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domingo, 5 de abril de 2026

Los maquisards

Escribe el historiador británico Max Hastings que “sólo el 20 por 100 de las cartas abiertas por la censura francesa incluso cuando la guerra estaba ya avanzada, durante los primeros seis meses de 1944, expresaba una aprobación del “terrorismo”. Un comentario que podía leerse habitualmente en ellas era el siguiente: “El maquis actúa en nombre del patriotismo, pero afortunadamente la policía es cada vez más fuerte y espero con todo mi corazón que acabe con esos jóvenes lo antes posible, pues cometen toda clase de atrocidades contra gentes inocentes”. Julián Jackson escribe: “Existen otras pruebas de que la violencia del maquis era condenada por muchos”. En el Jura, donde se produjeron terribles actos de barbarie por parte de los alemanes en 1944, algunos médicos de la región ni siquiera quisieron atender a los heridos de la resistencia. Había mucha gente que no estaba dispuesta a dar cobijo a los refugiados.”
“Muchos franceses aseguraron una vez acabada la guerra que los alemanes se comportaron mejor que los maquisards comunistas. Corre la falsa historia que los grupos de la resistencia estaban capitaneados por oficiales de la SOE, pero rara vez fue así. La llamada Armée Secrète, que reconocía la autoridad de De Gaulle, en general respetó las órdenes de Londres de permanecer pasiva hasta que estuvo cerca el Día D. Las bandas comunistas de los FTP (Franc-Tireurs et Partisans) adoptaron una táctica más activa, con un desprecio implacable de los intereses de la población local.”

martes, 29 de octubre de 2024

Fueron pocos los franceses que se unieran bajo la bandera de De Gaulle

Durante los primeros años de ocupación, Francia permaneció pasiva. Los actos de oposición violenta fueron muy esporádicos. En materia de resistencia, como en muchas otras cosas, el entusiasmo heroico de Churchill tuvo poca resonancia en el ánimo de los ciudadanos franceses, preocupados por intereses más prosaicos. Su prioridad era dar de comer a sus familias, ganar un sueldo, y seguir teniendo un techo sobre sus cabezas. Cualquier desafío a los ocupantes podía poner en peligro,ni más ni menos que en peligro de muerte, todos esos objetivos sencillamente humanos.Las manifestaciones de violencia iban en contra del consenso nacional.
Figuras tan destacadas como el escritor francés André Gide, aunque rechazaba expresamente la colaboración con los ocupantes, se mostraba en contra de la idea de oposición violenta. Hasta que la Unión Soviética y Estados Unidos entraron en la guerra, el dominio que ejercía Hitler sobre su imperio estaba por encima de cualquier desafío militar.
Los alemanes ocuparon París en 1940
Un comunista alsaciano mató de un tiro al gobernador militar alemán de Nantes, y logró escapar. El historiador Robert Gildea ha escrito que “lejos de acoger aquel asesinato como el primer paso hacia su liberación, la población de Nantes quedó horrorizada, entre otras cosas porque el alemán asesinado era un personaje singularmente simpático”. Fueron ejecutados cincuenta rehenes civiles. Este episodio hizo que Maurice Schumann efectuara una alocución desde Londres a través de la emisora francesa de la BBC, solicitando que no volvieran a repetirse actos terroristas como aquél. De Gaulle transmitió el mismo mensaje el 23 de octubre. Churchill, sin embargo, no estaba de acuerdo. Creía que era fundamental infligir el mayor dolor y las mayores molestias al enemigo. Consideraba que las muertes de los rehenes eran un sacrificio necesario para que el pueblo de Francia pudiera demostrar que no iba a doblegarse nunca ante la tiranía, como en realidad había hecho la mayoría de los franceses desde junio de 1940. Fueron pocos los franceses que se unieran bajo la bandera de De Gaulle no sólo en 1940, sino durante todos los años siguientes, constituyendo un constante motivo de decepción. La inmensa mayoría de las personas que poseían cuantiosos bienes y los hombres de negocios, colaboró con los ocupantes. Muchos agentes de la SOE capturados por los alemanes fueron traicionados por la población del país.
Referencia:La guerra de Churchill de Max Hastings

