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lunes, 23 de diciembre de 2024

¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios?

“¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios? En ambas situaciones son buscados, pues los desgraciados necesitan asistencia, y los afortunados, amigos con quienes convivir y a los cuales puedan favorecer, porque quieren hacer el bien”, escribe Aristóteles.

martes, 10 de diciembre de 2024

El número de enfermedades mentales aumenta

Al mismo tiempo que las enfermedades como las diarreas infantiles, la tuberculosis, la difteria, la fiebre tifoidea, son eliminadas y la mortalidad disminuye, el número de enfermedades mentales aumenta. En ciertos lugares la cantidad de locos internados en los asilos sobrepasa a la de todos los otros enfermos hospitalizados. Al margen de la locura, el desequilibrio nervioso acentúa su frecuencia y es uno de los factores más activos de la desdicha de los individuos y de la desgracia de las familias. Quizás este deterioro mental es más peligroso para la civilización que las enfermedades infecciosas de las cuales se han ocupado exclusivamente la medicina y la higiene.
Se sienten asediados por el temor de perder su empleo, sus economías, su fortuna, sus medios de subsistencia. No pueden satisfacer la necesidad de seguridad que existe en el fondo de cada uno de nosotros. A despecho de la tranquilidad social, permanecen inquietos y a menudo, aquellos que son capaces de reflexionar, se sienten desgraciados, escribe Alexis Carrel, que fue galardonado con el Premio Nobel. 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad y no la alcanzará

“Gracias a la higiene, al hábito de los deportes, a ciertas restricciones alimenticias, a los salones de belleza, a la actividad superficial engendrada por el teléfono y el automóvil, todos conservan un aspecto más alerta y más vivo. A los cincuenta años, las mujeres continúan siendo jóvenes. Pero el progreso moderno nos ha dado al mismo tiempo que oro, mucha moneda falsa. Cuando los rostros renovados y tersos por el arte del cirujano se desploman; cuando los masajes no son suficientes para reprimir la invasión de las grasas, las que guardaron tanto tiempo la apariencia de la juventud se vuelven peores que lo que fueron, a la misma edad, sus abuelas. Los pseudojóvenes que juegan tenis y bailan como si tuvieran veinte años; los que se desembarazan de su mujer ya vieja para casarse con una muchacha, están expuestos al reblandecimiento cerebral, a las enfermedades del corazón y de los riñones. A veces también mueren de manera brusca en su cama, en su oficina, en la cancha de golf, a una edad en que sus antepasados conducían aún la carreta, o dirigían con mano firme sus negocios. Ignoramos la causa de estas fallas de la vida moderna. Sin duda, los médicos y los higienistas sólo tienen una pequeña parte de esta responsabilidad. Probablemente son los excesos de todo género, la inseguridad económica, la multiplicidad de las ocupaciones, la ausencia de disciplina moral, las preocupaciones, quienes determinan el deterioro anticipado de los individuos.”
“¿Para qué aumentar la duración de la vida de las gentes cuando son desgraciadas, egoístas, estúpidas e inútiles? Es la calidad de los seres humanos la que importa y no su cantidad. No hay que procurar que aumente el número de centenarios, antes de haber descubierto el medio de prevenir la degeneración intelectual y moral y las enfermedades lentas de la decrepitud.”
“La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad. No la alcanzará porque está ligada a las leyes de su constitución orgánica, pero logrará quizás retardar durante algún tiempo la marcha inexorable de la duración fisiológica. No logrará, vencer a la muerte porque la muerte viene a constituir un rescate que debemos pagar por nuestro cerebro y nuestra personalidad. A medida que progresen los conocimientos de la higiene del cuerpo y del alma, sabremos que la vejez, sin la enfermedad, no es temible. Es a la enfermedad y no a la vejez a quien debemos la mayor parte de nuestras desdichas”, escribe Alexis Carrel, galardonado con el Premio Nobel de Medicina.

domingo, 24 de julio de 2022

Stalin jamás manifestó compasión por los judíos

Desde el comienzo del hitlerismo, Stalin jamás manifestó la menor compasión por los judíos. ¡Hasta tiene un trasfondo de opinión hostil a los judíos! Antes de la guerra, deliberadamente cerró el territorio soviético a las víctimas alemanas de la persecución antisemita. Después de la guerra, siempre desconfió de las centenas de miles de judíos polacos que huían de Hitler a la URSS, primero en el otoño de 1939 y luego en los meses que siguieron al ataque de junio de 1941. Les temió por su doble carácter extranjero, de judíos y de polacos. Varias decenas de miles terminaron ese éxodo en el Gulag. Poco después, en 1944-1945, el Ejército Rojo liberó a clases y naciones, pero no tuvo una sola palabra, en su vocabulario, para la tragedia judía; cuando entró en Auschwitz, en enero de 1945, en Occidente no se sospechaba nada de lo que encontraría allí. Habrá que esperar hasta mayo y a una demanda inglesa para obtener un informe oficial cuya versión, difundida por la radio, no incluye la palabra “judío”. En las naciones del este de Europa liberadas y ocupadas por su ejército, Stalin encuentra una razón de más para no conceder a los judíos participación alguna en la victoria sobre el nazismo, pues esas naciones conservan un fondo de opinión antisemita, que sobrevive a la matanza organizada de judíos. Su sentimiento nacional es inseparable de él. Ya es bastante tomarlo de revés por la gran proporción de judíos que lograron salvarse por estar incluidos en la nomenklatura de los pequeños partidos comunistas locales; por una especie de pugna para obtener una compensación, será necesario que esos dirigentes judíos hagan olvidar su origen por partida doble; siendo los más patriotas de los patriotas en sus países respectivos, y los más fieles a Moscú de los fieles a Moscú en el movimiento comunista internacional. De suerte que el martirio judío vendrá a diluirse en el de las naciones, y en cada uno de estas el peso de su desdicha se inscribirá en la cuenta de crédito del Ejército Rojo. Después de Auschwitz y de Treblinka, los judíos sobrevivientes aún pagaron el elevado precio de aun no tener patria. 

sábado, 5 de febrero de 2022

La desdicha de nuestros nietos



Apenas alcanzamos a imaginar la desdicha y la angustia de nuestros nietos cuando de pronto se dan cuenta de que su herencia consiste en un volumen, jamás imaginado hasta el momento, de deuda nacional que exige ser restituida. No estamos aún preparados para visualizarlo, ni siquiera ahora, cuando por cortesía de nuestro propio Gobierno se nos ha ofrecido la oportunidad de probar la primera cucharada de la amarga medicina que ellos, nuestros nietos, se verán forzados a tomar a calderos enteros.

lunes, 29 de junio de 2020

Todas las visiones de un mundo hecho a medida pintadas hasta ahora resultan indigeribles




El filósofo Zygmunt Bauman manifiesta que “todas las imágenes de una sociedad feliz pintada por distintas brochas y en variados colores durante los últimos dos siglos demostraron ser quimeras inalcanzables o, en los casos en los que su advenimiento se produjo, insoportables. Todas las formas de planificación social han demostrado que producen tanta desdicha como felicidad, si no más. Todas las visiones de un mundo hecho a medida pintadas hasta ahora resultan indigeribles, y todas las que aún no han sido dibujadas son sospechosas a priori. Hoy viajamos sin una idea de destino que nos guíe".