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domingo, 9 de marzo de 2025

Casi todo lo que antes era vicio ha dejado ahora de serlo

Nuestra sociedad parece muy tolerante porque muchas cosas que hace cien años estaban prohibidas se consideran ahora completamente normales. Pero si nos fijamos mejor, también hay cosas que hace cien años eran normales y que ahora están prohibidas. Tan completamente prohibidas que hasta nos parece normal que sea así, tan normal como a nuestros bisabuelos les debía parecer su sistema de tabúes y prohibiciones. Muchos de los antiguos tabúes se referían al sexo; muchos de los actuales se refieren a la relación madre-hijo, para desgracia de los niños y de sus madres. Por ejemplo, la palabra “vicio” se usa ahora en una forma totalmente diferente a como la usaban nuestros abuelos. Casi todo lo que entonces era vicio ha dejado ahora de serlo. Beber, fumar o jugar son ahora enfermedades (alcoholismo, tabaquismo, ludopatía), con lo que el pecador se ha convertido en víctima inocente. La masturbación (el “vicio solitario” que tanto preocupaba a médicos y educadores) se considera normal. La homosexualidad es simplemente un estilo de vida. Hablar de vicio en cualquiera de esos casos se consideraría hoy un grave insulto. Hoy en día, sólo se llama vicio a algunas inocentes actividades de los niños pequeños: Tiene el vicio de morderse las uñas. Llora de vicio. Si lo coges en brazos, se va a enviciar. Lo que pasa es que está enviciado con el pecho, y por eso no se come la papilla.

lunes, 30 de diciembre de 2024

Ha habido una vuelta al estilo tradicional

La creadora de contenido Elysia Berman señala que ha habido una vuelta al estilo tradicionalmente americano. La vuelta a los pantalones tejanos, a las botas de cowboy y a los sombreros de vaquero. "Hay un sistema de valores asociado a estos estilos y volvemos a ellos porque volvemos a esos valores", comentaba la influencer, que tiene 330.000 likes en el vídeo.
El cottagecore habla de volver a vivir en el campo, a la vida sencilla sin el ruido de la ciudad ni las prisas de la rutina actual. El estilo coquette reivindica la feminidad tradicional, el rosa, los lazos, los vestidos, supuestamente olvidados y despreciados por las últimas tendencias. Mientras que la mob wife reclama otro arquetipo aparentemente olvidado, el de la feminidad más seductora y fuerte. La tendencia de mujeres cocinando con voz suave y vestidas y maquilladas como si fueran a salir a una fiesta en vez de estar ejerciendo de amas de casa habla por sí sola.

viernes, 23 de febrero de 2024

Roosevelt y Churchill

Churchill siempre ha creído en grandes Estados y civilizaciones bajo un orden casi jerárquico y, por ejemplo, jamás ha odiado a Alemania como tal. Alemania es un Estado grande e históricamente sagrado; los alemanes son una raza histórica grande y como tal ocupan una cantidad proporcional de espacio en el cuadro mundial de Churchill. Denunció a los prusianos en la primera Guerra Mundial y a los nazis en la segunda; a los alemanes, casi no, en absoluto. Siempre ha mantenido una visión resplandeciente de Francia y de su cultura, y ha abogado inalterablemente por la necesidad de la cooperación anglo-francesa. Siempre ha visto a los rusos como una maza informe y casi asiática más allá de los muros de la civilización europea. Su fe y su predilección por la democracia norteamericana son la base de su panorama político. Su visión en los asuntos exteriores ha sido siempre firmemente romántica. La lucha de los judíos por la autodeterminación en Palestina cautivó su imaginación exactamente en la misma forma que el risorgimento italiano cautivó a sus antepasados liberales.
Roosevelt, como personaje público, era un gobernante espontáneo, optimista, amante del placer que consternaba a sus ayudantes con el abandono alegre y aparentemente descuidado con que parecía deleitarse al seguir dos o más políticas totalmente incompatibles, y que los asombraba aún más con la rapidez y la facilidad con que lograba deshacerse de las preocupaciones del cargo durante los momentos más sombríos y peligrosos. Churchill también ama el placer, y tampoco carece de la alegría ni de la capacidad para manifestarse con efusión, todo ello aunado al hábito de cortar despreocupadamente los nudos gordianos en una forma que perturbaba a menudo a sus expertos. Pero no es un hombre frívolo. Su naturaleza posee una dimensión de profundidad (y una comprensión correspondiente de las posibilidades trágicas) que el genio despreocupado de Roosevelt pasaba por alto instintivamente. Roosevelt jugaba a la política con virtuosismo, y salió tanto de sus éxitos como de sus fracasos con soberbio estilo; parecía desempeñarse con una habilidad que no exigía esfuerzo alguno. Churchill conoce las tinieblas así como la luz. Como todos los habitantes, e incluso los visitantes transitorios, de los mundos interiores, manifiesta indicios de temporadas de angustiosa meditación y lenta recuperación. Roosevelt tal vez haya sido capaz de hablar de sudor y de sangre, pero cuando Churchill ofreció lágrimas a su pueblo, pronunció una palabra que quizá hubiera expresado Lincoln o Mazzini o Cromwell, mas no Roosevelt, por valiente, generoso y perceptivo que haya sido. Roosevelt fue un típico hijo del siglo XX y del Nuevo Mundo; mientras que Churchill, por todo su amor a la hora presente, su insaciable apetito de nuevos conocimientos, su apreciación de las posibilidades técnicas de nuestra época, y el inquieto vagar de su imaginación para pensar en la forma de aplicarlas con el mayor ingenio, no obstante su entusiasmo por el inglés básico y el llamado seductor que tanto perturbó a sus anfitriones en Moscú; no obstante todo esto, Churchill sigue siendo un europeo del siglo XIX. La diferencia es profunda, y explica mucha de la incompatibilidad entre el punto de vista de Churchill y el del Presidente de los Estados Unidos, a quien admiraba tanto y cuyo gran cargo le imponía respeto.  Jamás desearon lastimarse; quizás hayan girado instrucciones contradictorias, pero nunca discutieron por insignificancias; cuando transigieron, como sucedió a menudo, lo hicieron sin ningún sentimiento de amargura ni derrota, sino en respuesta a las exigencias de la historia o a las tradiciones y a la personalidad del otro. Las declaraciones públicas de Roosevelt difieren enormemente de las dramáticas obras maestras de Churchill, pero no son incompatibles con su espíritu ni con su esencia.
Referencia: Impresiones personales de Isaiah Berlin

