Cuando digo que esta flor es bella, explicaba el filósofo Inmanuel Kant, no digo en realidad nada de la flor; no predico ninguna cualidad objetiva de ese objeto, sino que narro una historia de lo que a mí me pasa. Hablo de mí, de mis cualidades sensibles y de mis disposiciones morales.
Para Goethe, como más tarde para Hegel, esa subjetividad no se da de una vez y para siempre (como predicaba Kant), sino que se desenvuelve a través de las vicisitudes del tiempo y la conciencia. Dicho de otra manera, solo sabemos quiénes somos después de escribir nuestra biografía. Pero no antes.

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