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jueves, 21 de agosto de 2025

Noche de Carnaval de 1945

El origen de la incursión que provocó la destrucción de la ciudad alemana de Dresde la noche del 13 al 14 de febrero de 1945 fue el deseo de Roosevelt y de Churchill, durante la conferencia de Yalta, de demostrar a Stalin que los aliados estaban haciendo todo lo posible para colaborar con el esfuerzo ruso en el frente oriental. El capellán L. John Collins les dijo que era esencial que tuviesen la certeza de que estaban atacando blancos militares:”incluso cuando ustedes ejecutan actos perversos, Dios siempre está mirando por encima del hombro”.
En Dresde se arrojaron más de 650.000 bombas incendiaras y la tormenta de fuego abarcó veinte kilómetros cuadrados, destruyendo totalmente 2.100 hectáreas y matando a 135.000 hombres, mujeres y niños. Como era la noche de Carnaval, muchos niños estaban disfrazados. Por primera vez en la guerra se había asestado un golpe tan duro a un blanco y no quedaron supervivientes aptos que en número suficiente para enterrar a los muertos.. Las piras incendiaras continuaban llameando una quincena después del ataque. Goebbels afirmó que “esto es obra de lunáticos”. De acuerdo con la versión de Speer, el ataque originó una ola de terror en la nación entera.
Referencia: Tiempos modernos de Paul Johnson

viernes, 23 de febrero de 2024

Roosevelt y Churchill

Churchill siempre ha creído en grandes Estados y civilizaciones bajo un orden casi jerárquico y, por ejemplo, jamás ha odiado a Alemania como tal. Alemania es un Estado grande e históricamente sagrado; los alemanes son una raza histórica grande y como tal ocupan una cantidad proporcional de espacio en el cuadro mundial de Churchill. Denunció a los prusianos en la primera Guerra Mundial y a los nazis en la segunda; a los alemanes, casi no, en absoluto. Siempre ha mantenido una visión resplandeciente de Francia y de su cultura, y ha abogado inalterablemente por la necesidad de la cooperación anglo-francesa. Siempre ha visto a los rusos como una maza informe y casi asiática más allá de los muros de la civilización europea. Su fe y su predilección por la democracia norteamericana son la base de su panorama político. Su visión en los asuntos exteriores ha sido siempre firmemente romántica. La lucha de los judíos por la autodeterminación en Palestina cautivó su imaginación exactamente en la misma forma que el risorgimento italiano cautivó a sus antepasados liberales.
Roosevelt, como personaje público, era un gobernante espontáneo, optimista, amante del placer que consternaba a sus ayudantes con el abandono alegre y aparentemente descuidado con que parecía deleitarse al seguir dos o más políticas totalmente incompatibles, y que los asombraba aún más con la rapidez y la facilidad con que lograba deshacerse de las preocupaciones del cargo durante los momentos más sombríos y peligrosos. Churchill también ama el placer, y tampoco carece de la alegría ni de la capacidad para manifestarse con efusión, todo ello aunado al hábito de cortar despreocupadamente los nudos gordianos en una forma que perturbaba a menudo a sus expertos. Pero no es un hombre frívolo. Su naturaleza posee una dimensión de profundidad (y una comprensión correspondiente de las posibilidades trágicas) que el genio despreocupado de Roosevelt pasaba por alto instintivamente. Roosevelt jugaba a la política con virtuosismo, y salió tanto de sus éxitos como de sus fracasos con soberbio estilo; parecía desempeñarse con una habilidad que no exigía esfuerzo alguno. Churchill conoce las tinieblas así como la luz. Como todos los habitantes, e incluso los visitantes transitorios, de los mundos interiores, manifiesta indicios de temporadas de angustiosa meditación y lenta recuperación. Roosevelt tal vez haya sido capaz de hablar de sudor y de sangre, pero cuando Churchill ofreció lágrimas a su pueblo, pronunció una palabra que quizá hubiera expresado Lincoln o Mazzini o Cromwell, mas no Roosevelt, por valiente, generoso y perceptivo que haya sido. Roosevelt fue un típico hijo del siglo XX y del Nuevo Mundo; mientras que Churchill, por todo su amor a la hora presente, su insaciable apetito de nuevos conocimientos, su apreciación de las posibilidades técnicas de nuestra época, y el inquieto vagar de su imaginación para pensar en la forma de aplicarlas con el mayor ingenio, no obstante su entusiasmo por el inglés básico y el llamado seductor que tanto perturbó a sus anfitriones en Moscú; no obstante todo esto, Churchill sigue siendo un europeo del siglo XIX. La diferencia es profunda, y explica mucha de la incompatibilidad entre el punto de vista de Churchill y el del Presidente de los Estados Unidos, a quien admiraba tanto y cuyo gran cargo le imponía respeto.  Jamás desearon lastimarse; quizás hayan girado instrucciones contradictorias, pero nunca discutieron por insignificancias; cuando transigieron, como sucedió a menudo, lo hicieron sin ningún sentimiento de amargura ni derrota, sino en respuesta a las exigencias de la historia o a las tradiciones y a la personalidad del otro. Las declaraciones públicas de Roosevelt difieren enormemente de las dramáticas obras maestras de Churchill, pero no son incompatibles con su espíritu ni con su esencia.
Referencia: Impresiones personales de Isaiah Berlin

