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lunes, 6 de julio de 2026

Lo difícil que resulta ser humano sin conciencia de eternidad

La eternidad no puede deducirse en modo alguno del interior de la experiencia humana. No puede verse, tocarse, oírse, olerse ni saborearse. Y, sin embargo, en vano buscaríamos una población humana que no considerase evidente la eternidad. La conciencia de la eternidad (o, más bien, deberíamos decir la creencia en la eternidad) puede concebirse como uno de los rasgos definitorios de la humanidad, escribe Zygmunt Bauman.
Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía, en no menor medida, lo difícil que resulta ser humano sin ella… Según otro cultivado personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones.

martes, 14 de abril de 2026

Una ciudad repleta de tullidos y lisiados, de mal y demás

 Hilarie Belloc 
Contaba Sir Arnold Lunn en su ensayo Recuerdos de Hilarie Belloc que“si hubiera continuado confiando solo en mis sentimientos y emociones, quizá ahora no creería en la inmortalidad; pero puedo decir con Belloc que en cuanto a las dudas de mi alma, he descubierto que son falsas, un estado de ánimo, no una conclusión. Mi conclusión, y la de todos los hombres que la han visto alguna vez, es la Fe, colectiva, organizada, un ente, una enseñanza. Una cosa, no una teoría. Eso”. 
Lunn citando a Belloc en el epígrafe de su libro Dentro de esa ciudad escribe que“existe una ciudad repleta, como todas las ciudades, de tullidos y lisiados, de mal y demás; pero es la Ciudad de Dios….En la tierra no hay dos ciudades así. Solo hay Una…Dentro de ese hogar, el espíritu humano tiene un techo y un fuego; fuera de el la noche.”


lunes, 16 de marzo de 2026

Nuestra última esperanza es la belleza

Cuando la verdad y la bondad han sido atacadas por todos los frentes, desde el cientificismo positivista hasta las últimas filosofías de moda, nuestra última esperanza es la belleza. La razón es muy simple, no podemos negar su efecto en nuestra alma, y la certeza de la propia experiencia es inmune a cualquier tratado y a cualquier método, por más que los racionalistas pretendan lo contrario. Kieslowski, saliendo de una reunión a las afueras de París cuando acababa de terminar de grabar Le double vie de Véronique, dijo que “Una chica de quince años se me acercó y dijo que había ido a ver mi película. Había ido una, dos, tres veces y sólo quería decirme una cosa… que se había dado cuenta de que existe el alma. Antes no lo sabía, pero ahora sabía que el alma existe”.
La esperanza, la profundísima esperanza que se aloja en la belleza de la nostalgia y en el arraigado amor de quienes rodean el púlpito de la vida es la única antorcha que a la secularizada alma occidental, que al flagelado espíritu adolorido, le queda por levantar frente al dolor y las miserias propias de la vida. Frente al dolor, música. Frente al vacío, la Palabra. Cuánta razón tenía Dostoyevski cuando dijo que la belleza salvaría al mundo. A la parisina, la belleza le recordó la inmortalidad del alma.


domingo, 14 de septiembre de 2025

El programa de un Nuevo Orden Mundial tiene el precio de despersonalizar a las masas

“El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial, tiene su origen en un pensamiento diabólico-destructivo y no teológico”, manifiesta el Cardenal Müller, “el programa de un Nuevo Orden Mundial bajo la condición de una economización total del hombre, en el que las élites financieras y políticas autoproclamadas quedan como sujetos pensantes y controladores, tiene el precio de despersonalizar a las masas. El ser humano es sólo el producto biológico en bruto que se actualiza en un ordenador, en una red total de información. Entonces ya no hay persona, no hay inmortalidad del alma, no hay ser vivo con corazón y mente, espíritu y libre albedrío. Sigue siendo una construcción sin hogar y sin esperanza”. “Esto implica la reducción del 99% de la población mundial a una biomasa astillada, a un material humano o a un grupo de consumidores, a bots. Los seres humanos sólo tienen tanto valor (económico, no moral) como contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema de dominación y explotación.
Esa deshumanización no es más que el producto de un ser humano, concebido desde una perspectiva materialista, es decir, despojar al ser humano de toda realidad metafísica, despojarle de Dios; que vale en tanto en cuanto contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema”.


