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martes, 16 de enero de 2024

El mariscal Pétain, la agonía de Francia

Un mediano restaurante, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine, un buen puesto en primera fila para verle la cara a Pétain o a Reynaud al entrar o salir del Consejo de Ministros, tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. ¿Cuántas personas de aquéllas tenían plena conciencia de la hora decisiva para ellas y para la historia que estaban viviendo? Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva.La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia ha sido esta de la indiferencia inhumana de las masas. Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual.
El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Habíamos creído ingenuamente que la complicada mecánica de todo ello estaba en conexión estrecha e indisoluble con los fines del Estado y esto es una vana ilusión.

                                                  

Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza. Entre las cláusulas del deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain hay una que basta y sobra para deshonrar a un Estado; la cláusula por la que el gobierno francés se compromete a entregar a Hitler, atados de pies y manos, a los refugiados alemanes antihitlerianos que habían buscado su salvación en Francia y a quienes el Estado francés había utilizado sin escrúpulo en el simulacro de lucha contra el hitlerismo.La entrega al verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en Francia será una de las mayores vergüenzas de la historia.
He oído decir al director de un diario parisiense que Francia estaba vendida y a merced de sus enemigos a partir de la campaña antisancionista que se hizo en la prensa y los medios políticos de París por el procedimiento del soborno puro y simple. Mussolini compró entonces por cuarenta millones de francos distribuidos hábilmente entre unos cuantos políticos y periodistas a los cuarenta millones de ciudadanos franceses que Pétain y Laval le han librado ahora atados de pies y manos.
Referencia: La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales


lunes, 27 de mayo de 2019

Cuando se planteó la Unión Franco-Británica

Winston Churchill con De Gaulle
El 16 de junio de 1940, Winston Churchill, de acuerdo con De Gaulle, llamó a Reynaud: "Los dos gobiernos del Reino Unido y la República Francesa debemos hacer una declaración de unión indisoluble y una resolución inflexible en defensa de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce a la humanidad a una vida de autómatas y esclavos. Los dos gobiernos declararemos que
Reynaud
Francia y Gran Bretaña dejarán de ser dos naciones y se convertirán en la Unión Franco-Británica. Todo ciudadano de Francia disfrutará inmediatamente de la ciudadanía del Reino Unido. Cada súbdito británico se convertirá en un ciudadano de Francia. Las fuerzas armadas del Reino Unido y Francia estarán bajo la dirección de un Gabinete de Guerra único". Reynaud, ilusionado por aquella propuesta, la comunicó a los miembros de su gobierno, pero para estos fue casi un insulto y la rechazaron. Reynaud dimitió y se nombró primer ministro a Philippe Pétain, que a los pocos días firmó el armisticio con Alemania.