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lunes, 25 de mayo de 2026

La música de las palabras

El arte es sólo forma, cuando contemplamos un cuadro vemos lienzo, líneas y colores; en la música oímos sonidos y silencios; en la danza hay movimiento, y en la poesía, palabras. Nada más. El arte se produce por una determinada combinación de estos elementos formales, donde el contenido, el significado, o el fondo, como quiera llamársele, logra expresarse a plenitud. Es la forma la que separa a la poesía, del lenguaje común, es la forma la que da hondura y vastedad a la emoción que uno quiere comunicar con las palabras. Dice el poeta: Corrientes aguas, puras, cristalinas, verde prado de fresca sombra lleno… Y la poesía no está en lo que dice, sino en cómo lo dice; gracias a esta determinada manera de decirlo, lo que dice se nos vuelve transparente, las orejas se alegran con la música de las palabras, y el corazón se llena de suavidades y frescuras, escribe Ethel Krauze.
Todos los caminos llegan a la poesía, si se sabe caminarlos con devoción. Todo es válido, no hay antigüedad o vanguardia, no hay cánones ni modas, tanto canta Homero como Góngora como Lugones como Baudelaire y como Eliot, y como tú, si cantas con tu propio son.

martes, 24 de marzo de 2026

El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender

El romanticismo de Wagner era sentimental. Para él, el alma era de una importancia decisiva, pero fue viendo cada vez más este alma en función del amor cristiano. Lohengrin, Parsifal y el Holandés Errante eran héroes que se habían esforzado por realizarse plenamente, un objetivo que sólo se alcanzaba por medio de la integración en un fin superior, a través del amor cristiano. De hecho, Wagner adoptó como lema que “sólo es posible comprender a través del amor”. Sin embargo, compartió la visión pesimista de la vida tan predominante a finales de siglo. La verdadera integración, a través del amor, con un fin superior sólo podía lograrse en la eternidad. En esta vida sólo había frustración; la muerte era necesaria para la autorrealización. En el caso de los románticos anteriores, una muerte como la del joven Werther era una tragedia, pero en el caso de Wagner la muerte se convirtió en una necesidad lógica para la autorrealización plena. Era el único medio de eludir las fragilidades humanas.
El tema de Wagner era la renuncia a los deseos humanos. Parsifal poseía poderes titánicos para resistir la tentación, y Lohengrin, al final, tenía que renunciar a la felicidad terrena. El hombre no sólo debe combatir contra su deseo interior de alcanzar la autorrealización, sino también contra la tentación de las riquezas y el poder exteriores. Para Wagner, como para los románticos en general, el hombre materialista había perdido su alma. El poder en sí se desdeñaba: “Corren a su fin quienes se ufanan de tan gran fuerza”. Sigfrido, símbolo del hombre de poder en la época capitalista, ansiaba el poder y las riquezas, es decir, el anillo y el oro. Pero estaba condenado, porque aquel que poseía el anillo y el oro estaba privado eternamente de amor. Brunilda, al darse cuenta del carácter del dilema de Sigfrido, vio claramente que sólo en la eternidad volvería a convertirse en un auténtico héroe. La solución era la muerte. El matrimonio del amor y el poder es imposible, porque amor significa renuncia al poder y a las riquezas, así como a los deseos humanos.
El cristianismo de Wagner se unía a una visión romántica del pasado. Estaba adaptado a las antiguas leyendas germánicas del Nibelungenlied. Los héroes que conocían el verdadero amor cristiano eran las figuras épicas del mito germánico. Wagner escribió en su ensayo Lo que es alemán (1865-1878) que ser alemán era entender el cristianismo como una religión del alma y no del dogma. Los personajes de la saga de los Nibelungos podían mostrar a los alemanes modernos el significado real del cristianismo. El nacionalismo, la visión del pasado y el sacrificio cristiano a través del amor se entremezclaban en estos dramas musicales. No es extraño que el yerno de Wagner, Houston Stewart Chamberlain, creyese que había llegado el profeta de un cristianismo alemán, como opuesto a uno oriental.
El romanticismo de Wagner era un romanticismo que la clase media podía entender. No era inquietantemente revolucionario, sino tranquilizadoramente moral. Servía al nacionalismo y al anhelo de identificación de grupo. Proponía, sobre todo, una idea de liderazgo, el héroe como el redentor de su pueblo. El romanticismo se había hecho político en manos de Wagner; la visión de un pasado germánico y cristiano ofrecía en realidad un escape de las frustraciones del presente materialista. Aunque para muchos los dramas musicales de Wagner sólo representaban una fuga de la monotonía de la vida cotidiana, Wagner satisfacía este anhelo, dándole un objetivo y una dirección definidos.En el núcleo de las concepciones artísticas de Wagner estaba la unidad romántica y esto significaba que la puesta en escena era una parte integrante del conjunto. Música, inteligencia y vista debían funcionar simultáneamente.

