Los políticos son muy dados a sentir vergüenza por actos ajenos, escribía el periodista Javier Somalo. La prueba de que nunca la sienten en carne propia es que jamás dimiten. Usan la vergüenza como marca, como tacha acusatoria ante algún acto que no les agrada y, sobre todo, ante aquello que contraviene sus planes para acceder al poder, que les supera, que recorta las distancias. La política y la vergüenza suelen caminar en sentidos contrarios. Se argumenta que la pérdida de la vergüenza, entendida como el desprecio por la opinión pública sobre uno mismo, permite la mentira y el engaño a los electores.
Mostrando entradas con la etiqueta desprecio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desprecio. Mostrar todas las entradas
viernes, 1 de mayo de 2026
La política y la vergüenza suelen caminar en sentidos contrarios
Etiquetas:
contravenir,
desprecio,
dimitir,
electores,
engaño,
mentira,
opinión pública,
planes,
poder,
política,
político,
tacha acusatoria,
vergüenza
domingo, 5 de abril de 2026
Los maquisards
Escribe el historiador británico Max Hastings que “sólo el 20 por 100 de las cartas abiertas por la censura francesa incluso cuando la guerra estaba ya avanzada, durante los primeros seis meses de 1944, expresaba una aprobación del “terrorismo”. Un comentario que podía leerse habitualmente en ellas era el siguiente: “El maquis actúa en nombre del patriotismo, pero afortunadamente la policía es cada vez más fuerte y espero con todo mi corazón que acabe con esos jóvenes lo antes posible, pues cometen toda clase de atrocidades contra gentes inocentes”. Julián Jackson escribe: “Existen otras pruebas de que la violencia del maquis era condenada por muchos”. En el Jura, donde se produjeron terribles actos de barbarie por parte de los alemanes en 1944, algunos médicos de la región ni siquiera quisieron atender a los heridos de la resistencia. Había mucha gente que no estaba dispuesta a dar cobijo a los refugiados.”
“Muchos franceses aseguraron una vez acabada la guerra que los alemanes se comportaron mejor que los maquisards comunistas. Corre la falsa historia que los grupos de la resistencia estaban capitaneados por oficiales de la SOE, pero rara vez fue así. La llamada Armée Secrète, que reconocía la autoridad de De Gaulle, en general respetó las órdenes de Londres de permanecer pasiva hasta que estuvo cerca el Día D. Las bandas comunistas de los FTP (Franc-Tireurs et Partisans) adoptaron una táctica más activa, con un desprecio implacable de los intereses de la población local.”
Etiquetas:
1944,
acabar,
Armée Secrète,
atender,
atrocidades,
bandas comunistas,
censura,
dar cobijo,
De Gaulle,
desprecio,
franceses,
guerra,
maqui,
maquisards,
médico,
población local,
policía,
resistencia,
SOE,
violencia
domingo, 5 de octubre de 2025
La verdad moral objetiva existe y es universal
Existe un desprecio por la tradición, una incapacidad por comprender las experiencias de nuestros antepasados como el resultado de generaciones que han aceptado las leyes que gobiernan nuestra existencia. La noción que esas tradiciones que son sagradas suministraba a la antigua Grecia una fuente constante de creatividad. Los griegos eran incansables intelectual y políticamente, y no conocían limites en este sentido, salvo lo que les marcaba su sentido de la belleza y del orden de todas las cosas. Tal devoción les ayudaba a protegerse contra el absurdo de que lo “bueno” es cualquier cosa que la mayoría desee.
La idea de que el bien y el mal son una invención social, meras convenciones, no es nueva. Porque no solo la verdad es eterna, junto a ella también cabalga la mentira.El hombre necesita la sabiduría, pero compra estupidez. La verdad moral objetiva existe y es universal.