jueves, 13 de junio de 2024

Ha sido destino de los franceses, vivir mal la victoria y la derrota

De Gaulle
Ha sido destino de los franceses, en el siglo XX, vivir mal la victoria y la derrota. Victoriosa en 1918, Francia no tuvo ni la fuerza moral ni la visión histórica, ni el talento diplomático, ni el crecimiento demográfico, ni la fuerza militar que le hubiesen permitido administrar duraderamente una situación de predominio en la Europa continental. Derrotada en 1940, no evitó ni la autoflagelación ni el desquite de la derecha contra la izquierda ante la mirada del enemigo, ni la iniciativa poco gloriosa, pero precoz y deliberada, de las medidas contra los judíos. En 1945 se encontró en una situación inédita; ni victoriosa ni derrotada o, mejor dicho, a la vez victoriosa y derrotada. Gracias a De Gaulle, a los ejércitos que este pudo reunir y a la resistencia interior, pudo obtener (penosamente, in extremis) un taburete ante la mesa de los vencedores, el día de la capitulación. Pero no estuvo presente en Yalta ni en Potsdam. Nadie olvida en realidad que capituló en junio de 1940, y que contribuyó solo marginalmente a la victoria final. Los franceses lo saben mejor que nadie. ¿Qué otro pueblo está más habituado a la fragilidad de la grandeza nacional y, por cierto, qué otro pueblo es más sensible a ella? Un déficit de gloria militar pesa desde 1815 sobre la historia de Francia. Sedán agravó esta frustración, pero Joffre y Foch vengaron Sedán. La derrota de la primavera de 1940 revive el sentimiento de humillación nacional llevándolo a un punto extremo El régimen de Vichy consagra este resentimiento, so pretexto de aliviarlo; la existencia de un gobierno francés bajo un protectorado alemán más o menos disimulado, y en gran parte sostenido por la opinión pública, limita el alcance del llamado del 18 de junio, y esto vale tanto para lo inmediato como para la historia. De Gaulle quiso conjurar la derrota provisional por medio de la participación de los franceses en la victoria final. Pero esa derrota, a la que Vichy le dio carácter oficial, son los estadunidenses y los ingleses, por no hablar de los rusos, del otro lado de Europa, quienes finalmente la han borrado, no los ejércitos franceses. La opinión pública nacional es gaullista en 1944, después de haber estado por Vichy en 1940, y esto es signo de que ha seguido la guerra, más que haberla ganado. El desplome de 1940 no fue borrado de su memoria por la victoria de 1944-1945, como Sedán había sido vengado por el Marne. De Gaulle permite no pensar más en ello, no olvidarlo, menos aún borrarlo, debido precisamente a que la necesidad de olvidar impide el olvido. Los franceses festejaron su liberación en agosto de 1944, pero la victoria del 8 de mayo de 1945 no hizo lanzarse a nadie a las calles. Francia sale de la guerra como una nación aún herida, guiada por su curandero.
Petain pasa revista a guardia de honor en el Pabellón Savinge de Vichy
En Francia los judíos son los grandes olvidados de la victoria. El antifascismo, cuando es de tendencia comunista, no tiene un lugar que asignarle a la masacre de los judíos, los comunistas no están dispuestos a ceder la primera fila en el odio a Hitler, pues lo han conquistado al precio de una ardua lucha. Por lo demás, en sus filas figuran muchos militantes judíos. En cuanto al antifascismo definido por su mínimo común denominador, a saber, el sentimiento democrático, acentúa por reacción el universalismo abstracto de la tradición francesa, que es ciega a la existencia de los judíos como colectividad particular a la hora en que esta particularidad se ha convertido en la piedra de escándalo de una persecución sin precedentes. Esta tradición ha hecho a los franceses especialmente indiferentes a la suerte de los judíos extranjeros en su tierra, y no se interesaron más, apenas, cuando salió a la luz la magnitud de la hecatombe judía en los campos de concentración. En su forma más general, esta masacre le sirvió de pretexto a los franceses para olvidar las leyes antisemitas adoptadas desde el otoño de 1940 por el gobierno de Pétain, y para imputar la responsabilidad de las deportaciones de judíos efectuadas desde Francia a los crímenes de la “colaboración”. De este modo, la metamorfosis imaginaria de la nación francesa en pueblo de resistentes antinazis contribuyó a oscurecer lo que la guerra tuvo de intereses filosóficos y morales.
Referencia:El pasado de una ilusión de François Furet