viernes, 9 de diciembre de 2022

Cualquier novela contemporánea es heredera de la Odisea, la Ilíada o la Divina Comedia

“El idioma no se inventa, se hereda”, escribe el colombiano Fernando Vallejo. Este ensayista y novelista muestra cómo el lenguaje literario de cualquier novela contemporánea es heredero de la Odisea, la Ilíada o la Divina Comedia… aunque el autor del que se trate ni siquiera haya leído estas obras; cómo las fórmulas del estilo y la belleza se transmiten entre los novelistas al través de los siglos, en una multitud de influencias y conexiones. El poeta Luis Rosales dibujó esa misma idea, pero con estas letras: “La palabra que decimos / viene de lejos, / y no tiene definición, / tiene argumento. / Cuando dices: ‘nunca’, / cuando dices: ‘bueno’, / estás contando tu historia / sin saberlo”.



martes, 31 de marzo de 2020

Al examinar el estilo de un compositor, debemos tener en cuenta su personalidad tal como la refleja la época en que vivió



Una de las características del estilo de Beethoven es la rudeza. Beethoven, como hombre, tenía fama de ser un individuo brusco y rudo. En todo caso, por el solo testimonio de su música sabemos que es un compositor de carácter osado y tosco, una verdadera antítesis de lo suave y lo melifluo. Pero además, ese carácter rudo de Beethoven adoptó diferente expresión en los diferentes periodos de la vida del compositor. Para el compositor estadounidense Aaron Copland “la rudeza de la Primera Sinfonía es diferente de la de la Novena. Es una diferencia de épocas. El primer Beethoven era rudo dentro de los límites de una manera clásica dieciochesca, mientras que el Beethoven maduro experimentó la influencia de las tendencias liberadoras del siglo XIX. Por eso es por lo que, al examinar el estilo de un compositor, debemos tener en cuenta su personalidad tal como la refleja la época en que vivió. Hay tantos estilos como compositores, y cada compositor importante tiene varios estilos diferentes que corresponden a las influencias de su tiempo y a la maduración de su propia personalidad”.

Aaron Copland
“Por otra parte, dice Copland, lo que oye el auditor no es tanto el compositor como el concepto que del compositor tiene el intérprete. El contacto del escritor con su lector es directo; el cuadro del pintor no necesita más, para que se vea, que colgarlo bien. Pero la música, al igual que el teatro, es un arte que, para que viva, necesita ser reinterpretado. El intérprete existe para servir al compositor, para asimilar y volver a crear el mensaje del compositor. Cada composición tiene su propio estilo, al cual debe ser fiel el intérprete. Pero cada intérprete tiene también su personalidad propia, de modo que el estilo de una pieza lo oímos tal como lo refracta la personalidad del intérprete.”