viernes, 25 de abril de 2025

Siete Sabios, personajes legendarios y semíticos

Entre los siglos VII y VI antes de Cristo vivieron los denominados Siete Sabios, personajes legendarios y semíticos, pensadores y hombres de Estado sobre los que no es posible precisar con seguridad cuando vivieron ni la autenticidad de sus nombres. De ellos provienen sentencias, los primeros preceptos morales para alcanzar una existencia virtuosa que transmitieron con relativa fidelidad autores posteriores. Algunos ejemplos son "Conócete a ti mismo”, probablemente de Tales, “No hables mal del que ha muerto” de Quilón, “Nada es demasía” de Solón, “Conoce el momento oportuno” de Pitaco, “La mayoría de los seres humanos son malos” de Biante, “Lo mejor, la medida” de Cleóbulo, “La precipitación es peligrosa” de Periandro.
Para Pitágoras (siglo VI antes de Cristo) el cielo entero es armonía y número, un orden universal inmenso y bello, que también está en correspondencia con el alma. El pensamiento pitagórico eleva el alma hasta convertirla en el verdadero ser del hombre, que tiene que cuidar moralmente de su esencia. El hombre es concebido como un ser espiritual dotado de atributo divino de inmortalidad.

miércoles, 3 de julio de 2024

Para Platón los seres humanos están dotados de una chispa divina

Platón
Para Platón los seres humanos están dotados de una “chispa divina” de razón que les permite, tanto individual como colectivamente, controlar sus impulsos más primitivos. “Deberíamos dirigir nuestra vida pública y privada, nuestros hogares y nuestras ciudades”, dice, “obedeciendo a esa pequeña chispa de inmortalidad que habita en nosotros, y dignificar esta asignación de razón con el nombre de ley”. “No puede ser una casualidad que el nombre de esta institución tan maravillosa y de origen divino, la ley (nomos), se relacione de forma tan sugerente con la razón (nous)”.
“¿Cuál debe ser la primera ley que nuestro legislador debería establecer? Sin duda, el primer tema que tratará en su normativa será el del nacimiento de los hijos en el Estado, la unión de dos personas en la sociedad del matrimonio”. Para Platón el matrimonio debe regularse antes que cualquier otra cosa ya que es crucial para la crianza y la educación de los futuros ciudadanos. 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad y no la alcanzará

“Gracias a la higiene, al hábito de los deportes, a ciertas restricciones alimenticias, a los salones de belleza, a la actividad superficial engendrada por el teléfono y el automóvil, todos conservan un aspecto más alerta y más vivo. A los cincuenta años, las mujeres continúan siendo jóvenes. Pero el progreso moderno nos ha dado al mismo tiempo que oro, mucha moneda falsa. Cuando los rostros renovados y tersos por el arte del cirujano se desploman; cuando los masajes no son suficientes para reprimir la invasión de las grasas, las que guardaron tanto tiempo la apariencia de la juventud se vuelven peores que lo que fueron, a la misma edad, sus abuelas. Los pseudojóvenes que juegan tenis y bailan como si tuvieran veinte años; los que se desembarazan de su mujer ya vieja para casarse con una muchacha, están expuestos al reblandecimiento cerebral, a las enfermedades del corazón y de los riñones. A veces también mueren de manera brusca en su cama, en su oficina, en la cancha de golf, a una edad en que sus antepasados conducían aún la carreta, o dirigían con mano firme sus negocios. Ignoramos la causa de estas fallas de la vida moderna. Sin duda, los médicos y los higienistas sólo tienen una pequeña parte de esta responsabilidad. Probablemente son los excesos de todo género, la inseguridad económica, la multiplicidad de las ocupaciones, la ausencia de disciplina moral, las preocupaciones, quienes determinan el deterioro anticipado de los individuos.”
“¿Para qué aumentar la duración de la vida de las gentes cuando son desgraciadas, egoístas, estúpidas e inútiles? Es la calidad de los seres humanos la que importa y no su cantidad. No hay que procurar que aumente el número de centenarios, antes de haber descubierto el medio de prevenir la degeneración intelectual y moral y las enfermedades lentas de la decrepitud.”
“La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad. No la alcanzará porque está ligada a las leyes de su constitución orgánica, pero logrará quizás retardar durante algún tiempo la marcha inexorable de la duración fisiológica. No logrará, vencer a la muerte porque la muerte viene a constituir un rescate que debemos pagar por nuestro cerebro y nuestra personalidad. A medida que progresen los conocimientos de la higiene del cuerpo y del alma, sabremos que la vejez, sin la enfermedad, no es temible. Es a la enfermedad y no a la vejez a quien debemos la mayor parte de nuestras desdichas”, escribe Alexis Carrel, galardonado con el Premio Nobel de Medicina.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Sacralidad de la vida