martes, 24 de enero de 2023

Roosevelt y Churchill eran distintos

Roosevelt y Churchill eran distintos. “El presidente estadounidense tenía una fe tan inquebrantable en el poder de Estados Unidos que raras veces interfirió ni en lo relativo a los nombramientos ni en la planificación operativa. Una vez que los jefes militares estadounidenses, conmocionados, se vieron inducidos a entrar en la guerra, Roosevelt depositó una enorme fe en que Arnold (fuerza aérea), King (marina) y, sobre todo, Marshall (ejército de tierra) harían lo correcto, con su propio hombre de confianza, el almirante Leahy, actuando como jefe nominal del Estado Mayor Conjunto. La marina siempre ocupó un lugar especial en los sentimientos de Roosevelt, y su nombramiento de Ben Moreell para dirigir a los nuevos Seabees fue un golpe brillante. Pero, por lo demás, no parece que el presidente estadounidense desempeñara un papel activo o interfiriera en los nombramientos del cuerpo. Habría sido temperamentalmente imposible para el primer ministro británico ejercer aquel tipo de planteamiento de no intervención; el papel de sus cartas personales llevaba como encabezado el célebre eslogan de «¡Acción hoy!», y costó mucho esfuerzo (incluida, finalmente, la intervención del rey) lograr que el Día D no se presentara en persona en las playas de Normandía. A veces llevó a Alanbrooke y a otros jefes británicos al borde de la desesperación y la dimisión, y ciertamente reemplazó a muchos generales en su búsqueda de un liderazgo eficaz en el frente de batalla. Aun así, hasta el malhumorado Alanbrooke admitiría con frecuencia que la imaginación, el impulso y la retórica del primer ministro eran indispensables en el esfuerzo bélico. Hubo otro ámbito de este conflicto mundial en el que el entusiasmo y el aliento de Churchill fueron inestimables, a la hora de reconocer el talento, la iniciativa y, con franqueza, la heterodoxia de las personas, y de darles la posibilidad de demostrar su valía”, escribe el historiador británico Paul Kennedy.

domingo, 13 de marzo de 2022

Sangre, sudor y lágrimas

Giuseppe Garibaldi

Podemos rastrear los orígenes de «Sangre, fatigas, lágrimas y sudor» hasta De divinatione II (44 a. C.) de Cicerón y hasta la Historia de Roma desde su fundación de Tito Livio (c. 29 a. C.), obras en las que por primera vez aparecen emparejados con frecuencia los términos sudor et sanguis. En 1823 lord Byron escribió: “Año tras año votaron al cien por cien / sangre, sudor y lágrimas arrancadas a millones. ¿Por qué? Por la renta”. En 1849, el revolucionario y patriota italiano Giuseppe Garibaldi pronunció en la plaza de San Pedro de Roma un enardecedor discurso ante sus soldados sitiados; una frase del mismo dice: “No ofrezco paga, ni cuartel ni provisiones; ofrezco hambre, sed, marchas forzadas, batallas y muerte”. Casi cincuenta años después, un discurso de Theodore Roosevelt pronunciado en el Naval War College en 1897 hablaba de la “sangre y el sudor y las lágrimas, el esfuerzo y la angustia, por medio de los cuales, en los días pretéritos, nuestros antepasados alcanzaron el triunfo”. 

guerra de los Bóers

Churchill en 1900 empezó a trabajar su propia versión cuando escribió el libro acerca del tiempo transcurrido en un campo de prisioneros de los bóeres. Efectivamente, en La guerra de los Bóers. De Londres a Ladysmith vía Pretoria. La marcha de Ian Hamilton pronosticó, plenamente convencido de lo que decía, que la victoria británica en la guerra de Sudáfrica era “solo una cuestión de tiempo y de dinero expresada en términos de sangre y lágrimas”. Complacido a todas luces con la frase, volvió a utilizarla aquel mismo año en un artículo periodístico para el Saturday Evening Post: “Todo ello parecerá muy triste y brutal en tiempos de paz, pero habrá menos sangre y lágrimas cuando llegue la próxima guerra”. En un artículo de 1939 acerca de la guerra del general Franco en España, hablaba de las “nuevas estructuras de vida nacional levantadas sobre sangre, sudor y lágrimas, que no son diferentes unas de otras y por lo tanto pueden ser unidas”.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki los físicos han conocido el pecado

Proyecto Manhattan

En 1939 Albert Einstein, que como judío se había visto obligado a huir a EE. UU. desde la Alemania nazi, escribió al presidente Roosevelt para advertirle de que era posible que los alemanes ya estuvieran trabajando en armas nucleares. En consecuencia, Roosevelt autorizó el Proyecto Manhattan, que en el más completo secreto reunió un equipo de los mejores físicos e ingenieros del mundo para desarrollar una bomba atómica. El primer artefacto fue probado en el desierto de Nuevo México el 16 de julio de 1945, provocando que el director del Proyecto, Robert J. Oppenheimer, citase una verso del antiguo poema hindú del Bhagadvad Gita: “Me he convertido en muerte, el destructor de mundos”. 

