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lunes, 1 de septiembre de 2025

Por los centros de ciudades

Chicago
Una parcela urbana de Chicago, que su propietario vendió por 100 dólares en 1832, al poco de fundarse la ciudad, alcanzó en 1834 un precio de 3.000 dólares, y doce meses después, de 15.000. En una ciudad antigua como París, la especulación inmobiliaria empezó en la década de 1820. En los años de explosión de ciudades asiáticas como Tokio y Shanghái intervinieron mecanismos de mercado muy parecidos. En estas circunstancias, el registro catastral logró una nueva precisión y se agrandó su importancia económica. Se consolidaron nuevas ramas del Derecho, especializadas en el suelo, la construcción y los alquileres. La economía financiera quedó inextricablemente ligada a las hipotecas. Surgieron nuevos tipos sociales como el mediador inmobiliario, el especulador de propiedades, el developer (empresario constructor que erigía en serie viviendas estandarizadas para las clases medias e inferiores), y por último el inquilino. Son cuestiones importantes, que la historia social y económica se ha tomado en serio en muy pocas ocasiones.
Viena
Una vuelta por los centros de ciudades como Londres, París y Viena pone de manifiesto que nunca fueron ciudades industriales. Al contrario, alojan las huellas de una batalla por impedir que la industria destruyera la cultura de gran ciudad. Las metrópolis emblemáticas del siglo XIX crearon su apariencia perdurable más en su defensa frente a la industrialización que por rendirse a sus consecuencias. Por otro lado, durante el siglo XX, la formación de megaciudades desprovistas de base industrial (Lagos, Bangkok, Ciudad de México, entre otras) debería corroborar la idea de que entre urbanización e industrialización solo existe una conexión laxa. La urbanización es un proceso verdaderamente global, mientras que la industrialización es un proceso esporádico de formación de un centro desigual.

Referencia: La transformación del mundo (Jürgen Osterhammel)

miércoles, 3 de julio de 2024

Los teatros de la ópera erigidos en el siglo XIX continúan funcionando con plenitud

Hoy el siglo XIX perdura con vitalidad allí donde su cultura sigue regresando a la escena y siendo consumida. La forma artística más característica del siglo en Europa, la ópera es un buen ejemplo de tal representación repetida.Con Christoph Willibald Gluck y Wolfgang Amadeus Mozart pasó a ser el género más noble del teatro, y en la década de 1830 ya imperaba el consenso de que estaba en la cúspide de la jerarquía artística.Desde entonces, la ópera europea ha perdurado triunfalmente.
Entre Lisboa y Moscú, los teatros de la ópera erigidos en el siglo XIX continúan funcionando con plenitud e interpretan un repertorio que, en su gran mayoría, procede del mismo siglo XIX. La ópera se globalizó pronto. A mediados del siglo XIX contaba con un punto de irradiación de alcance mundial que era París. La historia musical de París, hacia 1830, era de hecho la historia universal de la música. Y la Ópera de París no era tan solo el primer escenario de Francia, la ciudad pagaba más que ninguna otra a los compositores y, con ello, impedía que la competencia pudiera rivalizar por la condición de imán principal de la música. Hacerse famoso en París suponía alcanzar la fama mundial; fracasar allí, como le ocurrió a Richard Wagner con Tannhäuser, en 1861, pese a que ya era un maestro reputado, suponía una auténtica humillación. En el imperio otomano ya hubo representaciones de ópera europea desde la década de 1830.
La Ópera Metropolitana de Nueva York, inaugurada en 1883, se convirtió con el cambio de siglo en uno de los teatros más reputados del mundo; allí se exhibía además la high society del país, en formas que apenas se distinguían de las europeas.
El repertorio operístico del siglo XIX se ha mantenido como el rey de la programación: Rossini, Bellini, Donizetti, Bizet, sobre todo Verdi, Wagner y Puccini.
Referencia:La transformación del mundo de Jürgen Osterhammel

martes, 16 de enero de 2024

El mariscal Pétain, la agonía de Francia

Un mediano restaurante, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine, un buen puesto en primera fila para verle la cara a Pétain o a Reynaud al entrar o salir del Consejo de Ministros, tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. ¿Cuántas personas de aquéllas tenían plena conciencia de la hora decisiva para ellas y para la historia que estaban viviendo? Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva.La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia ha sido esta de la indiferencia inhumana de las masas. Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual.
El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Habíamos creído ingenuamente que la complicada mecánica de todo ello estaba en conexión estrecha e indisoluble con los fines del Estado y esto es una vana ilusión.

