errores. Si todo acontecimiento es único de por sí, no tiene sentido usarlo como un medio de disuasión para que otros no repitan hechos del mismo tipo. La nueva historia, lejos de tratar de funcionar como una perspectiva general del conjunto de una comunidad como tal, se transforma en una caótica suma de acciones personales, divididas, fragmentadas e inservibles para una comprensión futura. Un conjunto de sucesos cuyo sentido, a largo plazo, se dispersa y se presta más bien a la confusión. Por esa razón, el acontecimiento más reciente, el de palpitante actualidad, el nuevo, representa el rostro de la verdad en ese momento y derrota al suceso anterior. Todo lo que ya ha pasado, aunque esté registrado en la memoria masiva, indeleble y fijado para siempre en los medios electrónicos, sabe a obsoleto y por consiguiente es rechazado por la conciencia social, que vive en un presente eterno que nunca deja de renovarse como tal.

La sociedad del mañana, avisa Bordoni,  es una sociedad sin memoria, condenada a repetir los errores del pasado y a reconstruir agotadoramente su propia experiencia desde cero, pero será tan diferente de la sociedad moderna que dejamos ahora atrás que incluso los errores del pasado, cuando se repitan, aparecerán bajo una nueva luz, como si nunca antes nadie los hubiera visto. Es tan profundo el cambio que se produjo al término de la modernidad y son tan rápidas las innovaciones, que de poco servirá la experiencia pasada.