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martes, 28 de julio de 2026

Cuando digo que esta flor es bella, narro una historia de lo que a mí me pasa

Cuando digo que esta flor es bella, explicaba el filósofo Inmanuel Kant, no digo en realidad nada de la flor; no predico ninguna cualidad objetiva de ese objeto, sino que narro una historia de lo que a mí me pasa. Hablo de mí, de mis cualidades sensibles y de mis disposiciones morales.
Para Goethe, como más tarde para Hegel, esa subjetividad no se da de una vez y para siempre (como predicaba Kant), sino que se desenvuelve a través de las vicisitudes del tiempo y la conciencia. Dicho de otra manera, solo sabemos quiénes somos después de escribir nuestra biografía. Pero no antes.


sábado, 9 de mayo de 2026

Los testigos presenciales a menudo se equivocan

El filósofo Karl R. Popper escribe en Conjeturas y refutaciones que “ningún historiador aceptará de manera no crítica los datos de los documentos. Hay problemas de autenticidad, problemas de subjetividad y también problemas como los relativos a la reconstrucción de fuentes anteriores. Indudablemente que hay también problemas que llevan a plantear, ¿estaba el autor presente cuando ocurrieron tales sucesos? Pero no son los problemas característicos del historiador. Puede preocuparse por la confiabilidad de un informe, pero raramente se preocupará por saber si el autor de un documento fue o no un testigo presencial del suceso en cuestión, aun suponiendo que tal suceso perteneciera al tipo de los sucesos observables. Una carta que diga: “Ayer cambié de parecer en lo que respecta a esta cuestión” podría ser del mayor valor como dato histórico, aun cuando los cambios de opinión son inobservables (y aunque podamos conjeturar, en presencia de otros datos, que el autor de la carta estaba mintiendo). En cuanto a los testigos presenciales, son importantes casi exclusivamente en un tribunal de justicia, donde se los puede someter a un interrogatorio. Como la mayoría de los abogados sabe, los testigos presenciales a menudo se equivocan. Esto ya ha sido investigado experimentalmente, con los resultados más sorprendentes. Los testigos más deseosos de describir un suceso tal como ocurrió pueden cometer una cantidad de errores, especialmente si se producen con rapidez hechos muy emocionantes; y si un suceso sugiere alguna interpretación tentadora, entonces, por lo común, esta interpretación deforma lo que se ha visto realmente.”

domingo, 12 de enero de 2025

Nadie nace en un cuerpo equivocado

José Errasti y Marino Pérez Álvarez, psicólogos y profesores de la Universidad de Oviedo, opinan que el sexo en la especie humana es binario y que nadie nace en un cuerpo equivocado, porque no es posible un 'error' en la concepción al combinarse los cromosomas. Aquí no caben variables subjetivas.Renunciar a la verdad nunca es adecuado, a pesar de que vivimos en una sociedad donde está muy desvalorizada porque se le ha impuesto la subjetividad.  “Nadie nace en el cuerpo equivocado porque no existe la posibilidad de error en la materialización de los cromosomas. La persona es posterior. Cualquier discrepancia respecto al cuerpo deberá analizarse en términos de cómo se ha construido la persona y en qué contexto. Se puede nacer en sociedades equivocadas y en discursos equivocados, que dicen cómo han de ser los hombres y las mujeres. El género perpetúa ideologías sexistas mientras al cuerpo sigue sin pasarle nada”.
“El 87 por ciento de las chicas adolescentes que acuden a Transi (Servicio de Salud catalán que atiende los problemas de identidad de género), sale de la primera consulta con la receta de testosterona en la mano. Obviamente no ha dado tiempo a evaluar ni valorar nada, pero se le trata como una clienta que demanda algo, una actitud muy imprudente. La adolescencia siempre es difícil y en nuestra sociedad aún más, donde se practica una competencia feroz a través de las redes sociales donde se imponen aquellos o más sofisticados o especiales. Todos llevan en su bolsillo una enciclopedia entendemos que nefasta que es la pornografía. Sin capacidad crítica y con un deseo sexual en formación, se exponen a modelos inadecuados.” “Nos encontramos, comentan los profesores, con que a los adolescentes les están empujando a tomar decisiones irreversibles. A edades a las que no están preparados. Se colocan sobre cintas transportadoras como la medicación que luego resulta muy complicado abandonar. Antes se sabía que la mayor parte de las disforias se superaban con solo acabar la adolescencia. Pero una vez que el enfoque afirmativo se impone, el porcentaje de los que salen ya es más pequeño. A la par que crece su problemática. El transactivismo encumbra como héroes a aquellos que deciden transaccionar. En el momento que deciden destransaccionar, se convierten en traidores de la causa.”