Para Hannah Arendt, escritora e intelectual judía, la razón de que la vida se afirmara como fundamental punto de referencia en la Época Moderna y de que siga siendo el supremo bien de la sociedad moderna, radica en que la inversión moderna operó en la estructura de una sociedad cristiana cuya creencia principal en la sacralidad de la vida ha sobrevivido (incluso ha permanecido inamovible) a la secularización y a la general decadencia de la fe cristiana.La “buena nueva” cristiana sobre la inmortalidad de la vida humana individual invirtió la antigua relación entre el hombre y el mundo y elevó la cosa más mortal, la vida humana, a la posición de la inmortalidad, hasta entonces ocupada por el cosmos.
La actividad política, que hasta entonces se inspiró fundamentalmente en anhelar una inmortalidad mundana, se hundió al bajo nivel de una actividad sujeta a la necesidad, destinada a remediar las consecuencias de la pecaminosidad humana, por un lado, y a complacer los deseos e intereses de la vida terrena, por el otro.La fama que el mundo concedía al hombre era ilusión, puesto que el mundo era mucho más perecedero que el hombre, y el esfuerzo para alcanzar la inmortalidad mundana carecía de significado, ya que la propia vida era inmortal…..La vida individual perdió en otro tiempo su garantizada inmortalidad con la caída de Adán y ahora, por medio de Cristo, había vuelto a ganar una nueva vida, potencialmente perdurable, que, no obstante, podía perderse de nuevo con una segunda muerte debida al pecado individual.



domingo, 9 de julio de 2023

Inmortalidad

La respuesta cristiana (al menos si uno cree) seguramente sea la que despliega mejores “efectos prácticos” de todas. Si no se excluye el amor, ni tan siquiera el apego hacia el cúmulo de aquello que de divino tiene lo humano (y no se excluye, como hemos podido comprobar en san Agustín y Pascal), si los seres concretos, no ya el prójimo, sino quienes nos son cercanos, son parte integrante de lo divino en la medida en que son salvados por Dios y están llamados a una resurrección concreta y personal, la doctrina cristiana referente a la salvación es la única que nos permite no sólo superar el miedo a la muerte, sino incluso la muerte misma. Al actuar de forma personal (no anónima ni abstracta), parece proponer a los hombres la buena nueva de una victoria por fin real; el logro de la inmortalidad personal que nos ensalza por encima de nuestra condición de mortales, escribe el filósofo francés Luc Ferry.

Resurrección de Carlos Bersabé

Y añade Ferry que si las promesas que me ha hecho Cristo, la Palabra encarnada que quienes nos han ofrecido testimonio fiable pudieron contemplar con sus propios ojos, son verdaderas; si la Providencia se hace cargo de mí como persona; si es así de humilde, mi inmortalidad será así de personal. Es, por tanto, la muerte misma y no sólo los temores que suscita en nosotros lo que, por fin, se vence. La inmortalidad ya no es esa realidad anónima y cósmica del estoicismo, sino una individual y consciente, la de la resurrección de las almas acompañadas de sus gloriosos cuerpos. Así, es la concepción del amor en Dios la que conferirá su sentido último a esta revolución llevada a cabo por el cristianismo a partir de los términos del pensamiento griego. Y es ese amor el que conforma el corazón de la nueva doctrina de salvación que demostrará ser al final “más fuerte que la muerte”.