Referencia: Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental. José Javier Esparza y Anthony Esolen
Etiquetas:
antepasado,
belleza,
bien y el mal,
bueno,
desprecio,
devoción,
estupidez,
eterna,
experiencia,
Grecia,
mentira,
orden,
sabiduría,
tradición,
universal,
Verdad
martes, 2 de septiembre de 2025
En la cultura del descarte, los ancianos son apartados
“En esta sociedad del descarte, dice el Papa Francisco, en esta cultura del descarte, los ancianos son apartados y sufren por estas cosas. De hecho, no faltan quienes se aprovechan de la edad de los mayores, para engañarlos, para intimidarlos de mil maneras. A menudo leemos en los periódicos o escuchamos noticias de personas mayores que son engañadas sin escrúpulos para apoderarse de sus ahorros; o que quedan desprotegidos o abandonados sin atención; u ofendidos por formas de desprecio e intimidados para renunciar a sus derechos. Los ancianos descartados, abandonados en las residencias, sin que sus hijos los visiten o si van, van pocas veces al año. El anciano dejado justo en el rincón de la existencia. Y esto pasa. Pasa hoy, pasa en las familias, pasa siempre. Necesitamos reflexionar sobre esto”.
“La vejez llega para todos. Y como te gustaría ser tratado o tratada en el momento en la vejez, tratas tú hoy a los ancianos. Son la memoria de la familia, la memoria de la humanidad, la memoria del país. Proteger a los ancianos que son sabiduría.”
Etiquetas:
abandonado,
anciano,
apartado,
derechos,
descartado,
desprecio,
desprotegido,
engañar,
familia,
memoria,
personas mayores,
renunciar,
sociedad del descarte,
vejez
miércoles, 25 de junio de 2025
¿Por qué fracasó el marxismo en África?
¿Por qué fracasó el marxismo en África? La primera respuesta apuntaría al hundimiento del comunismo en Europa como razón fundamental, pero la verdad es que los marxismos africanos estaban en crisis antes de la entronización de la perestroika y la desbandada del bloque socialista. Y es que todo ocurrió de manera distinta a como predijeron los ideólogos. En el mundo real de los hechos la planificación centralizada de la economía, lejos de superar la era feudal y saltarse la etapa burguesa capitalista, dislocó el sistema tradicional de generación de alimentos, quebró las formas ancestrales de tenencia de tierra, y provocó una dramática disminución de la producción y de la productividad, con su correspondiente secuela de hambrunas y parálisis económica. El partido único marxista, no sólo no se convirtió en la gran fuerza centrípeta para forjar verdaderas naciones, sino devino en un enorme aparato de corrupción y despilfarro, controlado por tribus hegemónicas que acaparaban el poder, se repartían los recursos del Estado como si fueran un botín de guerra y atropellaban a las etnias enemigas con un grado de ferocidad y desprecio por la vida humana infinitamente mayor que el que jamás exhibieron las antiguas metrópolis. Y como era previsible, falló también la solidaridad del Gran Hermano soviético. Moscú mandaba asesores militares, tanques y policías para organizar el aparato totalitario, pero esa ayuda, lejos de fomentar el desarrollo, contribuía a la hipertrofia del Estado y al empobrecimiento galopante de la sociedad, lo que acabó por debilitar y deslegitimar a los mismos regímenes que pretendía fortalecer.
Referencia: La última batalla de la Guerra Fría (Carlos Alberto Montaner)
Etiquetas:
Africa,
aparato totalitario,
botín,
corrupción,
despilfarro,
desprecio,
dislocar,
etnia,
ferocidad,
fracasar,
hipertrofia,
ideólogo,
marxismo,
perestroika,
planificación centralizada,
producción,
productividad,
Solidaridad,
tribu
sábado, 22 de marzo de 2025
Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia
Benedicto XVI recuerda qué Europa no es el islam, qué la constituye (Grecia, Jerusalén, Jesucristo, Roma, Edad Media y algunas contribuciones de la era moderna). Sobre el islam, su punto de vista es que aferrarse a determinadas tradiciones religiosas produce fanatismo político y militar y que la instrumentalización de las energías religiosas en función de la política es algo muy cercano a la traducción islámica.
Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión tanto el derecho como la capacidad de plasmar la Res publica y el futuro común de la humanidad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la religión fue redescubierta como una fuerza inalienable de la vida individual y social, y se puso en evidencia, según Benedicto XVI, que el futuro del ser humano no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. Lo anterior no implica involucrar a la religión en las contiendas políticas y en las discusiones ideológicas. Hay que evitar a su vez que la pérdida de una ideología que antes sustentaba la vida, como el marxismo, desemboque en el nihilismo. El relativismo desarrolla una creciente inclinación al nihilismo.
La acción política bajo el signo del mito del progreso desconoce la libertad del hombre, llamada a decidir en cada generación, y la sustituye por supuestas leyes naturales de la historia. Esta concepción, según Ratzinger, es contraria a la libertad en su punto de partida e implica a la vez un carácter antimoral. La moral se sustituye por la mecánica, y con ello se niega el fundamento auténtico de una política humanamente digna.
Para Europa, el peligro no es la economía, sino el desprecio al ser humano por subordinar la moral a las necesidades del sistema y a las promesas de futuro. La verdadera catástrofe no es de naturaleza monetaria; es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral. El problema del viejo continente, para Ratzinger, tiene que ver con la liquidación de las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo; en segundo lugar, con la supresión de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.
Sobre el futuro de Europa, una de las grandes pegas, para Ratzinger, se halla en la línea política iniciada últimamente por sus dirigentes. Se ha esfumado el entusiasmo inicial, tras la Segunda Guerra Mundial, por el retorno a las grandes constantes de la herencia europea. La unión se lleva a cabo casi exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado en gran medida la cuestión de los fundamentos espirituales de la comunidad. Sin embargo, la verdadera garantía de la libertad y de la grandeza del ser humano es la existencia de valores no manipulables, la preeminencia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales sobre cualquier decisión política.Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia. La tolerancia y el multiculturalismo no presuponen la huida de lo propio. Al contrario, ni siquiera el multiculturalismo y la tolerancia pueden existir sin constantes comunes y sin respeto a lo sagrado.
Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión tanto el derecho como la capacidad de plasmar la Res publica y el futuro común de la humanidad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la religión fue redescubierta como una fuerza inalienable de la vida individual y social, y se puso en evidencia, según Benedicto XVI, que el futuro del ser humano no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. Lo anterior no implica involucrar a la religión en las contiendas políticas y en las discusiones ideológicas. Hay que evitar a su vez que la pérdida de una ideología que antes sustentaba la vida, como el marxismo, desemboque en el nihilismo. El relativismo desarrolla una creciente inclinación al nihilismo.
La acción política bajo el signo del mito del progreso desconoce la libertad del hombre, llamada a decidir en cada generación, y la sustituye por supuestas leyes naturales de la historia. Esta concepción, según Ratzinger, es contraria a la libertad en su punto de partida e implica a la vez un carácter antimoral. La moral se sustituye por la mecánica, y con ello se niega el fundamento auténtico de una política humanamente digna.
Para Europa, el peligro no es la economía, sino el desprecio al ser humano por subordinar la moral a las necesidades del sistema y a las promesas de futuro. La verdadera catástrofe no es de naturaleza monetaria; es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral. El problema del viejo continente, para Ratzinger, tiene que ver con la liquidación de las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo; en segundo lugar, con la supresión de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.
Sobre el futuro de Europa, una de las grandes pegas, para Ratzinger, se halla en la línea política iniciada últimamente por sus dirigentes. Se ha esfumado el entusiasmo inicial, tras la Segunda Guerra Mundial, por el retorno a las grandes constantes de la herencia europea. La unión se lleva a cabo casi exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado en gran medida la cuestión de los fundamentos espirituales de la comunidad. Sin embargo, la verdadera garantía de la libertad y de la grandeza del ser humano es la existencia de valores no manipulables, la preeminencia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales sobre cualquier decisión política.Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia. La tolerancia y el multiculturalismo no presuponen la huida de lo propio. Al contrario, ni siquiera el multiculturalismo y la tolerancia pueden existir sin constantes comunes y sin respeto a lo sagrado.
