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sábado, 25 de abril de 2026

Los españoles no deben ser considerados verdaderos colonos, puesto que ellos no tuvieron que emigrar para librarse de condiciones opresivas


La Corona española no escatimó esfuerzo alguno para evitar que los criminales y otros elementos socialmente indeseables emigraran a América; en tanto que, a veces, la política británica llevó a efecto la deportación de la población criminal a sus colonias de Australia y América. Los españoles, al revés de muchos de los ingleses, no sintieron la necesidad de ir a América para escaparse de persecuciones religiosas o de otra especie. Uno de nuestros historiadores, autor de un texto universitario, da a entender que los españoles no deben ser considerados verdaderos colonos como los ingleses, puesto que ellos no tuvieron que emigrar para librarse de tales condiciones opresivas en Europa.


Los hogares más antiguos en América fueron construidos por los españoles en su doble papel de conquistadores y colonos. Cristóbal Colón, en su segundo viaje en 1493, llevaba cerca de 1.500 colonos, junto con los avíos e impedimenta (semillas, plantas, ganado, etc.) necesarios por lo regular en tales empresas. Y el gobernador Nicolás de Ovando, a su llegada al Nuevo Mundo en 1502, lo hizo con una flota de cerca de 2.000 colonos, funcionarios, clérigos, etc. De ahí en adelante, los barcos y flotas que viajaban desde España al Nuevo Mundo llevaban regularmente mujeres, niños, criados, menestrales, operarios, comerciantes, etc.; en suma, todo tipo de carga humana.En nuestros malentendidos sobre la colonización española en el Nuevo Mundo, normalmente ignoramos la fortaleza y el espíritu de la mujer española, y la lealtad hacia sus hombres; un buen número de fascinantes obras podrían ser escritas sobre la mujer española en la conquista y colonización de las Américas. La conquista española en América fue marcadamente un logro más de diplomacia que de guerra. Tuvo que ser así, puesto que las fuerzas de exploración e invasión fueron tan pequeñas que, de otro modo, no hubieran podido sobrevivir y conquistar. Comparados con la perspicaz diplomacia española, las más famosas armas de fuego, caballos y espadas de acero fueron, a menudo, de menos eficacia. La famosa historia de Cortés en Méjico, es ejemplo clásico de un proceso diplomático que se repitió con frecuencia. Los conquistadores tuvieron una constante necesidad de aliados indios y los buscaron por medios diplomáticos, algunas veces con demostraciones ejemplares de fuerza y astucia, a veces por medio de regalos, palabras endulzadas y tratados de alianza con ciertas tribus y naciones indias, para combatir a sus enemigos tradicionales. Asimismo, es correcto caracterizar las victorias españolas en América como un proceso de indios conquistados por otros indios, bajo la supervisión blanca. Así los tlaxcaltecos tuvieron un gran placer en ayudar a los españoles a derrotar a sus odiados y perennes enemigos, los aztecas; y los aztecas, a su vez, ayudaron a los españoles en su lucha y colonización en otras fronteras.


Fueron ejecutadas en Hispanoamérica poco más de un centenar de personas como resultado de los procesos de la Inquisición, durante unos 250 años de existencia formal. Contrasta con la tortura y ejecución de católicos en la Inglaterra de Isabel (1558-1603): 130 sacerdotes y 60 seglares, cifra que se eleva a 250 si incluimos los que murieron en prisiones del Estado. El cálculo de muertes de los acusados de brujería en los estados alemanes, durante los siglos XVI y XVII, alcanza sobradamente a varios millares.

Referencia: Árbol de odio (Philip Wayne Powell)

