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sábado, 16 de diciembre de 2023

Solón eliminó la esclavitud como castigo por el impago de deudas

Solón

Solón, quien tenía los máximos poderes sobre Atenas y ha pasado a la historia como el más importante de los siete sabios de Grecia, en la primera mitad del siglo VI a. C. hizo unas reformas de la constitución de la ciudad. Levantó las hipotecas y eliminó la esclavitud como castigo por el impago de deudas, lo que dio libertad a los campesinos, y creó una asamblea popular (Ekklesía). La aristocracia constituye parte de un consejo especial de cuatrocientos miembros pero un tribunal popular le sustrae el poder judicial, que antes ostentaban en exclusiva. Aún tendría que llegar la soberanía popular de la mano de Clístenes, la cual requirió de una dictadura popular, impuesta en 507 a. C., para imponerse y consolidarse. Fue fundamental la redistribución territorial de la población por tribus de tres distritos, costa, llanura y montaña. Cada tribu podía elegir cincuenta representantes al Consejo de los Quinientos (Bulé) y el órgano directivo de este (pritania) cambiaba diez veces al año periódicamente. Pericles perfecciona aún más el sistema abriendo la posibilidad de ser arconte a las clases más bajas. Sin embargo, fue el gestor de las contradicciones que acabarían con el esplendor de Atenas. Contradicciones propias de un estado que practica el imperialismo en el exterior y se muestra orgulloso al mundo de su democracia interior (en la cual los derechos políticos solo los tienen unos pocos varones, libres y nacionales de Atenas). Protágoras.

lunes, 16 de octubre de 2023

Muchos altos oficiales y jefes militares de la Unión Soviética dejaron a un lado el código bolchevique

Cadáveres de soldados soviéticos tras un combate

Desde 1990, tras una investigación oficial, el número de pérdidas humanas soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial ha sido elevado a 26,6 millones, incluidos 8.668.400 individuos de personal uniformado. Pero hasta este número sigue siendo objeto de debate, pues algunos especialistas rusos afirman que no refleja la cifra real de muertos. Vistas las cosas retrospectivamente, la Unión Soviética consiguió una victoria pírrica sobre la Alemania nazi. Las innumerables pérdidas sufridas en el curso de los combates y entre la población civil fueron consecuencia tanto de la invasión y las atrocidades de los nazis como de los métodos de guerra total practicados por las autoridades militares y políticas de la URSS. La sorprendente indiferencia por la vida humana fue una característica de la conducta soviética durante la guerra desde su estallido hasta su finalización. En cambio, el número total de pérdidas humanas que tuvo Estados Unidos en los dos principales escenarios del conflicto, Europa y el Pacífico, no pasó de 293.000.Al igual que con el número de pérdidas humanas, se calcula que los daños materiales fueron ingentes. Más tarde la Unión Soviética cifraría el coste de la guerra en 2,6 billones de rublos.
A diferencia de los soldados norteamericanos, que por lo general encontraron una situación próspera cuando volvieron a su país y se reincorporaron con facilidad a la vida familiar como civiles, a los veteranos de guerra soviéticos les aguardaría a su regreso un sinfín de tragedias de vidas arruinadas, el sufrimiento de los que habían acabado mutilados o lisiados y las vidas rotas de millones de viudas y huérfanos. Había unos dos millones de personas reconocidas oficialmente como inválidas con minusvalías físicas o problemas mentales. Incluso cayeron algunos veteranos aparentemente sanos, víctimas de enfermedades inexplicables; los hospitales estaban abarrotados de pacientes jóvenes. El pueblo soviético ansiaba paz y estabilidad después de la guerra. Una sensación de cansancio de los conflictos bélicos y de los valores militares se adueñó de la sociedad urbana y rural de la URSS. Ya no quedaba nada de aquel patrioterismo y aquel nacionalismo romántico que a finales de los años treinta habían inspirado a la juventud, especialmente a la más culta, tanto a hombres como a mujeres.

Zhúkov (centro) en Berlín en 1945 hablando con militares británicos. 

