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martes, 9 de enero de 2024

En la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia

El historiador judío norteamericano Lawrence H. Feldman afirma en septiembre de 1941: “Franco se volvió repentinamente a favor de los aliados hasta el final de la guerra; cuando quedó claro que Hitler se estaba preparando para una guerra de exterminio contra los judíos, la opinión de Franco cambió drásticamente. Las actividades de los escuadrones de exterminio en Rusia en julio de 1941 hicieron obvias las intenciones de Hitler, mucho antes de la implantación completa del genocidio en 1942. Así que Franco intentó reabrir relaciones con los aliados, y finalmente tuvo éxito en septiembre de 1941”. Ello ocurrió poco antes del ataque japonés a Pearl Harbor.Y continúa Feldman: “Franco recibió algunos discretos elogios por su ayuda al rescatar algunos judíos sefarditas en 1943 y 1944, hizo posible la emigración de más de 15.000 judíos. Comenzando en el mes de junio, antes del acuerdo con Alemania para enviar judíos a Franco para que se embarcaran al extranjero, y continuando tras la abrogación nazi de ese acuerdo, esa migración es lo que hizo a Franco un verdadero y desconocido héroe del Holocausto. Con el intento exitoso de España de rescatar a los judíos protegidos de Salónica y Atenas, con las actividades de su cuerpo diplomático al rescatar a judíos individualmente, con la participación en la protección de los judíos en Hungría y muchos años después (1967) con la evacuación de los judíos de Egipto, España dijo al mundo que haría lo que pudiera para rescatar a los miembros de esta raza”.

Israel Singer, presidente del Congreso Mundial Judío, en 2005, afirmó que “la España de Franco fue un refugio importante de judíos que se arriesgaron a venir, escapando de la Francia de la libertad, la fraternidad y la igualdad. No quiero defender a Franco, pero en la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia”.
Cuando los aliados planificaban la Operación Torch, el ilegal aeropuerto de Gibraltar estuvo repleto de aviones apiñados en su pequeña pista en la que el lanzamiento de una única granada de mortero hubiera destruido todos los aparatos allí hacinados; pero no ocurrió nada. Los obreros españoles de la Línea siguieron cruzando la frontera con toda normalidad para ayudar al esfuerzo de guerra aliado con su trabajo, al tiempo que los numerosos pilotos angloamericanos que aterrizaban o saltaban en paracaídas en territorio español eran devueltos a su país de origen al poco tiempo. El entrenamiento de un piloto de caza o bombardero duraba meses siendo, sin lugar a dudas, uno de los soldados “más caros” de la Segunda Guerra Mundial, escribe Luis Togores.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Hay obligaciones sagradas de las que nadie puede liberarnos

Monseñor Clemens August Graf von Galen “el León de Münster”, sufrió con los nazis arresto domiciliario y no fue llevado a un campo de concentración gracias a que Hitler no quería más mártires entre los católicos, y matar a su obispo habría sido la puntilla para la población de Westfalia contra el III Reich. En su lucha por la justicia y por la paz destacaba de forma especial su oposición frontal a la eutanasia. En su homilía del 3 de agosto de 1941, von Galen afirmaba: “Para la doctrina moral de la Iglesia Católica, hay obligaciones sagradas de las que nadie puede liberarnos porque debemos respetarlas aunque nos cuesten la vida misma. Nunca, bajo ninguna circunstancia, a no ser en estado de guerra o de legítima defensa, ningún hombre tiene derecho a matar a un inocente”. Su voz discordante contra la eutanasia fue escuchada en los órganos centrales del Partido Nacional Socialista alemán y se propuso que fuese colgado y su cuerpo expuesto en la torre de la torre de la catedral. Sin embargo el ministro de propaganda, Goebbels, no quería crear un nuevo mártir. En un primer momento, sus palabras sí tuvieron un eco positivo entre los gobernantes nazis, pues el 24 de agosto, los asesinatos se detuvieron, si bien es verdad que más adelante el programa de eutanasia se reinició en estricto secreto.

