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viernes, 15 de agosto de 2025

Hermanas de San Vicente de Paúl

Escribe Axel Munthe en La historia de San Michele: 
En todos los hospitales de París estaban aún las buenas y altruistas hermanas de San Vicente de Paúl con sus enormes cofias blancas. Todavía colgaba el Crucifijo en la pared de cada sala; aún decía misa el sacerdote todas las mañanas ante el altarcito de la sala de Sainte-Claire. La Madre Superiora, ma mère, como la llamaban todos, iba aún de cama en cama todas las noches, después de tocar el Ángelus. La Laïcisation des Hôpitaux no había llegado aún a ser la cuestión candente del día, y aún no se había levantado el bronco grito de “¡Abajo los curas! ¡Fuera el Crucifijo! ¡Fuera las monjas!”…… Eran tan cándidos sus pensamientos, tan puros sus corazones, tan completamente dedicada su vida al trabajo, sin pedir más recompensa que el permiso de rezar por los que les eran confiados. Ni aun sus peores enemigos se atrevían a menospreciar su abnegación ni su infinita paciencia. La gente decía que las monjas cumplían su misión con cara triste y sombría, que sus pensamientos se ocupaban más en la salvación del alma que en la del cuerpo, que tenían en los labios más palabras de resignación que de esperanza. En verdad, se equivocaban torpemente. Al contrario, aquellas Hermanas, jóvenes y viejas, eran invariablemente alegres y felices, propensas a las bromas y a las risas infantiles, y era maravilloso ver de qué manera sabían comunicar a los demás su felicidad. Eran también tolerantes. Creyentes y descreídos eran iguales para ellas. Casi parecían más ansiosas de ayudar a estos últimos, porque sentían gran compasión por ellos y no mostraban ninguna señal de resentimiento por sus blasfemias y sus maldiciones. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Así sea, así será, así debe ser

Se llamaba Israel Zolli, pero más tarde sería conocido como Italo Zolli y, finalmente, como Eugenio Zolli. Entre estos tres nombres transcurrieron 63 años, dos guerras mundiales, persecución y un lento y profundo recorrido hacia la comprensión de una paz que, para él, parecía guardar un judío llamado Jesús que yacía muerto en un crucifijo. Su interés por el cristianismo creció en parte debido a un amigo cristiano, en cuya casa observó por primera vez un crucifijo, donde se preguntó si no sería aquel hombre del que hablaba el profeta Isaías. 
Al regresar de un viaje a Tierra Santa y Egipto en 1924, escribió que sentía una “inquietud religiosa interior cada vez más aguda”. Sin embargo, su vida en Italia dio un giro cuando Mussolini proclamó las leyes raciales de 1938, donde Zolli perdió la ciudadanía. Ese mismo año, Zolli  asumió el cargo de Gran Rabino de Roma, en un momento que marcaría el punto culminante de su transformación espiritual. En Roma, hacia 1940, Israel Zolli era ya Gran Rabino y rector del seminario rabínico, aunque este último estaba cerrado desde el año anterior.
Era el Día de la Expiación del otoño de 1944 y estaba presidiendo las liturgias religiosas en el templo…"el día estaba acercándose a su fin, y estaba completamente solo en medio de un gran número de personas. Empecé a sentir como si una niebla estuviese insinuándose en medio de mi alma; se hizo más densa…por la tarde se celebraba la última función litúrgica…no sentía ninguna alegría ni dolor, estaba vacío de pensamientos y sensaciones. Mi corazón yacía como muerto en mi pecho. Y rápidamente vi a Jesucristo vestido con un manto blanco…experimenté la mayor de las paces interiores…dentro mi corazón encontró las palabras: estás aquí por última vez. Las tomé en consideración con la mayor serenidad de espíritu y sin ninguna emoción en particular. La contestación de mi corazón fue: así sea, así será, así debe ser”.
Zolli insiste en su obra que, aunque algunos momentos puedan parecer trascendentales, lo fundamental de su conversión fue “el amor de Jesucristo, un amor que derivó de mis meditaciones sobre las Escrituras”. Alfonso de Ratisbona, un conocido banquero judío, también vivió una profunda conversión en Roma que lo llevaría más tarde a hacerse sacerdote. Sin embargo, su transformación fue más espontánea e impulsiva, a diferencia de la de Zolli, que fue el resultado de años de reflexión, maduración y una intensa búsqueda de sentido. Zolli mismo recordaba que, mientras “Ratisbona se convirtió luego de una aparición”, su propio camino fue “una búsqueda guiada por las Escrituras, una reflexión y una profundización propias del empeño de un erudito universitario”. Los escritos de otra hebrea convertida, Edith Stein, quien más tarde pasaría a ser Teresa Benedicta de la Cruz y moriría mártir en Auschwitz, lo influenciarían.