domingo, 14 de septiembre de 2025

El motor principal de la colonización de América fue la evangelización

Tras el descubrimiento del nuevo continente, España se lanzó a su colonización. Sería un grave error pensar que el motor de esta aventura era solo económico. Sin duda, el oro y la plata, atraían en el siglo XV tanto como a nosotros en el XXI. Sería hipócrita censurar que algunos quisieran riquezas, como si los europeos colonizadores de otras zonas del planeta, siglos después, no las hubieran querido. Como si nosotros mismos tampoco las quisiéramos. Y también sería un error pensar que las riquezas no tuvieron nada que ver. Pero el alto número de sacerdotes y frailes que se embarcaron hacia América, sin nada material que ganar, ni riquezas que buscar, hace pensar en un motivo mayor, la evangelización. Además, todos los reyes de España insistieron en que a los indios había que darles un trato humano, como a los vasallos de Castilla. El afán de riquezas solo fue uno de los motores de una empresa que, si solo se hubiera movido por el oro, habría sido un fracaso desde el principio. El motor principal de la colonización de América fue la evangelización. La prueba de ello es que ningún otro país a lo largo de la historia mandó tantos sacerdotes y frailes como España mandó a América. Los nombres más usuales de barcos, ríos, ciudades, etc. eran de santos, advocaciones de la Virgen y acontecimientos religiosos. Que la evangelización fue uno de los pilares de la colonización española lo demuestra la fundación de numerosas misiones desde las que, frailes y sacerdotes, intentaban enseñar la fe católica a los indios y donde, siempre, encontraron refugio y protección. Un ejemplo entre muchos es una de las misiones fundadas por el fraile Junípero Serra llamada san Carlos Borromeo de Carmelo, en 1771, en el condado de Monterry, California. La construyeron entre él mismo, cuatro indios ya católicos, tres marineros y cinco soldados. Que los marineros y los soldados ayudaran, sin las mínimas condiciones necesarias y con la carencia de los materiales imprescindibles, es prueba concluyente de que, la idea de evangelizar, era una constante entre la población española. Pero esta idea de evangelizar no se limitaba a predicar la palabra de Dios. Serra procuraba a los indios medios de subsistencia. Con mucho sentido común fray Junípero Serra basó la economía en cultivar maíz, trigo y viñedos, y en criar ganado. Y siempre haciendo frente a un problema ya conocido, la escasa inmunidad de los indios a las enfermedades que los convertía en objetivo de las bacterias y los microbios. De todas formas, y como se vio por el crecimiento de la población india unos 20 años después, la misión era, verdaderamente, un lugar de trabajo y vivienda para los indios.
Una vez más fueron los deseos de evangelización los que lograron que Arizona continuara siendo española. Entró en acción un jesuita al que solo le movía el afán de cristianizar a los indios, el Padre Kino. El jesuita comprendió que, si se iban los españoles, no habría posibilidad de evangelización y puso todo su empeño para que siguieran allí. El padre Kino logró que los colonos continuaran en aquella tierra. Es uno de los hechos que demuestran que no fueron ni el oro ni la plata los motores de la colonización española. ¿Qué tenía que ganar España en aquellas extensas regiones? Nada, como demuestra el hecho de que, incluso hoy, sea uno de los territorios más despoblados de Estados Unidos. Lo que importaba era el alma de los indios: había que evangelizar. Los sacerdotes no se rindieron y, el padre Kino, comenzó el trato amable y humano con las tribus guaymas y seris. Más tarde también contactaría con otras tribus como la de los indios papagos,pumas,apaches,sobas, opas y cocomaricopas. El padre Kino no desaprovechó la ocasión de explorar y de investigar. Así, fue el primero que descubrió que California no era una isla, sino una península. Era 1698. Le dio el nombre de Alta California y sus mapas y planos supusieron un avance notable en el conocimiento y la cartografía de Norteamérica. Exploró Sonora en México y Arizona en Estados Unidos. No es que no se conocieran sino que se ampliaba ese conocimiento de unos territorios tan extensos que no se podían recorrer en una sola exploración. Al final de su vida había recorrido 30.000 km y fundó más de 30 ciudades. Una escultura de Kino se encuentra hoy en el Capitolio de los Estados Unidos.

Referencia: Eso no estaba en mi libro de Historia de España de Francisco García del Junco

