Un ejercicio que enriquecería enormemente a los alumnos de los colegios sería la posibilidad que dos o tres escritores, de ficción o no, hablen a los alumnos que los han leído sobre cómo produjeron sus textos, cómo trabajaron la temática o los desarrollos que envuelven sus temas, cómo trabajaron su lenguaje, cómo persiguieron la belleza en el decir, en el describir, en el dejar algo en suspenso para que el lector ejercite su imaginación, cómo jugar con el pasaje de un tiempo al otro en sus historias. Cómo los escritores se leen a sí mismos y cómo leen a otros escritores.
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miércoles, 4 de septiembre de 2019
viernes, 22 de diciembre de 2017
Un apasionado lector.
Borges se veía a sí mismo no tanto como un escritor extraordinario sino como un apasionado lector. Comienza el poema “Un lector” diciendo: Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído. Cualquiera que haya leído a Borges estará en desacuerdo con esta valoración, pero cabe reconocer que la lectura prolífica de Borges tuvo un impacto extraordinario en su obra.
Borges escribió en “Poema de los dones”: Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche. Tal era la importancia de los libros para Borges, que en “Mis libros” dice: Mis libros (que no saben que yo existo) son tan parte de mí como este rostro de sienes grises y de grises ojos que vanamente busco en los cristales y que recorro con la mano cóncava. No sin alguna lógica amargura pienso que las palabras esenciales que me expresan están en esas hojas que no saben quién soy, no en las que he escrito. Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.
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