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viernes, 22 de febrero de 2019

Potenciar los estudios tecnológicos.


Antes de su entrada en la UE, Irlanda tenía un enorme porcentaje de sus estudiantes en carreras vinculadas a las ciencias sociales. Pero el país resolvió que necesitaba más científicos y técnicos, y menos sociólogos. En la década del noventa, el número de estudiantes universitarios creció 80 por ciento, y el de los estudiantes que siguen carreras de ciencia y tecnología aumentó en más de 100 por ciento. Los estudiantes de informática, por ejemplo, aumentaron de 500 en el año 1996 a 2.000 en 2003. “Desde la década del setenta, cuando entramos en la Unión Europea, hemos tenido una política de Estado deliberada en el sentido de destinar más recursos a las escuelas de ingeniería y las ciencias, dice Dan Flinter, presidente de Enterprise Ireland, lo hicimos mediante la creación de dos nuevas universidades, específicamente destinadas a estas carreras”. Desde la escuela primaria, los maestros irlandeses, siguiendo las orientaciones del Ministerio de Educación, incentivan el estudio de las carreras técnicas.

Instituto Tecnológico de Praga
El Instituto Tecnológico Checo de Praga, con 104.000 estudiantes en un país de apenas 10 millones de habitantes, es el centro de estudios tecnológicos más grande de Europa. “Nuestra mano de obra altamente calificada es más importante para atraer inversiones que los incentivos económicos que da el gobierno”, explica Radomil Novak, director de Czechinvest, la agencia gubernamental encargada de atraer inversiones extranjeras.

Jaroslav Mil, presidente de la Confederación de Industrias de la República Checa, opina que los países de la “vieja Europa” se hundirán muy pronto si siguen aferrados a las vacaciones de cuatro semanas y sus semanas de 35 horas, asegura. 

sábado, 8 de julio de 2017

La revolución científica se produjo gracias a la Iglesia católico-romana.

La mayoría de los historiadores de la ciencia, entre los que figuran A. C. Crombie, David Lindberg, Edward Grant, Stanley Jaki, Thomas Goldstein y J. L. Heilbron, han concluido en los últimos cincuenta años que la revolución científica se produjo gracias a la Iglesia. La aportación católica a la ciencia no se limitó a la esfera de las ideas, también las teológicas, toda vez que muchos científicos en ejercicio eran a la sazón sacerdotes. 

El padre Nicholas Steno, un luterano convertido al catolicismo y ordenado sacerdote, es comúnmente considerado el padre de la geología, mientras que el padre de la egiptología fue Athanasius Kircher. La primera persona que midió el índice de aceleración de un cuerpo en caída libre fue otro sacerdote, el padre Giambattista Riccioli. Y a Roger Boscovich se le suele atribuir el descubrimiento de la moderna teoría atómica. Los jesuitas llegaron a dominar el estudio de los terremotos a tal punto que la sismología se dio en llamar la ciencia jesuita. Y esto no es todo, ni mucho menos. Aun cuando cerca de treinta y cinco cráteres lunares llevan el nombre de científicos y matemáticos jesuitas, la
Roger Boscovich
contribución de la Iglesia a la astronomía es prácticamente desconocida. Sin embargo, tal como señala J. L. Heilbron, de la Universidad de Berkeley, California: “La Iglesia católica-romana ha proporcionado más ayuda financiera y apoyo social al estudio de la astronomía durante seis siglos, desde la recuperación de los conocimientos antiguos en el transcurso de la Edad Media hasta la Ilustración, que ninguna otra institución y probablemente más que el resto en su conjunto”.

lunes, 12 de junio de 2017

Teixobactina y nanorrobots.