Etiquetas:
acción política,
conciencia,
desolación,
desprecio,
Dios,
Europa,
futuro,
herencia europea,
humano,
islam,
marxismo,
mecánica,
moral,
nihilismo,
progreso,
propio,
Ratzinger,
relativismo,
religión,
valores
miércoles, 5 de febrero de 2025
El deseo de la polilla por la estrella
En la Encyclopédie, Louis de Jaucourt define lo sublime como “todo lo que nos eleva por encima de lo que éramos, y al mismo tiempo nos hace sentir esa elevación”. Estamos sobredimensionados, optamos al infinito. El “cielo estrellado sobre mí” de Kant, las estatuas de la Isla de Pascua, el último movimiento (Resurrección) de la Segunda Sinfonía de Mahler, el desierto de Kalahari al caer la noche o la claraboya de una iglesia; puede uno inclinarse a una posibilidad u otra, lo que no puede uno es denigrarlas todas sin ponerse en evidencia. Séneca en sus Cuestiones naturales escribió que el alma es una cosa pequeña, pero es cosa tremenda el desprecio del alma.
Al trascender cedemos gozosamente ante un poder que se nos impone. Atisbamos una grandeza indecible y nos entregamos en un plano que no es biológico ni social ni afectivo, en un nivel que tiene sus propias hechuras y reglas. De algún modo, no es algo que hacemos, sino que nos ocurre, aunque por supuesto pueda uno predisponerse. Por eso decía Jiddu Krishnamurtique no es posible dirigir el viento, pero hay que dejar las ventanas abiertas.Trascender, escribe David Cerdá, es afrontar lo indescifrable. Se instaura una economía imposible, sacar de casi nada un rédito extraordinario, la multiplicación de los panes y los peces. Un austero retiro en un convento, un gong cadencioso, la danza de los derviches… La mística, dice Cerdá, tiene una base prosaica desde la que obtiene resultados insólitos. No hay experiencia más universal y democrática, cualquiera puede pensar lo incognoscible y querer por encima de todos sus deseos. El contemplativo se empequeñece y así se agranda, esa es la esencia de su particular milagro.
Los seres humanos nos procuramos realidades ultra-terrenas en un gesto de expansión irrazonable. Shelley denominó a este gesto “el deseo de la polilla por la estrella”; una pretensión desorbitada. Si la trascendencia emparenta naturalmente con la moral, el amor y la belleza es porque las cuatro constituyen lujos orgánicos, extraños idiomas preciosos que, hasta donde nos consta, solo nosotros hablamos en el universo.Esta quemazón por lo Otro es un fuego común que, no obstante, puede ser pabilo titubeante o bosque en llamas. La realicemos o no, la capacidad de trascender nos caracteriza. Cuando esta posibilidad se eclipsa, permanece latente, y el hueco que resulta puede incluso medirse, pues tarde o temprano aflora, ya sea en forma de mera insatisfacción o con trazas patológicas. Como explicaba José Ortega y Gasset, “el hombre a veces no tiene manos; pero entonces no es tampoco un hombre, sino un hombre manco”.
Al trascender cedemos gozosamente ante un poder que se nos impone. Atisbamos una grandeza indecible y nos entregamos en un plano que no es biológico ni social ni afectivo, en un nivel que tiene sus propias hechuras y reglas. De algún modo, no es algo que hacemos, sino que nos ocurre, aunque por supuesto pueda uno predisponerse. Por eso decía Jiddu Krishnamurtique no es posible dirigir el viento, pero hay que dejar las ventanas abiertas.Trascender, escribe David Cerdá, es afrontar lo indescifrable. Se instaura una economía imposible, sacar de casi nada un rédito extraordinario, la multiplicación de los panes y los peces. Un austero retiro en un convento, un gong cadencioso, la danza de los derviches… La mística, dice Cerdá, tiene una base prosaica desde la que obtiene resultados insólitos. No hay experiencia más universal y democrática, cualquiera puede pensar lo incognoscible y querer por encima de todos sus deseos. El contemplativo se empequeñece y así se agranda, esa es la esencia de su particular milagro.
