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sábado, 12 de julio de 2025

22 de junio de 1941

El 22 de junio de 1941 fue uno de los días más importantes de la historia de Europa. La invasión alemana de la Unión Soviética, que empezó ese día bajo el nombre en clave de Operación Barbarroja, significó mucho más que un ataque sorpresa, un cambio de alianzas o una nueva etapa de la guerra, fue el principio de una catástrofe indescriptible. El enfrentamiento de la Wehrmacht y sus aliados con el Ejército Rojo provocó la muerte de más de diez millones de soldados y de un número comparable de civiles, que murieron, bajo los bombardeos, huyendo de ellos, o de hambre y enfermedades provocadas por la guerra en el frente oriental. Durante la contienda, los alemanes mataron además a unos diez millones de personas, entre ellas más de cinco millones de judíos y más de tres millones de prisioneros de guerra.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Aquellos rusos a los que se hacía prisioneros estaban sentenciados

Michael Burleigh, historiador británico especialista en historia contemporánea, escribe que aquellos rusos a los que se hacía prisioneros estaban sentenciados por norma, sin que se les haya prestado en ningún caso la atención, inconmensurablemente mayor, dedicada al Holocausto. Para el 1 de febrero de 1942, los alemanes habían capturado 3.350.000 hombres. De ellos, 1.400.000 murieron entre junio y noviembre de 1941, y otros 600.000 en los meses de diciembre y enero. Al final de la guerra, habían muerto 3.300.000 prisioneros del Ejército Rojo, la mayoría antes de la primavera de 1942. La tasa de muertes equivalente de los alemanes internados en los campos soviéticos, estimada en entre 350.000 y 800.000 hombres, palidece solo en comparación. En cambio, el número de prisioneros británicos y estadounidenses muertos en cautividad durante la guerra es de 8.348.


sábado, 18 de mayo de 2024

Cuando el pueblo de Finlandia se ganó el derecho a seguir viviendo

                               

Patrulla de esquiadores finlandeses en enero de 1940.

 
El 30 de noviembre de 1939, más de 400.000 soldados soviéticos, miles de tanques, aviones de guerra y artillería pesada cumplieron el mandamiento del líder de la URSS, Stalin. "Ordeno a las tropas del Distrito Militar de Leningrado que marchen sobre la frontera, aplasten a las fuerzas finlandesas de una vez por todas, aseguren las fronteras noroccidentales de la Unión Soviética y la ciudad de Leningrado, la cuna de la revolución del proletariado”."La guerra comenzó a las nueve en punto del 30 de noviembre. La gente de Helsinki se paró en las calles y escuchó el doloroso gemido cada vez más fuerte de las sirenas."Por primera vez en la historia oyeron el sonido de bombas cayendo sobre su ciudad. Esta es la forma moderna de declarar la guerra”, informó la periodista Martha Gellhorn."Esa mañana Helsinki era una ciudad helada habitada por sonámbulos. La guerra había llegado demasiado rápido y todos los rostros y todos los ojos miraban atónitos e incrédulos”.Mientras las bombas caían en la capital finlandesa, el Ejército Rojo avanzaba, el ataque era abrumador."La Unión Soviética ha invadido un vecino tan infinitesimalmente pequeño que no podría hacerle ningún daño posible", dijo el presidente Franklin Roosevelt condenando el ataque, y describió a Finlandia como "una pequeña nación que sólo busca la vida en paz como democracia. Una democracia liberal con visión de futuro".La Liga de Naciones expulsó a la Unión Soviética.Pero el mundo ofreció poco más. 
En el frente, los soldados finlandeses se mantenían firmes a pesar de que todo estaba en su contra y de los soviéticos, que, además de sus superiores fuerzas, contaban con que tendrían amigos en el terreno. Aquellos "rojos" que unos años antes habían luchado para que el país fuera comunista.Pero resulta que desde entonces, esos "rojos" habían encontrado su lugar en una sociedad que estaba allanando el camino para convertirse en un Estado de bienestar nórdico. Además, el pacto de no agresión que Moscú había firmado con Berlín en agosto ese año había sacudido a los comunistas del mundo.
El implacable clima jugó a favor de los finlandeses. Camuflados en blanco y tremendamente hábiles en sus esquíes, los soldados usaban su conocimiento del terreno accidentado y constantemente derrotaban a las tropas enemigas. A pesar de su inferioridad numérica, los triunfos de los finlandeses se multiplicaban.En años venideros se enseñaría en academias militares la batalla de Suomussalmi como una obra maestra, en la que utilizaron una táctica que se hizo famosa llamada motti. Ante la amenaza de cientos de unidades acorazadas contra las cuales no podían luchar, recurrieron a la astucia. Por blindados que fueran, los tanques estaban efectivamente restringidos a los largos y angostos caminos forestales sin prácticamente ninguna otra opción que avanzar o retroceder. La estrategia para vencerlos era separarlos en grupos cada vez más pequeños, poniendo obstáculos, como árboles talados, en las vías. Luego, pequeños grupos finlandeses llegaban esquiando en la retaguardia de las tropas rusas y cortaban sus cadenas de suministro, dejando a los soldados y caballos sin comida, y a los tanques sin combustible.