miércoles, 19 de marzo de 2025

La idea de Europa

El rapto de Europa de François Boucher

La idea de Europa nació en la Antigua Grecia, donde se contrastaba con una Asia despótica y bárbara. Tras la caída del Imperio romano, el sueño de la reunificación europea apareció de forma recurrente. En la Edad Media, se concretó en la unión de la cristiandad contra el islam. En los siglos XVII y XVIII, mientras las guerras de religión e imperiales hacían estragos, surgieron ideas seculares. En 1712 el abad de Saint-Pierre abogó por una “unión europea”, y en 1795 Immanuel Kant propuso algo parecido en su obra La paz perpetua.
El siglo XIX añadió la idea de las culturas y los pueblos intrínsecamente europeos. Ese nacionalismo se tradujo en más guerras y, en su sentido de culpabilidad posterior, llamamientos a la unidad europea. El movimiento europeo moderno se inició después de la I Guerra Mundial. Algunos de sus fundadores la consideraban una forma de que Europa compitiera con América y la Unión Soviética, lo que implicaba que Rusia no podría unirse nunca. Ni tampoco, según creían algunos, podría hacerlo Gran Bretaña, que se identificaba más con su imperio que con Europa. Cuando un primer gobierno europeo federal finalmente llegó tras la II Guerra Mundial, su misión fue política y económica; hacer que Europa occidental estuviera tan integrada como para que sus Estados no se enfrentaran de nuevo y fuera tan rica como para eludir el comunismo. La pertenencia estaba dictada por las circunstancias de la Guerra Fría, y no tanto por preocupaciones filosóficas insustanciales.
El filósofo europeo del siglo XX, Ludwig Wittgenstein creyó en algún momento que el lenguaje debe referirse a cosas diferenciadas del mundo real, y que la filosofía debería aspirar a hacerlo exacto, como una ciencia. Más tarde, llegó a la conclusión de que eso era absurdo. Las palabras no pueden ser definidas con precisión; sus límites son difusos. Su significado radica en la forma en que las personas las usan para conseguir lo que quieren.
Lo mismo ocurre con la palabra Europa. Los sentimientos de los europeos sobre quién merece estar en la Unión Europea depende de los problemas sobre los que estén discutiendo. La unión monetaria y los conflictos sobre el principio de legalidad son cuestiones de instituciones y cultura, y centran la atención en las distintas identidades e historias de los europeos. Pero los mayores desafíos actuales (la guerra de Ucrania, la competencia con China, el aumento de la migración en el Mediterráneo, la gestión del cambio climático) son geopolíticos. Esto ha hecho que Europa vuelva su mirada a la geografía. Es posible que los franceses y los albanos no estén totalmente de acuerdo en los rasgos civilizadores que los caracteriza, pero saben que comparten el mismo trozo de roca euroasiática. En estos momentos, eso parece más importante.

Referencia:The Economist (30/9/2023)


lunes, 16 de diciembre de 2024

La España del siglo XVII

Las fiestas y juegos de todo tipo tenían una notable presencia en los siglos XVI y XVII. Existían celebraciones de marcado carácter religioso, como el Corpus Christi o las procesiones de diversa índole. Aquella era una sociedad que amaba el teatro, o la práctica de actividades físicas como la caza o los bailes. Las llamadas fiestas de toros, que en muchas ocasiones se celebraban en las plazas mayores de los pueblos, eran muy apreciadas por el conjunto de la población. En España también fueron muy característicos los “juegos de cañas”, una especie de justa medieval colectiva en la que se enfrentaban varios bandos ataviados con ricos ropajes. Los contendientes luchaban con espadas o lanzas, también llamadas cañas. Los más pequeños, por su parte, practicaban juegos de pelota, físicos o de inventiva que en algún caso han llegado hasta la actualidad, como el conocido burro, las canicas, la peonza o los pares y nones.
Cádiz pronto probaría las mieles del comercio con América cuando, en 1680, se dispuso que los barcos con destino a las Indias partieran de esta ciudad. En la zona de Murcia y Cartagena se pusieron las bases para una renovada industria sedera. Barcelona y Bilbao empezarán a despuntar definitivamente como las zonas industriales más importantes de todo el país, cosa que se mantendría en siglos venideros.
Referencia:Breve historia de los Austrias (David Alonso García)

martes, 26 de noviembre de 2024

El café

El café proviene de una planta de origen africano, posiblemente de Etiopía, pero la costumbre de tostar el grano para hacer una infusión parece originaria de Arabia; la ciudad de Moka, en Yemen, fue uno de los primeros grandes mercados de este producto. Era fácil cultivarlo en un clima tropical, de modo que se extendió por el mundo en el siglo XVII y llegó a América en el XVIII, donde se aclimató rápidamente en el Caribe y en América del Norte. Después pasó a Brasil, que aún hoy es el primer productor mundial. Su consumo se difundió hasta Inglaterra a partir de la segunda mitad del siglo XVII, servido al público en establecimientos especializados que se convirtieron en puntos de debate político e intelectual (Newton los frecuentaba), en locales de juego y en centros de negocios donde se compraban acciones, se obtenían créditos o se contrataban seguros (Lloyds, que se convertiría en la mayor empresa de seguros marítimos del mundo, nació en un café). 


jueves, 4 de abril de 2024

Lo que denominamos Guerra de los Siete Años (1756-1763),Churchill la calificó de primera guerra mundial

La salida de la escuadra francesa el 10 de abril de 1756 para el ataque contra Port Mahon