En 1939, Hitler facultaba a los médicos a otorgar una “muerte piadosa” a “pacientes considerados incurables según el mejor juicio humano disponible sobre su estado de salud”. La verdad que se ocultaba detrás de esta “orden” no era aliviar el sufrimiento, sino eliminar a todas aquellas personas con alguna discapacidad mental o física con el fin de “limpiar” la raza aria de personas consideradas genéticamente defectuosas que suponían una carga financiera para el Estado y su productividad.
Monseñor Von Galen denunció las violaciones sistemáticas a mujeres y niñas por parte de los soldados soviéticos, las raciones de hambre y los pillajes de los ingleses contra la población civil… Su defensa fue tal que los británicos le quitaron el automóvil e hicieron cuanto pudieron para que no pudiera llegar a las parroquias ni tener contacto con los fieles. Incluso cuando fue nombrado cardenal, todo tipo de problemas se le impusieron para que no viajara a Roma con el Papa. Su sermón del 1 de julio de 1945 contra las atrocidades de los aliados, como en los años del nazismo, también fue secretamente copiado y distribuido por toda la Alemania. Las autoridades británicas le ordenaron renunciar de inmediato, a lo que él, evidentemente, se negó. A su vuelta a la plaza de la catedral de Münster, donde los fieles lo recibieron como cardenal, confirmó que durante todo este tiempo solo se había permitido “luchar por Dios y su reino”. Seis días después, el 22 de marzo de 1946, Clemens August von Galen murió a la edad de 68 años, de una infección en el apéndice.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Para Keynes el Tratado de Versalles preparaba el terreno para una segunda guerra mundial

John Keynes

Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, pidieron John Keynes para que les asesorara sobre la mejor forma de conseguir las máximas indemnizaciones de los derrotados alemanes. Lo que Keynes descubrió en las conversaciones de paz de París le sorprendió. Mientras que los victoriosos líderes aliados soñaban con la miseria que esperaban provocar en el país alemán mediante penas financieras severas, Keynes veía las cosas de una forma ligeramente diferente. Creía que para provocar deliberadamente la miseria de un país como Alemania, había que imponer la pobreza total a sus ciudadanos, lo cual crearía las condiciones perfectas para el extremismo político, la insurrección e incluso la revolución. Keynes creía que el Tratado de Versalles, en lugar de propiciar un final justo para la primera guerra mundial, había preparado el terreno para la segunda guerra mundial. De vuelta a casa, escribió Las consecuencias económicas de la paz, una crítica devastadora a la locura de los líderes aliados. Keynes, creyendo que las indemnizaciones podían ser desastrosas para la posibilidad de conseguir la paz permanente en Europa, se sentía cada vez más miserable. “Estoy totalmente agotado, en parte por el trabajo y en parte por la depresión que me produce ver el mal que hay a mi alrededor, escribió a su madre, la paz es aberrante e imposible y no puede traer nada más que desgracia… supongo que he sido cómplice de toda esta maldad y locura, pero el fin está muy próximo”.



“Los que firmen este Tratado firmarán la sentencia de muerte de muchos millones de hombres, mujeres y niños alemanes, escribió,la condena afecta tanto a los austríacos, como a los alemanes”. Keynes citó un editorial publicado en Arbeiter Zeitung, el periódico vienés. “Todas las cláusulas (del Tratado de Saint-Germain) están impregnadas de crueldad y de implacabilidad, y no se puede detectar en ellas ni un ápice de humanidad, lo cual va en contra de lo que une a los hombres y es un crimen contra la propia humanidad, contra unas personas que sufren y son torturadas”. Keynes comentó: “Conozco con detalle el Tratado Austríaco y estuve presente durante la redacción de algunas de sus condiciones, pero no me resulta fácil rebatir la justicia de este ataque”.

sábado, 15 de febrero de 2020

Pese a los sentimientos antibritánicos, el Éire se decantó hacia el apoyo a los aliados en la Segunda Guerra Mundial