sábado, 9 de marzo de 2024

Había que liberar a Rusia de la URSS

El entierro de la URSS podía verse como una victoria del nacionalismo ruso, que juzgaba ese desmembramiento como una suerte de deseada liberación que libraba a Moscú de un rosario de incosteables sanguijuelas. Sólo Cuba, en el remoto Caribe, había costado a los rusos más de cien mil millones de dólares en inútiles subsidios a lo largo de varias décadas. ¿Qué sentido tenía continuar sosteniendo a la Nicaragua sandinista, agregar a la lista de satélites la Etiopía de Mengistu y la Angola revolucionaria, o insistir en la guerra colonial de Afganistán? Entonces se repetía una audaz frase que sintetizaba esta pragmática posición política: “Hay que liberar a Rusia de la URSS”. Al fin y al cabo, aún podándole las adherencias imperiales, Rusia seguía duplicando en tamaño a cualquiera de las otras grandes naciones de la tierra. El mundo veía a los soviéticos como verdugos, mientras los rusos, en cambio, se percibían como víctimas de una ideología que había hipertrofiado el perímetro de sus responsabilidades económicas y militares en perjuicio del bienestar de la propia población eslava.
¿Por qué Gorbachov, pese a su temperamento enérgico, no intentó frenar la descomposición de la URSS y del llamado campo socialista? Porque en la psicología profunda de Gorbachov había un elemento genuino de aborrecimiento de la violencia. Gorbachov no ignoraba que se estaba desintegrando el mundo parido por Lenin a partir de 1917, pero sabía que para mantenerlo sujeto era indispensable sacar el Ejército Rojo a las calles y matar varios millones de personas. Seguramente es lo que hubieran hecho Stalin, Kruschov o Breznev, pero él era demasiado compasivo para ordenar una carnicería de esa magnitud.¿Por qué fracasó el comunismo? Para Yakovlev fue porque “no se adaptaba a la naturaleza humana”.
Al comunismo no lo derribaron. Cayó bajo el peso de sus propias mentiras y contradicciones. Era una estructura hueca y fallida. Finalmente, se derrumbó.



martes, 27 de febrero de 2024

¿Cómo se puede explicar el brutal cambio que sufrió Rusia en apenas nueve meses de 1917?