sábado, 27 de julio de 2024

La experiencia que atravesamos al leer un libro

La escritora argentina Ángela Pradelli cuenta que “la experiencia que atravesamos cada uno de nosotros al leer un libro, a cómo una lectura puede afectarnos y perturbarnos cuando somos capaces de relacionarnos desde nuestra subjetividad con el contenido de los textos”….“más que buscar en el texto del otro, busca en él mismo para poder encontrar al otro y comprenderlo”.“La lectura le permite a alguien conectarse con el otro, pero es en sí mismo donde el lector encontrará las herramientas para ese abordaje. En el texto del otro, el lector reconoce marcas, huellas y surcos, pero son pistas que debe completar con contenido propio. Un lector, para no sucumbir en el mar que el otro es construye con instrumentos de su subjetividad, busca en la complejidad de sus piezas las herramientas emocionales, intelectuales y desde allí aprehende los trazos del otro y los significa, les da un sentido”.

miércoles, 10 de abril de 2024

Se dice adiós a la razón. El sentimiento se erige como valor

Musset

Musset, en las primeras páginas de su La confesión de un hijo del siglo (1836), describe especialmente bien el sentimiento que lo oprime: “Tres elementos constituían la vida que entonces se ofrecía a los jóvenes, tras ellos un pasado destruido para siempre… con todos los fósiles de los siglos del absolutismo; frente a ellos la aurora de un inmenso horizonte, las primeras claridades del futuro; y entre estos dos mundos… algo parecido al océano que separa el viejo continente de la joven América, un no sé qué de vago flotante, un mar turbulento y lleno de naufragios” (Tollinchi 1989, 320). Con la sensación de que los actos heroicos forman parte del pasado y de que las aspiraciones personales están reprimidas por la sociedad, las antiguas ambiciones dejan sitio al vacío y a la preocupación en la mente de los escritores. Los protagonistas románticos están torturados, son frágiles, y están insatisfechos y enfermos de melancolía, tal y como le ocurre al Werther de Goethe o al Stello de Vigny (Stello, 1832). Estos personajes, a los que les cuesta encontrar su lugar en la sociedad, intentan escapar de la mediocridad de la vida real. Entonces, se refugian en la soledad de los largos paseos contemplativos, en la espiritualidad o en el amor, que a la vez se considera un principio divino de comunión con el otro y una fuerza de oposición a las leyes sociales. En paralelo, el yo se catapulta al primer plano. Los escritores reafirman su subjetividad y se vuelven a centrar sobre ellos mismos, lo que les permite explorar su interior, sus sentimientos y sus propias particularidades. Se dice adiós a la razón, a la universalidad, a la objetividad… El sentimiento se erige como valor.
Referencia: El romanticismo de Monia Ouni.

sábado, 28 de enero de 2023

La segunda revolución gerencial

Escribe Zygmunt Bauman que “la emergencia de una “economía de la experiencia”, ampliamente elogiada, que aprovecha todos los recursos de la personalidad, para bien y para mal, señala que el momento de la “emancipación de los empresarios de la carga de la gestión” ha llegado. Retomando las palabras de James Burnham, se puede describir como la “segunda revolución gerencial”. Sin embargo, a medida que se llevaba a cabo el cambio, este no se producía en la titularidad del poder ni de los cargos. Lo que ocurrió, y está ocurriendo, es más un golpe de estado que una revolución; una proclamación desde la cima de que las antiguas reglas ya no valen y que ahora existen nuevas reglas. Las personas que iniciaron y entendieron esta revolución siguen al mando, y, por si acaso, más firmemente instalados en sus despachos que antes. Esa revolución se inició y se llevó a cabo para ampliar su poder, reforzar su control y defender su dominio contra el resentimiento y la rebelión que su dominación, antes de esta revolución, solía generar. A partir de la segunda revolución gerencial, el poder de los ejecutivos se ha reforzado y se ha hecho prácticamente invulnerable al romper con los vínculos que antes los obligaban y que consideraron inconvenientes. Durante esta segunda revolución, los directivos desterraron el establecimiento de rutinas y llamaron a las fuerzas de la espontaneidad a ocupar la ahora vacante oficina de los supervisores. Se negaron a gestionar. En vez de eso exigieron autogestión a sus empleados, so pena de despido. El derecho de renovar el empleo está sujeto entonces a una competición recurrente. A cada asalto, el más divertido y el más eficiente se gana una renovación del contrato, aunque sin garantía, ni tampoco una mayor probabilidad de salir ileso del siguiente asalto. En las paredes de las salas de reunión de la “economía de la experiencia” el recordatorio de que “eres tan bueno como tu último éxito” (y no como tu último y único éxito) ha sustituido la inscripción de “contado, pesado, almacenado”. Al favorecer la subjetividad, el juego y la performatividad, las empresas de la era de la “economía de la experiencia” deben y quieren prohibir, y de hecho prohíben, la planificación a largo plazo y la acumulación de méritos. Esta situación mantiene a los empleados en un movimiento continuo y ocupados en una febril e interminable búsqueda sin fin de la evidencia de que siguen estando dentro…”