Referencia: La cultura europea del siglo XX (George L. Mosse)

lunes, 16 de marzo de 2026

Nuestra última esperanza es la belleza

Cuando la verdad y la bondad han sido atacadas por todos los frentes, desde el cientificismo positivista hasta las últimas filosofías de moda, nuestra última esperanza es la belleza. La razón es muy simple, no podemos negar su efecto en nuestra alma, y la certeza de la propia experiencia es inmune a cualquier tratado y a cualquier método, por más que los racionalistas pretendan lo contrario. Kieslowski, saliendo de una reunión a las afueras de París cuando acababa de terminar de grabar Le double vie de Véronique, dijo que “Una chica de quince años se me acercó y dijo que había ido a ver mi película. Había ido una, dos, tres veces y sólo quería decirme una cosa… que se había dado cuenta de que existe el alma. Antes no lo sabía, pero ahora sabía que el alma existe”.
La esperanza, la profundísima esperanza que se aloja en la belleza de la nostalgia y en el arraigado amor de quienes rodean el púlpito de la vida es la única antorcha que a la secularizada alma occidental, que al flagelado espíritu adolorido, le queda por levantar frente al dolor y las miserias propias de la vida. Frente al dolor, música. Frente al vacío, la Palabra. Cuánta razón tenía Dostoyevski cuando dijo que la belleza salvaría al mundo. A la parisina, la belleza le recordó la inmortalidad del alma.


martes, 10 de marzo de 2026

Josef Anton Bruckner

Josef Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824-Viena, 11 de octubre de 1896) fue un compositor, profesor y organista austriaco.Se le considera uno de los últimos representantes del Romanticismo austroalemán. Wagner, que admiraba a Bruckner y al que reconocía como su maestro, señaló en sus memorias: “si alguien tiene ideas sinfónicas después de Beethoven, ese es Bruckner”. Organista provinciano, tosco y desaliñado, ha sido rechazado en sus propuestas de matrimonio por las familias de todas las mujeres a las que ha cortejado. Siempre mantuvo en su corazón el anhelo del matrimonio, pero este nunca llegaba. Ante un abismo de frustraciones y rechazos, comenzó a componer un himno de acción de gracias a Dios, pues siempre le había sostenido “la fe sencilla, sólida y genuina que profesó durante toda su vida”, como afirmó de él Benedicto XVI.
En 1884 tuvo que marchar a Leipzig para estrenar su séptima sinfonía, obteniendo un gran triunfo. Esto lo animó a terminar su monumental Te Deum con la dedicatoria A.M.D.G. (Ad Maiorem Dei Gloriam), como recogió Leopold Nowak, “en agradecimiento por haberme sacado a salvo de tanta angustia en Viena”. 
Al fin, pudo volver a Viena y allí el Te Deum tuvo tal éxito que hasta el emperador Francisco José le condecoró por ello. Benedicto XVI señaló el sentido de su obra señalando que “Bruckner pidió al buen Dios que le dejara entrar en su misterio, para poder ascender a sus alturas, para alabar al Señor en el Cielo como lo había hecho en la tierra con su música. Te Deum laudamus, Te Dominum confitemur: esta gran obra resume la fe de este gran músico”.
Justo después de una representación del Te Deum en Berlín en 1887, aparecería su última oportunidad de casarse, y en este caso la joven Ida Buhz y su familia lo aceptaron a pesar de la diferencia de edad. Pero durante los preparativos de la boda, Ida rechazó dejar el protestantismo para convertirse al catolicismo, y Bruckner, por fidelidad a la Iglesia, renunció al matrimonio. Moriría solo, acompañado únicamente por un ama de llaves que lo atendía. Su testamento musical, que no logró terminar, fue su novena sinfonía, titulada Dem lieben Gott (Al Dios amado). El 11 de octubre de 1896 falleció, y se cumplió lo que el gran director Bruno Walter aseveraba: “Mahler siempre buscó a Dios, mientras que Bruckner lo había encontrado”. Fue enterrado en la basílica del monasterio de San Florián, donde estudió de joven y cuyo benedictino ora et labora marcó su vida. En su tumba reza la inscripción “Non confundar in aeternum” (“No estaré para siempre perdido”), la línea final del Te Deum. 

