Escribe Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) que “cuando el lector medio se interesa por los Cuentos de Canterbury, que son tan divertidos como Dickens y tan medievales como la catedral de Durham, ¿qué es lo primero que se pregunta? Pues, por ejemplo, por qué se llaman Cuentos de Canterbury y qué hacían los peregrinos camino de Canterbury. Estaban, por supuesto, participando en un festival popular, igual que una fiesta moderna aunque mucho más jovial y divertido. Tal vez también nos cueste reconocer que sea un progreso que sus fiestas tuviesen que ver con los santos, mientras que las nuestras nos las dictan los banqueros. Hoy casi es necesario explicar que un santo es un hombre muy bueno. La idea de una preeminencia meramente moral, compatible incluso con la total estupidez o con el fracaso, constituye una idea revolucionaria que de tan familiar se ha convertido en extraña y que necesita, como otras muchas cosas de aquella vieja sociedad, de un absurdo paralelismo moderno para devolverle su frescura y agudeza originales. Si entrásemos en una ciudad extranjera y nos encontráramos un monumento como la columna de Nelson, nos sorprendería saber que el héroe que lo corona fue famoso por su cortesía y buen humor durante un dolor de muelas crónico. Si viéramos pasar un desfile con una banda de música y un héroe en un caballo blanco, nos parecería raro que nos dijeran que había sido muy paciente con una tía suya solterona y excéntrica. Y no obstante, solo una parodia semejante nos da la medida de la innovación que supuso la idea cristiana del santo popular y reconocido. Es necesario darse cuenta sobre todo de que, aunque esta era la gloria más alta, en cierto sentido era también la más baja. Estaba hecha del mismo material que el trabajo y la vida cotidiana y no requería de la espada o el cetro, sino más bien del bastón y la azada, pues ambicionaba la pobreza.”
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viernes, 4 de septiembre de 2026
Nos cuesta reconocer que sea un progreso que sus fiestas tuviesen que ver con los santos, mientras que las nuestras nos las dictan los banqueros
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martes, 24 de diciembre de 2024
Cuando asesinaron a Antonio Cánovas del Castillo
Cuando asesinaron a Antonio Cánovas del Castillo en el balneario de Santa Agueda en Guipúzcoa, Luis Arana Goiri escribió que “hoy es un día de luto para España y de fiesta para los vascos. De luto porque han asesinado a uno de sus próceres y de fiesta porque el muerto es el mayor enemigo de nuestras libertades en toda nuestra historia”. El 8 de Agosto Cánovas tras oír misa en la parroquia del pueblo, se acomodó en el jardín del balneario y se puso a leer el periódico. Un anarquista, Miguel Angiolillo de 26 años, se le acercó y le disparó cuatro balas. El segundo disparo acertó en la carótida, y le quitó la vida.
En Vizcaya el magnicidio fue celebrado con champán en los círculos nacionalistas, que veían deshacer con su figura “al gran enemigo de nuestras libertades tradicionales” y no al político que siempre estuvo dispuesto a buscar un arreglo ventajoso para los nacionalistas vascos, siempre que las Provincias Vascongadas asumieran sus deberes.
Referencia:Los mitos del nacionalismo vasco de José Diaz Herrera
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lunes, 16 de diciembre de 2024
La España del siglo XVII
Las fiestas y juegos de todo tipo tenían una notable presencia en los siglos XVI y XVII. Existían celebraciones de marcado carácter religioso, como el Corpus Christi o las procesiones de diversa índole. Aquella era una sociedad que amaba el teatro, o la práctica de actividades físicas como la caza o los bailes. Las llamadas fiestas de toros, que en muchas ocasiones se celebraban en las plazas mayores de los pueblos, eran muy apreciadas por el conjunto de la población. En España también fueron muy característicos los “juegos de cañas”, una especie de justa medieval colectiva en la que se enfrentaban varios bandos ataviados con ricos ropajes. Los contendientes luchaban con espadas o lanzas, también llamadas cañas. Los más pequeños, por su parte, practicaban juegos de pelota, físicos o de inventiva que en algún caso han llegado hasta la actualidad, como el conocido burro, las canicas, la peonza o los pares y nones.