Lo que denominamos Guerra de los Siete Años (1756-1763), que Churchill calificó de primera guerra mundial, y que causó alrededor de un millón de muertos en sus diversos escenarios, fue en realidad un conjunto de conflictos que afectaron a la propia Europa, América, África occidental, la India y las islas Filipinas. En el Viejo Continente se enfrentaron dos bandos, uno compuesto por Gran Bretaña, Prusia, Portugal y algunos pequeños estados alemanes contra otro, formado por Francia, Austria, Rusia, España y Suecia. El conflicto, que se había iniciado en América, en una disputa entre colonos franceses y británicos, adquirió una dimensión internacional en Europa con la lucha por la posesión de Silesia entre Prusia y Austria, que comportó un enfrentamiento entre Gran Bretaña, aliada de Prusia, y Francia, aliada de Austria y Rusia, hasta que esta última cambió finalmente de bando. Prusia salió victoriosa y dejó establecida un gobierno de las cinco grandes potencias que dominarían la historia de Europa hasta la Guerra Mundial de 1914-1918: Francia, Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia. El mayor impacto de la guerra fue el que se produjo en los escenarios coloniales, donde Gran Bretaña consiguió grandes beneficios sobre Francia y éxitos espectaculares contra España, como la ocupación de La Habana. En Norteamérica el resultado más destacable fue la pérdida, por parte de los franceses, de sus territorios en Canadá. En el África occidental la contienda tuvo como protagonistas a los británicos y a los franceses, en disputa por los dos puertos de Senegal, Saint-Louis y Gorée, que, además de servir de punto de embarque para el tráfico de esclavos, facilitaban el acceso a la goma arábiga producida en el interior, un producto muy buscado por su utilidad en la industria textil. El escenario más trascendental desde el punto de vista de la expansión colonial fue posiblemente el de la India. Allí los franceses y los ingleses no buscaban ganancias territoriales, sino que se limitaban a mantener factorías cercanas a la costa y bien defendidas, a la vez que trataban de asegurarse privilegios para el comercio, una actividad en la que la compañía inglesa era muy superior a la francesa por el volumen de tráfico y por unos costes de transporte más bajos.

martes, 23 de enero de 2024

Los valores que aportó España al Nuevo Mundo se incorporaron al medio americano

“La emancipación fue contra el dominio español, y no contra los valores que aportó España al Nuevo Mundo, los cuales se incorporaron al medio americano y se transformaron en categorías propias”. “No reconocerlo es caer en el simplismo de un indigenismo radical ideologizado que atiza los enfrentamientos y las luchas sociales, y en vez de unir e integrar, desintegra y disocia”, subraya  Monseñor José Antonio Eguren.
La historiadora María Saavedra destaca que uno de las grandes falsedades es el de la evangelización como mera excusa de los españoles para encontrar oro y plata. Y siendo cierto “que había interés en ello”, “todo se hizo bajo la misión de evangelizar”. “Los reyes asumieron esa evangelización, ya que para Roma y el Papado no era posible encargarse de las grandes dimensiones del nuevo mundo. Los reyes pusieron en marcha el proceso evangelizador con todo lo que llevaba consigo, porque realmente en América todo era misión”. “Es verdad que había mucho oro y mucha plata. Pero cuando América se independiza, se calcula que el número de hospitales fundados por España en sus dominios americanos fue de más de 1.000 así como 30 universidades, colegios para niños, para caciques, para mestizos y, también, para mujeres y niñas. “La red de hospitales y escuelas que se construyó por toda América es inmensa y todo el continente americano está repleto de este tipo de realidades”.
Saavedra subraya “el gran monumento que construyeron los españoles en las Indias”, el derecho indiano. “Era la manera de adaptar el derecho castellano a la realidad indiana, y siempre en favor del indígena americano”, explica. “Había delitos que tenían mayor pena que si los cometía un español que si los cometía un indio y desde el primer momento se plantea como proteger a ese indígena. ”Estos documentos “afirman que los indios van a trabajar a cambio de un salario, se marcan unas horas máximas de trabajo, no se pueden exigir más”. Entre otras de sus medidas garantistas, ordenan que “los domingos se les dará una olla de carne a los indios, las mujeres embarazadas trabajarán como máximo hasta el cuarto mes o que los niños no irán a trabajar. Los trabajadores de las minas”, concluye, “transcurrido un tiempo, recibían un descanso de seis meses antes de regresar”.

martes, 22 de marzo de 2022

España entendió la inmigración como si los acogiese el Estado del bienestar y no el país