Los compositores y los intérpretes quieren sobre todo auditores que se entreguen plenamente a la música que están oyendo. Virgil Thomson describió una vez el oyente ideal como “la persona que aplaude vigorosamente”. Con ese bon mot quiso dar a entender que el auditor que en realidad se mete en la música es el único que tiene importancia para la música o los que hacen música.

jueves, 30 de mayo de 2019

La verdadera cultura no puede ser nunca internacional

Tessenow
El arquitecto alemán, profesor, y urbanista Heinrich Tessenow enseñaba que “el estilo nace del pueblo. Es natural amar la patria.La verdadera cultura no puede ser nunca internacional. La cultura únicamente procede del seno materno de un pueblo”. 

Arquitectura de Heinrich Tessenow
Tessenow condenaba la gran ciudad, a la que oponía ideas rurales y manifestaba que “la gran ciudad es algo terrible. La gran ciudad es una mezcla confusa de lo viejo y lo nuevo. La gran ciudad es combate, un combate brutal. Nos obliga a prescindir de todo lo acogedor… Donde lo urbano entra en contacto con lo rural, el campesinado termina siendo destruido. Es una lástima que no se pueda seguir pensando de forma rural”.

miércoles, 11 de abril de 2018

Placer.

En nuestro mundo, la gratificación instantánea es algo muy publicitado y que está a nuestro alcance. La televisión y el cine son influencias importantes que acrecientan las expectativas de la gente; presentan de modo gráfico lo que otras personas tienen y pueden hacer mientras viven una vida fácil y divertida. Se describe gráficamente el esplendor de los estilos de vida centrados en el placer, es cierto, pero los resultados naturales de esos estilos de vida casi nunca se presentan con fidelidad. El placer por sí mismo no ofrece ninguna satisfacción profunda o duradera, ni ningún sentido de la realización. La persona centrada en el placer, que siempre acaba aburriéndose con cada uno de los sucesivos niveles de diversión, constantemente reclama más y más. De modo que el nuevo placer, dice Stephen Covey, tiene que ser mayor y mejor, más excitante, con una cima más alta. Una persona en ese estado se vuelve casi enteramente narcisista, e interpreta toda su vida en los términos del placer que le proporciona aquí y ahora. Las capacidades de la persona permanecen adormecidas, el talento no se desarrolla, la mente y el espíritu se aletargan y el corazón sufre insatisfecho.

Placer.
El éxito en sus diversas formas; el ser conocido y elogiado; los placeres ostensibles, como el de ganar dinero o seducir mujeres, o viajar, moviéndose por el mundo de aquí para allá y de arriba abajo como Satán, explicando y experimentando todo lo que la feria de las vanidades tiene para ofrecer. Vistos retrospectivamente, todos estos ejercicios de autosatisfacción parecen pura fantasía, lo que Pascal llamaba “lamer la tierra”.


martes, 3 de abril de 2018

Hablando del español.

George Barrow dijo que el idioma español es más grande que su literatura. El español es un instrumento fuerte y delicado. Tiene una grandeza que da amplia oportunidad para los efectos retóricos y una concreción que le permite ser escrito con deliciosa sencillez. Tiene una concisión que apenas es sobrepasada por el latín.

Retrato del emperador Carlos V hacia 1550.
Hay una anécdota que se atribuye a Carlos V. Dijo que el alemán era el mejor idioma para dirigirse a los caballos; el francés, para conversar con los estadistas; el italiano, para hablar con las mujeres; el inglés, para tratar con los pájaros, pero que el español era el único idioma con el que dirigirse a los reyes, a los príncipes y a Dios. 

Un día, Luis XIV preguntó a uno de sus cortesanos: ¿Sabéis español? No, Sire, contestó el otro. Pero lo aprenderé. 
Se puso a estudiarlo, creyendo que el rey tenía intención de nombrarlo embajador ante la Corte de España, y al cabo de cierto tiempo le comunicó al rey: Sire, ahora ya sé español. Muy bien, contestó el rey. Entonces, os será posible leer Don Quijote en el idioma original.