                                                  

Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza. Entre las cláusulas del deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain hay una que basta y sobra para deshonrar a un Estado; la cláusula por la que el gobierno francés se compromete a entregar a Hitler, atados de pies y manos, a los refugiados alemanes antihitlerianos que habían buscado su salvación en Francia y a quienes el Estado francés había utilizado sin escrúpulo en el simulacro de lucha contra el hitlerismo.La entrega al verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en Francia será una de las mayores vergüenzas de la historia.
He oído decir al director de un diario parisiense que Francia estaba vendida y a merced de sus enemigos a partir de la campaña antisancionista que se hizo en la prensa y los medios políticos de París por el procedimiento del soborno puro y simple. Mussolini compró entonces por cuarenta millones de francos distribuidos hábilmente entre unos cuantos políticos y periodistas a los cuarenta millones de ciudadanos franceses que Pétain y Laval le han librado ahora atados de pies y manos.
Referencia: La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales


lunes, 24 de octubre de 2022

Revolución

El nacimiento de Estados Unidos, en 1783, fue la fundación más temprana de un estado de nuevo tipo. Los disturbios revolucionarios que llevaron a este resultado se habían iniciado ya a mediados de la década de 1760. Y con ellos, en lo esencial, también se inicia “la era de la revolución”. Pero ¿una era de revolución o de revoluciones? Las dos denominaciones tienen su razón de ser. Desde el punto de vista de la filosofía de la historia, se prefiere el singular; desde una perspectiva estructural, el plural. Los que iniciaron y vivieron las revoluciones en Norteamérica y Francia veían sobre todo la singularidad de lo nuevo. Para ellos, lo que ocurrió en 1776 en Filadelfia y en 1789 en París carecía de precedentes en toda la historia de la humanidad. Cuando las trece colonias proclamaron su independencia de la corona británica y en Francia se formó una asamblea nacional que dotó al país de una constitución, la historia pareció pasar a un nuevo estado de agregación. Los revolucionarios estadounidenses y franceses hicieron saltar por los aires el horizonte del tiempo, abrieron una vía de progreso lineal, fundaron la primera convivencia social basada en el principio formal de la igualdad e hicieron que los responsables políticos rindieran cuentas (de forma regulada y privados de la tradición y el carisma) frente a una comunidad de ciudadanos, escribe el historiador alemán Jürgen Osterhammel

Thomas Paine

Según ha escrito Hannah Arendt, “nada caracteriza tanto la modernidad de la revolución, probablemente, como el hecho de exigir desde dentro la defensa de la causa de la humanidad”. La autora cita a alguien que vivió e influyó en las dos revoluciones. En 1776, el inglés Thomas Paine ya había establecido ese nuevo tono y relacionado un tema predilecto de la Ilustración europea, el progreso de la “raza humana”, con las protestas locales de un grupo de súbditos británicos: “La causa de América es, en gran medida, la causa de toda la humanidad”. Si leemos literalmente los programas de las revoluciones francesa y estadounidense, desde entonces toda revolución que se considere como tal incluye el “pathos de un nuevo principio” (Arendt) y la pretensión de representar más que los intereses egoístas de quienes protestan. Desde esta perspectiva, una revolución es un acontecimiento local que pretende un efecto universal. Y todas las revoluciones posteriores han sido, en cierto sentido, imitativas, porque se alimentan del potencial de las ideas que se originaron en las revoluciones de 1776 y 1789. Este concepto filosófico de revolución es ciertamente muy limitado, y lo será aún más cuando se exija que las revoluciones deben ampararse siempre en la bandera de la libertad y defender el progreso. Además generaliza una pretensión de universalidad que fue un invento de Occidente, sin paralelos en otras culturas.


martes, 8 de junio de 2021

El hundimiento militar francés de 1940



Lo que casi nadie esperaba es lo que ocurrió en 1940. Los ejércitos alemanes no tardaron más que siete semanas en invadir Luxemburgo, penetrar en Francia por los bosques de las Ardenas, arrollar a los franceses a su paso, arrinconar a los ejércitos británico, francés y belga en Dunkerque, imponer un armisticio al nuevo Gobierno francés del mariscal Pétain, ocupar París y organizar un desfile triunfal para Adolf Hitler en los Campos Elíseos. En seis semanas de combates, Francia tuvo 124.000 bajas mortales y 200.000 heridos. En un momento de la batalla, el 16-17 de mayo, el general Erwin Rommel hizo 10.000 prisioneros franceses, mientras que los alemanes perdieron un oficial y cuarenta soldados. En palabras de la historiadora Nicole Jordan “el hundimiento militar francés de 1940 fue una de las grandes catástrofes militares de la historia mundial”.