La forma de entender la ciudadanía también determina cuestiones como la integración de los inmigrantes. En el caso de España, prevalecieron criterios según los cuales el que acogía a sus nuevos habitantes no era el país, sino el Estado del bienestar. Se trata, pues, de una experiencia radicalmente distinta a la de los españoles que emigraron a América hace décadas, y que una vez allí se incorporaban a la nación haciéndose a los preceptos sociales y legales por los que podían participar de ella. Cuando por el contrario son las políticas sociales el vínculo primario con aquellos que llegan, no solo la sociedad receptora sufre las consecuencias de un equilibrio frágil; también el inmigrante, siempre expuesto a que los ojos se vuelvan hacia él en cuanto sobrevenga el tiempo de las vacas flacas y la economía aconseje soltar lastre, escribe Xavier Reyes Matheus.



viernes, 7 de enero de 2022

No es cierto que los catalanes fueran excluidos del comercio americano

Un libro se refiere a “la prohibición de 1518 para que los mercaderes catalanes comerciaran con América, porque los monarcas centralistas españoles temían el poder marino y mercantil catalán”. Esa afirmación es completamente absurda. ¿Por qué iba a temer el rey, que también era rey de Cataluña, el poder comercial catalán? Sin embargo, aseveraciones semejantes pueden encontrarse por doquier en numerosos libros, y se repiten constantemente en los textos nacionalistas, manifiesta Henry Kamen historiador e hispanista británico. Hasta que pudo estabilizar el sistema, añade Kamen, el comercio estaba totalmente abierto. En la década de 1520 muchos puertos tenían libertad de comercio con el Caribe. Semejantes libertades, motivadas por la falta de liquidez de la Corona para invertir en América, se cortaron de raíz en 1538: desde esa fecha se creó un monopolio que limitaba y controlaba el comercio a la zona de Sevilla. Aquellos que deseaban comerciar con América tenían que trasladarse a esta ciudad o utilizar sus infraestructuras. En cualquier caso no es cierto que los catalanes y otros habitantes de la Corona de Aragón fueran excluidos del comercio americano. Aunque Carlos V, en 1522, rechazó una petición de Barcelona para obtener permiso para comerciar directamente desde su puerto, los aragoneses podían emigrar a América, y tanto los catalanes como los aragoneses estuvieron en Sevilla comerciando con América libremente desde 1524 en adelante.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Rafael del Riego invitaba a la deserción del ejercito que debería defender la soberanía de España en América



La Santa Alianza Fue el pacto firmado en septiembre de de 1815, tres mese después del Congreso de Viena 

Fernando VII no estuvo afortunado en sus gestiones para que la Santa Alianza le ayudara a recuperar las posesiones de América; las potencias del Este (Prusia, Rusia y Austria) eran moderadamente sensibles al argumento de la legitimidad, pero Inglaterra prefería la independencia de las antiguas colonias, en las que vislumbraba un prometedor mercado libre. Lo sorprendente es que en España los decisivos acontecimientos de América no despertaran mucho interés; el comercio de Cádiz estaba arruinado, pero en la mayoría de la nación se comentaban más los asuntos internos. Un ejército reunido con gran trabajo, que en los alrededores de Cádiz esperaba el momento de zarpar para América, escuchó con agrado las propuestas de Rafael del Riego, militar y político liberal español,y otros mandos que les aseguraban era más patriótico y mucho menos arriesgado restaurar la Constitución de 1812 que trasponer el Océano para ayudar a los últimos defensores de la soberanía española en Indias. Los autores de esta vergonzosa deserción vagaron varias semanas por Andalucía, en medio de poblaciones indiferentes, con unas tropas que disminuían a ojos vistos. El pronunciamiento estaba destinado al fracaso cuando las guarniciones de otras ciudades se sumaron y obligaron a Fernando VII a ceder.

viernes, 4 de septiembre de 2020

La civilización occidental se prolonga necesariamente en las regiones americanas



Las memorables odiseas de Vasco de Gama y Magallanes dieron a la civilización numerosas tierras de conquista y aprovechamiento mercantil, zonas de influencia política, protectorados y colonias opulentas. Colón en cambio dio una nueva patria más amplia a los europeos. Brindó a Inglaterra una nueva Inglaterra, a España una Nueva España; al genio anglosajón un puesto de desarrollo y poder incomparable, mucho más rico y propicio que sus ideas vernáculas; al genio latino una nueva tierra en la que pudiera perpetuarse al través de los siglos, en incesante evolución. En Asia, en África, en los Archipiélagos de la Oceanía, Europa será siempre extranjera. En América nunca lo será. La civilización occidental se prolonga necesariamente en las vírgenes regiones americanas. Aquí se elaborará, en sus formas más altas, la cultura del mundo, escribe el filósofo mejicano Antonio Caso.