En 2015, los médicos anunciaron el descubrimiento de un tipo de antibiótico completamente nuevo, la teixobactina, al que, por el momento, las bacterias no presentan resistencia. Algunos estudiosos creen que la teixobactina podría acabar siendo un punto de inflexión en la lucha contra gérmenes muy resistentes. Los científicos también están desarrollando nuevos tratamientos revolucionarios, que funcionan de una manera radicalmente diferente a la de cualquier medicamento previo. Por ejemplo, algunos laboratorios de investigación son ya el hogar de nanorrobots, que un día podrán navegar por nuestro torrente sanguíneo, identificar enfermedades, y matar patógenos y células cancerosas. Aunque los microorganismos tengan cuatro mil millones de
microorganismos
años de experiencia acumulada en la lucha contra enemigos orgánicos, su experiencia en la lucha contra depredadores biónicos es absolutamente nula, por lo que encontrarían doblemente difícil generar por evolución defensas efectivas. Así, si bien no podemos estar seguros de que algún nuevo brote de ébola o de una cepa desconocida de gripe no vaya a propagarse por el globo y a matar a millones de personas, en caso de que eso ocurra no lo consideraremos una calamidad natural inevitable. Por el contrario, lo veremos como un fracaso humano inexcusable y pediremos la cabeza de los responsables. Cuando a finales del verano de 2014 dio la impresión, durante unas pocas y terribles semanas, de que el ébola ganaba la partida a las autoridades sanitarias globales, se pusieron rápidamente en marcha comités de investigación. Un informe inicial publicado el 14 de octubre de 2014 criticaba a la Organización Mundial de la Salud por su reacción insatisfactoria ante el brote, y culpaba de la epidemia a la corrupción y a la ineficacia en la división africana de la OMS.

nanorrobot
*Me escribe un amigo que a la palabra nanorrobot le sobra una r. Al anteponer al sustantivo robot el prefijo nano-, que significa ‘milmillonésima parte’, es preciso duplicar la r, para mantener su sonido, nanorrobot, de la misma manera que se hace con rector, robo, reportaje, cuando se les anteponen prefijos terminados en vocal, como vice-, anti-, publi-, lo que da como resultado antirrobo, ciclorruta, publirreportaje.

jueves, 3 de noviembre de 2016

La próxima era del conocimiento humano podría incorporar el pensamiento medieval!.

Las fórmulas de la física explican cómo se presenta el arco iris y hasta sus colores, pero no es capaz de dar cuenta de su cualidad, de la belleza que es su más inmediata propiedad. Los científicos modernos no ignoran esta deficiencia.


El físico cuántico Richard Feynman dijo que “la piedra de toque de la ciencia es su capacidad de predecir. De no haber visitado la tierra, ¿podría uno predecir las tormentas, los volcanes, las olas de los océanos, las auroras y el colorido del atardecer?… Es posible que la próxima gran época de despertar del intelecto humano produzca un método para entender el contenido cualitativo de las ecuaciones… Hoy no sabemos distinguir si una ecuación de ‘la mecánica cuántica’ contiene ranas, compositores o moral, o si nada en absoluto”. Así pues, la próxima gran era del conocimiento humano podría incorporar el pensamiento medieval.

martes, 11 de octubre de 2016

Intelectuales en el siglo XVI y XVII.

Aula Fray Luis de León. Universidad de Salamanca
El incremento del número de estudiantes durante el siglo XVI y la primera parte del XVII se debió, entre otras razones, a la nueva función asumida por la universidad como institución donde se formaba el clero destinado a las parroquias y también a la creciente demanda por parte de los gobiernos de funcionarios con estudios de derecho.
Vista de Nápoles (1647)
A mediados del siglo XVII, la oferta de estudiantes empezó a superar la demanda de sus servicios y un número importante de graduados comenzó a ver frustradas sus aspiraciones. En Nápoles, los estudiantes tomaron parte en la famosa revuelta contra España en 1647-1648. En cierta ocasión, trescientos estudiantes armados desfilaron por las calles en protesta contra el aumento de las tasas de los doctorados. En el caso de Inglaterra, se ha llegado a sugerir que estos intelectuales alienados fueron, en parte, los responsables de la Revolución inglesa.


A partir, aproximadamente, de 1700 fue posible ejercer profesiones intelectuales distintas de las de profesor o escritor, por ejemplo, como miembros asalariados de determinadas organizaciones dedicadas al acopio de conocimientos, concretamente las Academias de Ciencias fundadas y financiadas en París, Berlín, Estocolmo y San Petersburgo, aun contando con que los limitados fondos de que se disponía obligaban a los interesados a complementar sus sueldos con otro tipo de empleo. Al margen que a estos hombres podamos calificarlos de científicos, término acuñado en el siglo XIX, la génesis de este grupo representó seguramente un momento significativo en la historia de la intelectualidad europea. Algunos miembros del grupo escogieron su ocupación prefiriéndola conscientemente a la carrera universitaria tradicional.