¿Cómo se puede explicar el brutal cambio que se produjo en apenas nueve meses de 1917? Cambio que afectó a todas las esferas de la sociedad, economía, religión, política, cultura, etc. Sufrió Rusia prácticamente de la noche a la mañana un cambio absoluto que hizo a aun país irreconocible. El derrumbe de la monarquía llegó sin que nadie se diera cuenta (y obligado más por las presiones de los altos cargos, civiles y militares que por las masas levantiscas), y tras un vano intento de democratización al estilo occidental en una nación en plena guerra, una guerra no deseada por nadie, ni siquiera por la mayoría del ejército, una nación en que la agricultura se había ido al traste, con los obreros industriales reivindicando derechos, con las mujeres pidiendo pan, con un ejército cada día más inexistente, con algunas de las repúblicas del imperio reivindicando soberanía, pasó lo que tenía que pasar. El gobierno provisional con el príncipe Lvov y más tarde Kerenski al mando, fue incapaz de conectar con las reivindicaciones de un pueblo alzado y de firmar una paz en la guerra europea que todos reclamaban. Ello supuso su pena de muerte, y dio lugar a la toma del poder por los soviets. El zar dimite en febrero, y en octubre los soviets se alzan con el gobierno. Ahí es donde aparece la figura de Lenin, partidario de la toma rápida del poder por el partido bolchevique, frente al intento de control de otros grupos, como los mencheviques, los liberales, etc. Puesto a ello, lo consigue, y así se consolidó, en ese pequeño espacio de tiempo, el paso de la autocracia zarista trasnochada y agotada a la revolución comunista. Tendría que venir después la guerra civil, con la creación del Ejército Rojo y la consolidación de los bolcheviques en el poder, para que quedara en afianzado el nuevo régimen, que tuvo más de 70 años de existencia.
Las revoluciones son acontecimientos extraordinarios, con un impacto notable en la historia de las naciones y en el escenario internacional. Aunque el término revolución se usa constantemente, se hace de forma ambigua e imprecisa. En historia aparece indistintamente frente a revuelta o rebelión y casi siempre implica una ruptura con el pasado, un cambio de las relaciones entre la gente y sus modos de vida. 

lunes, 13 de noviembre de 2023

Un cementerio sin nombre


Escribe la historiadora Tilar J. Mazzeo en su libro Los niños de Irena que fue en 1945, al final de la guerra, cuando el Ejército Rojo estaba haciendo retroceder la retirada alemana. La llegada del Ejército Rojo no trajo alegría a Polonia. Pocas mujeres (desde las niñas en edad escolar hasta las abuelas) escaparon de ser violadas por los soldados soviéticos que pasaron el invierno en Cracovia. Y pocos alemanes que se enfrentaron a las tropas soviéticas lograron cruzar la frontera. A lo largo de Polonia hubo cientos de masacres anónimas e indescriptibles. Bajo el régimen comunista nadie se habría atrevido a prender una vela en el bosque, pero ahora las cosas han cambiado. Todavía hay ancianos, y en especial ancianas, que recuerdan. Mi cuñada dijo con tristeza: “Aquí están por todas partes. Polonia es un cementerio sin nombre, ¿y qué podemos hacer salvo dejar el pasado enterrado en silencio y tranquilidad?”.

lunes, 16 de enero de 2023

La dictadura del proletariado en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques


La revolución proletaria fracasó en todas partes menos en el Imperio ruso, que fue reconstruido por los bolcheviques tras una brutal guerra civil. Ningún otro líder socialista se mostró tan despiadado como Lenin a la hora de adoptar el “centralismo democrático” (que era lo opuesto a la democracia), rechazando el parlamentarismo y utilizando el terrorismo contra sus opositores. Algunas de las cosas que hicieron los bolcheviques (la nacionalización de la banca, la confiscación de tierras) emanaban directamente del Manifiesto de Marx y Engels. Otras (la mayor ferocidad y salvajismo de la represión… los mares de sangre) le debían más a Robespierre. La “dictadura del proletariado”,que en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques, era una aportación original de Lenin. Esta fue aún peor que la resurrección de Bazárov, el nihilista de Padres e hijos de Iván Turguénev (1856); fue aquello contra lo que su distanciado amigo Fiódor Dostoievski había advertido a Rusia en el epílogo de Crimen y castigo (1866), la pesadilla del asesino Raskolnikov de “una epidemia espantosa y sin precedentes” procedente de Asia; las personas afectadas perdían la razón al punto. Sin embargo, jamás los hombres se habían creído tan inteligentes, tan seguros de estar en posesión de la verdad; nunca habían demostrado tal confianza en la infalibilidad de sus juicios, de sus teorías científicas, de sus principios morales. Aldeas, ciudades, naciones enteras se contaminaban y perdían el juicio… Se reunían y formaban enormes ejércitos para lanzarse unos contra otros… las tropas se dividían, se rompían las formaciones, y los hombres se estrangulaban y devoraban unos a otros. Al este casi no hubo nada que parara la epidemia bolchevique; al oeste no pudo ir más allá del Vístula, ni al sur pudo pasar del Cáucaso, gracias a un hábil trío de emprendedores políticos que diseñaron aquella síntesis de nacionalismo y socialismo que era la auténtica manifestación del Zeitgeist: Józef Piłsudski en Polonia, Kemal Atatürk en Turquía y Benito Mussolini en Italia. La derrota del Ejército Rojo en las afueras de Varsovia (agosto de 1920), la expulsión de los griegos de Anatolia (septiembre de 1922) y la Marcha fascista sobre Roma (octubre de 1922) marcaron el advenimiento de una nueva era, escribe el historiador Niall Ferguson.



