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domingo, 18 de febrero de 2024

Hay una básica igualdad de todos los hombres en su situación moral

Victoria Camps, filósofa española, catedrática emérita de la Universidad de Barcelona, escribe que “la introducción a la carta a los Romanos quiere mostrar que es igual la necesidad de salvación que tienen hebreos y no hebreos. Ante el juicio de Dios, que no hace “acepción de personas” (Rom., 2, 10), no es ni mejor ni peor la situación del hebreo que no cumple la ley (de Moisés) que la del “gentil” que obra mal. “Porque cuando los gentiles, que no tienen ley, hacen espontáneamente lo de la ley, no teniendo ley son para sí mismos ley (heautois nomos eisin); mostrando así que llevan escrito en su corazón el contenido de la ley, cuando su conciencia aporta su testimonio y en su interior dialogan sus pensamientos condenando o aprobando” (ibid., 2, 14-15). “Conciencia” tiene aquí, ante todo, el significado clásico de juicio moral sobre la acción pasada. Pero, en cuanto es denotada en la metáfora “ley escrita en el corazón”, adquiere también el significado paulino, anticipatorio y constitutivo de la moralidad. La importancia mayor del pasaje viene de que se supone en él una básica igualdad de todos los hombres en su situación moral. Y, dado que Pablo no puede concebir la actitud moral sin relación a Dios, tal supuesto implica un conocimiento suficiente de Dios por los “gentiles”, un conocimiento que hay que entender no plenamente explícito. Es éste un dato interesante para la antropología cristiana, pero tiene particular relevancia también para la filosofía moral. Porque permite argüir que el origen de la obligación no es concebido como simple heteronomía teológica (la que sugería el modelo histórico del Sinaí, que está en su base). Podría, incluso, leerse una velada afirmación de autonomía en el “para sí mismos son ley”.

miércoles, 24 de enero de 2024

Escribir para una publicación periódica es responder a una incitación del momento

Santos Juliá, especialista en historia social y en pensamiento político, cuentea que escribir para una publicación periódica es responder a una incitación del momento, presentar una determinada propuesta para un debate en marcha. Cuando habla o escribe para dejar oír su voz en una concreta circunstancia, el intelectual es un retórico que intenta persuadir con la palabra. Desvincular una determinada intervención de su específico contexto impide captar, además de la intención subjetiva del autor, el significado objetivo de su texto; entresacar una frase de un artículo de 1901 y pegarla a otra aparecida años después porque así se supone que se reconstruye el pensamiento o las ideas de su autor implica en el caso de conferenciantes y de escritores de artículos violentar el sentido de lo escrito y obligarlo a servir un propósito ajeno a la situación en la que pretendía intervenir. Significa además prescindir de la experiencia política como factor decisivo del contenido de su relato. Por ejemplo, no tiene ningún sentido aducir un apunte de Machado sobre “Los milicianos de 1936” para demostrar la estima en que los intelectuales del 98 tenían al “pueblo”; la voz “pueblo” adquirió hacia 1930, y sobre todo desde 1936, un significado que no pudieron atisbar en la crisis de fin de siglo los escritores del 98…..El hecho de que el escrito lleve siempre una fecha quiere decir que es incomprensible si no se tiene en cuenta el momento social y la circunstancia política.

martes, 22 de enero de 2019

El nacimiento del derecho de veto y las leyes escritas.

Para los plebeyos, Roma no era su ciudad, y en 494 antes de Cristo decidieron abandonar Roma y fundar una nueva ciudad a cinco kilómetros al este. Los patricios, que no
Menenio Agripa
podían permitirse perder una parte tan grande de la población, tuvieron que negociar. Según la leyenda, los plebeyos fueron llevados de vuelta por las palabras de un patricio romano llamado Menenio Agripa, quien les contó el cuento de la rebelión de las partes del cuerpo contra el vientre. Según esta fábula, los brazos se quejaban de tener que hacer solos toda la tarea de levantar cosas, las piernas de ser las únicas que caminaban, las mandíbulas de tener que masticar ellas solas, el corazón de tener que latir sólo él, etcétera, mientras el vientre, que no hacía nada, recibía todo el alimento. El vientre respondió que, si bien recibía el alimento, lo repartía a través de la sangre a todas las partes del cuerpo, que de otro modo no podría sobrevivir. La analogía consistía en que, si bien los patricios ocupaban todos los cargos, usaban su poder para gobernar juiciosamente la ciudad, de lo cual se beneficiaban todos. Se llegó a un acuerdo por el cual los plebeyos tendrían funcionarios elegidos por el voto de los plebeyos y que representarían solamente a los plebeyos. Esos funcionarios fueron llamados tribunos (nombre dado originalmente a los jefes de una tribu). Su misión era
Tribuno de la plebe.
proteger los intereses de los plebeyos e impedir que los patricios aprobasen leyes que fuesen injustas. Los tribunos obtuvieron el poder de suspender las leyes que desaprobaban gritando «¡Veto!». Ni todo el poder de los cónsules y el Senado podía hacer que se aprobase una ley contra el veto del tribuno.