Los seres humanos nos procuramos realidades ultra-terrenas en un gesto de expansión irrazonable. Shelley denominó a este gesto “el deseo de la polilla por la estrella”; una pretensión desorbitada. Si la trascendencia emparenta naturalmente con la moral, el amor y la belleza es porque las cuatro constituyen lujos orgánicos, extraños idiomas preciosos que, hasta donde nos consta, solo nosotros hablamos en el universo.Esta quemazón por lo Otro es un fuego común que, no obstante, puede ser pabilo titubeante o bosque en llamas. La realicemos o no, la capacidad de trascender nos caracteriza. Cuando esta posibilidad se eclipsa, permanece latente, y el hueco que resulta puede incluso medirse, pues tarde o temprano aflora, ya sea en forma de mera insatisfacción o con trazas patológicas. Como explicaba José Ortega y Gasset, “el hombre a veces no tiene manos; pero entonces no es tampoco un hombre, sino un hombre manco”.
Etiquetas:
alma,
cielo estrellado,
contemplativo,
derviche,
desprecio,
elevación,
grandeza,
hombre,
incognoscible,
indescifrable,
Louis de Jaucourt,
mística,
otro,
Seneca,
sublime,
trascender
domingo, 27 de octubre de 2024
Un mundo en el que la conciencia no arroja más que una claridad dudosa
¿Ha tenido el hombre siempre ante los ojos, como hoy, un mundo en el que nada se prosigue, donde la virtud carece de genio y el genio carece de honor; donde el amor al orden se confunde con la devoción por los tiranos y el culto santo de la libertad con el desprecio de las leyes; un mundo en el que la conciencia no arroja más que una claridad dudosa para iluminar las acciones humanas; donde ya nada parece prohibido, ni permitido, ni honrado, ni vergonzoso, ni verdadero, ni falso?
domingo, 4 de junio de 2023
El final del Imperio romano dio paso al nacimiento de Europa
San Agustín mantuvo la existencia mística de dos ciudades, creadas por dos amores. El amor propio, que conlleva el desprecio de Dios, creó la ciudad terrena; y el amor de Dios, que supone el desprecio de sí mismo, la ciudad celestial. Estas dos ciudades no pueden confundirse con el Estado y la Iglesia, sino con las voluntades que se rigen o no por la ley de Dios. Todos los cristianos de todos los tiempos, lugares, culturas y lenguas están unidos por un mismo amor a Dios, por lo que forman un solo pueblo, cuyo territorio místico puede llamarse “Ciudad de Dios”.