Para muchos altos oficiales y jefes militares de la Unión Soviética en la Europa ocupada, el imperialismo se convirtió en una cuestión de interés personal. Dejaron a un lado el código bolchevique de modestia y aversión a las propiedades El mariscal Georgi Zhukov transformaría sus casas de Rusia en verdaderos museos llenándolos de costosas piezas de porcelana y pieles, cuadros, terciopelo, oro y seda. Alexander Govolanov, mariscal de las fuerzas aéreas soviéticas, desmanteló la casa de campo de Goebbels para trasladarla a Rusia. El general del SMERSH Ivan Serov se apropió de los tesoros hallados en un escondite, entre los cuales supuestamente figuraba la corona del rey de los belgas. Otros mariscales, generales y jefes de la policía secreta soviéticos tampoco tuvieron reparos en llenar las bodegas de los aviones con cargamentos de lencería, cuberterías y muebles, así como de oro, antigüedades y cuadros que volaron hasta la URSS. Durante los primeros meses de caos en Alemania, los soviéticos, en su mayoría jefes militares y altos funcionarios, enviaron a su país unos cien mil vagones de tren repletos de materiales de construcción diversos y artículos para el hogar. Entre los objetos incautados había sesenta mil pianos, cuatrocientos cincuenta y nueve mil aparatos de radio, ciento ochenta y ocho mil alfombras, casi un millón de piezas de mobiliario, doscientos sesenta y cuatro mil relojes de pared y de pie tipo carillón, seis mil vagones llenos de papel, quinientos ochenta y ocho llenos de vajillas y artículos de porcelana, tres millones trescientos mil pares de zapatos, un millón doscientos mil abrigos, un millón de sombreros y siete millones cien mil prendas de confección entre abrigos, vestidos, camisas y ropa interior. Alemania se convertiría para los soviéticos en un gran centro comercial en el que todo les salía gratis.
 Referencia: Un imperio fallido de Vladislav M. Zubok

viernes, 2 de junio de 2023

Imperialismo europeo


El imperialismo de la Europa del siglo XVIII tuvo algunas características abominables. Fue cruel, cínico y voraz. Unía el egoísmo a la insensibilidad para los sufrimientos de otros pueblos, repugnada no sólo por el mejor pensamiento de nuestra época, sino también por el del siglo XVI. Claro está que la codicia y la brutalidad habían ido jalonando el curso de la expansión; pero en los primeros tiempos había habido un gran sentimiento de admiración, cierto fondo de humildad bajo la barbarie y, a veces, un angustioso examen de conciencia. Es difícil no llegar a la conclusión de que la actitud general de los europeos hacia los no europeos se enmudeció e insensibilizó en el triunfo de la expansión. La familiaridad había producido el menosprecio……En el Occidente, el comercio de esclavos fue desbaratado por un fuerte y sorprendente crecimiento súbito de los sentimientos humanitarios. El siglo XIX presenció el desarrollo de un dilatado entusiasmo misionero(entusiasmo que tomaría un sentido sumamente práctico, en direcciones sanitarias y educativas). Las bases de esta renovación fueron puestas realmente en los años aparentemente desfavorables del siglo XVIII. La Sociedad Inglesa para la Propaganda del Evangelio fue fundada en 1701, principalmente para trabajar entre los esclavos negros. El influjo de asociaciones de tal género en esta época de racionalismo fue al principio muy pequeño, pero a finales de siglo las comunidades Moravas, el Metodismo inglés y otros movimientos renovadores contribuyeron a conmover a la opinión en muchas partes del mundo. En tiempos más recientes, sociedades misioneras de todas clases han jugado un papel principal, no sólo en la evangelización y educación en ultramar, sino infundiendo a pueblos europeos el sentido de responsabilidad hacia las razas más débiles.

Ninguna nación emprende el trabajo y sostiene el gasto de la expansión colonial sin esperanza de beneficio; pero en toda la historia de la expansión europea siempre ha habido pugna entre un imperialismo interesado sólo en los beneficios y un imperialismo que acepta también deberes. El sentimiento del deber, de la responsabilidad, fue relativamente débil en el siglo XVIII, más débil que había sido en el XVI, y más débil que en la actualidad; pero nunca faltó por completo. Fue el producto de una continua tradición misionera que se remonta hasta el siglo XIII.

miércoles, 26 de agosto de 2020

La Primera Internacional fue consecuencia directa del telégrafo




Cuenta el ensayista de Ugarte que “el telégrafo fue la clave que permitió soñar con acciones sindicales coordinadas entre Francia e Inglaterra. La convocatoria en 1864 de la conferencia que daría pie a la fundación de la Primera Internacional fue una consecuencia directa del tendido del primer cable telegráfico bajo el Canal de la Mancha. Se trataba de contrarrestar que los patrones enfrentaran las huelgas a un lado y otro del canal trasladando la producción. Los sindicatos y los grupos obreros habían visto en el telégrafo la posibilidad de coordinar sus reivindicaciones. El internacionalismo obrero, que marcaría el final del siglo XIX y el primer tercio del XX, fue, al igual que su opuesto, el imperialismo, una posibilidad sólo abierta por aquella primera red internacional de cables de cobre. Las consecuencias de la nueva estructura de la información llegaría con la Segunda Internacional (1889). Su objetivo era fomentar grandes organizaciones que coordinaran los movimientos sociales a nivel nacional y llevaran los intereses de los trabajadores a la agenda política y los Parlamentos. El caso del socialismo francés es anecdóticamente llamativo, ya que su historia va ligada, por encima de París, a una pequeña ciudad de provincias, Clermont Ferrand, cuya centralidad reside en la estructura ferroviaria y telegráfica francesa”.

sábado, 8 de abril de 2017

El dominio inglés en el siglo XVIII.