domingo, 24 de julio de 2022

Stalin jamás manifestó compasión por los judíos

Desde el comienzo del hitlerismo, Stalin jamás manifestó la menor compasión por los judíos. ¡Hasta tiene un trasfondo de opinión hostil a los judíos! Antes de la guerra, deliberadamente cerró el territorio soviético a las víctimas alemanas de la persecución antisemita. Después de la guerra, siempre desconfió de las centenas de miles de judíos polacos que huían de Hitler a la URSS, primero en el otoño de 1939 y luego en los meses que siguieron al ataque de junio de 1941. Les temió por su doble carácter extranjero, de judíos y de polacos. Varias decenas de miles terminaron ese éxodo en el Gulag. Poco después, en 1944-1945, el Ejército Rojo liberó a clases y naciones, pero no tuvo una sola palabra, en su vocabulario, para la tragedia judía; cuando entró en Auschwitz, en enero de 1945, en Occidente no se sospechaba nada de lo que encontraría allí. Habrá que esperar hasta mayo y a una demanda inglesa para obtener un informe oficial cuya versión, difundida por la radio, no incluye la palabra “judío”. En las naciones del este de Europa liberadas y ocupadas por su ejército, Stalin encuentra una razón de más para no conceder a los judíos participación alguna en la victoria sobre el nazismo, pues esas naciones conservan un fondo de opinión antisemita, que sobrevive a la matanza organizada de judíos. Su sentimiento nacional es inseparable de él. Ya es bastante tomarlo de revés por la gran proporción de judíos que lograron salvarse por estar incluidos en la nomenklatura de los pequeños partidos comunistas locales; por una especie de pugna para obtener una compensación, será necesario que esos dirigentes judíos hagan olvidar su origen por partida doble; siendo los más patriotas de los patriotas en sus países respectivos, y los más fieles a Moscú de los fieles a Moscú en el movimiento comunista internacional. De suerte que el martirio judío vendrá a diluirse en el de las naciones, y en cada uno de estas el peso de su desdicha se inscribirá en la cuenta de crédito del Ejército Rojo. Después de Auschwitz y de Treblinka, los judíos sobrevivientes aún pagaron el elevado precio de aun no tener patria. 

sábado, 15 de enero de 2022

Stalin quitó importancia al Holocausto

                Un médico del Ejército Rojo, camina con un grupo de supervivientes.


El 27 de Enero de 1945 Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo. De todos los campos de exterminio nazis, el de Auschwitz fue el más terrible. Terrible por el gran número de personas que fueron asesinadas allí, un número que se estima en, al menos, un millón; en su gran mayoría, judíos de toda Europa, y más de 200.000 niños. Cuenta Michael Jones que “preparar una crónica sobre el horror de Auschwitz supuso un gran reto para los corresponsales del Ejército Rojo, y la realidad de lo que encontraron allí fue distorsionada luego por el régimen soviético. Los soldados del Ejército Rojo eran una simple pieza más dentro de la despiadada y brutal maquinaria política de Stalin. Durante el transcurso de la guerra, aquel régimen estuvo quitando importancia de forma progresiva al impacto del Holocausto……el estado soviético raramente se refería a las matanzas de judíos, y por lo general describía a las víctimas del Holocausto dentro de sus propias fronteras con la fórmula anodina de “ciudadanos soviéticos pacíficos”. Los motivos de Stalin eran complejos, en parte antisemitas y en parte nacidos de la desconfianza política hacia cualquier grupo religioso o racial que pudiera ostentar una identidad autónoma dentro de la Unión Soviética”.