El escritor británico William Somerset Maugham cuenta la siguiente historia: “Una vez un joven fue a Granada. Era su primera visita. En la noche de su llegada, después de la cena, demasiado excitado para acostarse, bajó a la ciudad. Allí, porque tenía veinticuatro años y también porque pensó que la ocasión era adecuada, se hizo indicar un burdel. Escogió una muchacha.El joven se sorprendió al comprobar que se trataba de una chiquilla. 
Pareces muy joven para estar en un lugar como éste ,dijo. ¿Cuántos años tienes? Trece. ¿Quién te ha traído aquí? El hambre, contestó ella. El joven tenía una sensibilidad indudablemente excesiva. La trágica palabra lo dejó anonadado. Después de darle dinero (era pobre y no pudo desprenderse de mucho) despidió a la muchacha y, completamente decaído, ascendió lentamente la colina y se
 W. Somerset Maugham
fue a dormir. Éste es un episodio de la autobiografía de Alfonso de Contreras, que empezó la vida como pinche y la acabó como caballero de Malta, y que siempre me ha parecido una obra maestra de la narrativa y un ejemplo de perfecto estilo. Habiéndose casado en un período de su pintoresca existencia con la respetable viuda de un juez, tuvo la sospecha de que ella lo engañaba con su amigo más íntimo. Una mañana los descubrió abrazados. “Murieron”, escribe. Con esta amarga palabra termina el asunto y pasa a ocuparse de otras cosas. Así se escribe. En español existen innumerables modismos; dan mordacidad al lenguaje. En él se hace un uso más amplio y complicado del subjuntivo que en la mayor parte de los idiomas modernos, lo que da a sus frases una elegancia peculiar”.


lunes, 12 de marzo de 2018

Hay un abismo cultural entre políticos y militares.

El Primer Ministro británico, Winston Churchill junto a los generales sir Harold Alexander (izquierda) y Bernard Montgomery (derecha) en Egipto.
Las relaciones de Churchill con los generales nunca estuvieron exentas de fricciones. Ismay  en el libro “Ismay, Memoirs of the Lord Ismay” cuenta que hay un abismo cultural insalvable entre políticos y militares. Entre los políticos, suele imponerse el estilo sobre la sustancia y, después de unas despiadadas astracanadas en la Cámara, son capaces de reunirse a tomar una copa amistosa. Atacan rutinariamente las
De izquierda a derecha: Colville, Churchill, John Martin
propuestas de sus adversarios con independencia de sus méritos, haciendo gala de la peor fe. Los comandantes militares están a salvo de esa clase de pruebas al estar rodeados de un entorno de oficiales del Estado Mayor de admirable lealtad. La consecuencia es una relativa falta de agilidad mental que puede hacer que parezcan faltos de decisión y poco imaginativos, cuando lo que sucede es que, simplemente, tienen dificultades para expresarse, el defecto que más exasperaba a Churchill, escribe Colville en Fringes of Power. Downing Street Years

miércoles, 16 de agosto de 2017

Una solución para no tirarse los trastos a la cabeza.


Para una familia que se tira los trastos a la cabeza frecuentemente, hay una solución muy simple, que sus miembros se pongan de acuerdo en tratarse como amigos, más que como parientes; que muestren entre sí la misma consideración y cortesía que mostrarían, no ya sólo a amigos, sino a personas conocidas eventualmente; que usen tanto como quieran expresiones del estilo de “por favor”, “gracias”, “¿te importaría…?", “perdona” y “lo siento”; que vayan con cuidado con los resentimientos que vienen de fuera y buscan una cabeza inocente que hacer rodar; que cada uno se vigile especialmente cuando esté cansado o preocupado sin razón; sobre todo, que cada uno tenga el suficiente sentido del humor para soportar las faltas de los demás.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Lo que puso sobre la mesa Steve Jobs fue un estilo.

Steve Jobs, como comentaba el periodista John Arlidge poco después de su muerte, consiguió su estatus de líder de culto “no solo por su decisión, empuje y concentración (cosa que desprendía, según un antiguo colega “con una intensidad abrasadora”), por ser perfeccionista, inflexible y completamente déspota. Todos los líderes del mundo de los negocios que tienen éxito son así, por mucho que sus bien pagados especialistas en relaciones públicas intenten decirnos que son gente tranquila, igual que todos nosotros”. No. Él era más que eso. Además, añade Arlidge, tenía carisma. Tenía visión. Como reveló el especialista en tecnología Walt Mossberg, incluso en las reuniones privadas, tapaba con una tela un producto, alguna creación nueva recién inventada, situada encima de una brillante mesa de juntas, y la descubría con una floritura.

Apple no es la compañía tecnológica más innovadora del mundo. Ni siquiera se acerca a ello. Más bien sobresale por reformular ideas de otras personas. No fueron los primeros en presentar un ordenador personal (fue IBM). Ni fueron los primeros en presentar un smartphone (fue Nokia). En realidad, cuando han seguido la senda de la innovación, a menudo la han fastidiado. ¿Alguien se acuerda del Newton o del Power Mac G4 Cube? Pero lo que puso sobre la mesa Jobs fue el estilo. La sofisticación. Y un encanto atemporal y tecnológico. Desplegó la alfombra roja ante los consumidores. Desde los salones domésticos, los despachos, estudios de diseño, platós de rodaje, hasta las puertas de las tiendas Apple del mundo entero, cuenta Kevin Dutton.