El dominio inglés del mar fue muy pocas veces efectivamente disputado en el siglo XVIII; y durante la mayor parte del siglo sirvió a un feroz y codicioso imperialismo. En todas las vastas regiones que se disputaban Inglaterra y Francia, el dominio terrestre dependió del marítimo.

John Parry explica que las pérdidas de España fueron todas en Europa, los Países Bajos, Menorca y Gibraltar, que una flota inglesa conquistó en 1704. En América, a pesar de una pequeña brecha legal y de brechas ilegales mucho más grandes en el monopolio oficial del comercio, el imperio español permaneció intacto. Observadores ingleses proclamaron que estaba tambaleándose próximo al colapso, y los comerciantes ingleses hubieran deseado que su gobierno le diese el golpe final; pero, realmente, bajo una
dinastía nueva y más vigorosa, la América española experimentaría en el siglo XVIII un completo arreglo de la administración, un considerable aumento territorial, un incremento muy grande del comercio y prosperidad general. Aunque en el bando ganador de la guerra, los holandeses en general salieron perdiendo con la paz. Cierto es que ni ganaron ni perdieron territorios importantes, y que en el Oriente la labor de asegurar su supremacía comercial mediante el dominio territorial continuó sin interrupción; pero la lucha larga y desesperada con Francia debilitó a las Provincias Unidas y su poder naval y comercial declinó en relación con el de sus vecinos. Al concentrarse en el desenvolvimiento de la marina mercante, los holandeses habían tendido siempre a descuidar la mera construcción naval de guerra, excepto en tiempos de franco aprieto. Después de la última guerra con Inglaterra en 1674, la armada holandesa sufrió mucho a causa de esta negligencia, pues las 
embarcaciones de roble se deterioran pronto cuando los maderos podridos no son remplazados inmediatamente; y la marina mercante holandesa, enorme, pero muy especializada, no era fácilmente adaptable a la guerra corsaria. Al mismo tiempo, gracias a la energía y a la pericia administrativa de Colbert, la armada francesa había crecido en número y eficiencia, al paso que los piratas franceses se disponían a entrar en una edad de oro. En la serie de guerras acaecidas desde 1688 hasta 1713, la tarea de contener a los franceses en el mar recayó cada vez más sobre los ingleses. Cuando, hacia el final del siglo XVII, la armada francesa a su vez entró en un periodo de abandono y decadencia, los principales beneficiarios fueron los ingleses. Los holandeses salieron de las guerras muy debilitados económica y políticamente; y en todas partes, excepto en las Indias orientales, su iniciativa comercial y colonial pasó a Inglaterra.

Liverpool en 1680
El comercio de esclavos que suministraba la mano de obra para las plantaciones de azúcar y tabaco estaba en su apogeo. Los esclavos eran necesarios no sólo en la América española y portuguesa y en las Antillas, sino también y cada vez más, en las plantaciones de Virginia, Carolina, Georgia y Luisiana. El comercio de esclavos del siglo XVIII, con la calurosa aprobación del gobierno, dio vida al puerto de Liverpool y fue un factor importante en el predominio comercial de Inglaterra, dice John  Parry

Con el constante desarrollo de la industria en Inglaterra durante el siglo XVIII, las “colonias de establecimiento” recobraron el favor oficial como mercados de manufacturas y se aseguró la aprobación del gobierno a cualquier esfuerzo que se hiciese para poblarlas. Y no había en Inglaterra persecuciones religiosas o guerras civiles que empujaran al pueblo hacia ultramar; pero en otras partes de Europa, especialmente en Irlanda y el Palatinado, las hambres y guerras periódicas dejaban a miles de familias desamparadas. Como se necesitaba mano de obra en las colonias a casi cualquier precio, los capitanes de los buques recurrían a cualquier método, desde el consejo persuasivo hasta el secuestro, para inducir a esos infortunados a emigrar. La débil corriente que en el siglo XVII formaban los emigrantes ingleses a la América inglesa, engrosó a principios del XVIII hasta convertirse en un torrente. La larga línea de la frontera con los indios, que había permanecido más o menos estacionaria a finales del XVII, comenzó a avanzar constantemente hacia las montañas a principios del XVIII.