domingo, 28 de mayo de 2023

Aquéllos que tienen una vida espiritual rica y desbordada, acceden en buena medida a la inmortalidad

Muchos seres humanos tenían almas bárbaras, y ya sabemos que “los ojos y los oídos son malos testigos para quienes tienen almas bárbaras” (Heráclito). Igual que Bías de Priene, uno de los Siete Sabios, consideraba que “la mayoría de los hombres son malos”, e igual que Juvenal aseveraba que “ciertamente, raros son los buenos, su número apenas alcanza las puertas de Tebas o las bocas del abundante Nilo”, así también los hombres dotados de una recia personalidad, esos hombres que, al decir de Aristóteles, han realizado algo sobresaliente y “son palmariamente melancólicos”, aquéllos que tienen una vida espiritual rica y desbordada, constituyen una pequeña minoría, un reducido círculo de seres humanos sobresalientes que ejemplifican con su existencia y acceden en buena medida a la inmortalidad.



lunes, 24 de abril de 2023

La cristiana es la primera moral universalista

Según el Evangelio de San Juan, Jesús mismo experimentó la muerte de un amigo, Lázaro, y lloró como lo hiciera el primer ser humano. Simplemente experimentó la sensación de desgarro que nos produce la separación. Pero, a diferencia del resto de los simples mortales, era capaz de resucitar a su amigo. Y lo hizo, según Él, para demostrar que “el amor es más fuerte que la muerte”. En el fondo, este mensaje es lo esencial de la doctrina cristiana de la salvación. Para aquellos que aman, para aquellos que confían en la palabra de Cristo, la muerte no es más que una apariencia, un tránsito. A través del amor y de la fe, podemos obtener la inmortalidad, escribe el filósofo Luc Ferry.

Luc Ferry

Constatamos aún hoy que las civilizaciones que no han conocido el cristianismo tienen grandes dificultades para crear regímenes democráticos, sobre todo porque la idea de igualdad no tiene nada de evidente para ellos, dice Luc Ferry. Poco importa que uno rece una o cien veces al día, poco importa que esté prohibido o no comer esto o aquello. Todas o casi todas las leyes resultan aceptables siempre que no afecten al fondo, al espíritu de un mensaje cristiano que no tiene nada que ver con lo que se come, ni con los hábitos que se tienen, ni con el respeto a los rituales…..La idea de la igual dignidad de los seres humanos convertirá a la humanidad en un concepto ético de primer nivel. Con ella, la noción griega de bárbaro, sinónimo de extranjero, tiende a desaparecer para dejar paso a la convicción de que la humanidad o es una o no es. En una jerga filosófica que tiene mucho sentido usar en este punto, se podría decir que la cristiana es la primera moral universalista.

sábado, 8 de octubre de 2022

Sin religión y sin poesía, la muerte es una cosa repugnante

Escribe el filósofo suizo Henri Frédéric Amiel que sin religión y sin poesía, la muerte es una cosa repugnante, y el hombre un bruto….El hombre se honra honrando al hombre, se ennoblece purificando y santificando la muerte, se fortifica celebrando su inmortalidad, se eleva en contacto con Dios. Al escamotear el fin, convirtiendo el féretro en algo vergonzoso, el coche fúnebre en un objeto de disgusto, y reduciendo el último deber a una furtiva mirada, se ultraja la majestad humana y se elude la lección divina.

miércoles, 5 de enero de 2022

Sólo España e Inglaterra tienen asegurada la inmortalidad


Los pueblos europeos llevan consigo, como todos los pueblos, el principio de su destrucción. No serán inmortales. Ninguna cosa humana lo es, si se exceptúa el ideal….Francia, Alemania, Italia, las grandes y pequeñas potencias, declinarán, menguarán, se convertirán en lugares de veneración para la humanidad; en santuarios de piadosa recordación. Sólo España e Inglaterra tienen asegurada la inmortalidad. Roma sucumbió, pero queda su espíritu que alienta desde la Rumania de las expediciones de Trajano hasta la Iberia de Séneca y Marcial; Inglaterra y España sucumbirán; mas hay otra Inglaterra pujante, bien lo sabemos los mexicanos, y muchas Españas heroicas en esta tierra de Colón, escribe el filósofo mexicano Antonio Caso.