Cádiz pronto probaría las mieles del comercio con América cuando, en 1680, se dispuso que los barcos con destino a las Indias partieran de esta ciudad. En la zona de Murcia y Cartagena se pusieron las bases para una renovada industria sedera. Barcelona y Bilbao empezarán a despuntar definitivamente como las zonas industriales más importantes de todo el país, cosa que se mantendría en siglos venideros.
Referencia:Breve historia de los Austrias (David Alonso García)
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domingo, 24 de noviembre de 2024
Ella, con las grandes puertas abiertas, los esperaba
Cuando al escribir quiero hablar del mar, de la mujer, de Dios, me inclino sobre mí mismo y escucho lo que dice en mí el niño; él es quien me dicta mis palabras, y si logro llegar con las palabras a pintar esas grandes fuerzas (el mar, la mujer, Dios), lo debo al niño que todavía vive en mí. Vuelvo así a ser niño para poder contemplar el mundo con mirada virgen y verlo siempre por primera vez.
Para las fiestas anuales, cuando Cristo nacía, o moría, o resucitaba, todo el mundo se vestía, se acicalaba, dejaba su casa, y de todas las callejuelas la gente se volcaba en la iglesia. Ella, con las grandes puertas abiertas, los esperaba. Había encendido sus grandes candelabros y sus arañas, y el dueño de casa, San Minas, montado en su caballo, permanecía en el umbral y recibía a los bien amados habitantes de Megalo Kastro. Los corazones se henchían, no más tristezas, todo el mundo se identificaba, olvidaban su nombre, no eran ya esclavos, ya no había disputas ni turcos, ya no había muerte. Y allí, en la iglesia, con el capitán Minas, el caballero, a la cabeza, todos sentían que eran un ejército inmortal. Carta al Greco (Nikos Kazantzakis)
sábado, 18 de febrero de 2023
No se puede celebrar en solitario
Hay ocasiones, días únicos, que deben celebrarse. No es lo mismo celebrarlo o no... Es bonito pararse a dar las gracias por algo, recordar un acontecimiento positivo y disfrutar de lo que tenemos, principalmente de nuestras relaciones. La fiesta, sin embargo, se hace realidad si uno hace comunidad con los demás. No se puede "celebrar en solitario". Uno puede alegrarse interiormente, pero si no está con otra persona, la fiesta no tiene lugar.
Saber celebrar las fiestas juntos hace más fuertes las relaciones. Celebrar la vida de los demás en familia nos recuerda lo importantes que son, lo mucho que nos importa su presencia. Refuerza los vínculos, escribe la psicoterapeuta Mariolina Ceriotti Migliarese.
jueves, 9 de septiembre de 2021
Gorrones
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| Sepulcro del Cardenal Cisneros |
En las universidades de mediados del siglo XVI y el XVII las ceremonias internas eran reseñables, sobre todo a la hora de adquirir el doctorado. Como si fuese un caballero, el estudiante pasaba la noche antes de la presentación de su tesis velando los libros, ayudándose además con supersticiones como la de colocar los pies sobre la tumba de Juan Lucero. Esta era costumbre de los estudiantes de Salamanca que suponían que así adquirían la sabiduría de este obispo. En Alcalá, otro ejemplo, se tomaban trocitos de piedra del sepulcro del Cardenal Cisneros como amuleto que ayudaba en la presentación de la tesis. Llegada la prueba, el lance no era nada sencillo. Toda la defensa se hacía en latín y en presencia de todos los profesores y alumnos que quisiesen asistir, con el consiguiente alboroto. Cada miembro del tribunal sometía al alumno a una pregunta y este tenía que responder con la suficiente entereza como para no caer ante el acoso de otros dos profesores que hacían la función de ángel y demonio tratando de ponerle nervioso y confundirle. Si suspendía (como fue el caso de San Ignacio de Loyola), era sometido a todo tipo de burlas. En la Complutense, por ejemplo, se le ponía unas orejas de asno y se le sacaba por la puerta de los burros. Después recibía la llamada nevada alcalaína, consistente, como dice Quevedo, en una desagradable lluvia que consistía en “aparejar a gargajos” al pobre suspenso. En el caso de tener éxito, la cosa podía ser aún peor, ya que por tradición los alumnos aprobados estaban obligados a invitar a una fiesta monumental al tribunal examinador. En el convite no podía faltar un toro que lidiar y un buen guiso hecho con la carne del lidiado. Y aunque pareciese que el tribunal aprobaba o suspendía en función de la fiesta posterior, en ocasiones también pasaban alumnos pobres, que se veían en la obligación de mendigar para conseguir el dinero suficiente para sufragar el “exceso”. Pedían con un gorro, por lo que nació el popular apodo de “gorrones”. Finalmente, con la sangre del toro como pigmento se pintaban los “Vítores”, aún visibles hoy en universidades como la de Baeza. Las pintadas conmemoraban los estudios del alumno que por fin alcanzaba a doctorarse.
