El filósofo Karl R. Popper escribe en Conjeturas y refutaciones que “ningún historiador aceptará de manera no crítica los datos de los documentos. Hay problemas de autenticidad, problemas de subjetividad y también problemas como los relativos a la reconstrucción de fuentes anteriores. Indudablemente que hay también problemas que llevan a plantear, ¿estaba el autor presente cuando ocurrieron tales sucesos? Pero no son los problemas característicos del historiador. Puede preocuparse por la confiabilidad de un informe, pero raramente se preocupará por saber si el autor de un documento fue o no un testigo presencial del suceso en cuestión, aun suponiendo que tal suceso perteneciera al tipo de los sucesos observables. Una carta que diga: “Ayer cambié de parecer en lo que respecta a esta cuestión” podría ser del mayor valor como dato histórico, aun cuando los cambios de opinión son inobservables (y aunque podamos conjeturar, en presencia de otros datos, que el autor de la carta estaba mintiendo). En cuanto a los testigos presenciales, son importantes casi exclusivamente en un tribunal de justicia, donde se los puede someter a un interrogatorio. Como la mayoría de los abogados sabe, los testigos presenciales a menudo se equivocan. Esto ya ha sido investigado experimentalmente, con los resultados más sorprendentes. Los testigos más deseosos de describir un suceso tal como ocurrió pueden cometer una cantidad de errores, especialmente si se producen con rapidez hechos muy emocionantes; y si un suceso sugiere alguna interpretación tentadora, entonces, por lo común, esta interpretación deforma lo que se ha visto realmente.”
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sábado, 9 de mayo de 2026
Los testigos presenciales a menudo se equivocan
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viernes, 3 de mayo de 2024
Es más fácil inventar siniestras intrigas que ser víctima de ellas
Debe de ser más placentero acomodarse en una butaca y escribir historias sensacionales, que sudar la gota gorda toda la vida para reunir el material; más fácil describir la enfermedad y la muerte que combatirlas, o inventar siniestras intrigas que ser víctima de ellas sin previo aviso. Pero ¿por qué no recogen por sí mismos el material esos escritores profesionales? Casi nunca lo hacen. Los novelistas que a toda costa quieren llevar al lector a los bajos fondos, rara vez los frecuentan. Los especializados en la enfermedad y la muerte, raramente pueden ser inducidos a acompañarnos al Hospital donde acaban de despachar a su heroína. Poetas y filósofos que, en sonoros versos y en prosa, saludan como libertadora a la muerte, palidecen a menudo con sólo oír el nombre de ésta su mejor amiga. Es una vieja historia. Leopardi, el más grande poeta de la Italia moderna, que deseaba la muerte en exquisitas rimas desde que era muchacho, fue el primero en huir cuando el cólera apareció en Nápoles. Hasta el gran Montaigne, cuyas serenas meditaciones sobre la muerte bastan para inmortalizarlo, escapó como una liebre cuando surgió la peste en Burdeos. El sombrío viejo Schopenhauer que hizo de la negación de la vida la clave de su sistema, interrumpía siempre toda conversación sobre la muerte, escribe Axel Munthe.
jueves, 9 de febrero de 2023
Vemos el mundo como se nos ha condicionado
Dice el profesor Stephen R. Covey que todos tendemos a pensar que vemos las cosas como son, que somos objetivos. Pero no es así. Vemos el mundo, no como es, sino como somos nosotros o como se nos ha condicionado para que lo veamos. Cuando abrimos la boca para describir lo que vemos, en realidad nos describimos a nosotros mismos, a nuestras percepciones, a nuestros paradigmas. Cuando otras personas disienten de nosotros, de inmediato pensamos que algo extraño les ocurre. Personas sinceras e inteligentes ven las cosas de modo distinto, pues cada una mira a través del cristal de su experiencia. Esto no significa que no existan hechos….. Miran los mismos hechos…..pero la interpretación que cada uno da a esos hechos representa experiencias anteriores, y los hechos carecen de significado al margen de su interpretación.
miércoles, 2 de febrero de 2022
La palabra fracasa al intentar describir la potencia de un instante
En el bosque, el desierto, la montaña o el mar, el mundo está tan intensamente impregnado de silencio que los demás sentidos parecen en comparación obsoletos o inútiles. La palabra fracasa al intentar describir la potencia de un instante o la solemnidad del lugar. Kazantzaki camina con un amigo en lo más profundo de un bosque del monte Athos, en el camino que lleva a Karyes: «Parecía que entrábamos en una inmensa iglesia. El mar, selvas de castaños, montañas y encima, a manera de cúpula, el cielo abierto. Me volví a mi amigo: “Por qué no hablamos”, le dije, queriendo romper un silencio que empezaba a pesarme. “Hablamos”, respondió mi amigo, tocándome ligeramente el hombro, “hablamos, pero el idioma de los ángeles, el silencio”. Y bruscamente, como si se hubiera enojado: “¿Qué quieres que digamos? ¿Que es hermoso, que nuestro corazón tiene alas y quiere volar, que vamos por un camino que lleva al Paraíso? Palabras, palabras… ¡Cállate!”» (Kazantzaki, 1975, 234-235).