viernes, 7 de mayo de 2021

Amsterdam se está convirtiendo en el núcleo financiero y empresarial de moda en la UE

Interior del parqué de Ámsterdam


Amsterdam, capital de los Países Bajos, se está convirtiendo, a consecuencia del Brexit, en el núcleo financiero y empresarial de moda en la UE. La Bolsa de Amsterdam acaba de superar a la de Londres en volumen de operaciones, estrenándose como la nueva City europea. La empresa multinacional estadounidense de minería Berkeley y Coca-Cola European Partners fueron de las primeras en avisar que, una vez consumado el Brexit, pasarían a tener como mercado bursátil de referencia para sus acciones las ciudades de Madrid y Amsterdam, respectivamente. Varias entidades bancarias londinenses se han trasladado a París, Frankfurt, Dublín y otras ciudades del continente.

Paris

Los cuatro organismos supervisores independientes, que forman el Sistema Europeo de Supervisión Financiera, se encuentran hoy localizados en París (Autoridad Bancaria Europea y Autoridad Europea de Valores y Mercados) y Frankfurt (Junta Europea de Riesgo Sistémico y Autoridad Europea de Seguros y Pensiones). La Autoridad Bancaria Europea había tenido su sede inicial en Londres. Frankfurt es una ciudad particularmente atractiva para el establecimiento de todo tipo de actividades financieras por ser la sede del Banco Central Europeo.


viernes, 5 de marzo de 2021

Pasan al lado del pueblo sin verlo

Maurice Maignen


Después de la Comuna de París, el agregado al gobernador militar de París, La Tour du Pin se pregunta por qué método borrar las huellas sicológicas de la guerra civil. Maurice Maignen, al que acaba de conocer, le indica el camino, un día que pasaban juntos ante las ruinas de las Tullerías: “¿Quién es el responsable?, pregunta Maignen. No es el pueblo, el verdadero pueblo, el que trabaja, el que sufre. Los criminales que han quemado París no formaban parte de ese pueblo. ¿Pero aquél, quién de vosotros lo conoce? Los responsables, los verdaderos responsables, sois vosotros, son los ricos, los grandes, los agraciados en la vida, que se han divertido tanto entre esas paredes derruidas, que pasan al lado del pueblo sin verlo. Yo vivo con él y os digo de parte suya que no os odia, pero os ignora del mismo modo que lo ignoráis. Id hacia él, a corazón abierto, con la mano extendida, y veréis cómo os comprenderá”.


jueves, 7 de mayo de 2020

Marie Curie



Pierre y Marie Curie
Cuenta Ève Curie de su madre Marie Curie “tantos rasgos inverosímiles que quisiera relatar su vida como se cuenta una leyenda. En una nación oprimida nace una mujer pobre y hermosa. Una poderosa vocación le hace abandonar su patria, Polonia, para estudiar en París, donde pasa años de soledad y de angustia. Encuentra un hombre genial como ella y se casa con él. Su felicidad es de una calidad excepcional. Con tenaz y árido esfuerzo descubren un cuerpo mágico; el radio. Su descubrimiento, no sólo da nacimiento a una nueva ciencia y a una nueva filosofía, sino que ofrece a los hombres el medio de combatir una enfermedad horrenda. En el instante mismo en que la gloria de los dos sabios se extiende por el mundo se abate sobre Marie el dolor. Su extraordinario compañero le es arrebatado, en un instante, por la muerte. Con la angustia en el corazón y enfermo el cuerpo, continúa, sola, la obra emprendida, y amplía brillantemente la ciencia creada por el matrimonio. El resto de su vida no es más que una perpetua generosidad. A los heridos de la guerra les ofrece su devoción y su salud. Más tarde dará sus consejos, su saber y su tiempo a los alumnos, a los futuros hombres de ciencia llegados de las cinco partes del mundo. Cumplida su misión, muere, agotada, habiendo rechazado la riqueza y soportado los honores con indiferencia”.