Julius Robert Oppenheimer

Julius Robert Oppenheimer, una de las personas a menudo nombradas como “padre de la bomba atómica”, señaló dos años después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que ”los físicos han conocido el pecado; y éste es un conocimiento que no pueden olvidar”.

sábado, 13 de marzo de 2021

“He conducido a los franceses mediante los sueños”, decía el general de Gaulle

General  de Gaulle


“He conducido a los franceses mediante los sueños”, decía el general  de Gaulle. El sueño era haber colocado a Francia vencida en el bando de los vencedores. 
Al igual que Napoleón Bonaparte fue la figura clave de Francia durante el siglo XIX, el general Charles De Gaulle lo fue en el siglo XX. Líder en el exilio de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, posteriormente se convertiría en uno de los más carismáticos Presidentes de la Historia Francesa.

El general de Gaulle con Churchill

Las relaciones del general de Gaulle con Churchill eran caóticas, pero Inglaterra reconocerá enseguida a la Francia libre. No ocurrirá lo mismo con Estados Unidos. Roosevelt le atribuye intenciones dictatoriales, de modo que el general deberá esperar mucho tiempo el apoyo americano, que le será concedido con parquedad. A De Gaulle no se le informará ni del desembarco de 1942 en África del Norte, ni del desembarco de 1944 en Normandía. En Teherán, en noviembre de 1943, Churchill, Roosevelt y Stalin se pondrán de acuerdo para excluir a Francia de las negociaciones posteriores a la guerra, escribe  Jean Sévillia. 





lunes, 16 de marzo de 2020

Ike Eisenhower

Dwight David “Ike” Eisenhower


*Napoleón decía que un genio militar era el “el hombre que puede hacer cosas normales cuando todos los que lo rodean se vuelven locos”. Ese hombre fue el general Eisenhower.

“Ike” Eisenhower ( 1890-1969) era un hombre ecuánime. Cada vez con más aplomo y altura moral, pasó a ser el hombre indispensable, y había alcanzado tal popularidad que un agente de Hollywood le ofreció 150.000 dólares por los derechos de su biografía (más 7.500 para Mamie, para su madre y para su familia política). “Tiene un carácter generoso y encantador, escribiría Montgomery en su diario antes de comenzar la invasión, y me fiaría de él hasta las últimas consecuencias”. Otros compañeros lo consideraban sociable, buen orador y profundamente honesto. Uno de sus subordinados, el almirante sir Bertram H. Ramsay, comandante en jefe de la fuerza expedicionaria naval aliada, afirmaría sencillamente que “es un hombre de una talla excepcional”. Franklin D. Roosevelt lo había elegido para dirigir la Operación Overlord, pues “es el mejor político entre los militares. Es un líder natural, capaz de convencer a otros de que lo sigan”.

Eisenhower no era ni un filósofo ni un teórico militar. Pero creía que muy pocos comandantes sabían lidiar con lo que él denominaba “cuestiones que tocan el alma humana: aspiraciones, ideales, creencias profundas, afectos, odios”.

*Rick Atkinson

sábado, 15 de febrero de 2020

Pese a los sentimientos antibritánicos, el Éire se decantó hacia el apoyo a los aliados en la Segunda Guerra Mundial




Pese a los sentimientos antibritánicos generalizados entre los nacionalistas irlandeses, la neutralidad de Éire se decantó claramente hacia el apoyo a los aliados. Inglaterra, escribe el historiador británico Ian Kershaw, se vio privada del uso de sus puertos, cedidos a Irlanda en 1938, facilidad que habría acortado la línea de navegación hasta Estados Unidos. Pero los barcos ingleses pudieron ser reparados en los astilleros irlandeses. El espacio aéreo irlandés fue utilizado para patrullar la costa. Los tripulantes de los aviones aliados detenidos fueron devueltos, mientras que los de los alemanes fueron detenidos en campos de internamiento. Y hubo bastante cooperación entre el gobierno irlandés y el británico en lo relativo a los intereses conjuntos en la defensa de la isla de Irlanda. 


Éamon de Valera
Además muchas familias irlandesas tenían estrechos vínculos con sus parientes de Inglaterra. Pese a la neutralidad, dice Kershaw, se calcula que 42.000 ciudadanos de Éire se presentaron voluntarios para prestar servicio en la guerra, mientras que cerca de 200.000 cruzaron el mar de Irlanda para trabajar en la economía de guerra británica. La neutralidad de Éire tuvo una extraño epílogo, el primer ministro irlandés y veterano de la lucha por la independencia, Éamon de Valera, apenas quince días después de presentar sus condolencias por la muerte del presidente Roosevelt, se unió al pequeñísimo club de los que comunicaron su pésame formal a Alemania por la noticia de la muerte de Hitler en 1945.