![]() |
| Caída el Imperio Romano por Thomas Cole |
El final del Imperio romano dio paso al nacimiento de una nueva época, una nueva etapa de la historia, Europa. Al preguntarse la filósofa María Zambrano por el nacimiento de Europa no podía sino recordar al obispo de Hipona: “Su vida, hecha transparente por las Confesiones, nos ofrece, en su concreción personal, el tránsito del mundo antiguo al mundo moderno. Sus Confesiones, en verdad, nos muestran en estado de diafanidad el doble proceso coincidente de una conversión personal que al propio tiempo es histórica. La Historia misma se confiesa en él. Pues lo que cambia no es tanto el alma de san Agustín, sino el alma del mundo antiguo que se convierte en el nuevo. Es una conversión histórica o, si se prefiere, la salida de una crisis, de la crisis en que el mundo antiguo (filosofía griega y poder romano) muere para pervivir, es cierto, pero en otra forma. El mundo antiguo del que san Agustín sale, no muere en sus esencias más verdaderas; va a formar la nueva cultura que se llama Europa”
Etiquetas:
alma,
amor,
amor propio,
ciudad,
Ciudad de Dios,
confesiones,
conversión,
crisis,
cristiano,
cultura,
desprecio,
Dios,
Europa,
imperio romano,
ley de Dios,
mística,
mundo antiguo,
pervivir,
San Agustín
martes, 25 de abril de 2023
El silencio es una enfermedad mortal
Existen dos tipos de silencio; el silencio con uno mismo y el silencio con los demás. El silencio con uno mismo está dominado por la violenta antipatía que nos invade hacia nuestro propio ser por el desprecio hacia nuestra alma, tan vil que no merece que se le diga nada. El medio más difundo para librarse del silencio es hacerse psicoanalizar.Hablar incesantemente de si mismo a una persona que escucha, a la que se le paga para escuchar, desnudar las raíces del propio silencio, si, esto quizá puede proporcionar un alivio momentáneo. Volvemos a encintarnos con el silencio en cuanto traspasamos la puerta de la habitación donde esa persona, a la que pagamos para escuchar, escuchaba. Entonces ese alivio de una hora nos parece superficial y banal.Las cosas que nos dicen aquellos a quienes recurrimos para que nos psicoanalicen no sirven porque no tienen en cuenta nuestra responsabilidad moral, la única elección que se le permite a nuestra vida.Este vicio del silencio que envenena nuestra época queda expresado con un lugar común, “se ha perdido el gusto por la conversación.” Lo que de verdad nos falta es la posibilidad de una relación libre y normal entre los hombres, eso si nos falta, y nos falta hasta tal punto que algunos de nosotros se han matado por la conciencia de esta privación. El silencio cosecha sus víctimas día tras día. El silencio es una enfermedad mortal.El silencio puede alcanzar una forma de infelicidad cerrada, monstruosa, diabólica; puede ajar los días de la juventud, hacer amargo el pan. Puede llevar, como se ha dicho, a la muerte.
viernes, 7 de octubre de 2022
Fanatismo
El fanatismo no es únicamente propiedad de Al Qaeda y del Daesh, de Jabhat al Nusra, Hamás y Hezbolá, de los neonazis, los antisemitas, los devotos de «la supremacía blanca», los islamófobos, el Ku Klux Klan, los Jóvenes de las Colinas y del resto de los que derraman sangre en nombre de sus creencias. Esos y otros fanáticos por el estilo son conocidos por todos. Pero hay otras clases de fanatismo, menos evidentes y menos visibles, que son frecuentes a nuestro alrededor y a veces también en nosotros mismos. De cuando en cuando nos podemos tropezar, por ejemplo, con opositores fanáticos al tabaco que reaccionan como si casi hubiese que quemar vivos a quienes se atreven a encenderse un cigarro en su presencia. O fanáticos vegetarianos y veganos que a veces parecen dispuestos a devorar vivos a los que comen carne. La intransigencia fortificada y atrincherada en sí misma, la intransigencia sin puertas ni ventanas, parece ser el síntoma de esa enfermedad, al igual que las posturas surgidas de pozos turbios de desprecio y de rechazo que destierran todos los demás sentimientos.
martes, 2 de noviembre de 2021
Nadie es más arrogante que un esclavo recién liberado
Escribe C.S.Lewis que cuando la represión no destroza totalmente y para siempre el espíritu, ¿no tiene una tendencia natural a producir orgullo y desprecio en venganza? A cuenta de las esposas y cadenas nos asignamos una dosis doble de autoestima. Nadie está más dispuesto a ser arrogante que un esclavo recién liberado.
lunes, 5 de abril de 2021
La alegría no niega la tristeza, sino que la transforma
Escribe Henri Nouwen que hay muchos signos de desprecio, dolor, y muchas heridas entre nosotros, pero una vez que eliges descubrir la alegría escondida en medio de tanto sufrimiento, la vida se convierte en una fiesta. La alegría no niega la tristeza, sino que la transforma en una tierra fértil para cultivar más alegría.