Pese a los sentimientos antibritánicos generalizados entre los nacionalistas irlandeses, la neutralidad de Éire se decantó claramente hacia el apoyo a los aliados. Inglaterra, escribe el historiador británico Ian Kershaw, se vio privada del uso de sus puertos, cedidos a Irlanda en 1938, facilidad que habría acortado la línea de navegación hasta Estados Unidos. Pero los barcos ingleses pudieron ser reparados en los astilleros irlandeses. El espacio aéreo irlandés fue utilizado para patrullar la costa. Los tripulantes de los aviones aliados detenidos fueron devueltos, mientras que los de los alemanes fueron detenidos en campos de internamiento. Y hubo bastante cooperación entre el gobierno irlandés y el británico en lo relativo a los intereses conjuntos en la defensa de la isla de Irlanda. 


Éamon de Valera
Además muchas familias irlandesas tenían estrechos vínculos con sus parientes de Inglaterra. Pese a la neutralidad, dice Kershaw, se calcula que 42.000 ciudadanos de Éire se presentaron voluntarios para prestar servicio en la guerra, mientras que cerca de 200.000 cruzaron el mar de Irlanda para trabajar en la economía de guerra británica. La neutralidad de Éire tuvo una extraño epílogo, el primer ministro irlandés y veterano de la lucha por la independencia, Éamon de Valera, apenas quince días después de presentar sus condolencias por la muerte del presidente Roosevelt, se unió al pequeñísimo club de los que comunicaron su pésame formal a Alemania por la noticia de la muerte de Hitler en 1945.

lunes, 10 de octubre de 2016

Al principio en Francia mucha gente veía al general de Gaulle como un traidor

Antes de 1940 Charles de Gaulle era un oficial joven poco conocido del ejército francés. Elevado al generalato durante la invasión alemana de Bélgica y nombrado poco después subsecretario de defensa del gobierno francés, en el verano de 1940 se había instalado con el respaldo de los ingleses como líder de la Francia Libre en el exilio, una pequeñísima fuerza de sólo unos 2.000 hombres y 140 oficiales. 

alocuciones radiofónicas de De Gaulle 
En una serie de grandilocuentes alocuciones radiofónicas al pueblo francés desde Londres, De Gaulle afirmó que la Francia Libre representaba a la verdadera Francia. Pretendía personificar el desafío no sólo a los alemanes, sino también al régimen de Vichy, al que negaba cualquier legitimidad. Pero no tuvo demasiado éxito hasta mediada ya la guerra. En Francia mucha gente lo veía como un traidor. El hundimiento de la armada francesa en Mers el-Kébir, en Argelia, el 3 de julio de 1940, por orden de Churchill (para impedir que quedara a disposición de los alemanes), con la pérdida de la vida de 1.297 marineros franceses, no contribuyó precisamente a que la causa de los aliados consiguiera demasiado apoyo ni en Francia ni en sus colonias. Al igual que las autoridades coloniales, las tropas francesas de las colonias, mucho más numerosas que las existentes en la propia Francia, permanecieron leales al régimen de Vichy, rechazando el desembarco fallido del contingente de la Francia Libre en Dakar en septiembre de 1940. Sólo gradualmente,cuando las vicisitudes de la guerra fueron volviéndose en contra de Alemania, el apoyo de las colonias cambió para ponerse de parte de la Francia Libre.

Bandera de la Francia libre


Las fuerzas de la Francia Libre era de 50.000 hombres, frente a los 230 000 que habían permanecido leales a Vichy. Sólo en el verano de 1943, una vez que su cuartel general fue trasladado a Argel y que mejoró su reputación debido al apoyo prestado al movimiento de resistencia existente en la propia Francia, cada vez más numeroso, De Gaulle fue reconocido efectivamente como el jefe incontestado del gobierno in pectore. En ese momento empezó a representar un rival, con un poder y un apoyo cada vez mayores, para el régimen de Vichy que, desde noviembre de 1942, cuando los alemanes invadieron lo que hasta entonces había sido la zona no ocupada, se convirtió más que nunca en un títere en manos de los opresores alemanes, cada vez más odiados.