lunes, 4 de mayo de 2020

En Estados Unidos la libertad es anciana; la igualdad es comparativamente nueva



Alexis de Tocqueville en su libro “La democracia en América” escribe que “los ingleses que vinieron, hace tres siglos, a fundar en los desiertos del Nuevo Mundo una sociedad democrática, se habían acostumbrado todos en la madre patria a tomar parte en los asuntos públicos; sabían lo que era un jurado; tenían libertad de expresión y libertad de prensa, libertad individual, una idea del derecho y la costumbre de recurrir a él. Trajeron a América estas instituciones libres y costumbres viriles, que sostuvieron contra la injerencia del Estado. Entre los americanos es pues la libertad la que es anciana; la igualdad es comparativamente nueva. Ocurre lo contrario en Europa, donde la igualdad, introducida por el poder absoluto y sometida al escrutinio de los reyes, había ya penetrado en los hábitos de los pueblos mucho antes de que la libertad se incorporase a su ideario”.

miércoles, 15 de enero de 2020

Los esclavos en el mundo hispánico eran tratados con menor dureza


En 1947 Frank Tannenbaum publicó su libro El negro en las Américas, esclavo y ciudadano, donde examinaba los sistemas legales de las Américas británica y española y argumentaba que los esclavos en el mundo hispánico eran tratados con menor dureza por sus amos que los de la América británica.

jueves, 2 de enero de 2020

La lengua es el instrumento en el cual expresamos a lo largo de la vida lo que somos


¿Cómo hablar de América con la lengua de España?, se pregunta Ospina. “Una lengua es algo que no se puede recibir de una manera autoritaria. La lengua sólo se puede recibir de una manera amorosa y tierna, porque es el instrumento en el cual expresamos a lo largo de la vida lo que somos, nuestros anhelos, nuestros secretos, y si esa lengua no cabe en nuestra sensibilidad y no está escrita en las fibras de nuestro ser, hay como un abismo entre la realidad y el lenguaje”.

“El proceso de conquista de una lengua propia ha sido un proceso muy largo, muy hermoso, en él participan necesariamente todos los que hablan la lengua, no sólo los escritores y los poetas sino todas las personas, las comunidades, la sociedad”.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Homo neanderthalensis y homo sapiens


Muchos fósiles del homo neanderthalensis (el hombre de Neandertal) fueron descubiertos en Europa, donde aparecieron por primera vez hace unos 200.000 años y se extinguieron hace 30.000. Los fósiles más recientes del homo neanderthalensis se encontraron en España, donde parece que tuvieron su última morada.

El moderno homo sapiens colonizó los continentes del mundo hace relativamente poco tiempo. El sudeste asiático y la región que ahora es China, hace 60.000 años, y Australia, poco después; Europa hace sólo 35.000 años; América hace unos 15.000 años por colonizadores procedentes de Siberia.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

En la España del siglo XVI América se convirtió en el paraíso prometido.

En la España del siglo XVI América se convirtió en el paraíso prometido para miles de aventureros esforzados, quienes con su aliento, determinación y afán de riquezas constituyeron un ariete prodigioso en este cambio espectacular de la historia. En ese tiempo España contaba con unos ocho millones de habitantes, la situación económica no atravesaba su mejor momento, la guerra de Granada había agotado las arcas reales y el enfrentamiento directo con musulmanes y judíos sembraba el desasosiego por buena parte de la península Ibérica. En este escenario de incertidumbre la llegada de noticias sobre el reciente descubrimiento fue un viento de alivio para todos aquellos desprovistos de fortuna o anhelantes de horizontes donde plantear una nueva y más lustrosa existencia.

Sevilla del siglo XVI
Hay algo que nunca debemos olvidar, escribe el ya fallecido periodista y escritor Juan Antonio Cebrian, y es que fueron hijos de su tiempo. Lo que hicieron nuestros conquistadores no difiere mucho de las actuaciones colonizadoras de otras potencias como Inglaterra, Portugal, Francia o Países Bajos. La divergencia entre unos y otros radica en que las posesiones españolas de ultramar quedaron impregnadas de cultura, idioma, religión…

lunes, 3 de septiembre de 2018

Los conquistadores españoles de América.