domingo, 12 de septiembre de 2021

María Estuardo ante el patíbulo

María Estuardo camino del patíbulo. Museo del Prado

**“En el corto camino de su cuarto a la sala de ejecución, María Estuardo había mirado varias veces a su alrededor para ver si su confesor estaba entre los presentes, para poder recibir su absolución y bendición al menos mediante un mudo gesto. Pero es en vano, su confesor no ha podido abandonar su cuarto. Ahora que ya se prepara a sufrir la ejecución sin consuelo religioso, aparece de pronto en el patíbulo el párroco reformado de Peterborough, doctor Fletcher; hasta en el último segundo de su vida se abre paso hasta ella la cruel y espantosa lucha entre las dos religiones que ha perturbado su juventud y destruido su destino. Desde luego los lores saben de sobra, porque la ha rechazado tres veces, que la creyente católica María Estuardo prefiere morir sin asistencia sacerdotal que con la asistencia de un sacerdote hereje. Pero igual que María Estuardo quiere honrar su religión ante el patíbulo, también los protestantes quieren hacer honor a la suya, también ellos exigen la presencia de su Dios. Con el pretexto de la delicada preocupación por la salvación de su alma, el párroco reformado da comienzo a un sermón más que mediocre, que María Estuardo, impaciente por morir con rapidez, trata en vano de interrumpir. Por tres y cuatro veces ruega al doctor Fletcher que no se esfuerce, que persiste en la fe católico-romana, en cuya defensa, por la gracia de Dios, va a derramar su sangre ahora. Pero el curita tiene poco respeto a la voluntad de una moribunda, y mucha vanidad. Ha preparado su sermón y se siente muy honrado de pronunciarlo ante tan distinguido auditorio. Sigue parloteando y salmodiando, y por fin a María Estuardo no se le ocurre otro remedio contra la adversa prédica que coger en una mano el crucifijo como si fuera un anua y en la otra su devocionario, caer de rodillas y rezar en voz alta en latín para sobreponerse con las sagradas palabras al tonsurado. En lugar de alzar juntos la voz a un Dios común por el alma de una persona sacrificada, a dos pasos del patíbulo se enfrentan las dos religiones; como siempre, la hostilidad es más fuerte que el respeto ante la angustia ajena. Shrewsbury y Kent, y con ellos la mayoría de los congregados, rezan en inglés. María Estuardo y su servidumbre, en latín. Sólo cuando el párroco calla al fin y retoma el silencio, María Estuardo vuelve a tomar la palabra en inglés y pronuncia una sonora intercesión por la golpeada Iglesia de Cristo. Da las gracias por el fin de sus padecimientos y declara en voz alta, apretando el crucifijo contra el pecho, que espera ser salvada por la sangre de Jesucristo, cuya cruz sostiene en sus manos y por el que está dispuesta a derramar la suya. Una vez más, el fanático conde de Kent trata de perturbar su pura oración, la exhorta a dejar a un lado esas mentiras papistas. Pero esta moribunda está ya demasiado lejos de toda disputa terrenal. No responde con un solo mido, una sola mirada, sino que alza audiblemente la voz sobre la sala para decir que perdona de todo corazón a todos sus enemigos, que tanto tiempo llevan buscando su sangre, y mega a Dios que los guíe hacia la verdad. Se produce un silencio. María Estuardo sabe lo que vendrá ahora. Una vez más, besa el crucifijo, pone los brazos en cruz y dice: “Igual que tus brazos, Jesucristo, están abiertos en esta cruz, así recíbeme en tus brazos compasivos y perdona todos mis pecados. Amén”.”
**María Estuardo de Stefan Zweig,página 361


domingo, 3 de noviembre de 2019

Los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido



Trescientos millones de cristianos viven en tierras de persecución, donde la fe no es un derecho a respetar. Veinte son los países en el mundo en los cuales llevar un crucifijo en el cuello puede ser discriminante. Un cristiano de cada siete corre riesgos cada día y alguna u otra forma de marginación además de hallarse en peligro. Así lo puntualiza la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre en un informe acerca de la persecución de los cristianos.



 "Los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido", aclara ACS examinando los desarrollos en los 20 países que registran violaciones de los derechos humanos sufridas por los cristianos.La situación, desde 2017 a hoy, parece lejos haber mejorado y la lista de los países en los que los cristianos sufren se enriquece con naciones como Camerún, Burkina Faso y Sri Lanka. Los dos últimos representan para el director del ACS, Alessandro Monteduro, los ejemplos más dramáticos de este escenario. "Los 20 países que Ayuda a la Iglesia que Sufre evidencia como terroristas en los que las minorías cristianas sufren la persecución hospedan 4.000 millones de personas. Por consiguiente, la defensa de la libertad religiosa debería ser como nunca antes prioritaria en la agenda de las grandes potencias nacionales y de las instituciones supranacionales. Y todavía hoy ello no es así", agregó.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Decíamos vacaciones de Navidad. Ahora, vacaciones de invierno.

Las filiales belgas de la Cruz Roja han recibido un email del Comité Provincial en Lieja que insta a quitar todos los crucifijos de sus instalaciones. Algunos voluntarios de la Cruz Roja entrevistados por RTL lamentan que se modifiquen símbolos y terminologías tradicionales. “Decíamos vacaciones de Navidad. Ahora, vacaciones de invierno. El mercado de Navidad en Bruselas se ha convertido en los Placeres de invierno”.

mercado de Navidad en Bruselas
Aunque la Cruz Roja atiende muchos refugiados de religión musulmana, recientemente el filósofo Rémi Brague explicaba que ciertos activistas laicistas hacen alusión al islam para combatir, en realidad, el cristianismo y sus signos. "Algunos laicoides sueñan con acabar con el cristianismo, dándole el golpe de gracia que tanto esperan desde el siglo XVIII. Explotan el miedo que mucha gente tiene del islam para intentar expulsar del espacio público todo rastro de la religión cristiana que, justamente, es lo que puede hacer distraer la atención, y que además es la religión contra la que el islam, desde el principio, ha definido sus dogmas", explica el filósofo.