martes, 10 de marzo de 2020
El abismo ultimo de la pasión
*A las pasiones, como a las enfermedades, no se las puede acusar ni disculpar. Sólo es posible describirlas, con ese asombro siempre renovado con el que se mezcla un leve espanto ante la fuerza primitiva de los elementos, que a veces explota como una tormenta en la Naturaleza y a veces en una persona. Las pasiones de este grado extremo ya no están sometidas a la voluntad de las personas a las que atacan, ya no forman parte, con todas sus manifestaciones y consecuencias, de la esfera de su vida consciente, sino que suceden por así decirlo por encima de ellas y más allá de su responsabilidad. Pretender una valoración moral de una persona dominada de tal modo por su pasión sería tan absurdo como pedir cuentas a una tempestad o formar juicio a un volcán.
Cuando la llama de la pasión interior se haya consumido en su plenitud volverá la persona a despertar, pero quemada y destruida. Quien haya atravesado una brasa así, quemará su vida. Porque una pasión de tal desmesura jamás se da una segunda vez en la misma persona. Igual que una explosión consume todo el explosivo, semejante erupción consume siempre y para siempre las interiores reservas de los sentimientos.
Al igual que algunos poetas (Rimbaud) y algunos músicos (Mascagni) se dan por entero en una sola obra genial y luego se derrumban sobre sí mismos, consumidos y sin fuerzas, hay mujeres que en un solo ataque de pasión derrochan de un golpe toda su posibilidad de amar, en vez de repartirla a lo largo de los años como las naturalezas más moderadas, las naturalezas burguesas. Disfrutan concentrado y en extracto todo el amor de su vida, se lanzan de golpe, genios del propio despilfarro, al abismo último de la pasión, del que no hay salvación ni regreso.
*Stefan Zweig
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miércoles, 4 de septiembre de 2019
Enriquecería que escritores hablen a los alumnos que los han leído.
Un ejercicio que enriquecería enormemente a los alumnos de los colegios sería la posibilidad que dos o tres escritores, de ficción o no, hablen a los alumnos que los han leído sobre cómo produjeron sus textos, cómo trabajaron la temática o los desarrollos que envuelven sus temas, cómo trabajaron su lenguaje, cómo persiguieron la belleza en el decir, en el describir, en el dejar algo en suspenso para que el lector ejercite su imaginación, cómo jugar con el pasaje de un tiempo al otro en sus historias. Cómo los escritores se leen a sí mismos y cómo leen a otros escritores.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Describir a Dios.
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| Frederick Copleston |
Frederick Copleston dice que no podemos describir a Dios en la misma forma en que describimos un objeto visible como un árbol o un animal, no tenemos una visión o intuición directa de Dios. Y este hecho significa que nuestro acercamiento a la naturaleza divina ha de tener un carácter negativo, en gran parte. Sabiendo que alguna cosa existe o es, hay que averiguar cómo es, para llegar a saber qué es (su naturaleza). Pero, como de Dios no podemos saber lo que es, sino sólo lo que no es, tampoco podemos tratar de cómo es, sino más bien de cómo no es (método negativo). Puede demostrarse cómo no es Dios, despojándole de lo que es incompatible con Él, por ejemplo, de la composición, del movimiento y de cosas parecidas.
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Negando sucesivamente ciertas características en Dios, aumentamos, en cierto sentido, nuestro conocimiento de la naturaleza divina. Sabemos, por ejemplo, que Dios no es ni material ni compuesto. Pero, es evidente que, por la aplicación de este método, no obtendremos una comprensión positiva y adecuada de la naturaleza divina. La simplicidad divina, por ejemplo, lo mismo que la infinitud divina, no son una negación. Pero no podemos acercarnos a la realidad positiva, por así llamarla, sino por la vía de la negación. Las cosas de las que tenemos una experiencia son compuestas, finitas y temporales, y sólo llegamos a nuestros conceptos de la simplicidad, la infinitud y la eternidad absolutas por un proceso de negación. Santo Tomás de Aquino manifiesta que “sin embargo, como nosotros, para conocer lo simple, necesitamos partir de lo compuesto, así también al concepto de eternidad llegamos por el de tiempo”.
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