lunes, 23 de febrero de 2026

Las canciones son palabras que están hechizadas

Fue Chesterton quien dijo que la mejor explicación que se puede dar de por qué corre el agua es la de los cuentos de hadas; el agua corre porque está hechizada. Tal vez lo mismo podría decirse de las canciones, las canciones son palabras que están hechizadas, corren porque las arrastra una música. Las canciones son la manera más antigua y más evidente de la poesía, y los poemas no son más que canciones con una música más sutil o más secreta.


sábado, 18 de octubre de 2025

La verdadera tarea de la educación es formar ciudadanos que puedan decir no a los falsos valores de la sociedad

Cuenta Nuccio Ordine, Premio Princesa de Asturias, que Boris Johnson dijo a los estudiantes británicos que “tú tienes que elegir las disciplinas que te permitan ganar dinero”. Esta no es manera de formar a estudiantes. Esta es una manera de corromper a los estudiantes. Hacer creer que tú tienes que estudiar para ganar dinero significa perder completamente el sentido de la educación. La verdadera tarea de la educación es formar ciudadanos cultos, ciudadanos que tengan sentido crítico, que puedan decir no a los falsos valores de la sociedad….Yo pienso que la escuela y la universidad, como decía Kant, tiene que ser un lugar crítico, un laboratorio donde los jóvenes aprendan a decir no, aprendan a razonar con su propia cabeza. Por eso es muy importante defender la verdadera escuela y la verdadera universidad.
Sin la música, sin la literatura, sin la filosofía, sin las obras de arte, el mundo sería un lugar horroroso, añade Nuccio Ordine, un mundo egoísta. Hoy leer una poesía, escuchar un concierto de música clásica, admirar Las Meninas de Velázquez, se considerada una pérdida de tiempo. No es verdad. Escuchar música, mirar un cuadro, leer una poesía significa ganar tiempo. Ganar tiempo para ti mismo y para los demás. Significa hacer nuestro tiempo más humano.


miércoles, 18 de junio de 2025

La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores

Los nazis explotaron la riqueza musical alemana. La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores, por lo que acompañaba todos los actos públicos importantes. Por encima de todo, la música debía hacer sentirse a los alemanes superiores e invencibles…..El régimen era partidario de la música clásica y romántica como la de Beethoven, Brahms y, por encima de todo, Wagner, cuya obsesión por la sangre germánica, el heroísmo y la leyenda había inspirado a Hitler desde sus humildes días en Viena. El festival de Wagner en Bayreuth era una fecha destacada en el calendario del Tercer Reich y sobrevivió incluso durante los años de guerra como inspiración para los soldados convalecientes.
El régimen consiguió una espectacular producción musical. Incluso durante el año 1942, en plena guerra, en Berlín se podía disfrutar de 80 óperas y numerosos ballets, y la orquesta filarmónica siguió actuando hasta 1944.
Referencia: La Alemania Nazi. 1933-1945 (Álvaro Lozano Cutanda)