Después de leer un artículo publicado en uno de los llamados periódicos "progresistas", hay que aclarar que hoy nadie duda de que, como sostuvieron los mejores teólogos de esa etapa histórica, los indígenas de América tenían alma; pero quizá es necesario caer en la cuenta de que también la tenían los europeos de las carabelas. No eran seres desnaturalizados por la cultura, como suelen aparecer frente a la autenticidad del indio, sino congéneres de este que, dotados con el mismo potencial humano, habían logrado fabricar barcos capaces de atravesar el océano, construyeron la catedral de Burgos, formularon las Siete Partidas o inventaron la imprenta.

viernes, 13 de julio de 2018

La incuestionable aportación de los cartógrafos.


Juan Antonio Cebrián en su libro La aventura de los conquistadores  cuenta que el prodigioso acontecer del descubrimiento colombino no hubiese sido lo mismo sin la incuestionable aportación de los cartógrafos que plasmaron en papel toda la certidumbre constatada en las diferentes rutas y exploraciones que se iban gestando. Gracias a estos hombres de proceder meticuloso, miles de estudiosos europeos pudieron comprobar ante sus ojos la nueva realidad que Colón habían puesto en sus manos. Los mapas iniciales de las Indias Occidentales no anunciaban, dada la escasa información, la magnitud de lo descubierto. No obstante, vaticinaban que aquella latitud recién oteada guardaba innumerables misterios y alegrías para los esforzados que se atreviesen a sondearla.

El cántabro Juan de la Cosa formó parte de la primera expedición colombina y aportó a la empresa su magnífica nao llamada La Gallega, que posteriormente fue rebautizada con el nombre de Santa María. Precisamente, el almirante genovés, receloso de todos, imputó a De la Cosa el hundimiento premeditado de su nave capitana en Haití el 25 de diciembre de 1492, asunto este poco aclarado por la
historia y del que el ilustre cartógrafo salió absuelto y recompensado por la pérdida gracias a la intervención de Isabel la Católica. Sea como fuere, la enemistad proclamada entre los dos marinos quedó en agua de borrajas cuando el santoñés embarcó en el segundo viaje de Colón con el cargo de piloto mayor y la delicada misión de cartografiar las nuevas tierras que se fueran hallando. De ese modo, los mapas elaborados por Juan de la Cosa no sólo apoyaron el trabajo de Colón, sino que significaron mayor amplitud de miras para los futuros e inevitables viajes que se estaban preparando. En 1500, editó su famoso Mapamundi, además de numerosas cartas náuticas que le darían fama y reconocimiento.

Carta Juan de la Cosa
Américo Vespucio, le cupo el honor de dar nombre a todo un continente. Nacido en Florencia en 1451. Fue eficaz cartógrafo al servicio de la poderosa casa Médicis, que le envío como agente a Sevilla en 1492, lugar en el que quedó impresionado por los ecos triunfales del primer viaje colombino. El nombre de América quedó unido de manera indisoluble al de Vespucio, pues en el cónclave burgalés convocado por Fernando el Católico en 1508 el florentino fue designado piloto mayor de Indias, una especie de coordinador general encargado de recopilar cuantos datos geográficos, cartográficos o náuticos se tuviesen hasta la fecha, o se consiguieran a posteriori, sobre las Indias Occidentales.

Los españoles, se resistieron al término América hasta el
Américo Vespucio
siglo XVIII, argumentando que era a todas luces injusto bautizar un continente con el nombre de alguien que no había contraído méritos suficientes para semejante dignidad. En verdad, hemos de decir que el propio Vespucio no llegó a fomentar en ninguna ocasión dicha propuesta, siendo más bien Waldseemüller quien asumió la iniciativa. Desde 1507, año en el que este alemán habló por primera vez de América, así hemos conocido el Nuevo Mundo, sin que al propio afectado, Vespucio, le llegase a importar demasiado.

martes, 6 de febrero de 2018

Los que expulsaron a los españoles de América fueron los mismos españoles.

independencia mexicana
Los que expulsaron a los españoles de América fueron los mismos españoles allí afincados y llamados criollos, cansados, y con razón, de ser despreciados por quienes llegaban de España y, además, del orgullo del cristiano viejo enviado a países lejanos a mandar a indios. En realidad Madrid gobernaba con el mismo imperio y desconocimiento en las Islas Canarias que en Caracas, pero, al criollo, ya acomplejado por su situación de lejanía y la constante presencia del indio, le irritaba más. Ninguno de los libertadores americanos fue indio; al contrario, fueron españoles de clase noble a los que, por ello, tenía que dolerles más el trato despectivo con que les servía la metrópoli. 