miércoles, 14 de febrero de 2024

Durante años, los franceses y argelinos ofrecieron a ETA un trato de favor

Una de sus últimas experiencias militares, aunque frustrante, ha sido en Argelia, donde el presidente francés De Gaulle ha renunciado a la colonia entregándosela a los nacionalistas argelinos. Él y sus colegas de las fuerzas especiales paracaidistas no se lo perdonan y crean unos batallones de la muerte conocidos como OAS, la Organización del Ejército Secreto, que curiosamente había sido constituida en Madrid, en octubre de 1961, por el general Salan y otros altos oficiales. Carrero, entonces subsecretario de Presidencia, les había echado una mano. Francia y Argelia, cada uno motivado por intereses particulares, nunca perdonarían a Franco la cobertura que facilitó a los sublevados. Durante años, los franceses y argelinos se lo hicieron pagar ofreciendo a ETA un trato de favor. Francia fue su santuario, su lugar de refugio y reposo, mientras el Ejército y los servicios secretos argelinos les facilitaron adiestramiento militar en el uso de armas y explosivos, escribe el periodista Manuel Cerdán.

lunes, 6 de marzo de 2023

El referéndum español sobre la OTAN

El periodista español Federico Jiménez Losantos cuenta que “en un referéndum sobre la OTAN, desapareció el término OTAN. El Gobierno utilizó sólo el de Alianza Atlántica. De este modo, los menos informados, que no son pocos en ningún país, podían llegar a creer que el PSOE, o sea, Felipe González, se había opuesto al ingreso en la OTAN en 1982 porque lo que quería era ingresar en la Alianza Atlántica. En un segundo nivel, ya para gente más informada, pero de obediencia izquierdista, la OTAN dejó de tener como socio y miembro esencial a EE.UU. Una de las tres cláusulas que el Gobierno incluyó para que España siguiera en la OTAN fue la reducción de tropas norteamericanas en España. De otra forma, la entrada en la Alianza Atlántica suponía también un revés para EE.UU. y un acto de europeísmo. Otra cláusula de salvaguardia consistía en que España entraba en la OTAN, quiero decir en la Alianza, pero no en su estructura militar. La Alianza no era pues una organización militar, sino comercial y cultural, como la Alianza Francesa, por ejemplo. El modelo de esa integración era el de De Gaulle, ocultando que se hizo a cambio de la Force de Frappe nuclear y de la participación gala en el ejército del Rhin, mano a mano con Alemania. Para rematar la diferencia, el Gobierno añadió una tercera cláusula, la no nuclearización del territorio español,a pesar de que España ya había firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, con UCD, como guiño ecologista para su propia izquierda.”

“Desde muchos lugares, a izquierda y derecha, se señaló lo evidente. Se trataba de un auténtico plebiscito, en el cual se pedía al ciudadano que votara contra la energía nuclear, las tropas norteamericanas y la estructura militar con liderazgo norteamericano y armamento nuclear. La pregunta sometida a votación fue ésta: ¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica, en los términos acordados por el Gobierno de la nación?. Y repitió en la última semana que “él, él no gestionaría el No”. Si bien se mira, en realidad tampoco se sabe bien a qué se decía que no, ¿a la OTAN? ¿A los términos del Gobierno? ¿A la OTAN en esos términos, y no en otros como los ya vigentes de integración plena? ¿A la OTAN en cualquier caso? ¿Al Gobierno por plantear esos términos? Imposible saberlo.”