miércoles, 2 de abril de 2025

Los primeros años de vida del niño

Durante los primeros años de vida el niño tiene una mayor capacidad para desarrollar lo que conocemos como el oído absoluto, o la capacidad para aprender música o un idioma como si fuera la lengua materna. Esto no quiere decir que una escuela bilingüe sea mejor que una escuela no bilingüe, sobre todo porque si los maestros no son nativos, el niño desarrollará un oído con acento, en lugar de un oído absoluto. En este sentido, puede ser más beneficioso que, como ocurre en otros países de nuestro entorno, los niños vean las películas en versión original, o que haya unas pocas clases a la semana de inglés o chino, pero impartidas por profesores nativos. También sabemos que programas como Baby Einstein, o escuchar música de Mozart, tampoco contribuyen al desarrollo intelectual del niño. Un niño que escucha música clásica puede relajarse y, por tanto, realizar mejor algunos ejercicios de concentración unos minutos después, pero nada más. Pasados unos minutos, el efecto se disipa. Asimismo, disponemos de datos contundentes que demuestran que la exposición de los niños a teléfonos inteligentes, tabletas y otros dispositivos electrónicos eleva el riesgo de que presenten problemas de comportamiento o trastornos por déficit de atención, escribe Alvaro Bilbao, neuropsicólogo, psicoterapeuta y doctor en psicología. 

miércoles, 5 de marzo de 2025

La música te crea un pasado del que eras ignorante

Oscar Wilde

Oscar Wilde escribe que"cuando toco a Chopin me siento como si llorase por pecados que nunca cometí y llevase luto por tragedias ajenas. La música siempre parece producirme este efecto. Te crea un pasado del que eras ignorante y te llena con el sentimiento de pesares ocultados a nuestras lágrimas. Puedo imaginar a un hombre que siempre hubiese llevado una vida corriente oyendo un día por casualidad alguna pieza musical y descubriendo de pronto que su alma había pasado por experiencias terribles y conocido alegrías desbordantes, amores enloquecidos y grandes sacrificios, sin haber sido nunca consciente de ello".
La importancia de no hacer nada (Oscar Wilde)

jueves, 13 de febrero de 2025

El sonido de la música

Prueba a escuchar una emisora de radio de un país cuyo idioma desconozcas. Verás que, aun sin entenderlas, sabrás diferenciar entre canciones alegres y canciones tristes. Es por el sonido de la música. ¿Cómo funciona? No lo sé, pero es así. Es una especie de magia, y creo que la música existe precisamente por eso. Es magia, y podemos disfrutarla siempre que queramos. Cuando pones una de tus canciones preferidas y notas una especie de estremecimiento detrás de las orejas y en la nuca (a veces incluso con carne de gallina incluida), ¿no es una de las mejores sensaciones del mundo? Te gustarán las películas, los libros, las obras de teatro y los cuadros, pero no provocan esa sensación mágica. 

domingo, 1 de diciembre de 2024

La vida es hermosa cuando se sabe aguzar el oído para escuchar sus ingeniosidad y su música

Una vez en la vida,hay un momento en el que una experiencia y una elección amorosas determinan el propio destino y el propio carácter más que nunca, pues al amar a una mujer se está amando algo más que solo a ella misma; todo un aspecto del mundo,toda una concepción de la vida,si se quiere un ideal, pero un ideal hecho realidad, ambulante, de carne y hueso. Es un privilegio de los veinteañeros, y no de todos, poder apreciar alguna vez en una mujer lo que más adelante será la estrella que guíe al hombre.
Nos damos cuenta que la vida es hermosa cuando se vive con valor e inteligencia, con gracia y libertad, cuando se sabe aguzar el oído para escuchar sus ingeniosidad y su música.
Referencia: Historia de un alemán. Sebastian Haffner. 