martes, 22 de octubre de 2019
Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso
Isaac Bashevis Singer, escritor judío y ciudadano polaco que en 1978 se le concedió el Premio Nobel de Literatura escribe que “a menudo los malos escritores son críticos sagaces de la obra de otros escritores. Su crítica era aguda y exacta, algunos de ellos son capaces de indicar con toda precisión los errores de los grandes escritores. Esto mismo es aplicable a la manera de juzgar el carácter de los demás. Los ególatras hablan con desprecio de los ególatras, los necios se mofan de la estupidez de los necios, los más toscos se empeñan en demostrar su refinamiento a base de señalar la tosquedad, la tendencia al abuso, la vanidad de otros. Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso, como si en algún rincón de su ser cada persona fuese capaz de ver la verdad, sólo con la condición de proponerse no pasarla por alto. Al parecer, la egolatría es la fuerza de mayor poder hipnótico, tal como lo describe el Pentateuco: “Porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos”. El hombre sensato se transforma en ciego y el santo llega a un compromiso con el malvado cuando le convenga, o cuando piense que encaja con sus propósitos”.
Etiquetas:
compromiso,
crítica,
desprecio,
ególatra,
egolatría,
error,
escritor,
estupidez,
Isaac Bashevis Singer,
justo,
juzgar,
malos escritores,
necio,
Pentateuco,
sensato,
soborno,
tosquedad,
vanidad,
Verdad
miércoles, 22 de agosto de 2018
Incapacidad para construir un relato de futuro.
![]() |
| Valle de los Caídos |
Cuando Pedro Sanchez, siguiendo la senda de Zapatero, utiliza políticamente a los muertos de la guerra civil para reavivar viejos fantasmas de odio y división. Cuando exigen la retirada del cadáver de Franco del Valle de los Caídos como si media España fuera a sentirse ofendida. Lo único que demuestran son dos cosas, su desprecio por la verdad histórica y su incapacidad para construir un relato de futuro.
Etiquetas:
construir,
desprecio,
división,
España,
Franco,
futuro,
Guerra Civil,
muertos,
odio,
Pedro Sanchez,
Valle de los Caídos,
verdad histórica,
Zapatero
jueves, 22 de marzo de 2018
Insuficiente tutela del derecho a la libertad religiosa.
En los sistemas jurídicos de los países democráticos surgen problemas por la insuficiente tutela del derecho a la libertad religiosa. Ocurre sobre todo cuando los términos neutralidad o laicidad del Estado se interpretan o aplican de manera incorrecta. Por ejemplo, cuando la libertad religiosa se concibe como una concesión del Estado al ciudadano, y no como una exigencia de la dignidad de la persona humana que precede a todo derecho positivo. O cuando el concepto de laicidad se entiende y lleva a la práctica como laicismo; es decir, como actitud negativa, de desprecio agnóstico de las creencias religiosas, a las que se considera fenómenos anticientíficos, fruto del escaso progreso social y del subdesarrollo cultural. En esta perspectiva, escribe el Cardenal Herranz, neutralidad o laicidad del Estado no equivaldrían a Estado aconfesional, lo que sería correcto, sino a Estado anticonfesional, una postura que, como mínimo, resulta poco respetuosa de la dignidad personal de los creyentes y del derecho a la libertad religiosa.
Etiquetas:
aconfesional,
anticonfesional,
creencia religiosa,
creyente,
derecho,
desprecio,
dignidad,
Estado,
Herranz,
laicidad,
laicismo,
libertad religiosa,
persona,
sistema jurídico,
tutela
miércoles, 9 de agosto de 2017
El clamor del anciano.
“No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones” (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Son muchos los avances de la ciencia que permiten mejorar las condiciones de los enfermos, pero ninguno de ellos puede reemplazar la cercanía humana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