domingo, 2 de febrero de 2020

Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata


Zygmunt Bauman escribe que “Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía lo difícil que resulta ser humano sin ella. Según otro personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones. Del propio Rakitin, el hermano de Iván, Dimitri, cuenta que, en su opinión, “a un hombre inteligente todo le está permitido”. “¡La química, hermano, la química! No hay nada que hacer, reverendo, apártese un poco, ¡la química pasa!”. Lo que sucederá una vez que todos los seres humanos se deshagan de Dios y de la eternidad es que el hombre se concentrará en “exprimir de la vida cuanto esta pueda dar, pero sólo para alcanzar la felicidad y la alegría en este mundo”. Por entonces el ser humano llegará a ser él mismo “el hombre-dios”, imbuido de un espíritu divino y de “un orgullo titánico”. El conocimiento de que la vida no es sino un momento efímero, de que no se ofrece una segunda oportunidad, cambiará la naturaleza del amor. El amor no tendrá tiempo de acampar. Lo que pierda en duración lo ganará en intensidad. Arderá de manera más deslumbrante que nunca, consciente de hallarse condenado a ser vivido y agotado en un solo instante y hasta el fondo, en lugar de propagarse insulsa y discretamente, como antes, por la eternidad y la vida inmortal del alma… Reparemos en que es Satanás quien habla para variar, cuando visita a Iván en su pesadilla. ¿Pesadilla? ¿Por qué pesadilla? Porque se necesitarán milenios para que la humanidad entera se ponga al tanto y alcance la sagacidad, hasta ahora sólo en posesión de Satanás y de los pocos sabios… Mientras que el resto de la humanidad continuará sumida en sus supersticiones y atravesando a tientas los oscuros corredores de la eternidad, esos pocos ilustrados llegarán a ser dioses; no como los dioses inmortales entre los mortales, sino como dioses libres en el mundo de esclavos. Y es que “¡Para Dios, la ley no existe! ¡Dónde esté Dios, el lugar ya es divino! Donde esté yo, aquel será al instante el primer lugar. “Todo está permitido”, ¡y basta!”. Tal vez exista un paraíso de amor apasionado esperando al final del camino hacia la sabiduría racional, pero puede llevar milenios recorrer ese camino. Y, mientras tanto, mientras se recorre kilómetro a kilómetro, año tras año, el infierno”.

domingo, 22 de abril de 2018

La verdad no es inculcada, pues está en cada uno.

Antonio Corradini: La verdad velada
Søren Kierkegaard (1813– 1855), que fue un prolífico filósofo y teólogo danés y se le considera el padre del existencialismo, decía que si la verdad ha de aprenderse, tenemos que presuponer que no se halla ahí y que, en cuanto debe aprenderse, se la busca. Topamos con la dificultad hacia la que Sócrates dirigía la atención en el Menón presentándola como una “propuesta guerrera”. A un hombre le resulta imposible buscar lo que sabe y le es igualmente imposible buscar lo que no sabe, porque lo que sabe no puede buscarlo, pues ya lo sabe, y lo que no sabe tampoco puede buscarlo, pues ni siquiera sabe qué debe buscar. Sócrates
Kierkegaard
resuelve la dificultad a través de la idea de que todo aprender y todo buscar es sólo recordar, de tal modo que el ignorante no necesita más que rememorar para llegar a ser consciente de lo que sabe. Así pues, “la verdad” no le es inculcada, pues estaba en él. En ella se concentra realmente el pathos griego que se convierte en una prueba de la inmortalidad del alma.


La felicidad eterna, dice Kierkegaard, me ha sido concedida retrospectivamente a partir de la posesión de la verdad que yo tenía desde el comienzo sin saberlo. Sócrates afirma que sólo desearía preguntar, porque la intención final de todo preguntar es que el propio interrogado posee la verdad y ha de alcanzarla por sí solo.