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jueves, 18 de agosto de 2022

La publicidad moderna enseña a amar lo artificial,vulgar y temporal

El escritor escocés Bruce Marshall escribe en El mundo, la carne y el Padre Smith que “hemos de explicar a las gentes que una serie de cosas, que aparentemente nada tienen que ver con el cristianismo, tienen muchísimo que ver con él. Hemos de hacerles comprender que la publicidad moderna es un pecado contra Dios lo mismo que contra el buen gusto, porque corrompe los sentidos y les impide la verdadera apreciación del Altísimo, enseñando a los hombres a amar sólo lo artificial, vulgar y temporal. Hemos de demostrarles que los animales de aspecto repelente pueden sufrir tan vivamente como los hermosos, que un insecto siente la agonía lo mismo que un hipopótamo, que un millón de hombres que mueren en batalla son un millón de muertes aisladas, cada una de ellas independiente y solitaria como las estrellas, los árboles y los bosques. Hemos de enseñar a los hombres que lo injusto no queda justificado por el hecho de que una comunidad lo practique. Hemos de insistir en que las llamadas enseñanzas inútiles sean enseñadas en nuestras escuelas, ya que no son los poetas quienes hacen la guerra”.

martes, 7 de abril de 2020

Vivir en París


Monumento a Julio Camba en Arosa
Para el escritor Julio Camba el hecho de abrir los ojos cada mañana en Francia es un acontecimiento feliz. No importa que no se tenga dinero. Vivir en París tiene el mismo rango que “ir en automóvil, recitar versos o comer callos a la andaluza”. A pesar de este entusiasmo por la dulce Francia, de vez en cuando a don Julio se le escapa el mal humor: “Francia es una falsificación. No tiene carácter. No tiene más que el nombre. La mayor parte de la música francesa no es francesa, ni la mayoría de los parisienses es parisiense. Francia es como el champaña: alegre, ruidosa, brillante, petulante y artificial”.

martes, 14 de marzo de 2017

La celebración de la liberación de Paris de la ocupación nazi tenía mucho de artificial.


La escritora De Beauvoir manifiesta que la celebración de la liberación de Paris de la ocupación nazi tenía mucho de artificial,y esto se debió en parte a que todos se hallaban “demasiado cansados para aplaudir ante un final que habíamos esperado durante demasiado tiempo”, aunque también a que el hincapié que había hecho el general De Gaulle en la gloriosa participación de Francia no había sonado nada convincente. El pueblo no tenía la impresión de haber vencido, escribe el historiador británico Antony Beevor.

El pueblo no tenía la impresión de haber vencido