lunes, 28 de octubre de 2024

La ópera es, antes que nada, teatro

Lo que se espera encontrar en las óperas de Mozart es la perfección, sea el que fuere el medio que escoja para su obra; tienen en sí una abundancia de recursos mayor que la que se pueda hallar en cualquier ópera anterior a ellas. De La flauta mágica se habla a veces como de la ópera más perfecta que jamás se haya escrito. Su asunto se presta muy bien al tratamiento operístico, por su naturaleza fantástica. Es seria y cómica al mismo tiempo y combina un tesoro de inventiva musical con un estilo popular accesible a todos. Una verdadera contribución de Mozart a esta forma fue el finale operístico. Es un efecto solamente posible en la ópera, esa escena final de acto en la que todas las principales figuras cantan al mismo tiempo, cada una acerca de una cosa distinta, y concluyen con un resonante fortissimo para satisfacción de todos los interesados.
Wagner llevó la orquesta sinfónica al teatro de ópera, de tal manera que el interés principal no está a menudo en la escena, sino en el foso de la orquesta. Con frecuencia hay que escuchar a los cantantes como cosa solamente secundaria, mientras que la atención principal se pone en lo que “dice” la orquesta. Wagner fue por naturaleza un sinfonista que aplicó sus dotes sinfónicas a la forma de la ópera.
Verdi. Sus óperas eran, sin duda, demasiado tradicionales, demasiado fáciles y aun a veces demasiado vulgares; pero conmovían. Verdi fue un hombre nacido para el teatro; la pura eficacia de obras como Aída, Rigoletto, Traviata asegura a éstas un puesto permanente en el repertorio operístico.
Mussorgsky y Bizet fueron capaces ambos de crear óperas dignas de comparación con las mejores de Verdi o Wagner. De los dos, las óperas del ruso son las que han tenido descendencia más copiosa.
Los compositores de ópera de hoy están de acuerdo por lo menos en un punto, la franca aceptación de las convenciones de la escena operística. Puesto que no hay esperanza posible de hacer real la ópera, han renunciado voluntariamente a todo intento de reforma. Parten valientemente de la premisa de que la ópera es una forma no-realista, y en lugar de deplorar ese hecho están decididos a utilizarlo. Tienen la convicción de que la ópera es, antes que nada, teatro y, como tal, exige un compositor que sea capaz de escribir música para la escena, escribe Aaron Copland (Brooklyn, Nueva York, 14 de noviembre de 1900-Peekskill, estado de Nueva York, 2 de diciembre de 1990) que fue un compositor de música clásica y de cine estadounidense. 

sábado, 7 de septiembre de 2024

Cada vez más personas se refugian en el mundo artificial

A pesar de las profecías de algunos visionarios bienintencionados sobre las potencialidades de la televisión como herramienta de educación o de difusión de la cultura, todos sabemos que se ha convertido principalmente en una máquina de evasión y entretenimiento pasivo. La visión sobre la sociedad televisiva que Postman reflejó en Amusing Ourselves to Death mantiene actualmente una vigencia plena, si cabe, aumentada. Ahora bien, en pleno siglo XXI la era de la televisión ha quedado atrás. Si bien el promedio de horas ante la pantalla no ha variado de forma significativa en los últimos años, sí que ha disminuido claramente entre la franja más joven de población. Las nuevas generaciones dedican cada vez más tiempo a utilizar unas nuevas formas de comunicación en red que les permiten dejar de ser espectadores pasivos para convertirse en nodos activos, en emisores y receptores simultáneamente, en consumidores pero también en productores de todo tipo de contenidos.
El cine, las novelas o la música no han sido sólo un entretenimiento, también pueden educar o perturbar las mentes, pero, en cualquier caso se han incorporado a nuestro imaginario, forman parte de nuestros referentes y han modelado nuestra interpretación de la realidad. En la medida en que abandonemos el tradicional televisor y cada vez pasemos más horas ante el ordenador y el videojuego, relacionándonos con otras personas y viviendo experiencias inmersivas de una intensidad creciente, la huella deberá ser necesariamente más profunda. No se puede descartar que emerja una confusión para distinguir entre realidad y virtualidad, ni que cada vez más personas se refugien definitivamente en este mundo artificial interconectado y decidan finalmente ignorar todo lo que quede fuera de él, escribe Antoni Brey.

miércoles, 3 de julio de 2024

Los teatros de la ópera erigidos en el siglo XIX continúan funcionando con plenitud