“La inmolación de un ser que sabía darlo todo y que no supo tomar ni recibir nada; el alma, en fin, a la que nada logró alterar en su pureza excepcional; ni el éxito más extraordinario, ni la adversidad. Porque Marie Curie tenía esta alma y, sin sacrificio alguno, apartó de sí misma las ventajas que los auténticos genios pueden obtener de una fama inmensa.”


“En su último día, sigue contando Ève Curie, era todavía dulce, obstinada, tímida, curiosa de todos las rolan, como en los tiempos de sus oscuros comienzos. Con una muerte semejante no podía infringírsele sin sacrilegio, el duelo pomposo que los gobiernos ofrecen a los grandes personajes. Marie tuvo en un cementerio silvestre, entre las flores del estío, un entierro silencioso y sencillo, como si la vida que terminaba semejara a tantas otras. Hubiera querido tener los dones de un escritor para mostrar la eterna estudiante de la que Einstein dijo: La señora Curie es, de todos los seres célebres, el único que la gloria no ha corrompido”.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

¿Quien fracasó?

Claude Monet y Paul Cezanne

Durante años, el todopoderoso Salón de París rechazó las obras de Monet, Manet y Cézanne, a los tres artistas se les consideraba unos fracasados. Pero a los pocos años ya los saludaban como los visionarios pioneros que en realidad eran y sus obras empezaron a contarse entre las más importantes del arte moderno. A toro pasado, ¿quién
John Betjeman
fracasó entonces? Podría decirse que el Salón, no esos artistas. Lo mismo ocurre con los exámenes. El poeta John Betjeman estudió en la Universidad de Oxford, donde recibió clases del escritor C. S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia, pero no logró terminar la carrera. Como sabemos, escribió  s que están entre los más representativos del siglo XX en lengua inglesa. ¿Fracasó Betjeman o fracasó Oxford?   

Todos los artistas dignos de ese nombre ponían rumbo a París a principios del siglo XX. Allí es donde se cocía todo,
Paris a comienzos del siglo XX
allí estaban los clientes, los grupos, las ideas y la reputación. Era un mundo encarnizado en que la mayoría se había internado sin redes de seguridad financiera. Una vida precaria en un ambiente muy competitivo que estimulaba el impulso creador, confiesa Will Gompertz.

sábado, 4 de agosto de 2018

Francia está imbuida del legado de Bonaparte.

El Emperador francés Napoleón Bonaparte. 
Francia está imbuida del legado de Bonaparte. De los Inválidos al Arco del Triunfo, del Código Civil a los coqueteos periódicos de Francia con generales políticos, de la paralizante desconfianza republicana de un poder ejecutivo fuerte a la organización de archivos departamentales, el espíritu de Napoleón aún sigue con nosotros. De la misma manera, cada visitante moderno de París es beneficiario (o víctima) de las ambiciones de Luis Napoleón y su Segundo Imperio. El Louvre de hoy es el suyo, pese a los esfuerzos de Mitterrand. La red de
Louvre.
carreteras y transporte de París surgió de las ambiciones imperiales, frustradas o no. En el caso de Luis Napoleón, la falta de interés directo en él y en su régimen que evidencia la obra dirigida por Nora puede reflejar una falta de interés más general en las ciudades, su planificación y el urbanismo en general; esto puede ser explicable por un esfuerzo quizá excesivo por registrar el romance de Francia con sus campesinos y su tierra. 

Dice Tony Judt que ningún estudio de lieux de mémoire para Europa en su conjunto podría dejar fuera a Napoleón, sus batallas, sus leyes, sus depredaciones, su imprevisto impacto sobre las resentidas sensibilidades nacionales en los Países Bajos, Italia y Alemania. En muchas partes de Inglaterra y España se amenazaba a los niños desobedientes con Napoleón. Y su ausencia en la obra es un importante recordatorio de hasta qué punto está centrada en Francia, incluso en sus silencios.


jueves, 8 de febrero de 2018

El abate Pierre.

Abate Pierre
Henri Grouès, más conocido como el Abate Pierre o El ángel de los pobres, fue un sacerdote católico  francés, miembro de la Resistencia,  donde adquirió su sobrenombre, y diputado en la Asamblea de la IV República, fundador en 1949 de los Traperos de Emaús, una organización de lucha contra la exclusión y la pobreza. En el invierno de 1954,
conmovió a los franceses al hacerles ver el drama de quienes estaban sin techo, a la intemperie, muriendo por exposición al frío del invierno de París. Su labor fue reconocida en 2004 por el Estado francés, que lo distinguió con la Gran Cruz de la Legión de Honor, máxima dignidad de esta orden honorífica.