Madariaga señala que de 754 entre virreyes y capitanes generales, gobernadores y presidentes de audiencias americanas sólo hubo dieciocho criollos, es decir, los que mejor conocían aquellos asuntos, durante toda la dominación española. La rebelión no fue del indio oprimido, sino del español de ultramar.

La rebelión contra España no fue del indio oprimido, sino del español de ultramar.

sábado, 8 de abril de 2017

El dominio inglés en el siglo XVIII.

El dominio inglés del mar fue muy pocas veces efectivamente disputado en el siglo XVIII; y durante la mayor parte del siglo sirvió a un feroz y codicioso imperialismo. En todas las vastas regiones que se disputaban Inglaterra y Francia, el dominio terrestre dependió del marítimo.

John Parry explica que las pérdidas de España fueron todas en Europa, los Países Bajos, Menorca y Gibraltar, que una flota inglesa conquistó en 1704. En América, a pesar de una pequeña brecha legal y de brechas ilegales mucho más grandes en el monopolio oficial del comercio, el imperio español permaneció intacto. Observadores ingleses proclamaron que estaba tambaleándose próximo al colapso, y los comerciantes ingleses hubieran deseado que su gobierno le diese el golpe final; pero, realmente, bajo una
dinastía nueva y más vigorosa, la América española experimentaría en el siglo XVIII un completo arreglo de la administración, un considerable aumento territorial, un incremento muy grande del comercio y prosperidad general. Aunque en el bando ganador de la guerra, los holandeses en general salieron perdiendo con la paz. Cierto es que ni ganaron ni perdieron territorios importantes, y que en el Oriente la labor de asegurar su supremacía comercial mediante el dominio territorial continuó sin interrupción; pero la lucha larga y desesperada con Francia debilitó a las Provincias Unidas y su poder naval y comercial declinó en relación con el de sus vecinos. Al concentrarse en el desenvolvimiento de la marina mercante, los holandeses habían tendido siempre a descuidar la mera construcción naval de guerra, excepto en tiempos de franco aprieto. Después de la última guerra con Inglaterra en 1674, la armada holandesa sufrió mucho a causa de esta negligencia, pues las 
embarcaciones de roble se deterioran pronto cuando los maderos podridos no son remplazados inmediatamente; y la marina mercante holandesa, enorme, pero muy especializada, no era fácilmente adaptable a la guerra corsaria. Al mismo tiempo, gracias a la energía y a la pericia administrativa de Colbert, la armada francesa había crecido en número y eficiencia, al paso que los piratas franceses se disponían a entrar en una edad de oro. En la serie de guerras acaecidas desde 1688 hasta 1713, la tarea de contener a los franceses en el mar recayó cada vez más sobre los ingleses. Cuando, hacia el final del siglo XVII, la armada francesa a su vez entró en un periodo de abandono y decadencia, los principales beneficiarios fueron los ingleses. Los holandeses salieron de las guerras muy debilitados económica y políticamente; y en todas partes, excepto en las Indias orientales, su iniciativa comercial y colonial pasó a Inglaterra.

Liverpool en 1680
El comercio de esclavos que suministraba la mano de obra para las plantaciones de azúcar y tabaco estaba en su apogeo. Los esclavos eran necesarios no sólo en la América española y portuguesa y en las Antillas, sino también y cada vez más, en las plantaciones de Virginia, Carolina, Georgia y Luisiana. El comercio de esclavos del siglo XVIII, con la calurosa aprobación del gobierno, dio vida al puerto de Liverpool y fue un factor importante en el predominio comercial de Inglaterra, dice John  Parry

Con el constante desarrollo de la industria en Inglaterra durante el siglo XVIII, las “colonias de establecimiento” recobraron el favor oficial como mercados de manufacturas y se aseguró la aprobación del gobierno a cualquier esfuerzo que se hiciese para poblarlas. Y no había en Inglaterra persecuciones religiosas o guerras civiles que empujaran al pueblo hacia ultramar; pero en otras partes de Europa, especialmente en Irlanda y el Palatinado, las hambres y guerras periódicas dejaban a miles de familias desamparadas. Como se necesitaba mano de obra en las colonias a casi cualquier precio, los capitanes de los buques recurrían a cualquier método, desde el consejo persuasivo hasta el secuestro, para inducir a esos infortunados a emigrar. La débil corriente que en el siglo XVII formaban los emigrantes ingleses a la América inglesa, engrosó a principios del XVIII hasta convertirse en un torrente. La larga línea de la frontera con los indios, que había permanecido más o menos estacionaria a finales del XVII, comenzó a avanzar constantemente hacia las montañas a principios del XVIII.