Hoy el siglo XIX perdura con vitalidad allí donde su cultura sigue regresando a la escena y siendo consumida. La forma artística más característica del siglo en Europa, la ópera es un buen ejemplo de tal representación repetida.Con Christoph Willibald Gluck y Wolfgang Amadeus Mozart pasó a ser el género más noble del teatro, y en la década de 1830 ya imperaba el consenso de que estaba en la cúspide de la jerarquía artística.Desde entonces, la ópera europea ha perdurado triunfalmente.
Entre Lisboa y Moscú, los teatros de la ópera erigidos en el siglo XIX continúan funcionando con plenitud e interpretan un repertorio que, en su gran mayoría, procede del mismo siglo XIX. La ópera se globalizó pronto. A mediados del siglo XIX contaba con un punto de irradiación de alcance mundial que era París. La historia musical de París, hacia 1830, era de hecho la historia universal de la música. Y la Ópera de París no era tan solo el primer escenario de Francia, la ciudad pagaba más que ninguna otra a los compositores y, con ello, impedía que la competencia pudiera rivalizar por la condición de imán principal de la música. Hacerse famoso en París suponía alcanzar la fama mundial; fracasar allí, como le ocurrió a Richard Wagner con Tannhäuser, en 1861, pese a que ya era un maestro reputado, suponía una auténtica humillación. En el imperio otomano ya hubo representaciones de ópera europea desde la década de 1830.
La Ópera Metropolitana de Nueva York, inaugurada en 1883, se convirtió con el cambio de siglo en uno de los teatros más reputados del mundo; allí se exhibía además la high society del país, en formas que apenas se distinguían de las europeas.
El repertorio operístico del siglo XIX se ha mantenido como el rey de la programación: Rossini, Bellini, Donizetti, Bizet, sobre todo Verdi, Wagner y Puccini.
Referencia:La transformación del mundo de Jürgen Osterhammel

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Toda música tiene poder de expresión


¿No proclamó el mismo Stravinsky que su música era un objeto, una cosa con vida propia y sin otro significado que su propia existencia puramente musical? Esa actitud intransigente de Stravinsky puede que se deba al hecho de que tanta gente haya tratado de leer en muchas piezas significados diferentes. Es difícil precisar lo que quiere decir una pieza de música, precisarlo de una manera terminante, precisarlo, en fin, de modo que todos queden satisfechos.Toda música tiene poder de expresión, una más, otra menos; siempre hay algún significado detrás de las notas, y ese significado que hay detrás de las notas constituye, después de todo, lo que dice la pieza, aquello de que trata la pieza. Todo este problema se puede plantear muy sencillamente preguntando; ¿Quiere decir algo la música? La respuesta a eso será: Sí. Y ¿Se puede expresar con palabras lo que dice la música? La respuesta a eso será: No. En eso está la dificultad. La música expresa, en diversos momentos, serenidad o exuberancia, pesar o triunfo, furor o delicia. Expresa cada uno de esos estados de ánimo, y muchos otros, con una variedad innumerable de sutiles matices y diferencias. Puede incluso expresar alguno para el que no exista palabra adecuada en ningún idioma. No se pueden encontrar palabras apropiadas para expresar el significado de la música y que, aunque se pudiera, ellos no sienten necesidad de encontrarlas, escribe Aaron Copland, compositor de música clásica y de cine.