sábado, 20 de agosto de 2022

La historia francesa desde 1918

Escribe Tony Judt que “no hay nada muy glorioso ni seguro en la historia francesa desde 1918, a pesar de los heroicos esfuerzos de De Gaulle; sólo sufrimiento estoico, decadencia, incertidumbre, derrota, vergüenza y duda, seguidas muy de cerca, como hemos visto, por cambios sin precedentes. Estos cambios no pudieron anular las memorias recientes; pero parecieron borrar la herencia más antigua, dejando sólo recuerdos incómodos y confusión sobre el presente. No es la primera vez que Francia ha tenido que mirar atrás a una agitada secuencia de turbulencia y duda. Los hombres que construyeron la III República después de 1871 tuvieron que forjar un consenso cívico y una comunidad nacional después de tres revoluciones, dos monarquías, un imperio, una efímera república, una guerra civil y una gran derrota militar, todo en el transcurso de una vida. Lo consiguieron porque tenían una historia que contar sobre Francia que podía vincular el pasado y el futuro en una sola narración, y enseñaron esa historia con firme convicción a tres generaciones de futuros ciudadanos. Sus sucesores no pueden hacer esto, como atestigua el lamentable caso de François Mitterrand, presidente de Francia durante la década de los años ochenta y la mitad de los noventa. Ningún gobernante francés desde Luis XIV se ha tomado tanto trabajo y cuidado por conmemorar la gloria de su país y hacerla propia; su reino estuvo marcado por la constante acumulación de monumentos, nuevos museos, solemnes inauguraciones, inhumaciones y reinhumaciones, por no mencionar los lapidarios y pantagruélicos esfuerzos por asegurarse su propio lugar en la memoria nacional, desde el arco en La Défense, en el oeste de París, hasta “la Très Grande Bibliothèque” en la orilla izquierda del Sena. Pero, aparte de su florentina capacidad para sobrevivir en el poder durante tanto tiempo, ¿por qué era más conocido Mitterrand en vísperas de su muerte? Por su incapacidad para recordar con exactitud y reconocer su papel en Vichy, un reflejo individual extrañamente preciso del propio agujero en la memoria de la nación. Los franceses, como su difunto presidente, no saben cómo interpretar su historia reciente”.

lunes, 15 de febrero de 2021

¿Qué habría sido de España si hubiese caído en manos del comunismo?


El 8 de junio de 1970, el general De Gaulle es recibido por el general Franco en Madrid. Después de la reunión de los dos jefes de estado De Gaulle contó su entrevista a Michel Droit: “Le he dicho esto: en definitiva, usted ha sido positivo para España. Y es verdad, eso pienso. ¿Qué habría sido de España si hubiese caído en manos del comunismo?”

lunes, 27 de mayo de 2019

Cuando se planteó la Unión Franco-Británica

Winston Churchill con De Gaulle
El 16 de junio de 1940, Winston Churchill, de acuerdo con De Gaulle, llamó a Reynaud: "Los dos gobiernos del Reino Unido y la República Francesa debemos hacer una declaración de unión indisoluble y una resolución inflexible en defensa de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce a la humanidad a una vida de autómatas y esclavos. Los dos gobiernos declararemos que
Reynaud
Francia y Gran Bretaña dejarán de ser dos naciones y se convertirán en la Unión Franco-Británica. Todo ciudadano de Francia disfrutará inmediatamente de la ciudadanía del Reino Unido. Cada súbdito británico se convertirá en un ciudadano de Francia. Las fuerzas armadas del Reino Unido y Francia estarán bajo la dirección de un Gabinete de Guerra único". Reynaud, ilusionado por aquella propuesta, la comunicó a los miembros de su gobierno, pero para estos fue casi un insulto y la rechazaron. Reynaud dimitió y se nombró primer ministro a Philippe Pétain, que a los pocos días firmó el armisticio con Alemania.

miércoles, 17 de abril de 2019

La resistencia francesa abandonó a Pétain

Resistencia francesa
Muchos miembros de la resistencia del sur, durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente aquellos que habían pertenecido al ejército, tardaron algún tiempo en abandonar su fidelidad a Pétain, un proceso que no llegó a ser definitivo hasta que este volvió a habilitar en el poder a Pierre Laval* en abril de 1942. La resistencia no hacían prisioneros, y mataban a los heridos, dado que no contaban con instalaciones para ellos.

Pétain y Mitterrand
Los funcionarios de Vichy también quisieron probar en qué dirección soplaba el viento; el ejemplo más destacado fue el del futuro presidente socialista François Mitterrand, que tras abandonar a Pétain, que le había concedido una medalla, y a través del general Georges Giraud, en Argelia, llegó hasta De Gaulle, quien le trató con una incuestionable frialdad, cuenta el historiador Michael Burleigh.


*Pierre Laval destacó por su colaboracionismo con la Alemania nazi.

martes, 14 de marzo de 2017

La celebración de la liberación de Paris de la ocupación nazi tenía mucho de artificial.


La escritora De Beauvoir manifiesta que la celebración de la liberación de Paris de la ocupación nazi tenía mucho de artificial,y esto se debió en parte a que todos se hallaban “demasiado cansados para aplaudir ante un final que habíamos esperado durante demasiado tiempo”, aunque también a que el hincapié que había hecho el general De Gaulle en la gloriosa participación de Francia no había sonado nada convincente. El pueblo no tenía la impresión de haber vencido, escribe el historiador británico Antony Beevor.

El pueblo no tenía la impresión de haber vencido