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lunes, 5 de abril de 2021
La alegría no niega la tristeza, sino que la transforma
Escribe Henri Nouwen que hay muchos signos de desprecio, dolor, y muchas heridas entre nosotros, pero una vez que eliges descubrir la alegría escondida en medio de tanto sufrimiento, la vida se convierte en una fiesta. La alegría no niega la tristeza, sino que la transforma en una tierra fértil para cultivar más alegría.
viernes, 30 de agosto de 2019
Esclavos del trabajo
Acusa el Papa Francisco que hay millones de hombres y mujeres e incluso niños esclavos del trabajo. En este tiempo existen esclavos, son explotados, esclavos del trabajo y ¡esto va contra Dios y contra la dignidad de la persona humana! La obsesión por el beneficio económico y la eficiencia de la técnica amenaza los ritmos humanos de la vida, porque la vida tiene sus ritmos humanos. El tiempo de descanso, sobre todo el del domingo, está destinado a nosotros para que podamos gozar de lo que no se produce ni consume, no se compra ni se vende. Y en lugar de esto vemos que la ideología del beneficio y del consumo quiere comerse también la fiesta. También ésta a veces se reduce a un negocio, a una forma de hacer dinero y gastarlo.
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lunes, 22 de agosto de 2016
Es importante hacer fiesta.
También en el ambiente del trabajo, a veces,sin dejar de lado los deberes,dice el Papa Francisco, sabemos infiltrar algún toque de fiesta: un cumpleaños, un matrimonio, un nuevo nacimiento, como también una despedida o una nueva llegada…, es importante.
Es importante hacer fiesta. Son momentos de familiaridad en el engranaje de la máquina productiva.Pero el verdadero tiempo de la fiesta interrumpe el trabajo profesional, y es sagrado, porque recuerda al hombre y a la mujer que están hechos a imagen de Dios, que no es esclavo del trabajo, sino Señor, y, por tanto, tampoco nosotros nunca debemos ser esclavos del trabajo, sino señores. Hay un mandamiento para esto, un mandamiento que es para todos, ¡nadie excluido! Y sin embargo sabemos que hay millones de hombres y mujeres e incluso niños esclavos del trabajo. ![]() |
| esclavos del trabajo |
En este tiempo existen esclavos, son explotados, esclavos del trabajo y ¡esto va contra Dios y contra la dignidad de la persona humana!, dice el Papa Francisco. La obsesión por el beneficio económico y la eficiencia de la técnica amenaza los ritmos humanos de la vida,sigue comentando el Papa Francisco, porque la vida tiene sus ritmos humanos. El tiempo de descanso, sobre todo el del domingo, está destinado a nosotros para que podamos gozar de lo que no se produce ni consume, no se compra ni se vende. Y en lugar de esto vemos que la ideología del beneficio y del consumo quiere comerse también la fiesta: también ésta a veces se reduce a un negocio, a una forma de hacer dinero y gastarlo. Pero, ¿trabajamos para esto? La codicia del consumir, que implica desperdicio, es un virus malo que, entre otras cosas, al final nos hace estar más cansados que antes. Perjudica al verdadero trabajo y consume la vida. Los ritmos desordenados de la fiesta causan víctimas, a menudo jóvenes.
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esclavos del trabajo
El tiempo de descanso, sobre todo el del domingo, está destinado a nosotros para que podamos gozar de lo que no se produce ni consume, no se compra ni se vende.
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