martes, 24 de octubre de 2023

La escucha

Para escuchar conviene callar. No solo obligarse a un silencio físico que no interrumpa el discurso ajeno (o que, si lo interrumpe, lo haga en función de una escucha posterior), sino también a un silencio interior, o sea, a una actitud dirigida a acoger la palabra ajena. Hay que imponer silencio al trajín del propio pensamiento, calmar el desasosiego del corazón, la agitación de las preocupaciones, eliminar toda clase de distracción.
La música se escucha plenamente cuando todo calla a nuestro alrededor y dentro de nosotros. La forma más perfecta de escucharla es con los ojos cerrados. Mirar la orquesta o al pianista, observar el sincronismo entre el agitarse del director, el ir y venir de los arcos y la curva de la melodía, entre el movimiento ritual del torso, el deslizarse de las manos por el teclado y la cascada de notas, intensifica la participación en el espectáculo, pero atenúa la magia de los sonidos, una magia que el órgano nos ofrece plenamente cuando llena la iglesia con su canto. Lo escuchamos sin ver cómo se produce el sonido. Sale de un seno oscuro y, en la inmóvil oscuridad de las bóvedas, nos envuelve como un sudario.
El silencio de la escucha llega a su culmen en la lectura, cuando la palabra misma se presenta en silencio sin perder nada de su vitalidad. Se trata del encuentro de una palabra sin sonido con un destinatario sin voz, en perfecta soledad. El lector es solitario, porque, mientras lee, crea con el libro una relación exclusiva.
 Referencia: Tacet de Giovanni Pozzi

lunes, 9 de octubre de 2023

Los niños de Hamelín

Los niños de Hamelín de Jacob y Wilhelm Grimm se publicó en el primer volumen de Deutsche Sagen (Nicolai, Berlín, 1816). El origen de esta leyenda sigue siendo oscuro y son muchas las teorías que tratan de explicarla. Quizá la más plausible es que el flautista fuera una alegoría de la peste negra que arrasó la Europa medieval; el flautista sería la muerte, representada entonces como un esqueleto vestido con alegres colores, al frente de un ejército de ratas, grandes propagadoras de la enfermedad, escribe Marta Salís.
La tonada del flautista de Hamelín es una primera muestra de la asociación romántica entre música y fatalidad, y no deja de recordar, por otra parte, que el músico es un profesional equiparable a un artesano y que sus servicios, como los de este, han de ser pagados.

sábado, 29 de abril de 2023

Aprender a escuchar y entender las lecciones, las palabras y las músicas del pasado es todo un reto

Carlos García Gual escribe que “el humanismo, que es cultivo de la imaginación y los sentidos, y apertura de la conciencia crítica, nos invita, si sabemos gozar de sus posibilidades, a la auténtica libertad. Porque aprender a escuchar y entender las lecciones, las palabras y las músicas del pasado es todo un reto, al que debe impulsarnos la educación en esas materias humanísticas (que son de dudosa rentabilidad económica inmediata, pero muy rentables para la vida digna e inteligente). Nunca ha sido tan fácil como en nuestros días arribar a lo más logrado de ese pasado cultural, nunca la gran cultura ha estado tan al alcance la mayoría; y, sin embargo…, una educación que regatea o trampea ese acceso nos hace miembros de una sociedad más servil, miope, provinciana, y, por tanto, falta de sentido crítico y propensa al fanatismo”.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Quien ha llegado impone su música

Gonçalo M. Tavares

Gonçalo M. Tavares, poeta portugués, narra que “si quien ha llegado impone su música es porque el mundo ha cambiado, y mañana serás un extranjero en el lugar que antes era tu casa”. Porque “ocupan tu casa cuando ponen otra música”. Y también dice que “cada pueblo tiene derecho a su música y al silencio. Tiene derecho a decidir de qué modo quiere interrumpir el silencio. Derecho a elegir qué sonidos quiere: qué palabra y qué nota musical”.

sábado, 26 de febrero de 2022

La música en el momento que es tocada no se puede evitar interpretarla



“Un libro o un cuadro se pueden conservar en una biblioteca o en un museo, después pueden ser interpretados, pero es otro acto, autónomo, y que no tiene que ver con su simple conservación. La música no. La música es sonido y existe en el momento en que se toca, y en el momento en el que es tocada no se puede evitar interpretarla. El acto que la conserva, que la transmite, está fatalmente “corrompido” por las infinitas variables ligadas al acto de tocarla. Lo que ha condenado al mundo de la música a un eterno complejo de culpa que es extraño a las otras regiones del arte es que se teme constantemente traicionar el original porque se tiene el sentimiento de que es una manera de perderlo para siempre. Como quemar un libro o destruir una catedral”. Alessandro Baricco.