jueves, 17 de febrero de 2022

La subjetividad humana se convierte en juez de la verdad

En el ensayo “Privilege and Liberty”, de 1949, Aurel Kolnai rastrea la tendencia del humanitarismo ateo a caer en una insistencia “identitaria” o “colectivista” en la “unidad de mente” y “uniformidad de clase”. Sitúa esta tendencia en la “indeterminación” del concepto de “bien común”. Puesto que no hay “una entidad ni una ley por encima del hombre, no hay un bien definido y subsistente fuera del hombre para medir y dirigir su acción corporativa”; existe una tendencia inexorable a juzgar lo que es bueno u obligatorio según lo que es “autoevidente” para todos y para nadie. “La subjetividad humana” se convierte en juez de la verdad. Como resultado, la anarquía moral puede ser evitada solamente por “la efectiva igualdad y fusión de los pensamientos y voluntades humanas como tales”. La falsa unidad presentada por el totalitarismo secular reemplaza a la búsqueda para discernir una causa, medida y fin trascendente detrás del flujo de las cosas. La participación en “el orden de las cosas” es reemplazada por un culto colectivo a una subjetividad humana unitaria.


lunes, 14 de mayo de 2018

Un testimonio puede ser manipulado según la forma en que se formulen las preguntas.

El lugar común sostiene que todo tiempo pasado fue mejor. Pero esto quizá no sea más que el saludable filtrado o la modificación de los componentes menos agradables de los
recuerdos durante su reconsolidación. Recordamos con melancolía nuestra infancia en la escuela primaria pero tendemos a olvidar el suplicio de levantarnos temprano todos los días, estudiar para un examen o atender una clase tras otra. En un famoso experimento, Elizabeth Loftus mostró de qué manera la reconsolidación de la memoria puede llegar a la fabulación o a la formación de falsos recuerdos. Loftus mostró a distintos sujetos el video de un accidente de tráfico y luego preguntó a un grupo de ellos lo rápido iban los automóviles cuando chocaron. A otro grupo le hizo la misma pregunta pero usando la palabra colisionaron. Con un tercer grupo utilizó la palabra golpearon; con el cuarto grupo contactaron y al último grupo le preguntó por la velocidad de los autos cuando se estrellaron. Aquellos participantes con los cuales usó la palabra estrellaron, dieron la estimación de velocidad más alta (40,8 mph[72]), seguidos por aquellos con los que uso colisionaron (39,3 mph), golpearon (38,1 mph), chocaron (34 mph) y finalmente contactaron (31,8 mph). Aún más sorprendente fue el hecho de que una semana después, Loftus les preguntó a las mismas personas si habían visto
Elizabeth Loftus

vidrios rotos en la escena del accidente. Un 32% de los sujetos evaluados usando la palabra estrellaron respondieron (erróneamente) que sí los había, mientras que sólo un 14% de los participantes con los que se usó la palabra chocaron afirmaron haber visto vidrios rotos. Los resultados de Loftus ponen de manifiesto lo frágil que es nuestra memoria y cómo puede ser manipulada en el proceso de reconsolidación (con sólo cambiar una palabra en una pregunta). Más allá de su interés científico, estos hallazgos tuvieron gran repercusión ya que pusieron de manifiesto la subjetividad de los testigos visuales durante juicios orales y el modo en que un testimonio puede ser manipulado según la forma en que se formulen las preguntas.