Henri Grouès, al cambiar su patronímico por el de abate Pierre, inolvidable icono del invierno de 1954 en su campaña contra la indigencia de los sin techo, fundamentó inconscientemente su acción sobre la piedra, la roca de la protección paterna. Asumió en su persona las diferentes funciones del Gran Padre. Fue un padre generoso,dice Michel Maffesoli, como pone de manifiesto su constante actividad en defensa de los desfavorecidos. Y también un padre gruñón, que llamaba al orden a todos los poderes públicos, cualesquiera que fuesen. Padre flagelador, llegado el caso, que atizaba la mala conciencia de la gente pudiente, cuyos sinuosos meandros conocía de sobra. Padre condecorado, que no dudaba en exhibir su alta graduación en la orden de la Legión de Honor y, ocasionalmente, en aprovecharse de ella sin reparos.

Entierro del abate Pierre
El abate Pierre es una figura que desempeñó en Francia, y hoy en todo el mundo, el papel de lo que los japoneses llaman tesoros nacionales. Reserva de experiencias ancestrales, de maestría, también de saber vivir, que orienta la realización personal de quienes los toman como ejemplo. Porque, como recuerda la psicología, el arquetipo es un elemento que favorece la transformación o, podría decirse, la metamorfosis individual.

martes, 12 de diciembre de 2017

Paris ocupado.


Paris ocupado.
En un principio se desplegaron cien mil soldados alemanes para mantener el orden en la Zona Ocupada, si bien esta cifra descendió a sesenta mil a comienzos de 1942, cuando se les envió a reforzar las filas del Frente del Este, para luego aumentar a doscientos mil a finales de 1943. Muchos de estos hombres fueron destinados a la capital. Los turbios encantos de París debían de resultar seductores para hombres acostumbrados a la vigorosa y saludable Alemania de Hitler, donde el ideal de mujer aparecía siempre representado con una jabalina o una pelota en la mano. Los elegantes barrios del oeste de París rebosaban de oficiales que iban a cenar a Maxim’s, Prunier’s, el Tour d’Argent  y otros famosos restaurantes, mientras que los de rangos
inferiores se comían con los ojos a las bailarinas semidesnudas del Moulin Rouge o el Shéhérazade. La alta sociedad, incluidos los Beaumont, Dubonnet, Harcourt, Mumm y Polignac, no mostraron reparos en hospedar a los alemanes más distinguidos. Sus correligionarios de los burdeles de la capital hicieron su agosto durante aquellos años, si bien más tarde las madames alegaron que solo lo habían hecho por negocio o que reservaban a las prostitutas bizcas exclusivamente para los nazis. Excepto siete mil coches, los demás fueron requisados por los ocupantes, de modo que los franceses tenían que moverse en metro, en bicicleta o a pie. Los ciclotaxis acentuaron la impresión de servidumbre tercermundista, especialmente cuando los pasajeros eran alemanes y el conductor francés. El Métro era el lugar donde la mayoría de los franceses podían entrar en contacto físico con los alemanes, que se aprovechaban de la ventaja de viajar gratis para realizar sus recorridos turísticos.
Los oficiales de la Wehrmacht llenaban los espectáculos de cabaré en París.
Por todo el París oficial, unas enormes esvásticas anunciaban la llegada del nuevo orden, por si uno todavía no había reparado en los cascos de acero de los centinelas o la caligrafía gótica de las señales militares instaladas para dirigir el tráfico alemán. Todos los días, el ejército alemán desfilaba por los Campos Elíseos para recordar a los parisinos quiénes mandaban. Los que antes habían sido
edificios del gobierno, así como varios hoteles de lujo, fueron tomados por instancias alemanas, entre ellos el Hôtel Majestic. En el Majestic, el George V y el Raphaël, los alemanes se codeaban con la crema y la nata de la cultura de la capital.

Los alemanes establecieron contacto con grandes personalidades, como el multicondecorado exoficial de caballería Pierre-Charles Taittinger, fundador de las bodegas de champán del mismo nombre (así como de un pequeño partido fascista), a la sazón presidente del consejo municipal de la capital. Dada su común experiencia profesional, los
funcionarios judiciales franceses trataban con otros colegas abogados, en tanto que incluso los alemanes que se llevaron gran parte del vino de la nación eran antiguos exportadores que, por tanto, conocían muy bien Burdeos o Beaune. Entre los visitantes alemanes se encontraban Goebbels, Göring y Rosenberg, los principales saqueadores responsables de llevarse una cifra estimada de 21.903 obras de arte.