Los plebeyos pensaron que su propia seguridad exigía que se pusiesen por escrito las leyes romanas. Mientras esto no ocurriese, nunca se sabría con seguridad si los patricios interpretaban las leyes a su favor. Al poner por escrito todos sus puntos, los tribunos tendrían una base para argumentar. Por el 450 a. C. apareció la primera codificación escrita de las leyes romanas. Para elaborar este código se eligieron diez patricios llamados decenviros, que significa “diez hombres”. Ocuparon el poder en lugar de los cónsules hasta que fue elaborado el código escrito. Se suponía que las leyes habían sido grabadas en doce tablas de bronce, por lo que se las llamó las Doce Tablas. Durante siglos, esas Doce Tablas fueron el fundamento del Derecho Romano.

domingo, 9 de diciembre de 2018

La influencia de un libro.


Lewis decía que no es probable que un libro sobre hinduismo socave nuestra fe. Pero si cada vez que leemos un libro divulgativo de Geología, Botánica, Política o Astronomía, descubrimos que sus implicaciones son hindúes, sí podríamos sentirnos sacudidos. No son los libros escritos en defensa del materialismo los que hacen materialista al hombre moderno, sino los supuestos materialistas contenidos en los demás libros. De igual modo, tampoco serán los libros sobre el cristianismo los que realmente inquieten al hombre moderno; en cambio, se inquietaría si, siempre que necesitara una introducción popular y barata a una ciencia cualquiera, la mejor del mercado fuera la escrita por un cristiano.

martes, 3 de abril de 2018

Hablando del español.

George Barrow dijo que el idioma español es más grande que su literatura. El español es un instrumento fuerte y delicado. Tiene una grandeza que da amplia oportunidad para los efectos retóricos y una concreción que le permite ser escrito con deliciosa sencillez. Tiene una concisión que apenas es sobrepasada por el latín.

Retrato del emperador Carlos V hacia 1550.
Hay una anécdota que se atribuye a Carlos V. Dijo que el alemán era el mejor idioma para dirigirse a los caballos; el francés, para conversar con los estadistas; el italiano, para hablar con las mujeres; el inglés, para tratar con los pájaros, pero que el español era el único idioma con el que dirigirse a los reyes, a los príncipes y a Dios. 

Un día, Luis XIV preguntó a uno de sus cortesanos: ¿Sabéis español? No, Sire, contestó el otro. Pero lo aprenderé. 
Se puso a estudiarlo, creyendo que el rey tenía intención de nombrarlo embajador ante la Corte de España, y al cabo de cierto tiempo le comunicó al rey: Sire, ahora ya sé español. Muy bien, contestó el rey. Entonces, os será posible leer Don Quijote en el idioma original.

El escritor británico William Somerset Maugham cuenta la siguiente historia: “Una vez un joven fue a Granada. Era su primera visita. En la noche de su llegada, después de la cena, demasiado excitado para acostarse, bajó a la ciudad. Allí, porque tenía veinticuatro años y también porque pensó que la ocasión era adecuada, se hizo indicar un burdel. Escogió una muchacha.El joven se sorprendió al comprobar que se trataba de una chiquilla. 
Pareces muy joven para estar en un lugar como éste ,dijo. ¿Cuántos años tienes? Trece. ¿Quién te ha traído aquí? El hambre, contestó ella. El joven tenía una sensibilidad indudablemente excesiva. La trágica palabra lo dejó anonadado. Después de darle dinero (era pobre y no pudo desprenderse de mucho) despidió a la muchacha y, completamente decaído, ascendió lentamente la colina y se
 W. Somerset Maugham
fue a dormir. Éste es un episodio de la autobiografía de Alfonso de Contreras, que empezó la vida como pinche y la acabó como caballero de Malta, y que siempre me ha parecido una obra maestra de la narrativa y un ejemplo de perfecto estilo. Habiéndose casado en un período de su pintoresca existencia con la respetable viuda de un juez, tuvo la sospecha de que ella lo engañaba con su amigo más íntimo. Una mañana los descubrió abrazados. “Murieron”, escribe. Con esta amarga palabra termina el asunto y pasa a ocuparse de otras cosas. Así se escribe. En español existen innumerables modismos; dan mordacidad al lenguaje. En él se hace un uso más amplio y complicado del subjuntivo que en la mayor parte de los idiomas modernos, lo que da a sus frases una elegancia peculiar”.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Un apasionado lector.


Borges se veía a sí mismo no tanto como un escritor extraordinario sino como un apasionado lector. Comienza el poema “Un lector” diciendo: Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído. Cualquiera que haya leído a Borges estará en desacuerdo con esta valoración, pero cabe reconocer que la lectura prolífica de Borges tuvo un impacto extraordinario en su obra.



Borges escribió en “Poema de los dones”: Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche. Tal era la importancia de los libros para Borges, que en “Mis libros” dice: Mis libros (que no saben que yo existo) son tan parte de mí como este rostro de sienes grises y de grises ojos que vanamente busco en los cristales y que recorro con la mano cóncava. No sin alguna lógica amargura pienso que las palabras esenciales que me expresan están en esas hojas que no saben quién soy, no en las que he escrito. Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.