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miércoles, 23 de julio de 2025
sábado, 5 de abril de 2025
Pensar en un acceso privilegiado a la verdad no es nada más que oscurantismo
Descartes siempre creyó que todo el mundo podía comprender la verdad perfectamente, sin necesidad de recurrir a tediosas, oscuras y viejas ideas, cuya función defensiva era apenas disimulable. Con independencia de su condición o género, todas las personas debían ser capaces de captar el contenido racional de cualquier idea. Siempre que ciertos factores adversos, como el analfabetismo, o nocivos, como las enseñanzas viciadas o el fanatismo, no distorsionaran la capacidad natural de la mente, esta tenía que ser capaz de comprender y asentir a los pensamientos correctos, formulados con claridad y distinción.
Para Descartes, pensar en un acceso privilegiado a la verdad no es nada más que superstición y oscurantismo. Ni los magos, en tanto que portavoces de lo “oculto”, ni los eruditos, en virtud de su supuesto conocimiento de las fuentes de autoridad, sancionadas por la tradición, estaban más cerca de la verdad que el hombre común, que solo disponía de la razón natural. La verdad podía estar escondida y hallarla podía resultar una tarea difícil, mas no era un misterio impenetrable al buen juicio, a la razón vehiculada correctamente.
Referencia: Descartes (Jaume Xiol)
Para Descartes, pensar en un acceso privilegiado a la verdad no es nada más que superstición y oscurantismo. Ni los magos, en tanto que portavoces de lo “oculto”, ni los eruditos, en virtud de su supuesto conocimiento de las fuentes de autoridad, sancionadas por la tradición, estaban más cerca de la verdad que el hombre común, que solo disponía de la razón natural. La verdad podía estar escondida y hallarla podía resultar una tarea difícil, mas no era un misterio impenetrable al buen juicio, a la razón vehiculada correctamente.
Referencia: Descartes (Jaume Xiol)
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domingo, 2 de febrero de 2020
Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata
Zygmunt Bauman escribe que “Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía lo difícil que resulta ser humano sin ella. Según otro personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones. Del propio Rakitin, el hermano de Iván, Dimitri, cuenta que, en su opinión, “a un hombre inteligente todo le está permitido”. “¡La química, hermano, la química! No hay nada que hacer, reverendo, apártese un poco, ¡la química pasa!”. Lo que sucederá una vez que todos los seres humanos se deshagan de Dios y de la eternidad es que el hombre se concentrará en “exprimir de la vida cuanto esta pueda dar, pero sólo para alcanzar la felicidad y la alegría en este mundo”. Por entonces el ser humano llegará a ser él mismo “el hombre-dios”, imbuido de un espíritu divino y de “un orgullo titánico”. El conocimiento de que la vida no es sino un momento efímero, de que no se ofrece una segunda oportunidad, cambiará la naturaleza del amor. El amor no tendrá tiempo de acampar. Lo que pierda en duración lo ganará en intensidad. Arderá de manera más deslumbrante que nunca, consciente de hallarse condenado a ser vivido y agotado en un solo instante y hasta el fondo, en lugar de propagarse insulsa y discretamente, como antes, por la eternidad y la vida inmortal del alma… Reparemos en que es Satanás quien habla para variar, cuando visita a Iván en su pesadilla. ¿Pesadilla? ¿Por qué pesadilla? Porque se necesitarán milenios para que la humanidad entera se ponga al tanto y alcance la sagacidad, hasta ahora sólo en posesión de Satanás y de los pocos sabios… Mientras que el resto de la humanidad continuará sumida en sus supersticiones y atravesando a tientas los oscuros corredores de la eternidad, esos pocos ilustrados llegarán a ser dioses; no como los dioses inmortales entre los mortales, sino como dioses libres en el mundo de esclavos. Y es que “¡Para Dios, la ley no existe! ¡Dónde esté Dios, el lugar ya es divino! Donde esté yo, aquel será al instante el primer lugar. “Todo está permitido”, ¡y basta!”. Tal vez exista un paraíso de amor apasionado esperando al final del camino hacia la sabiduría racional, pero puede llevar milenios recorrer ese camino. Y, mientras tanto, mientras se recorre kilómetro a kilómetro, año tras año, el infierno”.
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domingo, 25 de agosto de 2019
La razón sin la fe está incompleta, se convierte en una ideología
El sacerdote y astrofísico español David Alcalde asegura que la fe y la ciencia no están contrapuestas y por ello “ningún científico serio” utilizaría esta última para “intentar demostrar que Dios no existe”. “La fe y la razón son las dos alas que nos llevan a la verdad”, dijo el científico al recordar la encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II. Ambas “provienen de una misma fuente, Dios. Por ello, la fe sin la razón es superstición; pero la razón sin la fe está incompleta, se convierte en una ideología”. Señaló que “ningún científico serio puede pretender utilizar la argumentación científica para intentar demostrar la no existencia de Dios, dado que no es un objeto medible mediante las herramientas de la ciencia”.
Explicó que la “leyenda negra” de que la fe y la ciencia están contrapuestas parte de la “muy extendida suposición” de que la fe es algo “irracional, supersticioso, que pasado por el test de la razón no se mantiene en pie. Es justo lo contrario, como apuntaba Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio”.
sábado, 28 de enero de 2017
En España la persecución de brujas fue escasa.
En España durante el siglo XVI y XVII la persecución de brujas por la Inquisición fue escasa comparada con otros paises del entorno.Para la Inquisición española, la cuestión de la brujería fue un problema menor. Los procesos a las hechiceras en España fueron pocos. Solo se ajustició a cincuenta y nueve mujeres (cantidad ínfima comparada con las cifras de países como Inglaterra, Francia o Alemania, donde se habla de más de veinte mil).
Recurrir a encantamientos, adivinaciones y toda suerte de artes mágicas era asunto de hechiceras y eso, en principio, no suponía ningún problema, ya que no lo consideraban en el terreno de la religión sino en el de la superstición, escribe Zorita.
Los procesos a las hechiceras en España fueron pocos.
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