Pablo Picasso vivió uno de sus periodos más productivos, y económicamente lucrativos, de su carrera en el París ocupado por los alemanes, cuyas visitas recibía. Algunos
Pablo Picasso
artistas no podían vivir lejos de los focos y se mostraban indiferentes a quiénes fueran sus compañías, como el actor Sacha Guitry o los cantantes Maurice Chevalier, Edith Piaf y Charles Trenet. Trenet, un homosexual originario del sur de Francia, puso todo su empeño en demostrar la falsedad de maliciosos rumores colaboracionistas que le acusaban de que su apellido era un anagrama de Netter, de sonido judío.

Avenue Foch - Paris
Llegó a haber en torno a cuarenta mil soldados alemanes en París. Reconocida mundialmente como meca de la alta cultura y de las más sugerentes formas de ocio, la antigua capital francesa ofrecía infinitas posibilidades de asistir a conciertos, exposiciones, restaurantes y teatros, así como bares y clubes nocturnos que los soldados utilizaban para sus carnavales de camaradería cuando llegaban del frente de permiso. Las SS, la Gestapo y las SD también estaban presentes, y establecieron sus cuarteles generales en la avenida Foch y en el número 11 de la rue de Saussaies.

La alta sociedad, incluidos los Beaumont, Dubonnet, Harcourt, Mumm y Polignac, no mostraron reparos en hospedar a los alemanes más distinguidos.

Los alemanes establecieron contacto con grandes personalidades

jueves, 2 de noviembre de 2017

Vivencia.

plano de Paris iphone.
Bergson da un ejemplo de vivencia diciendo que una persona puede estudiar minuciosamente el plano de París; estudiarlo muy bien; notar uno por uno los diferentes nombres de las calles; estudiar sus direcciones; luego puede estudiar los monumentos que hay en cada calle; puede estudiar los planos de esos monumentos; puede repasar las series de las fotografías del Museo del Louvre, una por una. Después de haber estudiado el plano y los monumentos, puede este hombre procurarse una visión de las perspectivas de París, mediante una serie de fotografías
Paseando por Paris.
tomadas de múltiples puntos de vista. Puede llegar de esa manera a tener una idea regularmente clara, muy clara, clarísima, detalladísima de París. Esta idea podrá ir perfeccionándose cada vez más, conforme los estudios de este hombre sean cada vez más minuciosos; pero siempre será una mera idea. En cambio, veinte minutos de paseo a pie por París, son una vivencia. Entre veinte minutos de paseo a pie por una calle de París y la más larga y minuciosa colección de fotografías, hay un abismo. La una es una mera idea, una representación, un concepto, una elaboración intelectual; mientras que la otra es ponerse uno realmente en presencia del objeto, esto es, vivirlo, vivir con él; tenerlo propia y realmente en la vida; no el concepto que lo substituya; no la fotografía que lo substituya; no el plano, no el esquema que lo substituya, sino él mismo.

viernes, 24 de junio de 2016

Charles de Gaulle salvó a Francia del deshonor y de la amenaza comunista.

General Charles de Gaulle.

Charles de Gaulle salvó a Francia primero del deshonor casi absoluto que brotaba de la derrota en 1.940 y de una temible amenaza comunista, dada la fuerza y la decisión del PCF, dirigido por el staliniano Maurice Thorez, que consiguió convertir al partido rojo, en los primeros tiempos de la postguerra, en el primer partido de Francia.

La obra genial de Charles de Gaulle, uno de los franceses más esenciales de la Historia, se resume en una sola palabra: metamorfosis. 
La división Leclerc.


Consiguió que los Tres Grandes se ampliasen a los Cuatro
Con la división Leclerc apareció en la primavera de 1.944 como el reconquistador de París, donde alcanzó toda una apoteosis; consiguió, aunque no del todo, que los Tres Grandes se ampliasen, con él, a los Cuatro; y mudó a la Francia abyectamente vencida en una Francia gloriosamente vencedora que hasta obtuvo su zona de ocupación militar en Alemania y un puesto primordial en el Consejo de Seguridad de las nacientes Naciones Unidas.