Mostrando entradas con la etiqueta doctorado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta doctorado. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de septiembre de 2021

Gorrones

Sepulcro del Cardenal Cisneros 

En las universidades de mediados del siglo XVI y el XVII las ceremonias internas eran reseñables, sobre todo a la hora de adquirir el doctorado. Como si fuese un caballero, el estudiante pasaba la noche antes de la presentación de su tesis velando los libros, ayudándose además con supersticiones como la de colocar los pies sobre la tumba de Juan Lucero. Esta era costumbre de los estudiantes de Salamanca que suponían que así adquirían la sabiduría de este obispo. En Alcalá, otro ejemplo, se tomaban trocitos de piedra del sepulcro del Cardenal Cisneros como amuleto que ayudaba en la presentación de la tesis. Llegada la prueba, el lance no era nada sencillo. Toda la defensa se hacía en latín y en presencia de todos los profesores y alumnos que quisiesen asistir, con el consiguiente alboroto. Cada miembro del tribunal sometía al alumno a una pregunta y este tenía que responder con la suficiente entereza como para no caer ante el acoso de otros dos profesores que hacían la función de ángel y demonio tratando de ponerle nervioso y confundirle. Si suspendía (como fue el caso de San Ignacio de Loyola), era sometido a todo tipo de burlas. En la Complutense, por ejemplo, se le ponía unas orejas de asno y se le sacaba por la puerta de los burros. Después recibía la llamada nevada alcalaína, consistente, como dice Quevedo, en una desagradable lluvia que consistía en “aparejar a gargajos” al pobre suspenso. En el caso de tener éxito, la cosa podía ser aún peor, ya que por tradición los alumnos aprobados estaban obligados a invitar a una fiesta monumental al tribunal examinador. En el convite no podía faltar un toro que lidiar y un buen guiso hecho con la carne del lidiado. Y aunque pareciese que el tribunal aprobaba o suspendía en función de la fiesta posterior, en ocasiones también pasaban alumnos pobres, que se veían en la obligación de mendigar para conseguir el dinero suficiente para sufragar el “exceso”. Pedían con un gorro, por lo que nació el popular apodo de “gorrones”. Finalmente, con la sangre del toro como pigmento se pintaban los “Vítores”, aún visibles hoy en universidades como la de Baeza. Las pintadas conmemoraban los estudios del alumno que por fin alcanzaba a doctorarse.

martes, 11 de octubre de 2016

Intelectuales en el siglo XVI y XVII.

Aula Fray Luis de León. Universidad de Salamanca
El incremento del número de estudiantes durante el siglo XVI y la primera parte del XVII se debió, entre otras razones, a la nueva función asumida por la universidad como institución donde se formaba el clero destinado a las parroquias y también a la creciente demanda por parte de los gobiernos de funcionarios con estudios de derecho.
Vista de Nápoles (1647)
A mediados del siglo XVII, la oferta de estudiantes empezó a superar la demanda de sus servicios y un número importante de graduados comenzó a ver frustradas sus aspiraciones. En Nápoles, los estudiantes tomaron parte en la famosa revuelta contra España en 1647-1648. En cierta ocasión, trescientos estudiantes armados desfilaron por las calles en protesta contra el aumento de las tasas de los doctorados. En el caso de Inglaterra, se ha llegado a sugerir que estos intelectuales alienados fueron, en parte, los responsables de la Revolución inglesa.


A partir, aproximadamente, de 1700 fue posible ejercer profesiones intelectuales distintas de las de profesor o escritor, por ejemplo, como miembros asalariados de determinadas organizaciones dedicadas al acopio de conocimientos, concretamente las Academias de Ciencias fundadas y financiadas en París, Berlín, Estocolmo y San Petersburgo, aun contando con que los limitados fondos de que se disponía obligaban a los interesados a complementar sus sueldos con otro tipo de empleo. Al margen que a estos hombres podamos calificarlos de científicos, término acuñado en el siglo XIX, la génesis de este grupo representó seguramente un momento significativo en la historia de la intelectualidad europea. Algunos miembros del grupo escogieron su ocupación prefiriéndola conscientemente a la carrera universitaria tradicional.